Una charla con la mujer que creó el mundo de 'Pájaros de Verano'

septiembre 25 de 2018

Festivales y salas del mundo se preparan para la llegada de la historia del clan Pushaina. Hablamos con Cristina Gallego, la codirectora de 'Pajaros', sobre la película, el cine colombiano y la misma cultura wayúu.

Una charla con la mujer que creó el mundo de 'Pájaros de Verano'

| Cristina Gallego, codirectora y productora de Pájaros de Verano | Por: Melissa Rodríguez


Por: Laurasofía Polanco
@SonrisaDeLima

La trayectoria de Cristina Gallego en el cine es inseparable de las películas de Ciro Guerra, siempre bajo la etiqueta de productora. Este año ha dado un paso al frente con Pájaros de Verano, donde se estrena como directora.

Después abrir la Quincena de Realizadores en Cannes, el filme no detuvo su recorrido. En octubre comienza la temporada de festivales de cine alrededor del mundo y la película ya figura en selecciones de renombre como San Sebastián (España), Biarritz (Francia), Toronto (Canadá) y Telura (Estados Unidos). Igualmente, a la espera de que se anuncien las obras nominadas a los Premios Óscar, Pájaros de Verano comenzará a circular en las salas comerciales de varios países.

En SEMANA RURAL hablamos con la codirectora de la película que podría poner a Colombia en el mapa de los Premios de la Academia, y esta vez, con una historia Wayuunaiki.
 

El 30 por ciento del equipo que participó en la película es Wayú. © MATEO CONTRERAS


 

Pájaros de Verano marcó un cambio de rol para usted, al menos en los créditos del cartel. ¿Cómo hizo el proceso de productora a directora?

Fue un proceso natural. Fue el resultado de un movimiento que se empezó a dar antes, desde que Ciro y yo veníamos trabajando como dupla. Sentía que mi papel en el proceso no correspondía con mi crédito de productora, era un título impreciso para lo que hacía. Definitivamente estábamos realizando los proyectos juntos, como el Abrazo de la Serpiente. Así que el paso a ser directora fue una búsqueda de claridad en esa relación y, más importante aún, a buscar esta película.

 

¿Por qué se dio ese cambio especialmente con esta película?

Porque no solamente había sido mi idea, sino que sentimos que esta película iba a ser diferente a cualquier cosa que se hubiera hecho antes si le dábamos una vuelta al género y lo hacíamos desde el lado femenino. Entonces esa búsqueda de esos personajes no era algo que Ciro podía hacer, era algo que yo podía hacer. Fui a descubrir esas mujeres allá, mujeres que son fuertes pero que son invisibles públicamente, son las que manejan el destino de sus familias y de su ranchería, y en medio de ese encuentro con esos personajes también había una búsqueda personal.

El guión cambiaba durante el rodaje según las condiciones climáticas. © MATEO CONTRERAS

 


«Sentimos que esta película iba a ser diferente a cualquier cosa que se hubiera hecho antes si le dábamos una vuelta al género y lo hacíamos desde el lado femenino».


 

En medio de esa búsqueda, ¿cuáles elementos vienen de la ficción y cuáles de las anécdotas y la cultura popular?

No hay como una historia precisa, tal vez las partes más bizarras son precisas, pero tomamos muchas historias que la gente nos contó, historias que escuchamos durante un buen tiempo, de cosas que leímos y armamos esta ficción, la del clan Pushaina. Tomamos elementos del cine de género y del gánster. También tiene elementos de la tragedia griega y del mundo garciamarquiano. Es una ficción basada en hechos reales.

¿Cómo fue el trabajo en medio de la comunidad antes y durante el rodaje?

Primero hicimos una investigación muy rigurosa, supervisada por un antropólogo especialista en cultura Wayú. Esta escritura fue súper cuidadosa con la investigación y con la cultura. Cuando llegamos a trabajar con la comunidad wayúu les pedimos permiso y buscamos negociaciones, siempre trabajamos de la mano de ellos. Un 30 por ciento del equipo es wayú, y ellos nos ayudaron en varias cosas. En principio nos corregían cuando estábamos equivocados, sobre todo en la puesta en escena de sus rituales, una cosa que es muy importante de transmitir. También nos ayudaban a acercarnos a sus comunidades: que ellos entendieran de qué se trataba hacer la película y de qué se trataba todo este mundo de la historia.
 




  T  R  Á  I  L  E  R  


sad Pájaros de Verano
- Ciro Guerra y Cristina Gallego, 2018 -


 

 


¿Y para la construcción de los diálogos?

Ese guión, no solo los diálogos, fue construido en español y estuvo así durante varios años. Tuvimos 14 versiones de guión. La última versión es la que traducimos y utilizamos para los actores naturales. Los actores profesionales pues obviamente habían leído el guión en español pero tenían que aprenderse las líneas en Wayuunaiki. Para esto tuvimos una traductora, que hizo la adaptación para que nuestros actores pudieran interpretarlo.

Hablemos del proceso previo al rodaje...

Arrancó en el 2014 y terminó en el 2017, ese fue el proceso de escritura, pero esta película empezó a pensarse en el año 2008, cuando estuvimos haciendo Los Viajes Del Viento. Estuvimos viviendo en Valledupar y conocimos toda la historia de la bonanza marimbera. Empezamos a escribirlo en el 2014 y la última reescritura fue empezando rodaje, incluso se reescribió el final de la película durante la última semana de rodaje. Un aguacero terrible nos cayó, desbarató la locación y tuvimos que reescribirlo. Fue un proceso vivo en el que habia que ser súper riguroso, siempre viendo todas las debilidades que puediera tener.
 

¿Cómo es hacer una producción de semejante tamaño en pleno desierto?

Teníamos una asesora; Vanessa Ragone. Ella fue la productora de El Secreto de Sus Ojos, la película argentina que fue premiada con el Oscar. Vino al rodaje y dijo que era el más grande que había visto de este tipo en Latinoamérica. Tener un rodaje de un tamaño industrial en un lugar que no tiene condiciones de fácil acceso y comunicación es muy complejo. Estuvimos expuestos a una cantidad de inclemencias: invasiones, tormentas de arena, tormentas eléctricas, lluvía, es un lugar súper árido. Esa era la característica del rodaje: árido. Estábamos en un ambiente que nos repelía todo el tiempo.
 


  DETRÁS DE CÁMARAS  


sad Pájaros de Verano

- Ciro Guerra y Cristina Gallego, 2018 -


 

¿Y el manejo de los actores en este entorno?

Realmente lo lindo del trabajo de los actores profesionales y de los no actores es que se complementan, es una relación de mutuo aprendizaje. Los actores naturales les enseñaron a los actores profesionales cómo ser wayúu: sus costumbres, cómo tejer una mochila, cómo se comporta, cómo vive y cómo siente. Los actores profesionales enseñaron a los actores naturales cómo trabajar en el set, el rigor, los horarios y el trabajo con la cámara. Al tener tanto equipo wayúu, y nosotros al querer respetar sus tradiciones y no ofenderlos, se formó un trabajo conjunto de investigación y aprendizaje. Cada película es un mundo, y ese mundo está pegado al mundo wayúu. Es un mundo, más que por crear, por descubrir.
 

 


«Estamos aburridos de que al colombiano siempre se le asocie con el narcotráfico. Esto es una idea que ha sido creada y manipulada por el cine que se ha hecho, el que no hemos hecho nosotros porque toda la historia del narcotráfico colombiano ha sido contada, en particular, desde Estados Unidos».


 

Después de haber realizado esta película, que es sobre la bonanza marimbera ¿Qué piensa del narcotráfico?

Pienso que en el mundo hay una doble moral, no solo en Colombia. Creo que el consumo en Estados Unidos, y en Europa principalmente, no tiene nada que ver con las políticas tan agresivas que hay hacia los países productores, los que están, en su mayoría, en Latinoamérica y están poniendo toda la sangre y los muertos. Eso es doble moral. Yo acabo de venir de Canadá donde todo es legal. También presentamos la película en Telura, Colorado. Ese es el primer estado de Estados Unidos donde la marihuana es legal. Son políticas mundiales que tratan el consumo bajo un sesgo y a la producción bajo otro. Creo que es una guerra económica y política, que no tiene nada que ver con el hecho específico de las drogas en el ser humano.
 

La película abrió la Quincena de Realizadores en e Festival de Cine de Cannes. © MATEO CONTRERAS


 

¿El cine colombiano en cuál de los sesgos está?

Quisimos hacer esta película para darle la vuelta a esa visión. Estamos aburridos de que al colombiano siempre se le asocie con el narcotráfico. Esto es una idea que ha sido creada y manipulada por el cine que se ha hecho, el que no hemos hecho nosotros porque toda la historia del narcotráfico colombiano ha sido contada, en particular, desde Estados Unidos. Nos dimos cuenta de que había un tabú en el cine colombiano: cuando nos dicen “menos mal ustedes no hacen películas de narcotráfico”“es que estamos cansados de las películas de narcotráfico”. Si uno se pone a mirar, las películas de narcotráfico en Colombia no son más de cinco. Hay una cuestión que tenemos como colombianos; no querer mirar el problema de frente, y mientras nosotros no lo miremos de frente, otros lo van a contar por nosotros, y esa manera en que los otros están hablando de nosotros (los colombianos) es como unos narcotraficantes, unos terroristas, como lo peor, y esa no es nuestra versión.


«Estamos en todas las predicciones, dentro de esas cinco películas nominadas al Óscar. Nosotros hacemos el mejor trabajo que podamos hacer, pero pensar que está asegurado o que lo tenemos en la mano es una cosa ridícula. Hay 90 países pensando lo mismo».

 


 

¿Cómo reacciona el público extranjero al mundo que muestra la película?

Ahora que vengo de mostrar la película afuera, me preguntan sobre esa cultura tan extraña, y lo más complejo es decir que es tan extraña para ellos como para los colombianos. O sea, un wayúu es un territorio desconocido para nosotros, eso también pasa con el mundo del pacífico.
 

¿Qué piensa del cine que se está haciendo ahora desde la periferia, desde afuera de las mismas ciudades de siempre?

Me parece una cosa superbella. Por mucho tiempo el cine estuvo muy centralizado en Bogotá. Es muy lindo que el cine hable de la diversidad de país que tenemos; de la variedad de relatos que nos encontramos después del proceso de paz. Creo que los medios al estar concentrados en Bogotá, han dejado de contar las historias del país y que el cine lo haga me parece increíble. El cine es la memoria del país, entonces no puede estar solamente en la sala. La memoria está en los espacios y en la gente que los habita.

 


POR: Laurasofía Polanco | Bogotá

@SonrisaDeLima


 

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