Carlos Vallejo, el artista que revoluciona lo viejo

January 22 de 2019

A través de su proyecto 'Basurarte', este escultor crea figuras de especies marinas con materiales reciclables para generar conciencia sobre el cuidado del medio ambiente. .

Carlos Vallejo, el artista que revoluciona lo viejo

| Vallejo llega todos los días al Centro Cultural del Magdalena, donde habla con la madera. | Por: Linda Aragón


Por: Linda Aragón
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Tiene el alma en Bogotá, donde nació, y el corazón en Santa Marta, ciudad en la que vive desde hace varios años. En las calles capitalinas, Carlos Vallejo Londoño se encontró consigo mismo para decirse que quería ser artista; desde entonces, la madera, el medio ambiente y el arte abrazaron sus pasos.

Hay quienes le llaman ‘Poseidón’ porque hace pescaditos y otras especies marinas con madera, varillas de hierro, elementos de la vegetación y bolsas plásticas. Vallejo se preocupa incesantemente por la vida del mar, del agua dulce, de la tierra y del prójimo, por lo que le dedica sudor y ahínco a ‘Basurarte’, el proyecto con el que busca transformar el plástico en materia prima mediante el reciclaje.

En el Centro Cultural del Magdalena, más conocido en Santa Marta como ‘La Gota de Leche’, está su taller, al que llega todos los días con guayabera, pantalones holgados, mochila al hombro y cabello despeinado. Ahí le habla a la ceiba, el trupillo, el ébano, el nazareno y el carreto. Nunca se trata de un soliloquio, pues la madera habla y se deja moldear.


Con 'Basurarte', Vallejo espera llegar a los colegios para enseñarles su arte a los niños. © LINDA ARAGÓN. 

 

¿El arte lo abordó o usted se propuso encontrarlo?

Siempre me gustó pintar y el ambientalismo, aunque uno salga del colegio totalmente desorientado, pues la educación que le dan no sirve para casi nada. Toca entonces escoger algo práctico: yo escogí estudiar derecho como mi papá. Alcancé a estudiar algunos años en la Universidad Externado, después entré a trabajar en Colcultura y comencé a estudiar diseño publicitario por la noche.

Tenía dos horas para almorzar y me iba a caminar por el centro de Bogotá. No me gustaba almorzar en los restaurantes, prefería comerme una empanada y caminar por los parques y museos, y empecé a decirme: “¡Miércoles!, yo sé hacer esa vaina, soy capaz de lograrlo”. A partir de allí pude tener una relación directa con el arte, porque cuando uno no tiene ese encuentro con el arte es difícil identificarse con él.

¿Qué pasó en casa cuando supieron que había elegido ser artista y no abogado?

El ambiente no fue muy bueno. En las familias no consideran que sea positivo tener un miembro que quiera ser artista, pues se le pinta un futuro complicado. Así me pasó cuando mi hija me salió con que quería estudiar arte. Le dije: “¡Uy, no!, estudia otra cosa, mírame a mí”.

 

A Carlos Vallejo lo apodan 'Poseidón' porque hace esculturas de pescaditos y otras especies marinas. © LINDA ARAGÓN.

 

«Se hacen todos los esfuerzos del mundo, pero (con el arte) nunca hay una recompensa económica. A mi hija el arte le entró tan suavecito que ella no entendió la vida de otra manera».


 

¿Por qué decidió quedarse a vivir en Santa Marta siendo consciente de que es una ciudad con poca movida artística?

Pasé por Cartagena, pero no me sentí cómodo. No me gustó tanto porque es una ciudad donde hay lugares que dejan entrever el poder el español sobre el negro y el indio: el cerro y convento de La Popa, el Palacio de la Inquisición, por ejemplo. En cambio Santa Marta es todo lo contrario: es indígena, es libertad, es vegetación, es una maravilla.

Desde la primera vez que pisé esta tierra quise quedarme. No sé si busqué las circunstancias o ellas me encontraron a mí: conocí a una samaria, iniciamos una relación y terminamos casándonos. Ya tengo más de 30 años viviendo aquí.

¿Por qué escogió la madera?

Después de haber estado en Colcultura y de haber estudiado algunos semestres de diseño publicitario, diseño industrial, programación de computadores, pintura y escultura, me fui al Chocó con unos amigos para montar una industria pesquera que nunca funcionó, sin embargo, me encontré con los árboles grandes. Fue un encuentro fuerte con la naturaleza. La selva y la humedad de ese lugar es impresionante; lo árboles me pusieron a mil. Y fue allí cuando comencé a trabajar con la madera.

Lo primero que hice fue una cabecita con madera de balso, recuerdo que era un tronco grande como de 30 centímetros de diámetro. Esa cabecita todavía la conservo. Todo esto es increíble porque uno quiere hacer algo y la madera se deja. La madera misma se encarga de ayudarle a uno, da consejos, y es ahí cuando empieza un diálogo impresionante con ella, apenas uno arranca no hay quien lo detenga. A veces hago cosas con hierro, pero la madera es irremplazable.

 

Vallejo hizo un delfín con bolsas plásticas para generar una reflexión sobre el excesivo uso del plástico y su daño al medio ambiente. © LINDA ARAGÓN.


 

¿Por qué una cabeza, y no otra parte del cuerpo u otros elementos que le rodeaban?

Porque es lo que uno más conoce.

Según cuenta, el anhelo de impulsar una industria pesquera resultó fallido ¿No sería eso lo que encendió su irrompible conexión con los pescados?

No tengo ni idea de dónde me salió esa vaina. Lo que sí sé es que estoy haciendo pescados con madera y varillas de hierro desde hace rato. A través de esto también promuevo el arte social para que la gente comprenda y logre tener un orgullo patrimonial. La idea también es enseñar sobre la vegetación, por eso se hicieron pescados con raíces, hojas y frutas, elementos que pueden suscitar una relación todavía más fuerte con el medio ambiente.

¿De qué habla con la madera?

Es importante decir que yo no la corto. Los pedazos que dejan otros en el suelo los rescato para darles una nueva vida en una pieza de arte. A veces creo que la madera es el padre y que yo soy la madre que le da una forma; es decir, el padre da unas características fijas, la madre moldea. Me gusta que me ponga retos, que tenga personalidad y carácter.

 

Este escultor trabaja con la ceiba, el trupillo, el ébano y otros tipos de madera que otros desechan. © LINDA ARAGÓN.

 

¿Se define como un artista de mente revolucionaria?

Alguien es revolucionario porque pretende algo nuevo. Yo sí soy un revolucionario, pero pretendo algo viejo. Nunca debemos olvidar que tenemos un compromiso con lo natural, no con lo artificial. El ideal es que la gente comprenda que no vinimos al mundo a exprimirlo, vinimos fue a compartirlo, a conocerlo, a disfrutarlo, a vivirlo; no a quemarle las entrañas a la tierra.

¿El proyecto ‘Basurarte’ nace para luchar por ese ideal?

Nace por la naturaleza. Por medio de esta iniciativa se enseñan las diferentes clases de peces que hay en la región Caribe. Hice un delfín con bolsas plásticas con el fin de pregonar que le estamos metiendo mucho plástico al medio ambiente.

Las personas están matando a los peces cuando arrojan el plástico en su ecosistema, por esa razón, los peces que produzco son el espacio donde pueden depositarlo y solucionar el problema. Con el plástico podemos crear productos que surjan de nuestra imaginación.

 

Vallejo empezó a estudiar Derecho pero lo dejó para dedicarse al arte. © LINDA ARAGÓN.

¿Qué pretende lograr con este proyecto?

Uno de los objetivos de ‘Basurarte’ es convocar a los colegios para hacer unos talleres y enseñarles a los niños cómo se hacen esos animales.

Mi generación ha visto el tránsito de la naturaleza limpia a la naturaleza hecha plástico. Nos ha tocado ver cómo el mundo se ha convertido en una “chicuca” (mierda). A mí me duele a sabiendas de que muchos no sienten lo mismo porque se acostumbraron.

Otro objetivo es fabricar una ballena para que sirva como fuente de agua y la gente la consuma, de esta manera disminuiría el consumo de agua que viene en recipientes de plástico.

 


POR: Linda Aragón

Comunicadora social-periodista y fotógrafa documental


 

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