Voces a prueba de balas: Erlendy Cuero, el eco del despojo afro

febrero 07 de 2019

A esta líder de Buenaventura las amenazas de las Águilas Negras no la han detenido en su lucha por la defensa de los derechos de la comunidad afrodescendiente .

Voces a prueba de balas: Erlendy Cuero, el eco del despojo afro

| Erlendy Cuero hace parte de la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes) | Por: Somos Defensores


Por: Voces a prueba de balas


El conflicto ha tocado a Erlendy Cuero en casi todas sus formas y la ha obligado a despedir a gran parte de su familia. Sin embargo, esta líder de Buenaventura insiste en que su testimonio es solo uno de los tantos que podrían contar las víctimas de las comunidades negras.

Dice que ya perdió la cuenta de las amenazas que ha recibido y precisamente por eso ha decidido hablar cada vez más fuerte. En los barrios de Cali, en el Congreso y hasta en la CIDH se ha parado a reclamar protección para su comunidad. Erlendy está convencida de que el eco de su testimonio es lo único que podrá mantenerla viva.

Esta es la séptima entrega de Voces a prueba de balas, una campaña del programa Somos Defensores para proteger a los líderes sociales a través de la difusión de sus historias.

 

Erlendy Cuero cuenta en un minuto por qué arriesga su vida por la defensa de las comunidades afro víctimas del conflicto. ©SOMOS DEFENSORES.


 

«No sabía que era negra hasta que viví el conflicto y tuve que desplazarme a Cali a mis 22 años. En Buenaventura todos éramos iguales, no se hablaba de enfoque diferencial ni nada de eso, en cambio en Cali entendí que por ser negra tenía unos derechos, pero también que viviría una discriminación constante.

Decidí irme de Buenaventura en el año 2000, luego de ser víctima de violencia sexual y recibir amenazas de paramilitares. Llegué con mis hijos de seis y dos años a instalarme donde un familiar mientras buscaba dónde vivir.

Empecé a buscar trabajo, pero a mis 22 años apenas estaba terminando el bachillerato cuando salí de Buenaventura. Solo conseguí unos voluntariados en los que trabajaba casi todo el día con otras mujeres y nos pagaban con comida.

Las familias que llegábamos de Buenaventura nos fuimos encontrando en Cali y así nos organizamos para reclamar juntos nuestros derechos como desplazados. Íbamos a capacitaciones donde nos daban el refrigerio pero lo guardábamos para nuestros hijos.

 

Durante la audiencia de Somos Defensores en la CIDH, los asistentes hicieron visibles los rostros de algunos líderes amenazados. ©TWITTER ASOCIACIÓN MINGA.


 

“Ante todo somos madres”

En 2007 me vinculé a Afrodes, la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados. Desde ahí reclamamos derechos como la vivienda -porque la mayoría de desplazados vivíamos hacinados en unos inquilinatos- o la educación para nuestros hijos.

Creé la organización ‘El camino propuesto’ con un grupo de madres cabeza de hogar quienes, como yo, tenían como principal preocupación el futuro de sus hijos. Denunciamos los expendios de drogas, las pandillas y la inseguridad del barrio donde vivíamos. Hacíamos reuniones y campañas para evitar que nuestros jóvenes cayeran en eso.

Este trabajo empezó a ponerme en riesgo. Por un lado, el hecho de trabajar con mujeres despertaba la rabia de muchas de sus parejas. Un señor en una ocasión se metió a buscarme en una reunión para decirme que dejara de sonsacar a su mujer.

Luego empecé a recibir panfletos firmados por las Águilas Negras, además de amenazas físicas y verbales diciendo que éramos guerrilleros infiltrados.

Una vez llegaron cinco hombres a buscarme en medio de una reunión con las vendedoras de chontaduro (me he dedicado a eso desde hace varios años). Mi hijo pequeñito sacó el instinto de supervivencia, salió corriendo hasta la casa y logramos entrar. Al día siguiente nos tocó irnos de ahí.

Un año más tarde, dos tipos con armas en mano se metieron a mi casa a buscarme, incluso entraron a las casas vecinas preguntando por mí. Logré subir a la terraza, en una mano agarré una varilla de hierro y en la otra a mi hijo.

La primera vez que sentí que no podía más fue en 2016, cuando le hicieron un atentado a mi hijo. Él iba camino a la casa de su novia, le pusieron una pistola en la cabeza y dispararon pero el tiro se atacó. Desde entonces él no duerme, habla poco y nos tocó mudarnos a un conjunto con vigilancia 24 horas.

 


«La gente cercana me ruega que me calle, que me cuide, pero yo sé que hablar como lo hago es lo único que me mantiene viva».

 


 

“El apoyo es el oxígeno”

La respuesta del Estado colombiano a los ataques contra los líderes afro ha sido insuficiente. Por eso en 2013 fuimos a denunciar el tema en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pero no nos sentimos escuchados. Volvimos en 2018, esa vez con unas dolorosas pruebas: habían matado a mi hermano, Bernardo Cuero, dirigente de Afrodes, y a otros compañeros.

Esa última audiencia fue muy importante porque creamos una relación estrecha con la CIDH, la Secretaria Ejecutiva ha venido a Colombia a escuchar a la comunidad. Por fin la gente pudo decir todo lo que quería y empezamos a sumar apoyos nacionales e internacionales, como Amnistía Internacional y un senador de Estados Unidos.

Ese apoyo es el que me ayuda a recuperar las fuerzas que a veces se acaban...¿y cómo no? si he perdido de manera violenta a mi papá, a mi hermano, primos y niños de la comunidad. Cómo no, si a cada rato contesto el teléfono para que me cuenten que mataron a otro más.

La gente cercana me ruega que me calle, que me cuide, pero yo sé que hablar como lo hago es lo único que me mantiene viva. Si no dijera las cosas como las digo estuviera muerta, creo que matarme ya tendría un costo político para el país.

La gente cree que las comunidades desplazadas en Cali no reciben amenazas pero es porque muchos líderes han decidido bajar el perfil y quedarse callados. Yo soy una voz dando este testimonio pero dentro de la comunidad son muchos los que han vivido situaciones iguales o peores a la mía».


Una iniciativa del programa Somos Defensores


 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.