En la zona de El Paisa, la paz se cocina a fuego lento

agosto 18 de 2019

En San Vicente del Caguán, excombatientes de la otrora columna Teófilo Forero de las Farc hacen ingentes esfuerzos por completar el proceso de reincorporación. Ninguno de sus proyectos productivos es sostenible todavía.  .

En la zona de El Paisa, la paz se cocina a fuego lento

| A unas tres horas del casco urbano de San Vicente del Caguán, y en el filo de una montaña, queda el ETCR Miravalle. | Por: León Darío Pelaez - SEMANA


Por: Andrés Rosales García
@Andresiro

El hasta hace unos días Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Miravalle, a unas tres horas del casco urbano de San Vicente del Caguán, en Caquetá, es una fila de casitas de colores en el filo de la montaña, en donde los abismos de lado y lado apenas si dejan voltear un vehículo.

No es azar. Se trata de un lugar estratégico elegido por Hernán Darío Velázquez, alias El Paisa -hoy prófugo de la justicia-, para garantizar la seguridad del proceso de reincorporación de la que fue una de las más temidas estructuras guerrilleras que él mismo comandó por años: la columna móvil Teófilo Forero.

Allá, en medio del derroche cromático de murales de Manuel Marulanda Vélez, Jesús Santrich o Policarpa Salavarrieta, permanece en escala de grises un asunto clave para el proceso: la sostenibilidad de los proyectos productivos. Algo de lo que habla, desde Bogotá, el propio Pastor Alape, designado delegado del partido Farc al Consejo Nacional de Reincorporación. 
 

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Miravalle, en la vereda del mismo nombre en San Vicente del Caguán, es un pueblito con casas de colores inundado de murales de líderes guerrilleros. León Dario Pelaez - SEMANA


“Todavía no podemos decir que la sostenibilidad de la reincorporación está garantizada. La gente (los exguerrilleros) está ‘bracicruzada’. Un reincorporado no sabe de dónde es. Si va a quedar ahí o no”, dice Alape.

Se refiere al vencimiento hace unos días de la figura jurídica de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) en donde viven 3.246 personas de las 13.200 acreditadas por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, espacios creados después de la firma de los acuerdos como parte esencial de la llamada reincorporación temprana y sobre los cuales, dice Alape, no hay certidumbre. 

 

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En Miravalle viven 87 excombatientes de los cuales 67 son hombres y 20 mujeres. Hay tres personas de la tercera edad y una en condición de discapacidad. También conviven allí algunos miembros de la comunidad. León Dario Pelaez - SEMANA


En parte eso es cierto. La apuesta del Gobierno es que esos lugares de agrupación se conviertan en nuevos centros poblados, veredas, extensiones de corregimiento o lo que dispongan las entidades territoriales acorde con sus planes de ordenamiento aunque, dice Andrés Stapper, director de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), de los 24 ETCR que hay en el país no se sabe a ciencia cierta el futuro de 13 . "Hay 11 que tienen vocación de permanencia, pero en el resto hemos establecido que hay barreras y estamos trabajando en superarlas", dice el director.

De lo que sí hay certeza es de que el Gobierno seguirá manteniendo los gastos administrativos por al menos un año y medio en esos espacios, periodo de transición en el que acorde con los planes de la ARN los espacios irán convirtiéndose en nuevas poblaciones al tiempo que el Ministerio de Vivienda ejecuta ahí proyectos habitacionales. 

 


 

11'268.693 

pesos 

es el canon de arrendamiento mensual que paga el Gobierno por el ETCR Miravalle. En total, son 5 hectáreas arrendadas en la vereda del mismo nombre, a unas 3 horas del casco urbano de San Vicente del Caguán. 



La ARN hizo un estudio teniendo en cuenta variables como el acceso a tierra de los excombatientes,  la seguridad en modo multidimensional, la provisión de servicios como agua y energía y los proyectos productivos de cada espacio con miras a que se puedan integrar con las economías regionales. Sobre eso último, por ejemplo, Stapper asegura que al menos dos espacios, el de Charras en Guaviare y el de La Pradera en Putumayo, serán trasladados “para garantizar que estén más cerca a los ciclos económicos del municipio o del departamento”

En Miravalle, por lo pronto, ninguno de los proyectos productivos que echó a rodar el ‘paisa’ es sostenible todavía, sentencia el propio Ermides Linares, excombatiente y líder de ese ETCR, aunque está seguro que lo serán en el futuro. “Hace falta tiempo”, asegura.

Uno de esos es Remando por la Paz, una iniciativa de ecoturismo y rafting en el Cañón del Río Pato que les significó a ocho deportistas -cinco excombatientes y tres miembros de la comunidad- participar en mayo pasado en el Mundial de esa disciplina en Tully (Australia) con una grata sorpresa: de entre 62 equipos participantes, Miravalle ocupó el puesto 13.

“Estamos empezando este proyecto”, dice Ermides, quien junto con sus compañeros ya fue certificado como guía por la Federación Internacional de Rafting. “Se mueve, pero muy poco”, agrega refiriéndose a los turistas que llegan como en goteo. “Ahí poquito a poco vamos ganando espacio”.

 

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Remando por la Paz es una iniciativa de ecoturismo que les valió a cinco excombatientes y a tres miembros de la comunidad participar en mayo pasado en el Campeonato Mundial de Rafting en Tully, Australia. León Darío Pelaez -SEMANA



Eso es innegable. El turismo en el Caquetá ha tenido, en los dos últimos años, un repunte importante, según el Ministerio de Comercio, y aerolíneas como Satena reactivaron sus vuelos a San Vicente del Caguán. 
 

Sostenibilidad, esa es la cuestión

La granja integral, el otro proyecto productivo en Miravalle, tampoco arranca del todo. En ese, en el que el Gobierno Nacional desembolsó 560 millones de pesos a la cooperativa Multiactiva Manuel Marulanda Vélez, tampoco hay todavía muchos resultados que mostrar. Ermides cuenta que el banano que cultivan se pierde porque no tienen cómo comercializarlo y solo han podido sacar una cosecha de tomate. El proyecto de pisicultura, que ya cuenta con una gran infraestructura, tampoco arranca aún. 

Hace falta, dicen varios excombatientes, que se solucionen algunos temas técnicos y que ellos terminen la construcción de una turbina que alimente de energía ese proyecto.  
 

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En Miravalle, la mayoría de los proyectos productivos permanecían quietos, pese a los esfuerzos de la ARN y de los propios excombatientes por conseguir la sostenibilidad. León Darío Pelaez - SEMANA  

Miravalle, en particular, ha sido uno de los espacios  más favorecidos por inversión. Además de los aportes del Gobierno, el de la entonces considerada fuerza ‘elite’ de las Farc fue el primer proyecto productivo desembolsado. También, es la apuesta económica de la Agencia de Desarrollo Rural, del gobierno de Gran Bretaña , del Consejo Noruego de Refugiados e incluso de la colombiana Colciencias, que arrancó ahí un proyecto para el tema de energía sostenible.

“Estamos hablando de personas que llevaban 20 y 25 años en conflicto. Es erróneo pensar que íbamos a hacer un proceso de dejación de armas y que íbamos a convertirlos en empresarios al dia siguiente. Lo que siempre hemos dicho es que hay que generar las habilidades y competencias necesarias para que esta población sea sostenible en el largo plazo”, enfatiza Stapper.

 

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Además de un epicentro de paz, Miravalle es cuna de biodiversidad. Al momento de fotografiar esta ave, por ejemplo, una libélula totalmente roja se atravesó. León dario Pelaez. 

 



Esa idea, precisamente, fue la que predominó en la creación de los ETCR, cuando eran simples zonas veredales. Al principio se tenía presupuestado que el 100 por ciento de los proyectos productivos se desembolsarían en los dos primeros años. La realidad, sin embargo, es otra. Pastor Alape sostiene que hoy solo se ha cumplido el 12 por ciento del proceso de reincorporación. Las cifras hablan de que se han desembolsado recursos para 19 proyectos, que benefician a unos 1200 excombatientes. 

Por ahora la ARN tomó la decisión de inyectarle recursos adicionales a Miravalle, 179 millones de pesos. Allá se reformularon unas líneas productivas para potencializar el tema de comercialización y distribución en Caquetá y Huila, ya que más del 55 por ciento de los costos a los que se enfrentan los excombatientes para sacar sus productos son fletes. Eso lo saben los excombatientes, que aun así se mantienen optimistas.

"Nadie dijo que iba a ser fácil. Tantos años que luchamos para mantener la guerra… pues es justo que luchemos ahora por mantener la paz", aseguró otro de los excombatientes cerrando su traje para enfrentarse con un remo, nuevamente, a un río revuelto.

 

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