Los sueños que empezaron a ‘hornearse’ en Urabá

noviembre 05 de 2019

La única panadería de San Pablo, una vereda de Apartadó, solo existe en la mente de Eugenia Bonoliz, una de las 15 mil personas de la ruralidad que, de la mano del programa Fest, está trabajando para volver realidad sus ideas de emprendimiento. .

Los sueños que empezaron a ‘hornearse’ en Urabá

| Eugenia sabe que el peto es el producto con el que puede conquistar el sueño de tener su propia panadería | Por: Gladys Seña


Por: Gladys Seña




El trabajo en un improvisado galpón, la preparación de peto, enyucado y hasta dulces típicos que hace Eugenia Bonoliz es, aunque no lo parezca, el camino hacia el sueño que ella acaricia desde hace años: montar su propia panadería.

Ese negocio, que por ahora solo existe en pensamientos, se llama Pan Sabroso y sería la primera panadería que abra sus puertas en San Pablo, una vereda del municipio de Apartadó.  

Eugenia es oriunda de Arboletes, también en el Urabá. Huyendo de la guerra, debió refugiarse en San Pablo, lugar en el que trabajó inicialmente en una finca bananera para sostener a sus dos hijos. Aunque creció al lado de platanales, lo suyo, dice esperanzada, es la harina y los hornos.  

Con ese ruta clara, esta mujer de manos fuertes empezó a orientar los quehaceres de su vida. Ya compró los hornos y, por ahora, hace parte del programa Familias en su Tierra (Fest), con el que el Gobierno acompaña a familias desplazadas desde el año 2017 en 39 municipios de 11 departamentos del país.

 


 

Guillermo Quintero tiene 60 años y llegó de la vereda San Martín. Para él, la comercialización es el mayor obstáculo de los campesinos en Urabá. Gladys Seña

 



Ella, y al menos unos 50 campesinos, fueron los protagonistas del primer mercado campesino Fest, una iniciativa operada por la organización internacional Aldeas Infantiles, en la que Eugenia salió por primera vez a comercializar sus productos, que todavía no tienen nada que ver con panes y pasteles. Eugenia participó vendiendo peto, un producto hecho a base de maíz blanco y leche, muy popular en la región de Urabá. 

“No me quedo quieta, sigo proyectándome”, dice refiriéndose a su estrategia: ahorrar lo suficiente criando pollos y preparando mazamorra para luego montar Pan Sabroso. Fest le está ayudando con su sueño a través de capacitaciones y recursos para los negocios que ella considera peldaños para alcanzar sus metas. 

Así, en medio de carpas verdes, en el parque La Martina, en Apartadó, el fin de semana anterior un ejército de soñadores -como Eugenia- comercializaron yuca, frijoles, plátano, alimentos, refrescos, pasabocas y pollos congelados. Incluso hubo quienes se dedicaron a las artesanías y a retratar la variedad y color del mercado. 

Otra historia en medio de ajíes y cilantro

En el mercado, detrás de bolsitas de frijoles, maíz y cilantro, se encontraba Guillermo Quintero, un señor de 60 años habitante de la vereda San Martín, también de Apartadó. Él lleva dos años haciendo parte de Fest y es el vivo retrato de uno de los obstáculos que más les cuesta superar a los campesinos del Urabá: la comercialización.

 



 

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Además de personas venidas de diversas veredas, al Mercado Campesino también llegaron indígenas a ofrecer tejidos y otros productos autóctonos. ©Gladys Seña


 



Guillermo, que también fue desplazado por los violentos, lucha contra los intermediarios -que se quedan con casi todas las ganancias- jalando una pequeña carreta por las calles de Apartadó cargada con piñas, yucas o plátanos y en la que vende lo que cultiva. Dentro de su oferta también tienen espacio el cilantro, maíz, ají, cacao y auyama. 

El apoyo recibido por este programa ha posibilitado la mejora y aumento de su producción, pues - según dice-  los grandes supermercados de la región poco les compran a los mismos productores. “Cuando uno les ofrece lo que se cultiva, dicen no, eso lo encargamos a Medellín”, relata. 

Rober Alirio Zapata, director regional de la Dirección de Prosperidad Social Urabá - Darién, entidad que ejecuta Familias en su Tierra (Fest), asegura que una nueva versión del programa, que arrancaría próximamente, espera beneficiar a unas 1200 familias en la región. La versión actual de Fest beneficia a más de 15 mil personas en todo el país. 

“Varias instituciones articulamos este proceso para que verdaderamente este recurso sí llegue a las personas más vulnerables de Colombia, que es el objetivo principal de Prosperidad Social”, dijo Zapata. 

 


 

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Una nueva versión del programa Familias en su Tierra arrancaría próximamente y espera beneficiar a unas 1200 familias en la región. Gladys Seña

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