Fotorreportaje: ser campesino y vender productos por primera vez

enero 16 de 2019

En Solano, Caquetá, una familia tiene la oportunidad de un nuevo comienzo. Es día de mercado y por primera vez sabrán lo que es ofrecer sus productos en el pueblo. No es un día cualquiera y no será una vida igual.

Fotorreportaje: ser campesino y vender productos por primera vez

| Enrique Palacio monta en su caballo mientras vigila los alrededores de las casi 100 hectáreas de su finca. | Por: Andrés Cardona Cruz | Fondo Acción


Por: Andrés Cardona
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Solano es un municipio del Caquetá que vivió en medio del conflicto armado por muchos años. Hoy, los campesinos buscan nuevas oportunidades para dejar el pasado atrás y salir adelante en familia. Lo pimero es descubrir y lo segundo es proteger las riquezas de su territorio. Lo tercero, tal vez lo más difícil, hacer que el único lugar que conocen les permita vivir bien y permanecer.

Esta es la historia de Enrique Palacios y Dolly Romero, una pareja que vive hace más de 20 años en la vereda Miravalle, en la inspección de Mononguete, a casi dos horas del municipio de Solano. Si uno viaja desde Florencia para llegar a su finca Nápoles, se debe aguantar cuatro horas en bote por el río Caquetá. Al llegar a Mononguete hay que tomar otro medio de transporte, ya sea moto (10 minutos), carro (20 minutos), bestia (1 hora) o caminar (40 minutos al ritmo de don Enrique).
 


 

E  N  R  I  Q  U  E .
 

 

 

Tiene 45 años. Las líneas de su rostro muestran que ha vivido mucho para la edad que tiene porque le ha tocado “guerreársela en la vida” desde muy pequeño. Pero aun así, con esas arrugas marcadas, tiene una sonrisa cargada de generosidad.

Enrique nació en Caldas y por cosas de la vida llegó a esta vereda hace casi 30 años, cuando como cuenta él esto por aquí era pura selva, por aquí no se metía nadie… si acaso el tigre” y se ríe, mientras recuerda.

El tiempo y las circunstancias hicieron que se quedara en estas tierras donde conoció a Dolly, su esposa, con la que hoy tiene 9 hijos que van de los 8 a los 22 años.

 

D  O  L  L  Y .
 

 



 

Tiene 38 años, es cariñosa, consentidora y trabajadora, la que está pendiente de todo el que llega a su casa. 

Ella se levanta temprano a preparar desayunos con con aguapanela de su propia finca. Mientras Enrique está en el ordeño, alista a los niños para la escuela y su día sigue sin parar: arregla casa, cuida la huerta, muele maíz, prepara el queso, cuida los animales. Como dice ella: “la finca es trabajo, hay trabajo por todas partes”.  

Dolly cuenta que con tanto trabajo que hay en la finca todos ayudan. Al fin de cuentas tiene 9 hijos. Los mayores les enseñan a los más pequeños las tareas de la finca. A Enrique se le siente entusiasmado y orgulloso cuando habla de su familia, dice que son su riqueza más grande y que lo que trabajan aquí es para todos. 

Enrique y Dolly hacen parte de las 160 familias participantes del programa Paisajes Conectados, operado por Fondo Acción en asocio con la Gobernación de Caquetá, que busca reducir la deforestación en los municipios de Solano y Cartagena del Chairá.

Hoy en día, de las 100 hectáreas que tiene su finca, 25 son de conservación. Desde el 2005 empezaron con su propia huerta, una tarea difícil el trabajo es arduo y para mantenerla se necesita tiempo y dedicación. 
 

En el camino han aprendido mucho: a no sembrar directamente en el suelo, a construir cajones para cultivar sobre tierra nueva, sobre las ventajas de una polisombra para proteger las hortalizas del sol o la lluvia. Se han obligado a conocer más su tierra.

Entrar a su huerta es entrar a una pequeña plaza, con productos orgánicos, libres de químicos y saludables; tienen sembrado tomate, cilantro, cebolla, repollo, habichuela, zuzuca, ahuyama y plantas medicinales.

 


“Es que uno tiene los productos que necesita. Por ejemplo, uno en la finca está lejos de la tienda para comprar cualquier cebolla, un tomate… y uno pudiéndolos cultivar, pues ahí tiene para la familia”

D  O  L  L  Y


 

Dolly se levanta todas las mañanas a cuidar la huerta que tiene en su finca. Son más de 100 hectáreas que recorre junto a su esposo, Enrique, para estar al tanto del progreso de sus cosechas. ©ANDRÉS CARDONA CRUZ | FONDO ACCIÓN


 


Ahora, Enrique y Dolly se están preparando para participar en el mercado campesino en Solano, organizado por el programa Paisajes Conectados, en colaboración con la Alcaldía de Solano y Agrosolidaria. Este mercado se realiza por primera vez luego de décadas en las que los alimentos se compraban en tiendas y en donde la tierra estaba destinada al cultivo de coca. 

Enrique y Dolly se sienten nerviosos. Nunca antes han vendido y no están muy seguros de que la gente esté dispuesta a pagar por sus productos.

Usualmente lo que hacen es regalar la comida a los vecinos para que no se pierda. Así que hay gran expectativa por parte de la familia Palacios Romero.
 


Se levantan temprano para empezar a sacar las hortalizas que están en su punto para llevar al mercado: repollo, cebolla larga, cebollín, calabazas y valeriana. Dolly, sorprendida y emocionada de la gran cantidad de producto que está alistando, cuenta que no se imaginaba que en su huerta hubiera tanta comida: 0,7 kilos de valeriana, 3 kilos de repollo, 10 kilos de cebollín, 14 kilos de cebolla larga y 36 kilos de calabaza.

Salen con 63,7 kilos de comida para Mononguete y se encontrarán con las demás familias del Programa. En Mononguete empiezan a llegar más familias con sus productos en cajas, canastos, costales. Hay mucho movimiento, muchas manos ayudando entre niños, jóvenes, adultos y viejos para cargar el bote que los llevará por el río Caquetá hacia Solano.

 

                    

     


Al llegar la noche en Solano ya están reunidas las 25 familias que han venido de diversos lugares: Mononguete, Las Mercedes y Herichá. Se realiza la última reunión de alistamiento donde ya se tiene el inventario con el que se iniciará el mercado: 2 toneladas de comida, entre hortalizas, verduras, frutas y productos transformados. Un total de 83 variedades de productos. Hay tensión y expectativa.

El día de mercado empieza muy temprano.  A las 6 de la mañana ya están llegando las familias a recoger sus productos para instalarlos en los puestos, se ven caras felices, están emocionados y orgullosos de poder mostrar sus productos.
 


El mercado parece una fiesta. Los campesinos se sueltan, dejan la timidez y venden como negociantes experimentados. Se facturan quesos, tortas, panela, zuzuca, cebolla, plátano, pepinos, pimientas, ají y la novedad del mercado: la “bicilicuadora”, una licuadora que funciona con la energía producida al pedalear.  Además, hay un espacio para los niños donde pueden pintar, leer historias escritas por los campesinos sobre el territorio y hasta aprender a hacer títeres.

Los habitantes de Solano están contentos de tener este espacio donde además de poder comprar productos orgánicos y frescos cultivados en su propio territorio, integran a la comunidad. 

 

Dolly termina contenta por las ventas de sus verduras, sentada en una de las mesas que le otorgaron para organizar su cosecha, en el mercado campesino en Solano, Caquetá. ANDRÉS CARDONA CRUZ | FONDO ACCIÓN


 


Dolly y Enrique se sienten muy orgullosos porque vendieron los 63 kilos de comida que trajeron de su huerta: 


 

«Uno a veces piensa que esto (sus productos) no vale nada, porque nosotros no sabemos valorar lo que tenemos, pero usted cree que después de haber vendido todo, voy a seguir regalando? »

DOLLY.

“Para mí fue una experiencia muy hermosa, sorprende la organización y hasta la patrona (Dolly) ya se me volvió  negociante, ya se me volvió hasta doctora”

 

ENRIQUE.


 

                                   

                    



Al final, el mercado campesino fue no solamente un espacio comercial donde los campesinos vendieron 2 toneladas de comida, toda la producción que llevaron. Fue también un nuevo escenario para compartir e intercambiar semillas. Otra oportunidad para unir a la comunidad y reconocer el valor del campesino, resaltar las tradiciones y sabores de la Amazonía y empezar a abrir nuevos caminos en el municipio. Como dijo Eider, participante del Programa:  lo que pasó hoy es historia en Solano, abrimos un camino en el municipio, un camino para las familias , un nuevo camino que es lo que como campesinos buscamos, nuevas oportunidades”

 

 

TEXTO:  Lula Mendoza
Fondo Acción

FOTOGRAFÍA:  Andrés Cardona
Instagram: @andrescard1

 

 

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