«No me llames cowboy»: un día con los llaneros del Casanare

enero 24 de 2019

"Ser llanero cuesta caro", decía la canción. La fotógrafa Nathalia Angarita se fue al llano más extenso de Colombia para comprobarlo. Un retrato abierto y profundo de la cotidianidad llanera que con estas fotos se vuelve extraordinaria..

«No me llames cowboy»: un día con los llaneros del Casanare

| Dos llaneros luchan con la fuerza de sus manos agarrando la cabulla para que no escape el animal. Este novillo no se deja vencer y sigue empujando para poder salirse del coleo. No lo logra | Por: Nathalia Angarita


Por: Nathalia Angarita


Casanare, en el oriente colombiano, fue un departamento eminentemente petrolero. En el 2013, casi el 75% de su PIB provenía del petróleo. Cuando el crudo cayó, Casanare perdió. Fueron más de 15.000 empleos perdidos, y el territorio llanero duró un buen tiempo buscando un camino distinto a los hidrocarburos. Hoy, una de las grandes apuestas es el turismo de naturaleza, los extensos terrenos y la diversidad de aves y paisajes ponen a pensar de nuevo en desarrollo.

Casanare no tiene parques nacionales, pero es el departamento que posee más reservas naturales. El Hato La Aurora fue pionero en trabajar este tema y ya existen más de 39 reservas registradas en el departamento. Se encuentran en proceso otras 35, lo que serían casi 200.000 hectáreas de conservación privada. 

Dentro de esa lista está 'La Colonia',  un hato con más de 1.300 hectáreas, ubicado en el corregimiento de Caño Chiquito, en Paz de Ariporo, el segundo municipio más extenso de Colombia. Yopal, la cápital de Casanare, queda a 40 kilómetros vía al norte. El hato lleva en pie más de 50 años y es propiedad del finado Milciades Lina y su mujer Betulia Cuervo. Aquí hay más de 1.000 cabezas de ganado de cría, levante y de ceba. También hay una selva donde están los osos hormigueros, los osos palmeros, chiguiros, babas, garzas, corocoras y cachicamos. Todo esto en un solo espacio.

Pero, ¿cómo se mantiene un lugar como ese? Acompañé por cuatro días las labores de los trabajadores de este hato, para saber cómo se vive en 'La Colonia'. Seguí durante un día completo a estos hijos del llano que sobre todo son eso: llaneros. Que nunca los llamen cowboys, como alguna vez lo hizo un forastero de la ciudad.

 


***
 

Son las 2:30 am. El sol continúa oculto mientras la luna y las estrellas iluminan el firmamento, cualquiera pensaría que la noche aún es larga y silenciosa para una siesta profunda, pero para un llanero que vive en hatos el sol no es el que anuncia un nuevo día; son las 2:30am y el día ya comenzó para ellos. Se levantan, se duchan y preparan para el primer café de la mañana, toman asiento en el comedor y el silencio de la noche se rompe con risas, burlas y relatos.

A continuación, llega el dueño del hato y empieza a asignar las labores del día a cada trabajador llanero, unos ordeñan, otros van a encerrar los caballos al corral para luego enlazarlos y ensillarlos. Las personas que se encargan del ordeño, cogen su linterna y se sumergen en la oscuridad de la noche hasta el corral, donde amarran las vacas y las separan de su becerro para proceder a extraer su leche; hacia las 3:30am ya están seleccionando los caballos para enlazar y asignar a cada trabajador, luego bañan sus caballos, les dan agua, melaza y finalmente los ensillan.

 


Cerca de las 5:00 am, los llaneros se preparan para el desayuno que generalmente hace una mujer, encargada de las labores del hogar, a ellos les espera una jornada larga y tediosa que apenas comienza. El desayuno es ostentoso y diverso, generalmente hay carne asada, arroz, plátano, yuca, arepas, tungos, queso y una gran variedad de alimentos para que cada hombre inicie sus actividades con suficiente energía. Ellos continúan sus risas y cuentos, comen, y vuelven a sus caballos. Aquí el sol empieza a asomarse entre las montañas, los animales unen sus cantos y forman una increíble orquesta, entre aves, grillos, ranas, gallos, y miles de especies diminutas que manifiestan la vida y la naturaleza majestuosa.
 


"Si uno no desayuna como el ganado, se lo comen. Aquí comemos carne desde la mañana hasta la noche, sino como cree que le aguantamos a estos animales" 

T R A B A J A D O R  L L A N E R O


 

El hato 'La Colonia' tiene más de 1.300 héctareas. En este corral se agrupa al ganado para iniciar las actividades diarias. Lidera la labor el dueño del hato, don Roberth Luna. ©NATHALIA ANGARITA


 

Mediante cantos llaneros  arrean y guían al ganado para poder movilizar a más de 1000 cabezas de ganado de cría, levante y de ceba, que tiene el hato La Colonia. ©NATHALIA ANGARITA


 


Cuando abren las rejas los novillos son los primeros en correr. El arena que levanta mientras echan andar no deja ver a los vaqueros que vienen atrás guiándolos. Las vacas van a un paso más lento y se chocan unas otras en medio de ese camino de rejas que tienen que pasar para ya salir al ancho del llano. Jorge, el cabrestero, no va gritándoles, ni ofendiéndolas, va cantándoles. El sonido del ganado se mezcla al de los silbidos y al de la voz de ese viejo que mezcla los aullidos con dedicaciones hacia el ganado. 

 


Oliverio, el cabrestero, junto a Roberth Luna, propietario de la finca, y su hijo Sebastián, guían el paso del ganado por las cañadas. ©NATHALIA ANGARITA 


 


Los trabajadores del llano, en este caso son 12, salen del hato perdiéndose en la sabana infinita en busca del ganado para regresarlo a la finca. El caporal es el jefe y ubica estratégicamente a cada trabajador para formar el rodeo, en donde reúnen una parte del ganado en un círculo, gracias a la ubicación de cada jinete; por un lado, está el cabrestero, llamado así porque es quien se sitúa en la parte delantera del ganado y lo va guiando, luego están los orejeros, quienes se ubican al lado izquierdo y derecho y arrean el ganado para que siga al cabrestero, y finalmente están los culateros ubicados atrás donde observan y guían al ganado y a todos los jinetes, para que el movimiento sea  correcto, generalmente en este puesto va el patrón o caporal.

De esta manera, llevan el ganado a la finca, esto puede tardar hasta 8 horas o más guiando a todas las reses sin que se escape ninguna, el tiempo depende de qué tan lejos esté el ganado de la finca, en varias ocasiones la distancia es bastante larga. En este caso, los jinetes regresan al hato cerca de las 3:00 pm, llevan el ganado y lo encierran en el corral. La mujer del hato los espera con avena fría, un manjar después de un viaje largo con el sol en sus espaldas y casi 9 horas de galope constante. Agotados, beben su avena y se dirigen al corral, aún el trabajo continúa.

 

* * *
 

M E D I O D Í A 
 


Llanero soy, de los buenos baqueano de mil caminos bajo la luz de los cielos, jinete de potros altivos, de cimarrones toreros.

G E T U L I O   V A R G A S   B. 


 

Los trabajadores prenden la hoguera para comenzar a calentar las pailas con las que van a marcar el ganado. ©NATHALIA ANGARITA


 


Al llegar allí, se suben nuevamente a sus caballos y proceden a separar el ganado, las reses enfermas quedan en un lugar, los becerros pequeños se reúnen en otro, las vacas flacas en otro y así forman varios conjuntos de ganado con ciertas cualidades.

Después, el caporal manda dos trabajadores para que amarren los becerros y les apliquen el hierro, una marcación en la piel que da constancia del propietario. Luego se manda otro par de trabajadores para vacunar el ganado, y finalmente se toma cada conjunto de reses vacunadas, herradas y marcadas para terminar su proceso, el cual finaliza abriendo una puerta dentro del corral que da salida a una gran bañera llena de agua con medicamentos para matar garrapatas, moscas y cualquier insecto que se pegue al ganado.

 

Los trabajadores sostienen al novillo, mientras se acerca, Juan, el viejo del sello hirviendo, y le marca la parte de atrás quemándole el cuero. ©NATHALIA ANGARITA 


 


Allí las vacas quedan totalmente sumergidas, y el medicamento llega a todas las partes de su cuerpo para mayor efectividad, hoy en día en lugar de la bañera se usa el fumigo, pero no tiene el mismo efecto porque el fumigo no alcanza a cubrir el 100% de su cuerpo. Al final, se cuentan las reses y se toman decisiones, para ver cuáles se pueden vender o reproducir de acuerdo a las necesidades del propietario. Todo este acto de llevar ganado en organizaciones específicas, y el proceso que le sigue, es lo que se llama Trabajo de Llano, y se realiza generalmente una o máximo dos veces al año en Mayo y Diciembre; su duración depende de la cantidad de reses y del tamaño del hato, entre más grande sea, el trabajo se prolonga en días, semanas e incluso meses donde día tras día se repite esta ardua labor.


* * *


LLUVIA


Arrullaron mi infancia
las aves con su trino,
y mis primeros pasos los di
junto a un raudal;
fueron mis compañeros
la soga y el caballo,
y mi único horizonte
aprender a enlazar.

Conocí los misterios
de la verde sabana
y en las noches de invierno
aprendí una oración,
aquella que recito
en mis horas inciertas,
que dice;
"ser llanero es sobrarle valor". 


G E T U L I O   V A R G A S   B. 

 


 

 


FOTOGRAFÍA Y TEXTO:  Nathalia Angarita
INSTAGRAM: @artemisam_


 


© 2019

 

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