junio 04 de 2019

Reclamo bicentenario del pueblo negro

Por: Francia Márquez y Helmer Quiñonez Mendoza

La población Africana y de la diáspora, nosotros el pueblo negro de Colombia, la ahora llamada población afrodescendiente, hemos resistido durante los últimos 500 años uno de los capítulos de terror mas prolongados y tristes de la historia humana: la parcial destrucción de nuestra historia africana, la macabra trata y comercio esclavista, y más de 400 años de esclavización y violencia sistemática en las minas, haciendas y demás centros de producción y explotación del sistema esclavista, incluida la casa del amo o esclavitud domestica como algunos “piadosos” la llamaban (1443-1852).

Al finalizar el siglo XX (con nuestro trabajo en la Constitución Política de 1991 y con el consecuente reconocimiento de algunos de nuestros derechos en el marco de la Ley 70 de 1993) la población afrodescendiente colombiana creía que despertaba de tan terrible y prolongada pesadilla. Sin embargo, desde la década de los noventa, es decir, con el inicio de la llamada apertura económica (1991) hasta  nuestros días (junio de 2019), hemos sido sometidos a una ola sistemática de crímenes atroces en el marco de una nueva ola de explotación económica sistemática y una violencia armada desproporcionada: estamos siendo asesinadas, masacrados, violadas, hostigados, confinados y expulsados sistemáticamente de nuestros territorios ancestrales.


 

«Organizaciones de la sociedad civil han estimado en aproximadamente 2 millones o más los afrodescendientes desplazados de sus territorios y decenas de lideres afrodescendientes han sido asesinados en los últimos años»


 

En este nuevo capítulo de limpieza étnica que nos azota, se han puesto en subasta la tierra y territorios que ganamos con gran esfuerzo al imperio español esclavista (para ello los llaman “tierras baldías”) en el marco de una violencia especializada en contra de nuestro tejido social y organizativo; organizaciones de la sociedad civil han estimado en aproximadamente 2 millones o más las y los afrodescendientes desplazados de sus territorios y decenas de lideres y lideresas afrodescendientes han sido asesinados en los últimos años. Durante este periodo de “desarrollo y apertura” colonos y agroindustrias, industrias extractivas y megaobras amparadas en la militarización y la guerra están destruyendo nuestros ecosistemas y apropiándose sistemáticamente de nuestro patrimonio y recursos naturales; a su paso destruyen todo: el medio, los ríos y fuentes de agua, la fauna y flora, y en general todo el ecosistema, incluido nuestro hábitat.

 


 

A su paso destruyen todo: el medio, los ríos y fuentes de agua, la fauna y flora, y en general todo el ecosistema, incluido nuestro hábitat. © Ana Karina Delgado


 

El 21 de mayo de 2019 conmemoramos en Colombia por mandato legal esta tragedia, y ese mismo día y en el marco de este bicentenario de la República de Colombia denunciamos públicamente nuestra grave crisis humanitaria actual -el racismo estructural y el impacto desproporcionado del llamado desarrollo/conflicto armado- directamente ante el actual Presidente de la República, y ante el Congreso de la República con transmisión nacional desde su salón Colombia. Ante la JEP pusimos en evidencia la limpieza étnica actual de nuestras comunidades en nuestros territorios y la violencia sexual sistemática contra las mujeres y líderes afrodescendientes, y en general en los últimos días hemos expuesto todos estos crímenes atroces ante otras instituciones: los medios de comunicación y ante la opinión pública nacional e internacional. Este breve escrito hace parte de este trabajo de denuncia y de nuestra exposición pública de rechazo.  

 

Con este acto de denuncia y resistencia, reafirmación existencial y cultural, continuamos fortaleciendo nuestra lucha histórica ante estas injusticias, la exitosa resistencia en los ahora independientes estados africanos, la incansable insurrección durante el viaje atlántico en los inhumanos barcos esclavistas, nuestro continuo rechazo y levantamiento contra la sociedad esclavista con el cimarronaje y la organización en palenques, al igual que nuestra actual resistencia con el no abandono de nuestros territorios, nuestra defensa actual de todos nuestros derecho humanos y constitucionales, y el impulso constante para una respuesta estatal e internacional efectiva ante esta tragedia; entre otras con el Auto 005 de 2009 y siguientes (Corte Constitucional de Colombia), en donde se denuncia el impacto desproporcionado del desplazamiento forzado y la violencia en nuestros comunidades y territorios y se obliga a la atención “inmediata” del Estado colombiano a esta situación, y con el Decreto Ley 4635 de 2011, en donde demandamos una reparación integral como respuesta a esta nueva destrucción. La sentencia de protección del Río Atrato (Sentencia T-622 de 2016) es otro de nuestros avances. El Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz es nuestra más reciente conquista y por eso estamos demandando también su total implementación, en especial la superación de la impunidad de todos los crímenes atroces cometidos en nuestra contra.

 


El Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz es nuestra más reciente conquista y por eso estamos demandando también su total implementación, en especial la superación de la impunidad de todos los crímenes atroces cometidos en nuestra contra. © Ana Karina Delgado


 

Esta resiliente historia es la que hoy, finalizando la segunda décadas del siglo XXI (2019), nos obliga como pueblo negro a no renunciar y continuar demandando los “prometidos” mismos derechos que las y los demás colombianos efectivamente tienen, incluido el derecho a la justicia y la propiedad de nuestros territorios, como creemos quedo claramente establecido en el artículo 1o de la ley de libertad de los esclavos del 21 de mayo de 1851 que estamos conmemorando, y como hemos reiterado recientemente con demandas específicas pero desatendidas en el artículo transitorio 55 de la actual Constitución colombiana (1991) desarrollado parcialmente por la ley 70 de 1993. Los múltiples indicadores socioeconómicos producidos en Colombia ponen en evidencia la miseria y la pobreza a la que está sometida la mayoría de la población afrodescendiente, que en pleno siglo XXI no tiene acceso a agua potable, saneamiento básico, electricidad y conectividad, ni salud y educación de calidad, y la infraestructura en sus territorios es nula o esta en deficiente estado.

 

Así las cosas, y considerando nuestros importantes aportes a la construcción de este país incluida su independencia, queremos concluir en este Bicentenario de Colombia con una petición formal al Presidente de la República como jefe del Estado colombiano, y por tanto a todas las instituciones que lo componen:

 

Detener de forma inmediata y por todos los medios que sean necesarios el ataque destructivo contra la población afrodescendiente colombiana, y como reparación integral se les reconozca todos sus derechos, entre ellos el dominio y propiedad de sus territorios ancestrales incluyendo los recursos acuáticos, del espectro electromagnético y del subsuelo. Esto en el marco de un plan integral de implementación más amplio que incluya la superación de todos los rezagos institucionales en la implementación de la ley 70 de 1993, el Auto 005 de 2009 y siguientes, el Decreto Ley 4635 de 2011, y los PND pendientes incluido el actual PND 2018-2022. Entre los objetivos de este Plan Integral deberá estar el cumplimiento de los ODS a 2030 y el desarrollo de un plan de acción del Decenio de los Afrodescendientes de las Naciones Unidas (2015-2024).

 


 

Jaír Cortes, Representante del Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera, asesinado el 27 de octubre de 2017Los múltiples indicadores socioeconómicos producidos en Colombia ponen en evidencia la miseria y la pobreza a la que está sometida la mayoría de la población afrodescendiente © Ana Karina Delgado


 

Finalmente a mis hermanas y hermanos afrodescendientes, a nuestro proceso organizativo, les sugerimos respetuosamente enmarcar nuestras demandas históricas y contextuales ante el Estado colombiano y la comunidad internacional más allá de la Ley 70 y de la Constitución de 1991, o del Convenio 169 de la OIT o de los Convenios para la eliminación del Racismo, pues aunque han sido y son mecanismos centrales en nuestra exigencia por el Goce Efectivo de nuestro derechos, nuestras demandas están mejor identificadas en la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales aprobada por la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1960, puesto que allí se señala taxativamente que Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.

 

En el contexto de esta Declaración y en el marco de la Declaración y el Plan de Acción de Durban (2001) adelantemos y demandemos entonces nuestro necesario proceso de Reparación Integral, incluida nuestra imperiosa Reparación Histórica.  

 


 

Por

Francia Márquez Mina

Lideresa negra, ambientalista y defensora de derechos humanos. Premio Goldman (“Nobel de paz”)

Helmer Eduardo Quiñones Mendoza

Filosofo afrodescendiente, defensor de derechos humanos.

Ana Karina Delgado

Fotógrafa documental http://www.anakarinadelgado.com


 

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