La apuesta de 30 ganaderos de Yopal para salvar los bosques

septiembre 10 de 2019

Por mantener en pie los árboles y cuidar los nacimientos de agua, estos campesinos reciben insumos para mejorar su producción, como bancos de semillas de pastos, cercas eléctricas, páneles solares, establos, asesoría técnica y estufas eficientes. El proyecto es liderado por la Fundación Natura y la empresa Equión .

La apuesta de 30 ganaderos de Yopal para salvar los bosques

| Con la asesoría de la Fundación Natura, campesinos de Yopal cuidan sus bosques y mejoran la productividad de sus fincas. | Por: Jhon Barros


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

Floriberto Socha lleva la ganadería en sus venas, actividad que aprendió por las enseñanzas de su padre y abuelo. Nació en El Progreso, vereda del corregimiento El Morro ubicada en las montañas de Yopal, uno de los territorios más pecuarios del país. Se crió en medio de vacas, cantinas de leche, corrales y pastizales.

Sin embargo, desde pequeño comprendió que los nacimientos de agua necesitaban estar rodeados de tupidos bosques para enfrentar las duras sequías. Por eso trazó un plan a futuro: “tenía claro que cuando fuera grande y tuviera mi finca, iba a cuidar la mayor parte de los árboles para tener agua, un tesoro que vale mucho más que el oro y el petróleo”.
 

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Floriberto Socha viene de una familia ganadera. Sin embargo, desde pequeño comprendió que para tener agua debía conservar la mayor cantidad de bosque posible. ©Jhon Barros

«Desde que compré el terreno sabía que estaba en la obligación de no tocar los bosques, porque ahí estaba el agua. Una finca sin el líquido vital no vale nada»

Floriberto Socha, ganadero de Yopal

Hoy, con 48 años de vida, La Pradera, una finca que Floriberto tiene desde hace más de dos décadas, ubicada en la vereda Marroquín, es una de las más verdes de la zona rural de Yopal. De las 28 hectáreas que mide el terreno, más de 22 hectáreas están repletas de árboles con alturas superiores a los 15 metros de altura. Tiene siete nacimientos de agua.

Las otras seis hectáreas, que son terrenos más planos, las destinó a la producción pecuaria, con la siembra de pastos y gramíneas para alimentar diez vacas. Allí también construyó la casa familiar donde vive con su esposa y tres hijos

“Desde que compré el terreno sabía que estaba en la obligación de no tocar los bosques, porque ahí estaba el agua. Una finca sin el líquido vital no vale nada. No lo hice para recibir beneficios o plata extra, sino por voluntad propia, aunque al campesino sí deberían darle algo por cuidar”, asegura este hombre de bigote negro y poblado y unas manos gruesas y ásperas por el trabajo de la tierra.

 

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Muchos campesinos de la zona rural de Yopal aún conservan las áreas boscosas donde hay nacimientos de agua. ©Jhon Barros

Ebrail Torres, un ganadero de la vereda Cagui Esperanza, también sintió desde joven la necesidad de proteger la montaña. De las 60 hectáreas que mide su finca La Porfía, casi 40 hectáreas no reciben ningún tipo de intervención, ya que albergan seis nacimientos de agua.

“Por mi finca bajan dos grandes quebradas. Soy afortunado por eso. Pero como hay que vivir de algo, compré otros terrenos cerca para tener el ganado y cultivar”.

Hace diez años, Ebrail escuchó el rumor de que algunas empresas le iban a dar dinero a la gente que había conservado los bosques de las cuencas hidrográficas, por lo cual su compromiso ambiental se incrementó.
 

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La finca de Ebrail Torres cuenta con seis nacimientos de agua. Ese fue su mayor motivo para no tocar los árboles que los rodean. ©Jhon Barros

«Tengo la certeza de que esa conservación del bosque me va a servir en el futuro. De pronto recibo algo por dejar el verde quieto»

Ebrail Torres, campesino de la zona rural de Yopal

“Corroboré que tenía que dejar esas hectáreas boscosas sin talar, algo que causó las burlas de mis vecinos. No comprendían la razón de dejar la montaña quieta. Me dijeron que ese verde no servía. Yo me limité a responderles que una tierra sin árboles es una tierra sin agua, y que cada cual hace con su finca lo que quiere”, dice Ebrail.

La Porfía, donde vive hace 37 años con su esposa y tres de sus siete hijos, es una mancha verde visitada por centenares de aves, que en épocas de sequía casi no sufre por el agua. 

“Muchos sienten envidia por eso. Tengo la certeza de que esa conservación me va a servir en el futuro, y que mis hijos y futuros nietos tendrán un terreno con agua, algo que no tiene precio. Siempre quise recibir algo a cambio por dejar el verde del bosque quieto”, afirma este sonriente campesino, quien siempre viste un sombrero aguadeño, un poncho y un carriel.
 

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Ebrail siempre ha intentado encontrar un punto de equilibrio entre la ganadería y las zonas de conservación. ©Jhon Barros

Recompensa por cuidar 

Hace más de tres años, la Fundación Natura Colombia y la empresa petrolera Equión, empezaron a visitar las veredas de la zona rural de Yopal que contaban con nacimientos de agua y hacían parte de varias cuencas hidrográficas, incluidas las fincas de Floriberto y Ebrail.

El ideal era firmar acuerdos de conservación y producción con los campesinos: un canje que consiste en proteger el bosque a cambio de recibir insumos para mejorar la producción agrícola y pecuaria.

Los recursos provienendel uno por ciento que debe destinar Equión en proyectos de compensación ambiental por sus actividades de explotación y uso de los recursos naturales.

La propuesta era sencilla: si dejaban quietas las hectáreas boscosas de sus fincas, los ganaderos contarían con insumos físicos, tecnológicos y asistencia técnica para que su producción fuera más eficiente y sostenible. El cambalache no consistía en entregarles dinero para que compraran lo que ellos quisieran, sino que escogieran los insumos que más les convenía. 
 

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La Fundación Natura lleva más de tres años trabajando con varios ganaderos de Yopal para que mejoren la producción y cuiden los bosques. ©Jhon Barros

Por conservar más de 600 hectáreas de bosque, 30 campesinos de Yopal reciben insumos para mejorar su producción agropecuaria. 

“Por eso se llaman acuerdos voluntarios de conservación y producción. Los campesinos son libres de participar y escoger el insumo que más les guste, como construcción de establos y corrales, bancos de forraje para la alimentación del ganado, sistemas rotativos de potreros, división de zonas con cercas de púas o eléctricas, paneles solares, sistemas de trapiche con caña, siembra de árboles para conectar con otros bosques y hasta estufas eficientes”, dijo Elsa Matilde Escobar, exdirectora de la Fundación Natura.

Dependiendo del número de hectáreas de bosque conservado, cada productor tendría derecho a un dinero en especie, es decir los insumos para las fincas. El finquero solo aportaría la mano de obra para realizar las mejoras productivas.

Cerca de 123 fincas fueron identificadas como potenciales para firmar estos acuerdos de conservación y producción, distribuidas en 12.000 hectáreas de la zona rural de Yopal. Pero al final solo decidieron participar 30 campesinos, con el compromiso de blindar más de 600 hectáreas de bosque a cambio de incentivos. 
 

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Treinta campesinos de la zona rural de Yopal decidieron firmar acuerdos de conservación y producción con la Fundación Natura y la empresa Equión. ©Jhon Barros

La falta de fé de la población fue algo que jugó en contra. “Casi nadie creía en el proyecto, por lo cual fue largo y demorado”, recuerda Floriberto. Muchos desistieron y no quisieron participar por desconfianza o miedo de que les quitaran las tierras. Yo comprendí que iba a recibir incentivos por una conservación que he hecho siempre, así que firmé un acuerdo por dos años y medio. Confié porque no se trataba de un proyecto del gobierno, que se la pasa acá y no ha salido con nada”. 

Por conservar 22 hectáreas de bosque, Floriberto cuenta con una bolsa cercana a los 22 millones de pesos para mejorar la producción agropecuaria de su finca. Los destinará a un banco de forraje para pastos y caña, un nuevo establo, una máquina picadora y la aislación del ganado. 

“Me van a dar abono y asesoría técnica. Nosotros solo tenemos que poner la mano de obra, es decir como 20 por ciento del proyecto. Es muy importante, ya que mejoramos nuestra economía y cuidamos el medioambiente. Le estamos garantizando agua a las futuras generaciones, un recurso sumamente valioso que en 50 años valdrá más que el petróleo”.

Ebrail cuenta con más de 41 millones de pesos para que la producción de su finca sea más rentable. “Mi canje por no tocar las casi 40 hectáreas de bosque son insumos como el banco para pastos y caña, la picadora, el establo y muchas cercas y alambres. También el panel solar para esas cercas y la propia casa. Es mejor que no nos den la plata directamente, porque a nosotros nos gusta mucho la botella”.
 

Por conservar 22 hectáreas de bosque, Floriberto recibe insumos para mejorar su producción agropecuaria, como un banco de forraje para pastos y caña, un establo y una máquina picadora.

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Fundación Natura y la empresa Equión firmaron acuerdos con 30 campesinos de Yopal para mejorar la producción y proteger los bosques. ©Jhon Barros

Largo proceso

Aunque los 30 acuerdos de conservación fueron firmados este año (13 en abril y 17 en agosto), el proceso con los ganaderos inició en 2015, cuando la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) autorizó a Equión para destinar el uno por ciento de sus inversiones en estos acuerdos, con el apoyo y asesoría de la Fundación Natura.

Después vino lo más difícil: ganarse la confianza de los campesinos. “El escenario no era fácil: una zona petrolera, con barreras sociales, presencia de grupos armados y muchas iniciativas incumplidas. Por eso varios desertaron. Uno de los primeros pasos fue sacarlos a otros escenarios para que se reconocieran entre ellos mismos y asociarlos. Todo parte del principio de la confianza. Esa etapa de socialización duró más de diez meses”, aseguró Gustavo Segura, jefe del proyecto de acuerdos de conservación y producción de Natura.

El paso a seguir fue un diagnóstico de las fincas, que reveló las realidades, propósitos y sueños de cada uno de sus dueños. A estas comunidades rurales les han ofrecido muchos proyectos, que al final de cuentas no llegaron a beneficiarlos. Por eso era su apatía de firmar acuerdos. La generación de confianza es importante. Antes de firmar reconocimos el área, con sus fortalezas y barreras, y las historias de vida de sus pobladores”.
 

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Convencer a los campesinos de que iban a recibir beneficios por proteger los bosques no fue fácil. Casi un año destinó la Fundación Natura para que creyeran en el proyecto. ©Jhon Barros

«Los insumos que les dimos a los campesinos mejoran las prácticas tradicionales ganaderas, disminuyen la vulnerabilidad ante el clima y fortalecen la producción»

Gustavo Segura, jefe del proyecto de acuerdos de conservación y producción de Natura

Con cada productor, Natura construyó una propuesta conjunta basada en la realidad del territorio, es decir en definir juntos las alternativas más adecuadas para fortalecer los sistemas productivos.

“El enfoque fue la ganadería, principal actividad productiva en la zona y la que más afecta las cuencas hidrográficas. Los insumos que les dimos mejoran las prácticas tradicionales ganaderas, disminuyen la vulnerabilidad ante el clima y fortalecen la producción. Los acuerdos tienen un tiempo de 30 meses: dos años y medio”, complementó Segura.

Algunos campesinos querían insumos que atentan contra los bosques, como motosierras y hachas. No podíamos entregarles este tipo de herramientas. Entonces les hicimos ver el daño que le hacen a la cuenca al depredar las montañas. Muchos aseguraron que no sabían qué era una tala indiscriminada, algo que salió a relucir con imágenes satelitales de 2016 y 2019”, dijo el experto.
 

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Los acuerdos de conservación y producción fueron concertados con la comunidad de la zona rural de Yopal. ©Jhon Barros

Más de ocho visitas de los expertos de la Fundación Natura fueron realizadas en cada finca, es decir, se realizaron unas 240 charlas en las 30 que firmaron los acuerdos.

“También hicimos salidas de campo. Ese proceso de generación de confianza no se da de la noche en la mañana. Hasta la cuarta visita los campesinos empezaban a comprometerse. Algunos se salieron porque tenían que poner la mano de obra”, afirma el funcionario.

Con los 30 productores que aceptaron, Natura definió los insumos que los iban a beneficiar por conservar las más de 600 hectáreas de bosque. Los primeros fueron de implementación rápida, como siembras de árboles para cercas vivas, semillas de pastos en los bancos de forraje e instalación de paneles solares y cercas eléctricas. 

Ahora viene el segundo paquete de incentivos: obras de infraestructura como establos, corrales, estufas eficientes y trapiches de caña para sacar jugos y melaza que le sirvan al ganado. También seguirán las capacitaciones para manejar los potreros por medio de un sistema de rotación en áreas más pequeñas.
 

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Árboles para cercas vivas, semillas de pastos para bancos de forraje, paneles solares y cercas eléctricas, fueron los primeros incentivos que recibieron estos campesinos. ©Jhon Barros

«Como tengo tres nacimientos de agua, conservé las 12 hectáreas de bosque que los rodea. Allí jamás entra el ganado»
Mercedes García, campesina de Yopal

Mujeres empoderadas

Hace 26 años, Mercedes García y su primer esposo decidieron abandonar el municipio de Labranzagrande en Boyacá para buscar mejores opciones en Yopal, territorio que los atrajo por la ganadería y el petróleo. Compraron una tierra para construir su hogar, tener animales y cultivos y criar a sus ocho hijos.

“Mi finca La Esperanza, ubicada en la vereda El Perico, tiene 60 hectáreas. Admito que la mayoría la he destinado a la caña, plátano, café y ganado para alimento, que es dejar pastar a las vacas de otros vecinos y que se reproduzcan en mi tierra. Pero como tengo tres nacimientos de agua, conservé el bosque que los rodea. Son como 12 hectáreas con árboles que protegen el agua, donde jamás entra el ganado”.
 

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Por conservar 12 hectáreas de bosque, Mercedes García ya recibió un panel solar, cercas eléctricas y un establo. ©Jhon Barros

Mercedes perdió a su esposo hace cinco años, al igual que a una de sus hijas, la cual desapareció al poco tiempo de meterse en las filas de la guerrilla. Pero esos percances no le han hecho perder la sonrisa cálida, las ganas de trabajar y salir siempre de su casa arreglada y vestida con colores llamativos como el fucsia, su favorito.

“Mis hijos ya están grandes e hicieron sus vidas. A mis 68 años me junté con un señor para no estar sola. Él me ama y se encarga del cuidado de la finca. Cuando me enteré de los acuerdos por cuidar el bosque no lo pensé dos veces: sería una nueva ayuda. Tengo más de 10 millones de pesos para poner un panel solar, cercas eléctricas, un sitio para las semillas de pasto y un establo”.
 

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Los acuerdos de conservación y producción buscan proteger las cuencas hidrográficas y mejorar las prácticas agropecuarias en la zona rural de Yopal. ©Jhon Barros

«Soy afortunada porque tengo dos nacimientos de agua. Por eso no tumbé ni un solo árbol en las tres hectáreas donde están. En mi finca no pega duro la sequía»

Josefa Cepeda, campesina de Yopal

Josefa del Carmen Cepeda también nació en Labranzagrande. Llegó a Yopal a los nueve años, junto con sus padres y hermanos. Toda su familia se dedicó a la ganadería y a cultivar caña, maíz, plátano y frijol.

Con su esposo compró 14 hectáreas de tierra en la vereda Aracal, terreno al que llamaron El Algarrobo. 

“Acá saqué adelante a mis nueve hijos y fui feliz con mi esposo, quien murió hace 16 años. Mis retoños y sus 14 nietos me visitan seguido, ya que viven en el casco urbano de Yopal. Soy afortunada porque tengo dos nacimientos de agua y por eso no tumbé ni un solo árbol en las tres hectáreas donde están. En sequía muchos sufren por no tener agua, a mi no pasa eso”.
 

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Josefa del Carmen Cepeda considera que los acuerdos de conservación y producción son una buena opción para frenar la deforestación en Casanare. ©Jhon Barros

Casanare es el tercer departamento más ganadero de Colombia, con 1,9 millones cabezas de ganado. En 2018 perdió casi 2.000 hectáreas de bosque por esta actividad.
 

Por no depredar sus tres hectáreas de bosque, Josefa, de 65 años, escogió como insumos un panel solar y varias cercas para aislar los caños. “Me correspondieron un poco más de tres millones de pesos. Espero que estas iniciativas sigan en Casanare, una de las regiones más ganaderas en donde ha desaparecido mucho bosque”.

Josefa tiene toda la razón. Según el censo bovino de 2018 del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), Casanare cuenta con 1,9 millones cabezas de ganado, distribuidas en más de 15.000 fincas. Esta cifra solo es superada por los departamentos de Antioquia y Córdoba.

Entre tanto, el Ideam reveló que Casanare perdió 1.970 hectáreas de bosque el año pasado, cantidad que lo ubica entre los 15 departamentos más deforestados de Colombia.
 

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Casanare es el tercer departamento más ganadero de Colombia. Esta actividad está relacionada con la pérdida de los bosques. ©Jhon Barros

Apoyo de los hijos

A pesar de haber perdido sus dientes hace varios años, a Álvaro Siabato no le da pena sonreir. Es un hombre feliz y le gusta expresarlo, algo que logra con cualquier persona que conoce. Siempre está de buen genio, le gusta platicar y hacer nuevos amigos. Solo se pone serio cuando le toman fotos.

Nació hace 70 años en Labranzagrande (Boyacá), pero desde hace tres décadas está radicado en la zona rural de Yopal, donde tiene su finca El Olvido, de 40 hectáreas. Con la ganadería y cultivos de yuca y plátano sacó adelante a su familia, conformada por su esposa y tres hijos, quienes le han dado nueve nietos.
 

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Álvaro Siabato tiene 16 hectáreas de bosque. Por dejarlas quietas, ya recibió un establo y varios molinos. ©?Jhon Barros

“Ya todos están grandes e hicieron sus vidas como campesinos. Pero Osvaldo, la cuba o menor de mis hijos, es el que se encarga de ver por nosotros, sus dos ancianos. Él fue quien me dijo que estaban dando insumos por cuidar el bosque en las veredas. Me dijo que si quería participar, a lo que respondí: hágale pa'lante, toda ayuda sirve”, anota Álvaro.

Por blindar 16 hectáreas de bosque, este campesino va a recibir insumos para poner un establo y varios molinos, cercar los dos nacimientos de agua que tiene y producir semillas de pastos.

“Mi hijo es el que maneja eso, yo ya estoy muy viejo. Pero son como 23 millones para mejorar la productividad de la finca. Lo bonito es que sea por conservar, algo que siempre supe que debía hacer. Sin agua qué va a hacer uno, una finca no es nada. Ni para hacerse un tinto sirve”.
 

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La mayoría de los 30 campesinos de Yopal que firmaron los acuerdos, optó por recibir bancos de forraje para producir pastos. ©Jhon Barros

Juvenal Pérez también le pidió a uno de sus ocho hijos que estuviera pendiente del acuerdo de conservación y producción, aunque con 74 años de edad aún se siente lleno de vitalidad y ganas de trabajar la tierra. “Para manejar esos temas es mejor que los hijos le den la mano a uno, para que después no lo engañen".

El Guayabo, su finca de 150 hectáreas en la vereda Rincón del Guayabo, produce ganado y varios cultivos. La compró hace 40 años, cuando llegó de Labranzagrande para radicarse del todo el Yopal.

“Más de 22 hectáreas tienen bosque, por lo cual mi hijo me dijo que nos darían como 27 millones de pesos en incentivos. Muchas personas no participaron porque querían la plata para hacer lo que quisieran. A mi me interesó y voy a mejorar los pastos, hacer cercas vivas con nuevos árboles y cercar los diez nacimientos de agua que tengo”.

Aunque siempre seguirá conservando los bosques y reservas de agua, este hombre con sombrero llanero negro y poncho en su hombro derecho considera que muchas multinacionales no lo hacen. “Nosotros nos hemos visto perjudicados por la explotación de hidrocarburos. Con sus sísmicas hemos perdido mucha agua”.
 

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La finca de Juvenal Pérez tiene más de 22 hectáreas con bosque. Por conservarlas, hoy en día recibe incentivos para mejorar la producción ganadera. ©Jhon Barros

Pioneros

Uno de los primeros campesinos en firmar los acuerdos fue Serafín Colmenares. De las 11 hectáreas que mide su finca El Palmarital, en la vereda Aracal, más de tres hectáreas las destinó para la conservación, donde hay tres nacimientos veraneros.

“Como yo firmé el acuerdo en marzo, en mi finca ya se ven los resultados”, dice este hombre de 43 años, quien vive con su esposa y tres hijos en una casa llena de matas sembradas en antiguos cascos petroleros, perros y gatos criollos y gallinas. 
 

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Serafín Colmenares pudo construir su propio banco de forraje, donde cultiva los pastos para alimentar al ganado. ©Jhon Barros 

«Voy a ver si me alcanza para construir otro corral. Con mi bolsillo construí unos panales artificiales para las abejas, una especie muy impactada que es fundamental para la vida»

Serafín Colmenares. uno de los primeros campesinos de Yopal en firmar los acuerdos

“Mi proyecto, que cuenta con siete millones de pesos en incentivos, consiste en un banco mixto forrajero de 2.500 metros de área, donde sembré semillas de pasto elefante y taiwán, y leguminosas como veranera, botón de oro y matarratón”, dice Serafín.

También ha puesto cercas vivas y eléctricas para evitar que sus 10 vacas entren en los terrenos boscosos. El banco forrajero es mi favorito. Cuando el pasto crece, lo corto, pico y ensilo para luego llevárselo a las vacas en los corrales. Voy a ver si me alcanza para construir otro corral. Con mi bolsillo construí unos panales artificiales para las abejas, una especie muy impactada que es fundamental para la vida”.
 

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Además de conservar el bosque y mejorar su producción, Serafín Colmenares trabaja en un proyecto con abejas. ©Jhon Barros

Carlos Adolfo Corredor es otro de los pioneros de los acuerdos. Su finca, El Arcabuco, es una de las más grandes, productoras y conservadas de la zona rural de Yopal, con más de 120 hectáreas. La mitad del área está conformada por densos bosques y el nacimiento de dos enormes quebradas.

“Yo nací y crecí en esta finca. Al heredar una parte de mis padres, luego compré más terreno para ampliar los potreros de ganado y cultivos de plátano, y así no tocar los bosques. Tengo aproximadamente 40 vacas y varios cerdos, dice este campesino de 55 años.

Desde que conoció el proyecto decidió participar. “Es muy reconfortable que le reconozcan algo a uno por cuidar estas hermosas montañas. Por las más de 60 hectáreas de bosque que tengo conservadas, recibí 78 millones de pesos para hacer un gran establo, siembra de pastos y caña y árboles para cercas vivas. Es muy bonito hacer algo por el agua, el recurso que más debemos cuidar”.
 

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Carlos Adolfo Corredor tiene una de las fincas más extensas de la zona rural de Yopal. Mide más de 120 hectáreas, de las cuales la mitad cuenta con bosque. ©Jhon Barros

Más de 15 años de acuerdos

Elsa Matilde Escobar, quien fue directora de la Fundación Natura durante 22 años, aseguró que la organización ambiental fue pionera en la figura de acuerdos de conservación y producción en Colombia, en una época donde pocos creían que el trabajo con los campesinos podía ser sostenible.

“Los primeros acuerdos los firmamos hace 15 años con campesinos de alta montaña en Santander y Boyacá, todos con empresas privadas. No son imposiciones, sino mecanismos voluntarios para que mejoren la producción de sus fincas de una forma sostenible. La sostenibilidad es el respeto por la vida, el mejoramiento de sus fincas y mayores conocimientos. Al recibir beneficios, la gente disminuye el consumo de recursos”.
 

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La Fundación Natura trabaja con los campesinos colombianos para que protejan los recursos naturales y tengan una producción agropecuaria sostenible. ©Jhon Barros

«Además de conservar los bosques y poner en marcha sistemas productivos sostenibles, los acuerdos mejoran la calidad de vida de la población. Las buenas prácticas agrícolas son procesos de adaptación y mitigación al cambio climático»

Elsa Matilde Escobar, exdirectora de la Fundación Natura
 

Escobar aclara que estos acuerdos no consisten en pagar por conservar el bosque, ni tampoco dejarlo quieto: es invertir recursos económicos en capacitación, mejoras de manejo productivo y en hacer un uso adecuado de las zonas boscosas.

“Los primeros acuerdos fueron en Santander, con la implementación de un sistema silvopastoril en tierra alta, fría y con campesinos de bajos recursos. Estos acuerdos llevaron a la certificación del proceso en la Serranía de los Yariguies. Luego fue en Boyacá”.

Los acuerdos de conservación y producción son integrales, apuntó Escobar. Además de conservar los bosques y poner en marcha sistemas productivos sostenibles, mejoran la calidad de vida de la población y transforman a las familias. Hay una mejor apropiación del lugar, se involucra a la mujer y a los niños y hay una disminución de los insumos químicos. Las buenas prácticas agrícolas son procesos de adaptación y mitigación al cambio climático”.
 

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"Los acuerdos de conservación y producción son la unión entre campesinos, empresa privada y una organización ambiental": Fundación Natura. ©Jhon Barros

Clara Solano, quien acaba de asumir las riendas de la Fundación Natura, informó que estos acuerdos son la unión de campesinos, empresa privada y organización ambiental.

Todos juegan un rol fundamental. La empresa pone los recursos, Natura los ejecuta y presta asesoría técnica y ambiental, y los campesinos reciben beneficios productivos a cambio de su compromiso. Estos acuerdos tratan de conservar haciendo una producción sostenible y dando beneficios”.

Por su parte, Édgar Pérez, líder del proyecto en Equión, informó que estos acuerdos tienen el propósito de proteger las cuencas hidrográficas donde la petrolera capta el agua para sus actividades. 

“Estamos obligados a destinar el uno por ciento de nuestra inversión en proyectos ambientales en las áreas de influencia a la empresa, como la zona rural de Yopal. Además de estos acuerdos, manejamos otras líneas como compra de predios en áreas estratégicas, que luego se las entregamos a la autoridad ambiental, gobernación o alcaldía. También hacemos pagos por servicios ambientales”.

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Casanare está entre los 15 departamentos más deforestados de Colombia. La ganadería es la principal causa de ese panorama. ©Jhon Barros

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