Hacinados: así viven 2.025 desplazados en Alto Baudó

marzo 24 de 2020

El departamento de Chocó vive una crisis humanitaria sin precedentes en la región. Cientos de desplazados que huyeron de la guerra entre el ELN y las Autodefensas Gaitanistas se agolpan en los pocos lugares que tienen para resguardarse. “Si llega el coronavirus, nos acaba”, dice el alcalde.

Hacinados: así viven 2.025 desplazados en Alto Baudó

| Aparte de los desplazados, el municipio enfrenta el problema del confinamiento de 3.083 personas de las cuencas de los ríos Baudó, Nauca, Amparraida, Pavarandó y Viakirude. | Por: Secretaria del Interior y de Gobierno de Chocó


Por: Germán Izquierdo
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En Pie de Pató, cabecera municipal de Alto Baudó, esperan que por primera vez la lejanía impuesta por ríos, trochas y carreteras destapadas sea una ventaja y los mantenga alejados del coronavirus. “Donde ese ese señor llegue aquí, nos acaba a todos”, dice Ulises Palacios, alcalde de esta población que vive una realidad crítica: el confinamiento de 2.025 personas que huyeron de la guerra entre el ELN y las Autodefensas Gaitanistas y hoy permanecen hacinadas en un municipio que no tiene recursos para mantenerlas. 

 

La crisis humanitaria por cuenta de la violencia comenzó en agosto de 2019, cuando el ELN secuestró a siete personas, entre ellas al candidato a la alcaldía Tulio Mosquera. Desde entonces, la situación sólo empeoró. En agosto, las Autodefensas Gaitanistas asesinaron y decapitaron a un joven de 18 años, y en septiembre, la Defensoría del Pueblo emitió una alerta temprana por la disputa territorial entre grupos armados en la zona rural del municipio. Dos meses después fue asesinado un líder indígena y, a los pocos días, ocurrió el primer desplazamiento masivo. 

 

De acuerdo con datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), en noviembre llegaron a Pie de Pató 2.160 personas de 19 comunidades indígenas y afrocolombianas. En marzo ocurrió el siguiente desplazamiento. Largas filas de familias arribaron al municipio desde los corregimientos de Puerto Alegre, La Divisa, Nauca y Morros.

 

 

 

 

El detonante del último desplazamiento fue el asesinato de cinco personas: cuatro en el corregimiento de Chachajo y otra en Puerto Luis. Las víctimas, entre las cuales se hallaba una mujer embarazada, fueron torturadas, decapitadas y mutiladas por integrantes de las Autodefensas Gaitanistas. Según Nubia Córdoba, secretaria del Interior y de Gobierno de Chocó, “lo más horrible es que a la comunidad se le prohibió recoger los cuerpos. Nadie los podía tocar. Es una estrategia para causar un daño sicológico en la comunidad, para que vean los cadáveres todos los días y sepan qué les espera si colaboran con el grupo rival”.

 

Las opciones para la población no son muchas, sobre todo en Puerto Luis, Chachajo y Puerto Ángel, epicentros de los combates. “Atacan al grupo enemigo y a todos los que le hayan prestado colaboración -dice Nubia-, y los pobladores son los más afectados. Si se les presenta un informado con botas y fusil en mano, les toca transportarlo, o venderle víveres, o hacerle un mandado. Y todo eso se los cobran después. Viven atrapados, con terror de que los maten”.

 

Históricamente, Alto Baudó ha sido un escenario de disputa territorial por parte de los grupos armados, pues esta región tiene varios ríos desembocan el océano Pacífico, la ruta ideal para sacar la coca. Desde la llegada en la década de 1990 del ELN, han operado las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), los Rastrojos, Renacer y, desde 2009, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AUG). La violencia ha regresado al municipio de Alto Baudó. Por eso las autoridades departamentales piden que vuelva la Armada, que se fue en el año 2016. 

 

Aparte de los desplazados, el municipio enfrenta el problema del confinamiento de 3.083 personas de las cuencas de los ríos Baudó, Nauca, Amparraida, Pavarandó y Viakirude. Según la Gobernación de Chocó, en todo el departamento hay 12.000 confinados,  pero ningún caso es tan preocupante como el de Alto Baudó. 

 

Hoy la mayoría de desplazados que llegaron a Pie de Pató permanecen en el coliseo del pueblo, una construcción cuyos techos altos no los protegen de la lluvia. El resto de personas están repartidas entre la casa de acción comunal, el palacio municipal y la escuela, que cesó sus actividades por la emergencia del coronavirus. Muchos otros han armado cambuches al aire libre con palos y plásticos negros. 

 

El hacinamiento ha traído problemas de salud. Hace tiempo se presentó en la comunidad un brote de varicela. “Le dio a un niño pequeño y al momentico teníamos una epidemia. Gracias a Dios pudimos contenerla, pero yo no me imagino qué pasaría si llega el coronavirus. Sería una matazón”, dice uno de los tres médicos con que cuenta el municipio.

 

La situación social en Chocó es preocupante. El 61 por ciento de sus habitantes vive por debajo de la línea de la pobreza y gana menos de $223.000 mensuales. A esto se suma un deficiente servicio de salud, que no cubre las necesidades del departamento. A 2018, el departamento solo contaba con 1.6 camas hospitalarias por cada 100.000 habitantes. 

Nubia Córdoba ha hecho sus propias cuentas. Si se desplazan las comunidades del norte, lo cual es muy posible, se completarán 3.000 personas en un municipio de sexta categoría que no tiene cómo afrontar la emergencia. “Hice cuentas con el defensor del pueblo y alimentar a 2.000 personas durante un mes cuesta unos $1.200 millones”. Córdoba asegura que ha enviado peticiones a varias entidades sin recibir respuesta. Hoy pide ayuda porque la situación está lejos de mejorar. 

 

Para llegar a Pie de Pató desde Quibdó, hay que viajar dos horas por carretera hasta Istmina. Desde allí se toma un bus hasta Puerto Meluck, en el Medio Baudó. Luego hay tomar un bote que tarda entre tres cuatro horas para arribar a la margen izquierda del río Baudó. Hoy, cuando todo el país está en cuarentena, por el coronavirus, la distancia es la principal aliada del pueblo contra la pandemia para un pueblo que lleva meses afrontando el confinamiento. 

 

 

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