“Hay que descolonizar el pensamiento”, una charla con un líder social de Buenaventura

agosto 14 de 2018

Nos sentamos a hablar con este líder afro sobre las amenazas que están viviendo en su territorio, sobre Buenvantura y sobre el rechazo del colombiano "hacia lo negro".

“Hay que descolonizar el pensamiento”, una charla con un líder social de Buenaventura

| La pobreza en Buenaventura ha venido de la mano de la violencia. La crisis humanitaria se ha agravado en los últimos 20 años por el accionar de grupos guerrilleros, paramilitares y criminales. | Por: César García Garzón


Por: Carolina Arteta
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Graciano Caicedo Arroyo es el representante legal del Consejo Comunitario de la Cuenca del río  Yurumanguí. En total, 13 veredas a lo largo de unas 54 mil hectáreas componen el Consejo Comunitario. Se crió en Buenventura y estudió Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle con énfasis en Topografía, por lo que apoya a su comunidad en la construcción de herramientas para zonificar su territorio.

Pero Graciano también es actor. En 2005, se presentó con la Corporación Teatros del Valle en el Iberoamericano de Teatro de Bogotá con la obra El Tío Iván. “A nosotros los negros se nos da muy fácil la representación del dolor y la alegría. Eso siempre ha sido parte de nuestra cultura y nuestra esencia”, reconoce.

Fuimos a Buenaventura para hablar con él:
 


¿Por qué Buenaventura no sale adelante? ¿Qué tiene que ver esto con el rechazo de los colombianos hacia a lo negro?. Un adelanto de la entrevista a Graciano Caicedo, representante legal del Consejo Comunitario de la cuenca del río Yurumanguí — CÉSAR GARCÍA GARZÓN


 

SEMANA RURAL: Usted es reconocido como líder en su comunidad. ¿Qué hace el representante legal de un consejo comunitario?


GC: Nosotros tenemos un marco legal en la Ley 70 que nos faculta como Consejo Comunitario. El decreto 1745 nos faculta como una instancia de gobierno, dirección, administración y coordinación en temas que tiene que ver con el Estado colombiano. Casi que son dos tipos de liderazgos. Uno muy legal y muy hacia afuera, pero también hago trabajos de liderazgo de manera legítima en el territorio que tienen que ver con preparación de fiestas, actividades, mingas, acompañamiento y básicamente ese trabajo que se hace desde adentro y no está enmarcado en una norma. Que resulta a partir de organizaciones espontáneas como la Mano Cambiada. Esas actividades que son llamados desde la comunidad a la acción.
 

A propósito, ¿cómo funciona el consejo comunitario?


Un consejo comunitario es una figura jurídica que se crea en el marco de la Ley 70 en el año 93 y que se reglamenta a partir del decreto 1745. Tiene funciones de dirección, administración y coordinación de un territorio que ha sido asignado a un grupo de familias que manifiestan primero consciencia étnica. Nosotros no reivindicamos derechos civiles, reivindicamos derechos étnicos. Y esos derechos surgen a partir de una población que tiene unos elementos propios.
 

Por ejemplo, una de las funciones del consejo es salvaguardar los aspectos culturales de una comunidad negra. Las prácticas y costumbres tradicionales, el sentido del cuidado del cuerpo, la partería, los cantos tradicionales, nuestras bebidas títpicas y la comida tradicional… son elementos únicos en el mundo que tenemos que proteger. Son esas prácticas las que nos ayudan a conservar la vida en el territorio. No existe otro lugar que tenga esa diversidad propia como pueblo negro.

 

¿Qué significa el territorio para ustedes?


Es la vida misma. Nosotros sin el territorio no tendríamos razón de ser en esta tierra. Creemos que desde que vivimos lo hacemos desde nuestros cantos. Nuestra poesía está basada en lo que nos ofrece el territorio como valor escénico.

Sin el territorio es casi que castigarnos a la extinción porque es allí donde se crea y se recrea la cultura. El territorio representa la vida misma de nuestro pueblo, por eso lo defendemos. Porque sin él, sería un genocidio.

Nosotros tenemos unas canciones que hablan justamente de eso. Hay una que dice:

“Yo no sé por qué la gente me dice Yurumanguireño, si uno es, si uno es, palenque del litoral”.


Y sigue repitiendo:
 

“Yo no sé por qué la gente me dice sanjosereño, si uno es, si uno es, palenque del litoral”.
 

Así va nombrando todas las veredas. Esa canción casi que nos hace ver que somos un solo objeto colectivo. Siempre estamos respondiendo en la colectividad. Cuando uno se organiza en la práctica de la minería, la pesca, la caza, las fiestas tradicionales. Son organizaciones espontáneas que muchas veces no obedecen a eso que el Estado piensa. El Estado nos monta una cooperativa con un presidente y piensa que eso ya es organización. Para nosotros organización es propia... Nosotros nos organizamos para la vida. Muchas veces dicen que los negros no nos organizamos. Entonces yo digo entonces qué significa Palenque de San Basilio en contra de la colonia española. Si el Estado nos permitiera ser lo que queremos ser, yo creo que este mundo estaría mejor porque enseñaríamos. Seríamos unos hermanos mayores.

 

Hace poco fueron destacados por su liderazgo. ¿Cómo lo tomaron?


Fue una visibilización de algo que no ha sido contado. Hay muchos líderes que están haciendo actividades para buscar la paz y la pervivencia en el territorio. Para mi, eso significa precisamente mostrar algo que ha ocurrido durante muchos siglos en el territorio.

Lo que pasa es que la historia ha sido contada por otros y generalmente solo se habla de los grandes próceres de la libertad, llámese Sebastián de Belalcázar o cualquiera de esos malandros, que vinieron aquí fue a enfermarnos con su viruela. Entonces esa es la historia que ha sido contada.

La de Napoleón Bonaparte y todos esos europeos, sí, pero la historia nuestra, de los pueblos negros, y de nuestros hermanos los indígenas casi no ha sido contada. Entonces yo veo ese reconocimiento como una reivindicación. Creemos que es un reconocimiento a una lucha que viene desde nuestros ancestros y que hoy 500 años después se está notando.

 

Cuál es la historia que nos hace falta conocer…


Hace falta saber que en el siglo XVI llegamos secuestrados desde África, de Guinea Bisuau, al territorio de Yurumanguí. Fue un crimen de lesa humanidad. Algún día la Corte Penal Internacional deberá reabrir ese caso, el de la ruta Trasatlántica. Nuestros abuelos nos han contado que tuvimos un esclavista llamado Pedro Agustín de Valencia, fundador de la Casa de la Moneda, y que en un lugar que se llamaba Purísima Concepcion fundamos un Palenque. Nosotros nunca hemos sido pasivos ante ese crimen de lesa humanidad que es la esclavitud.

Toda nuestra historia es una historia de resistencia que no ha sido contada, y que debemos transmitir a nuestros hijos para que a partir de allí los derechos colectivos que hoy están consignados en la Constitución y las leyes sean una realidad. La historia nos hace un llamado a recordarla y reconocerla porque es lo que nos permite proyectarnos hacia el futuro para seguir resistiendo en el territorio.

 

Este año, el Tribunal Superior de Cali dictó medidas para proteger su territorio de la explotación y la exploración minera. ¿Qué otras amenazas están enfrentando en el territorio?


Uno, el conflicto armado con el modernismo que trae. Creemos que es una amenaza grande el hecho de creer que la riqueza está en acumular dinero. El dinero no es un fin en sí mismo para nostros. El dinero es un medio para seguir siendo; nos ayuda. Entonces, el conflicto armado nos trae nuevos modelos de lo que es el desarrollo. Coger a los muchachos y pintarles que tienen que tener armas, poder, chicas y dinero porque esa es la verdadera felicidad. Y más de uno empieza a caer en esa lógica traída de afuera. Esa lógica paisa que le llamamos nosotros. Creemos que esa es una de las amenazas a la que tenemos que hacerle frente en la cotidianidad. Cada día decirles a los muchachos y decirles: “mira, tu cultura no es mala, es la que permite la vida”.

Hay una pérdida de identidad cultural también. Muchas veces nuestros mismos líderes venden los derechos étnicos. Unos derechos civiles que se venden. Entonces esas malas prácticas son lo que han permitido que hoy esas amenazas hoy sean más latentes y que nos quieran sacar del territorio.

Pero las amenazas también son esas cosas que no sabemos cómo manejar, como la drogadicción.  O cómo insertar a quienes fueron parte del conflcito armado y hoy en el marco del acuerdo quieren regresar a nuestra comunidad. O los cultivos ilícitos. Y te podría enumerar muchos ataques más a nuestra cultura, a nuestra forma de resolver los conflictos, a nuestras prácticas ancetrales.

 

Graciano Caicedo observa la calle desde la puerta de entrada del Consejo Comunitario, en una de las calles principales de la zona comercial de Buenaventura. — CÉSAR GARCÍA GARZÓN.


 

¿Cómo se organizan para defenderse? ¿Cómo se defiende una comunidad sin armas?


Yo pienso que la defensa parte de nuestro proyecto político y organizativo. La claridad en el marco de nuestros derechos: a la identidad étnica y al territorio. Nos defendemos con nuestras manos y con nuestras ideas; con nuestras prácticas culturales.

 

¿Las comunidades se sienten seguras?

Las comunidades negras siempre hemos creído en la resistencia pacífica. Nunca nos hemos armado ni creemos que la lucha armada sea la solución para resolver los problemas. A pesar de haber sido victimizados y revictimizados nosotros seguimos apostándole a la paz. Por eso, si ven el mapa pueden ver que el Pacífico votó por la paz a pesar de que era un acuerdo entre dos vicitimarios. Porque hoy vemos que hubo un desconocimiento de las víctimas.  

De entrada siempre hay algunos que nos preguntan cómo lo haremos y piensan que debemos armarnos. Pero creemos que esa opción le daría argumentos al Estado para justificar una intervención armada en nuestro territorio. Por eso creemos que los grupos armados seguirán siendo los idiotas útiles de este esteblecimiento que busca que unos caigan en la trampa y se armen para así combatir y decir “no invierto, porque hay un conflicto armado”. Eso es lo que ha generado la corrupción más grande en este país.

Sí, algunos líderes de comunidades negras habremos caído en la tentación de decir que vamos a armarnos. Pero por ahora nostoros estamos en un proceso de establecer guardias cimarronas para la defensa y el autocuidado. No es un proceso armado, simplemente se trata de fortalecer nuestro reglamento interno. Porque hoy nosotros podemos protegernos con lo que somos, pero sí necesitamos acciones colectivas grandes que nos permitan hacer el ejercicio de gobierno: unas lanchas para poder recorrer los ríos y las quebradas, por ejemplo. Y para eso sí necesitamos del Estado, de la Unidad de Protección. Pero se pueden ahorrar el despliegue militar y más bien darnos esos recursos para que hagamos el ejercicio de gobierno con el que hemos demostrado históricamente mantener el territorio bien.

Acaba de suceder una masacre en en el Catatumbo en un municipio militarizado. Tumaco y Buenaventura están militarizados, pero uno no ve que eso redunde en una protección colectiva, antes peor. Nos expone mucho más.

 

¿Qué los impulsa a seguir defendiéndose ante tantas amenazas?

La espiritualidad. En la cultura negra siempre hemos pensado que trascendemos y que la vida no se acaba con la muerte; es solamente un paso. Por eso siempre necesitamos tener a nuestros muertos cerca. Creo que la fuerza está allí. Cuando yo aprendí de mi abuelo a cantar y a hacer una canoa. Eso lo valoro, lo hago y se los enseño a mis tres hijas. Así trascenderemos.

 

¿Hay futuro para comunidades negras para la de Yurumanguí?

Sí, yo veo un futuro. Y eso es lo que nos anima a nosotros a seguir luchando y resistiendo. Es un futuro brillante en el que al final siempre prevaleceremos. Si le ganamos nada más y nada menos que a la corona española y los sacamos de aquí a todos esos conquistadores. Si le ganamos a Napoleón Bonaparte y en Haití lo mandaron peluquiaito para Europa… Pues eso nos hace pensar que sí hay futuro. Tenemos unas nuevas amenazas a las que tenemos que reponder con nuestras tradiciones y con nuestras costumbres, porque si nosotros no vemos en esa historia un legado para apropiarnos ahí sí estaríamos perdiéndonos. Yo digo que mientras vea fiestas tradicionales, a nuestros sabedores enseñándonos y a nuestros viejos guíandonos, yo considero que hay futuro.

Por eso siempre hemos dicho que lo que se tiene, se conserva; lo que está en riesgo, se defiende; lo que se ha perdido, se recupera; y lo que atente contra la dignidad, se transforma. Porque también reconocesmos que hay muchos aspectos en los que necesitamos avanzar como comunidad negra. Somos una sociedad bastante conservadora. Pero hoy el llamado también es a entender otras prácticas y costumbres.
 

¿A qué se refiere?

Nosotros reconocemos que somos un pueblo bastante conservador en sus prácticas. Hoy tenemos que abrirnos a otro tipo de ciudadanías. Reconocer, por ejemplo, los derechos de las minorías sexuales. A pesar de que como cultura no está en nosotros eso, consideramos que debemos por lo menos comprender esas otras formas. Por lo menos comprender. Así como cuando en 1993 nos reconocieron a nosotros el derecho colectivo a estar en el territorio y muchos no comprendían por qué nosotros como pueblo negro somos diferentes. Y debemos lanzarnos a esos desafíos sin miedo.

 

No quisiera que dejemos de hablar de Buenaventura. Desde afuera, la mayoría de noticias son negativas, ¿cómo la ven ustedes hoy?

Bueno, nosotoros tenemos una relación campo poblado con Buenaventura. Eso quiere decir que representamos la ruralidad en un contexto urbano en donde convergen otro tipo de pensamientos, ideas y pueblos.

Por ejemplo, aquí hay presencia de paisas, gente del interior, etnias indígenas y también de comunidades negras. Entonces en barrios como Punta del Este –que está ubicado en la Comuna 5– hay yurumanguireños que llegaron hasta aquí después de salir del territorio porque están cerca del agua y los pescados. La gente reproduce su ruralidad allí; todo eso con lo que ha vivido o ha dejado.

Pero me preguntaste por Buenaventura… aquí hemos sido víctimas de la actividad portuaria. Nosotros hemos apoyado fuertemente y somos parte del Comité del Paro Cívico que le hizo ver al Estado lo que cuando te quitan tanto la dignididad dejas de tenerle miedo al miedo. Lo que sucedió el año pasado en el marco del paro cívico es un ejemplo de que cuando a nosotros nos acorralan podemos hacer acciones pacíficas que al final redunden en algo como una ley. Por eso, seguimos insistiendo en que el territorio es para la vida digna, independientemente de donde se esté. El territorio se crea y se recrea. En el distrito de Aguablanca, en Cali, o en Bogotá, en Ciudad Kennedy.

El llamado básicamente es a enteder que este es un país pluriétnico y cultural en donde debemos entendernos a la luz de enfoques diferenciados. Aquí viene la gente del interior con un modelo de pensamiento basado en lo que usualmente les funciona a ellos. Y se enojan cuando uno no anda a su ritmo o resuelve lo que ellos consideran que debe hacerse. Escuchémonos. El Pacífico es demasiado complicado.

 

¿De dónde cree que viene esa falta de entendimiento?

Hay un legado cultural de añorar al victimario. En Cali tienen una estatua de Sebastián de Belalcázar, y lo mismo pasa con Pedro de Heredia en Cartagena. Esa es una estrategia de marketing que nos dejaron los españoles. Y ellos lo que hicieron fue un genocidio con más de 100 millones de indígenas de civilizaciones como la maya y la azteca. Yo siento que ese rezago colonial que existe en nuestros gobernantes y nuestra cultura colombiana es lo que no nos deja comprender otros conceptos. Siempre he dicho que hay que descolonizar el pensamiento. No podemos seguir pensando que vamos a resolver los problemas de nuestra nación con el modelo y la filosofía europea. Cuando saquemos eso del pensamiento y del corazón podemos empezar a entender que podemos aprender de los pueblos indígenas y afros. Nosotros los negros somos bellos, bailamos bien y jugamos bien al fútbol. Pero hay una negación de nostros mismos pero viene de la institucionalidad y la educación que nos han dicho que lo negro es lo feo y lo malo: el mercado negro, las aguas negras. Cogieron lo negro como lo malo. Y ese mensaje que viene del lenguaje va directo a la mente.

Colombia y todo el mundo debe entender que hay pensamientos y modelos distintos, pero que en esa diversidad creamos la riqueza. Nosotros como comunidad negra nunca nos hemos querido separar del Estado-nación a pesar de que somos distintos. Es un llamado al respeto.

 

¿Qué hay que hacer para que Buenaventura salga adelante?

Primero, debemos descolonizar el pensamiento. Segundo, apropiarnos de lo que somos. Y tercero, debemos crear una educación contextualizada que nos permita mantener nuestros valores culturales. No tiene sentido que un alcalde se suba al poder aquí y responda al modelo hegemónico de corrupción. La verdad no tengo unas propuestas concretas como que debemos hacer esto o lo otro, pero creo que debemos comenzar por dejar de seguir el parámetro de corrupción que se ha visto en el resto del país.

Buenaventura es un municipio rodeado por agua y no tiene presentación que la Alcaldía no tenga ni una lancha. El 99,5% del distrito de Buenaventura es rural, solo unas 3 mil hectáreas son de pavimento. Pero nadie piensa en eso. O que tenemos nueve cuencas y que solo la cuenca del Cauca tiene 98 veredas. Si valoramos eso, podemos empezar a cambiar.

 

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