Henry Acosta, el hombre que sentó al gobierno y a las Farc en la misma mesa

diciembre 05 de 2018

SEMANA RURAL habló con el empresario quindiano que se ganó la confianza de la guerrilla y de Juan Manuel Santos para lograr sentarlos en la histórica negociación. Dos años después vuelve a hablar sobre los problemas del posconflicto..

Henry Acosta, el hombre que sentó al gobierno y a las Farc en la misma mesa

| Henry Acosta cuenta en su libro 'El hombre clave' su experiencia como facilitador del proceso de paz entre el gobierno y la Farc. | Por: Daniel Reina Romero | REVISTA SEMANA


Por: Gerardo Quintero
gerardoquinte

Henry Acosta es de Génova (Quindío), la misma tierra de Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’, el histórico líder de las Farc. Los separan 18 años. Este empresario nació en 1948, una época incendiada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y el comienzo de ‘La Violencia’ en Colombia. Estudió en una escuela rural y se acostumbró a ver hombres armados de la incipiente guerrilla liberal. Conoció al legendario Teófilo Rojas Varón, ‘Chispas’, uno de  los ‘bandoleros liberales’ más temidos en el Quindío y el Tolima. Esa niñez lo familiarizó con el conflicto armado.

Tal vez por vivir la violencia tan de cerca, y luego de estudiar economía y de participar en algunas actividades políticas, Acosta dedicó un poco más de 15 años apostándole a la búsqueda de la paz en el país. Aunque no fue una tarea sencilla. Comenzó ese trabajo en plena época de la Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe y cuando nadie quería hablar de paz tras el fallido proceso con las Farc en el Caguán.

Pero la persistencia es una de sus virtudes. Caminó montañas, atravesó trochas y se internó en selvas. Todo con el propósito de abrir una puerta al diálogo entre el gobierno y las Farc. Se reunió con comandantes de la guerrilla como Pablo Catatumbo y Alfonso Cano. También con su amigo Álvaro Uribe en el Palacio de Nariño, pero nunca se logró algo más allá. Amparado en esa perseverancia que sus más cercanos le reconocen, un día de julio de 2010 resolvió acercarse a Juan Manuel Santos —en ese momento presidente electo porque le faltaba un mes para posesionarse— y le propuso un qué, un cómo, un cuándo y un dónde sentarse a dialogar y negociar el fin del conflicto con ese grupo armado.

Fue un 12 de julio de 2010, con el más completo sigilo, que comenzó el proceso de paz con las Farc. Dos meses después, el 7 de septiembre, Santos envió con el empresario un mensaje de urgencia a las Farc. Luego vino la respuesta histórica, el 15 de octubre, en la que esta guerrilla dijo que sí aceptaba dialogar.

Siempre acompañado de Julieta, su amor eterno, emprendieron lo que él llama la ‘brega’ para lograr la reconciliación en este país. “Con ella íbamos a las montañas lejanas, en carro de doble tracción a ratos y en otros por trochas a lomo de mula. Ella siempre caminando al ritmo de la marcha de la guerrillerada y yo en una de esas bestias. Dormíamos en casas de campesinos o también en cambuches y caletas en los campamentos de las Farc. Fueron momentos de mucho riesgo, pero la patria necesitaba de ello y el tiempo nos dio la razón”.

Acaba de cumplir 70 años y me recibe en su casa-finca (no puede estar alejado del verde de su infancia) en las afueras del sur de Cali, donde vive hace más de dos décadas. Se le percibe un poco cansado, pero sobre todo decepcionado de lo que ha sucedido dos años después con el proceso de paz que ayudó a construir. El hombre clave, como tituló el libro en el que cuenta pormenores de la negociación, es muy crítico con la sociedad colombiana, de quien cree que no hizo la suficiente para acoger a los hombres que alguna vez se alzaron contra el Estado.

 


«No nos hemos desmovilizado mentalmente en favor de la paz y eso para unos excombatientes tan poco aceptados por la falta de comprensión de los civiles, les hace muy difícil el regreso»


 

Henry Acosta (a la derecha) junto a Iván Cepeda y Enrique Santos, ambos facilitadores del proceso de paz. © JUAN CARLOS SIERRA | REVISTA SEMANA


 

Con SEMANA RURAL conversó sin guardarse nada. Señaló los errores que se han cometido en el postconflicto y manifestó su preocupación porque el país se vuelva a encender. Eso sí, Acosta dice que podrá estar cansado y que no tiene la energía de hace 20 años, pero advierte que tiene un plan para intentar “encarrilar el proceso”. Así es el hombre clave, un empresario que en medio del anonimato fue tejiendo un momento histórico para Colombia.

 

*****
 

Se cumplen dos años de la firma del proceso de paz. ¿Qué balance hace de la implementación? ¿En qué considera que se avanza y en qué cree que no?

Lamentablemente tengo que decir que había dos cosas, en mi parecer, muy importantes en el proceso de paz con las Farc. Una era la dejación de armas, que se cumplió. Pero lo otro era la reincorporación económica y social de los excombatientes y eso no se cumplió y no se va a cumplir. He conversado muchas veces con Jean Arnault, exjefe de la misión de las Naciones Unidas para la incorporación, y los dos coincidimos en que lo más importante era la reincorporación. Es decir, conseguir que 13.600 excombatientes dejaran las armas y se reincorporaran social y económicamente para ganarse la vida, ya sea como asalariados o como emprendedores de pequeñas empresas, era muy importante. Lograr esto hubiese sido el cierre histórico del acuerdo final, pero lamentablemente Santos no lo hizo.

Personalmente le insistí. Le dije: “Presidente, apóyelos, se aprobó que era a través de cooperativas, usted no les dio los 8 millones de pesos a cada uno para que se organizaran, 8 millones individualmente no sirven, pues ellos lo iban a hacer colectivamente”. Entonces, tome 100 o 200 guerrilleros, multiplique por 8 millones en una tierra que les proporcione el Estado, sea alquilada o en comodato, no regalada. Ellos podrían empezar a producir. El 98 por ciento de los excombatientes eran campesinos, no había que enseñarles mayor cosa.

En esta entrevista con SEMANA RURAL quiero revelar lo que me dijo Santos cuando le dije que reincorporara colectivamente a los guerrilleros, que ellos se querían quedar apoyando el proceso y trabajar en cooperativas. Se quedaban trabajando tranquilos con sus familias. Había que hacer unas casitas, nada de lujos, una cosa simple, con servicios públicos. La respuesta de Santos fue: “Henry, yo no voy a apoyar la oposición”. Le repliqué: “Pero presidente, ¿cuál oposición son un poquito más de 13.000 personas con familias? Póngale a eso 100.000, que no van a llegar 50.000. Y si fuera oposición, ¿qué pasa,?”. Es que la democracia necesita la oposición. Imagínese pasar de una gente armada a hacer oposición política. Mi conclusión es que el gran problema es la implementación. 

Y esas fallas en el proceso de reincorporación, ¿a qué cree que pueden conducir?
 

Eso está conduciendo a que se armen 300, 400 bandolas. Romaña dijo que eran 500 las que se iban a armar, que íbamos a maldecir el día que se firmó el acuerdo final porque no era lo mismo hablar con 80 frentes, columnas y bloques con comando único como las Farc que con cientos de bandolas sin control. Como le dije a Santos: “Si usted no los reincorpora, ¿entonces cómo se van a ganar la vida?”. Nadie les da trabajo, ni a ellos ni a un exparamilitar. Tampoco a los soldados profesionales que terminan. Es decir, a toda la gente que tiene experiencia armada no les están dando trabajo, entonces los unos van a rebuscarse la vida, armando bandolas. Vamos entonces para una situación complicadísima.

El otro problema fue la dejación de armas. En el pleno de las Farc que hubo en La Habana, en 2015, se reencontraron muchos que no se habían visto hacía muchos años. Casi todos propusieron dejar las armas, pero entregarlas proporcionalmente. Es decir, el Estado cumple el 10 por ciento del acuerdo final, la guerrilla entrega el 10 por ciento. Entonces Gentil Duarte, líder guerrillero, dijo: “Yo no le camino a eso. Estoy de acuerdo con todo lo que dice el acuerdo de paz, menos con entregar las armas antes de que el Estado cumpla”. Duarte, Iván Márquez, ‘El Paisa’ y ‘Romaña’ recordaron en Cuba que Manuel Marulanda, el jefe histórico de las Farc, siempre decía que lo único que les garantizaba el cumplimiento de un pacto con el Estado era que tuvieran las armas en su poder.

Esa situación de la entrega de armas es lo que ha originado esas disidencias, entre otras cosas. Gentil Duarte tiene más de 1.200 hombres, aunque para mí no son disidencias, son bandolas que se han organizado junto a la delincuencia común, con ‘elenos’, campesinos que no tenían con qué vivir.

 

Henry Acosta muestra su libro El hombre clave desde su casa las afueras de Cali.  © GERARDO QUINTERO


«Antes yo recorría las montañas y me encontraba con paramilitares o con gente de las Farc, pero había un mando único y yo sabía cómo salir de eso. Ahora ya me notificaron que ni se me ocurriera ir a zona rural porque ya nadie respeta nada y uno no sabe ni con quién está hablando».


 


Pero usted no se ha alejado de ayudar en esos procesos...

No me he alejado ni estoy recibiendo sueldo ni los empresarios me pagan. Llevo más de 15 años en este proceso y a veces me buscan para que hable con campesinos y motivarlos a que cultiven un producto que tiene comprador. He ido al sur del Cauca para ayudar, pero voy de la mano de excomandantes de las Farc, a zonas donde se siembra coca, pero con garantías para llevar a los empresarios. Pero ya en muchos sitios de esos espacios de reincorporación a donde llegaron los combatientes no queda nadie. En La Elvira, por ejemplo, había 350 y ahora no hay más de 20. La gente se va a rebuscarse. Unos para bandolas, pero otros también a sembrar, criar gallinas, marranos o alguna finquita donde les ayudan.

Otro problema es el de la tierra, eso tampoco se ha solucionado...

De eso no quise hablar porque el primero y segundo artículo del acuerdo final se sabía que se iban a demorar más años, pero obviamente si en el Congreso no se aprueba no se puede implementar. Pero mire los problemas entre la Justicia Especial para la Paz (JEP) y la Fiscalía. La Comisión de la Verdad no tiene conexión con la JEP. Lo de la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos está terrible. Eso que están pensando de fumigación aérea o drones es la fatalidad. Los campesinos de Argelia me decían: “Señor, usted viene y nos dice que sembremos sacha inchi, pero si fumigan vienen y fumigan la coca y el sacha inchi. ¿Qué hacemos?”. La gente está muy preocupada porque no dejan sembrar lo legal ni lo ilegal.

Recuerdo que después de la firma del acuerdo de paz usted advirtió muchas cosas de estas situaciones. Es evidente que tiene una gran desazón después de haber luchado tanto por este acuerdo

Eso que usted dice es correcto. Hace poco estaba sentado con dos amigos empresarios y me dijeron:“Henry, ¿usted está preocupado por el acuerdo final?’. Les respondí: “No estoy preocupado, estoy desilusionado”. Ya estoy convencido de que no se ha cumplido. ¿Qué se hizo? La dejación de armas y la formación de un partido. Sobre esto último, les dieron las curules pero poco a poco están buscando delitos no conexos a rebelión para quitárselas. Es como si a la gente le gustara que hubiera guerra. Entonces, ¿por qué no dejar que esas personas que dejaron los fusiles se reincorporen, hagan política, trabajen?

Hace como un mes estuve en el País Vasco. Eso da una envidia. Los etarras resolvieron un día dejar las armas y trabajar para mejorar. El que quiera saber cómo funciona el cooperativismo que vaya al País Vasco. Pero si uno lo que quiere es guerra para poder hacer contratos, corrupción y todo eso estamos perdidos. A eso súmele el narcotráfico. Tenemos los dos grandes males de la humanidad, narcotráfico y corrupción, en sus etapas superiores. Estamos muy mal.
 

Recuerdo también que vaticinó que no bastaba con que se hiciera un acuerdo entre gobierno y las Farc sino que también la sociedad tendría que hacer su propio proceso para aceptar a los excombatientes

Claro, es que ellos se deben desmovilizar de su condición de guerreros, de insurgentes, de bandidos, póngale el calificativo que quiera. Pero nosotros también, los de la zona civil, debemos desmovilizarnos en contra de ellos y eso no se ha logrado. No nos hemos desmovilizado mentalmente en favor de la paz y eso para unos excombatientes tan poco aceptados por la falta de comprensión de los civiles, les hace muy difícil el regreso. 

Yo hablo con excomandantes del secretariado y excomandantes del alto nivel del estado mayor y me dicen que ellos no conocían la palabra estrés, pero que la vida civil es muy complicada. Walter Mendoza, que fue el comandante militar del Bloque Occidental con 2.700 guerrilleros (por encima de él no estaba sino Pablo Catatumbo), me dijo que con diez excombatientes está trabajando con café. Le pusieron una marca con la figura de Manuel Marulanda, pero pues como sombreada. Mi primera reacción fue: ¡hombre, pero cómo se les ocurre poner a Marulanda en el paquete! Y me dijeron: “Henry, eso aquí no vende, pero en el exterior sí porque por afuera dicen que este es un producto hecho por hombres que estaban haciendo la guerra y ahora están haciendo café. Entonces, ese café nos lo están pidiendo, pero nosotros no tenemos más, porque no tenemos tierra. Esta nos la prestaron para este cafecito”. Estos son ejemplos, pero chiquiticos de una cosa que debería ser grande y que podríamos dar ejemplo mundial.

Muchos años estuvimos listos para la guerra, pero no estábamos preparados para la paz…

Cumplí 70 años, nací en Génova (Quindío), en la Vereda La Primavera.  Estudié en escuela rural y me acostumbré a lo que se puede llamar la guerrilla liberal. Conocí a Teófilo Rojas, alias ‘Chispas’, unos con escopeta, otros con fusilito y sigo sin distinguir las marcas. No solamente nos acostumbramos a la guerra, también nos acostumbramos que no haya partidos de oposición. El Frente Nacional le quitó al país la posibilidad de la oposición, entonces ahora que hay un partido de oposición se mueren del susto. “Nos van a quitar lo que nosotros hemos ganado”, dice la oligarquía política, pero es que entonces un país tiene que tener democracia.

Hace poco me reuní con Tom Collins, diputado federal de Alemania, que es como senador allí. Ha sido siempre representante de la canciller de Alemania en el proceso de paz con las Farc y ahora con los ‘elenos’.  ¿Y de qué partido es Tom Collins? No es del Social Demócrata ni de la Democracia Cristiana de la canciller. Él es del partido Verde, es decir la oposición, y es representante del gobierno en el proceso de paz. Es porque hay una democracia, porque él es del parlamento y apoya a que todos estos países salgan de este problema. Pero en Colombia nos acostúmbranos a que haya guerra y parece que nos gustara que haya guerra y que no haya opción política. Lastimosamente la reincorporación está en un punto que yo llamo ‘el huevo roto’, ya no tiene solución. 

 

Hector Acosta hará parte del equipo del Insitituo Kroc que está haciendo el seguimiento a la implementación de los acuerdos de paz.  © CORTESÍA DEL PAÍS


 

¿Cómo ve el compromiso de este nuevo gobierno en relación con los aspectos que usted ha remarcado y que están en el limbo? ¿Lo han llamado? 

Estoy buscando hablar con el presidente Duque y con Carlos Holmes Trujillo, pues soy muy amigo de él, fui secretario de él aquí en Cali, pero no ha habido como tiempo, quiero hablar también con el expresidente Uribe, de quien sigo siendo muy amigo. No he sido uribista ni santista, lo que sí he sido es del partido Liberal. Ernesto Samper Pizano en las pasadas elecciones me propuso ser candidato al Senado, y le dije que no porque seguro iban a terminar diciendo que todo lo hice por ser congresista. Tengo unas propuestas, por lo menos de recoger los desmovilizados que se quedaron en las veredas y acogerlos en un programa grande, que debe ser como una aldea, yo la tengo clarita de qué es, para no decirlo aquí, con el expresidente Uribe, con el expresidente Santos. No me estoy inventando nada nuevo, lo que pasa es que me estoy apoyando en el cooperativismo, porque yo estudié en Israel y en Alemania. Lideré cooperativismo en América Latina seis años, rural siempre. Trabajé con la FAO en asuntos cooperativos en el Brasil. 

Este gobierno está acentuando sus relaciones a nivel nacional, internacional, poniendo en marcha la parte parlamentaria, como lo fundamental. Con las Farc no se ha hecho gran cosa, aunque hay que reconocer que no han hecho trizas el acuerdo, pero tampoco lo han puesto a evolucionar, es decir, ¡dejémoslo ahí quietico!, quiero hablar con el presidente Duque, ya no como facilitador. Voy a estar con el Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame, a partir de diciembre, como Consejero Nacional Político del Instituto, que es el que le da el seguimiento a la implementación del acuerdo final. Digamos que con ese ‘pasaporte’ podré decirle al presidente Duque, a los ministros y a  las Farc que hablemos.

En ese orden de ideas, usted que fue el hombre clave dentro de este proceso, ¿qué papel quiere jugar ahora?

Voy a usar dos verbos, quiero y debo. Quiero descansar porque fueron 16 años durísimos, a veces me siento con Julieta mi esposa, mi compañera de trochas y montaña y le voy a decir una cosa, si fuera hoy yo no sería capaz de subir tantas montañas y encontrarme con tanta gente. Entonces lo que quiero hacer es descansar, pero lo que debo hacer es ayudar a la implementación del acuerdo final, las víctimas. Usted no se imagina la cantidad de gente que me llama para que la ayude a buscar una pista de un familiar que se fue o se llevaron las Farc. Eso es muy duro. Lo lamento mucho, porque lo de las victimas tampoco se cumplió.

Ya usted ha señalado las fallas del Estado, pero, ¿cuáles les atribuye en este proceso a las Farc? 

Para mí fue un error haber dedicado tanto tan tiempo a crear un partido mal armado, dividido, no hay confianza entre ello y menos credibilidad con el público. Cometieron el error de no dedicarse a la reincorporación. En mi lenguaje coloquial se lo explico como si yo me caso, tengo tres hijos y luego me importa un pito si estudian o si están trabajando. Eso fue lo que le pasó al Secretariado de las Farc. Otro error es que siguen en Bogotá, reuniéndose, porque son muy lentos, todo tienen q ser en reuniones, y yo les decía que antes del partido tenía que ser la reincorporación.

Lo noto muy pesimista. ¿Cree que hay tiempo, que se puede reacomodar esto, o es muy difícil la situación?

Yo no es que sea pesimista, lo que pasa es que soy realista. Lo de las tierras sí hay tiempo, restitución y sustitución, pero la reincorporación ya no, ese el ‘huevo roto’, y es el punto crucial. Desafortunadamente ya hay gente en armas, entonces hay división. El otro asunto es el tema de Venezuela, si ese país llega a ser invadido por Estados Unidos lo más seguro es que las Farc dejen su división, se unan y apoyen a Maduro.

 


 

En su libro, el empresario cuenta su labor durante el proceso de paz, desde que logró sentar a sus dos partes. 

 

Le voy a dar unos nombres y usted me dice que piensa de ellos:

Juan Manuel Santos

Un hombre comprometido

Álvaro Uribe Vélez

Estuvo comprometido con la paz a su manera. Santos con una paz negociada y Uribe comprometido con una paz de rendición.

Néstor Humberto Martínez

Indescifrable

Pablo Catatumbo

Pilar de los diálogos de paz

Timochenco

Fundamental en la última etapa

Enrique Santos

Muy importante en el inicio de los diálogos

Ernesto Samper

Muy importante en la construcción de los diálogos

Y por último, el presidente Duque

No puedo opinar, no lo conozco, no sé más.
 

¿Va a seguir apostándole a la paz?

Estoy en eso. Ya le conté lo del Instituto Kroc, y si no fuera allí, no importa, seguiría batallando. La vida ya me puso en eso y de esa obligación humana y moral que la vida me puso ya no me desmonto.

 


POR: Gerardo Quintero | Editor nacional
@Gerardoquinte


 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.