El angustioso costo social de la emergencia de Hidroituango

enero 16 de 2019

El proyecto bandera de producción de energía en Colombia ha pasado ya por varias crisis. Junto a él, las comunidades de Valdivia e Ituango se han visto especialmente afectadas y el presente parece no estar resuelto para sus habitantes, en parte víctimas de un drama humano en nombre del desarrollo.

El angustioso costo social de la emergencia de Hidroituango

| | Por: César García


Por: Yenifer Aristizabal
YenAristizabal

Este miércoles, muchos niños no saldán para la escuela en Puerto Valdivia. Según el calendario y la información oficial, este sería un día de clase normal, pero las familias, temerosas por una nueva tragedia en el proyecto hidroeléctrico Ituango, prefieren no arriesgarse. “Algo bueno no debe estar pasando puesto que desocuparon toda la presa y solo quedan cinco personas”, señaló Elmer Zapata, oriundo de Puerto Valdivia y líder productor de Valdivia, en el norte del departamento.

Zapata es un líder cacaotero del municipio y de la región del norte y del Bajo Cauca antioqueño. Al lado de su mamá, padrastro y hermanos dejó su casa en Puerto Valdivia desde el 12 mayo de 2018 junto a otras 2.000 personas que llegaron hasta el centro del pueblo en busca de albergues y/o autoalbergues en los que pudieran estar a salvo. Transcurría la emergencia que el país conoció y que tuvo en vilo a los habitantes de este corregimiento al borde del río Cauca.

Seis adultos vivieron durante un mes en una casa de apenas dos habitaciones. Era difícil encontrar una mejor o más grande porque las de las demás familias estaban en las mismas o en peores condiciones: el reto era encontrar una vivienda disponible con un precio asequible en medio de tanta demanda.

Las familias estaban dispersas por el centro y zonas cercanas a Valdivia, a la espera de que la alerta roja que había indicado el UNGRD (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) fuera levantada para poder regresar a sus casas. Pero algunos no esperaron y, pese al llamado de las autoridades, retornaron. 
 


«La gran mayoría de las familias, entre esas la mía, había retornado. Desde hace como dos meses marcaron las casas con papelitos verdes de retorno o rojos de no retorno. La gente ya estaba tranquila».

 

ELMER ZAPATA



 

El 12 mayo de 2018 2.000 personas salieron de Puerto Valdivia para buscar albergue después de la emergencia de Hidroituango. © CÉSAR GARCÍA CARZÓN


 

De los 16 municipios de influencia (aguas abajo) del proyecto Hidroituango, el único sector que permaneció con alerta roja durante estos ocho meses fue Puerto Valdivia. La alerta naranja se indicó para Tarazá y Cáceres, y Caucasia, Nechí y los municipios de Bolívar, Córdoba y Sucre, que están al margen de este caudal, estuvieron en alerta amarilla.

Este mismo miércoles, mientras se cierra la compuerta uno de la represa y se evalúa durante dos días su éxito, la madre de Elmer estará en su casa esperando que nada más extraordinario ocurra y que pueda quedarse en casa. En todo caso uno no sabe, y por eso tiene todo listo para evacuar.

 “Lo que hemos hablado es que, si ocurre algo, hay que salir para Valdivia, pero como dicen que no hay riesgo, toca esperar a ver”, dice Elmer y añade que “La mayoría de la gente, creo yo que un 80% o más, había retornado y alguna ya se quedó por fuera del pueblo”.

Están preocupados, sí, pero también confían en los informes presentados al Consejo Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres, donde se aseguró, el pasado 11 de enero, que no existen riesgos para las comunidades ni para la estabilidad del proyecto por la oquedad o vacío encontrado entre los túneles de captación 1 y 2”.

Pese a los informes los habitantes están cansados de la alertitis, pues las alarmas constantes y la zozobra vuelve cada tanto a sus hogares. Para los vecinos de Puerto Valdivia no es suficiente que, según la empresa, la Hidroeléctrica tenga en su orden de prioridades “proteger la vida de las personas, el medio ambiente y, por último, el proyecto”, como se ha dicho en reiteradas oportunidades desde que empezaron las contingencias.

Durante la operación que tuvo lugar este miércoles, la empresa y las autoridades han explicado que cuando el bloque de acero detenga el flujo del agua, el caudal del Cauca pasará de 750 metros cúbicos por segundo a tener 350 metros cúbicos por segundo. Esto podría representar que las comunidades aguas abajo presenten desabastecimiento en el acueducto como consecuencia del cierre de la compuerta.

Alrededor de las siete de la mañana de este miércoles concluyó con éxito el cierre de compuerta de la Casa de Máquinas del Proyecto Hidroituango. "Continuaremos monitoreando minuto a minuto durante las próximas horas el comportamiento del macizo o montaña y de los caudales. Nuestra prioridad es la seguridad de las comunidades", aseguró la empresa desde su cuenta de Twitter. © GOBERNACIÓN DE ANTIOQUIA | CUARTA BRIGADA DEL EJÉRCITO


 



No solo eso. En plena subienda de bocachico, muchos de los pescadores tradicionales de la zona lamentan esta disminución en el caudal. EPM aseguró que la mortandad de peces podrá evitarse gracias a que se ubicó un grupo especializado de biólogos que trabaja con pescadores de la zona para recuperarlos.

“Hay gente que dice que no vuelve, ya se fueron para el pueblo o para Medellín, esto les generó miedo y desarraigo”, relata Elmer y también asegura que muchos quieren vender, pero no hay quién compre. Advierte, además, de la preocupación de algunos propietarios porque ha sido imposible evitar que sus tierras ahora valgan menos: “una finca que podría costar más o menos 50 millones, hoy estará, si mucho, en 30 y eso si consigue a quién vendérsela”, señala.

Elmer además ha vivido de cerca la caída comercial que ha traído consigo esta crisis en la hidroeléctrica, su organización cacaotera de base – ASOCAVAL- tuvo que cerrar durante tres meses su punto de venta, lo que afectó por lo menos a sus 75 productores asociados. Les dejaron de comprar más de 80 millones y la Asociación dejó de percibir utilidades de alrededor de diez.

De acuerdo con la Gobernación de Antioquia, la construcción exitosa de la presa podría solventar el problema del acceso al municipio y así favorecer el comercio.  © CÉSAR GARCÍA CARZÓN


 

Comercio y movilidad, recuperándose en Ituango
 

El pasado 26 de diciembre, el Gobernador de Antioquia Luis Pérez visitó las obras de Hidroituango y allí pese a lamentar el retraso en la generación de energía, dio un “parte de tranquilidad” a la opinión pública, junto a Gustavo Caballero Suárez, líder de condicionamiento del proyecto.

En aquella visita Pérez recordó que los habitantes de Ituango reclamaban porque no había ingreso de alimentos y los carros públicos, particulares y de carga tenían “muchas dificultades” para pasar. Aclaró que por la construcción exitosa de la presa podrían permitir el paso de caravanas de vehículos de todo tipo cada dos horas, mientras el ferry seguiría funcionando.

Desde entonces, el panorama de movilidad que Pérez dibujó ha mejorado. Así lo señala Estivenson Arenas, líder comerciante de Ituango, quien asegura que ha sido fundamental la Mesa Intersectorial que tienen entre diferentes gremios de la comunidad ituanguina y EPM. Esta mesa está compuesta, entre otros, por la iglesia, el colegio, los comerciantes y los transportadores; estos dos últimos muy afectados durante los últimos meses de 2018 por cuenta de las condiciones “desfavorables” de movilidad que llevaron a paro a los transportadores y que tenían a los comerciantes al borde de la quiebra.

El costo de vida, según los comerciantes, en aquel entonces había aumentado un 12%. Esta movilización gremial y ciudadana sentó a EPM y a los sectores clave de Ituango a discutir y llevar a cabo soluciones reales a las crisis de movilidad. Producto de esas reuniones, las caravanas ahora empiezan a las 4 de la mañana y van hasta las 10 de la noche. Además, llegó un segundo ferry – llamado La Esperanza- que les permite a los carros particulares cruzar el río, cuya única opción antes del ferry eran las largas caravanas.

“Hasta ayer (15 de enero) entró a Ituango normalmente la carga y los productos”, indica Estivenson Arenas y reconoce que estas afectaciones “ya fueron hace mucho tiempo, después de las mesas de trabajo rigurosas y juiciosas se ha venido subsanando de manera significativa la actividad comercial. Ahora todavía hay café y movimiento, el comercio está estable”, resalta Arenas.

No se puede evitar que la movilidad se afecte durante tres días por el operativo de ingeniería en el proyecto, este miércoles. La Agencia de Seguridad Vial y el DAPARD (Departamento Administrativo para la Prevención y Atención de Desastres de Antioquia) señalaron restricciones en el tránsito terrestre desde Yarumal, en la vía Medellín – Costa Atlántica, y la actividad fluvial en el río Cauca.

 

El cierre de la otra compuerta se realizaría en los próximos 3 meses.  © CÉSAR GARCÍA CARZÓN


 

Optimismo en el megaproyecto
 

Según las versiones del Gobernador de Antioquia y de Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, en el proyecto se respira “un aire de optimismo” ante el conjunto de 200 actividades necesarias para cerrar la compuerta este número dos, que empezó este miércoles a las 3 de la mañana y que tendrá cerrada la vía Medellín – Costa Atlántica hasta las 12 del mediodía.

Gutiérrez explicó que el cierre de esta primera compuerta requiere, en primer lugar, accionar el sistema de cierre que hará bajar la compuerta, después un ciclo de monitoreo del minuto a minuto durante seis horas y después la ampliación del monitoreo por 48 horas más. “Estamos muy confiado en que va a ser muy exitosa”, resaltó Gutiérrez y añade que esta actitud optimista va acompañada de prudencia y la alerta permanente ante el llamado de las autoridades.

Durante estos dos días las obras del proyecto estarán evacuadas en un 99%, Al cabo de este plazo, según el Sistema Integrado de Información, se podrá conocer el éxito de la operación y, si todo sale bien, el cierre de la otra compuerta se realizaría en los próximos 3 meses.

En el mejor de los casos, este operativo técnico en el proyecto hidroeléctrico más ambicioso del país no implica, según quienes están al frente de él, un riesgo para quienes viven aguas abajo (Puerto Valdivia, Tarazá, Cáceres, Caucasia, Nechí, entre otros municipios de Antioquia, Bolívar, Córdoba y Sucre) y aguas arriba (especialmente Ituango). Pero la zozobra será una compañera no deseada de los miles de habitantes de Puerto Valdivia, con Elmer y su familia, quienes con “kit de vida” en mano tendrán que esperar si corren o no, huyendo de una nueva tragedia.


POR: Yénifer Aristizábal | Editora regional
@YenAristizabal


 

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