‘Hijas del agua’, los rostros escondidos de los pueblos indígenas

marzo 03 de 2021

La artista Ana González y el fotógrafo Ruvén Afanador llegaron a los lugares más remotos del país para registrar la esencia de 26 comunidades. Hasta el 23 de mayo, el Museo Nacional exhibirá el resultado de su trabajo .

‘Hijas del agua’, los rostros escondidos de los pueblos indígenas

| DOJURA ETNIA EMBERÁ CHAMÍ. Ruvén Afandor-Ana González. Impresión con pigmentos sobre papel de algodón de fotografía intervenida en plumilla y tinta, 2020. | Por: Exposición 'Hijas del agua' | Cortesía Museo Nacional de Colombia


Por: Ángela María Agudelo Urrego
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Según la cosmogonía y el mito de origen, los ancestros del pueblo misak son conocidos como “la gente del agua”. Maria Jacinta Cuchillo es una de ellas. Desde los cinco años teje en crochet, lana e hilo para honrar las lecciones de sus mayores y enseñar sobre el cuidado del medio ambiente. Tal legado la convirtieron en una de las artesanas más distinguidas del municipio, lidera un grupo de 10 mujeres tejedoras y trabaja con Artesanías de Colombia. Dicha alianza hizo que un día, hace un par de años, Maria Clemencia Rodríguez de Santos visitara su casa, en el resguardo de Guambia del municipio de Silvia (Cauca).
 

A Maria Jacinta le tocaba recordar las fotos en redes sociales o en internet: no creía que la primera dama de ese entonces estuviera en su hogar. ‘Tutina’ trabajaba con pequeños grupos de artesanas, asociados a Artesanías de Colombia, para dar a conocer sus productos y promover la visión pluricultural en el país. Ese día también la visitaron Ana González y Ruvén Afanador, quienes llegaron con una invitación difícil de rechazar. Querían tomar fotografías del pueblo misak, incluir su historia e invitarla a ser una de las ‘hijas del agua’.
 

Fue una experiencia muy interesante y bonita porque nosotras, como mujeres y comunidades, no habíamos tenido la oportunidad de participar. No habían llegado hasta acá”, recuerda Jacinta. Sus rostros, objetos e historias están reunidos en la exposición Hijas del agua. Esta muestra temporal del Museo Nacional de Colombia es un trabajo colectivo de la artista plástica Ana González y el fotógrafo Ruvén Afanador. La muestra está compuesta por 50 fotografías y objetos propios de 26 pueblos indígenas de Colombia, entre los que se cuentan los embera chamí, kogui, wayuu, yagua, tucano, gunadule, uitoto, misak, yucuna, arhuaco, pachacuarí, nukak, kamëntsá, koreguaje, inga, nasa y wounaan.
 

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Ana y Ruvén visitaron 26 comunidades indígenas de todo el país. Viajaron desde La Guajira hasta Amazonas.
© Cortesía Mud


La muestra artística es una invitación del Museo Nacional de Colombia, el Ministerio de Cultura,  la Asociación de Amigos del Museo Nacional y el grupo Bolívar Davivienda. Hijas del Agua ya había sido expuesta en el Museo Santa Clara en 2018. Entonces contaban con imágenes de wayuus, arhuacos, gunadules e indígenas misak. Además de la exposición, realizaron eventos y conversatorios. En uno de ellos participó Maria Jacinta. Sin embargo, ese primer trabajo con las cuatro comunidades los inspiró a viajar y conocer más. Ruvén y Ana tenían un sueño conjunto: realizar un libro homónimo que recopilara imágenes e historias de otros pueblos indígenas.

Para los dos era muy importante que nosotros como colombianos miráramos nuestro origen, porque estamos acostumbrados a mirar fuera —cuenta Ana—. Nosotros debemos hacer presencia desde nuestros saberes y actividades, y una manera de hacerlo es rescatar y dignificar lo que somos, darle el lugar que le corresponde a nuestro pasado”. En el caso particular de Ruvén, quería hacer un libro que fuera un homenaje a Colombia, quería encontrar algo especial y significativo. Se inspiró en el trabajo de Edward Curtis, un fotógrafo y etnólogo estadounidense que, en la década de los 50, fotografió a los nativos de su país.

En total, viajaron a 26 comunidades y con su ayuda publicaron Hijas del agua, lanzado el 2 de diciembre de 2020. El libro es una mirada sensorial, desde lo artístico, a los pueblos indígenas. Por eso no quieren que se convierta en esos volúmenes de lujo que adornan las mesas o lugares para tomar té. Anhelan que llegue a las bibliotecas, los colegios y las universidades de todo el país, no solo de las capitales o las grandes ciudades.

Para Wade Davis, antropólogo y escritor quien colaboró con los textos del libro, Hijas del agua es “más que un libro. Es una joya que destila la maravilla del patrimonio colombiano. Es un regalo de los artistas (...), son historias y visiones del pueblo. Con ellas celebramos la capacidad del país para crecer y para cambiar”.

 

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Izquierda: NEGASEREDI, ETNIA GUNADULE. Ruvén Afanador y Ana González. Impresión con pigmentos sobre papel de algodón. Fotografía intervenida en plumilla y tinta, 2018.
Derecha: JACODIY, ETNIA YAGUA. Ruvén Afanador y Ana González. Impresión con pigmentos sobre papel de algodón. Fotografía intervenida en plumilla y tinta, 2020.
© Exposición Hijas del agua | Cortesía Museo Nacional de Colombia

La recolección de datos y el trabajo en campo duró tres años. El acuerdo de paz, firmado en el 2016 entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, permitió que Ana y Ruvén recorrieran con mayor libertad todo el país, desde La Guajira hasta Amazonas. Incluso ingresaron a algunas zonas restringidas por la actividad de los grupos armados. Las mochilas, la cámara de Ruven y los cuadernos de notas de Ana eran su único equipaje. A veces, el tiempo le obligó a Ruvén a tomar las fotografías con el celular. “Para mí era increíble llegar a esos lugares, totalmente desconocidos para mí. Era un honor contar con su presencia, estar tan cerca de ellos así el momento durara poco”, contó Ruvén en la Charla entre Amigos, una reunión organizada por el Museo y la Asociación de Amigos del Museo Nacional para presentar la exposición.

Cuando visitaban alguna comunidad, pedían permiso para ingresar. También entregaban alguna ofrenda, en caso de que sus anfitriones necesitaran algo: palma, hilo para las mochilas, fibra de algodón, alimentos, entre otros presentes. Por ejemplo, los indígenas koguis les pidieron cuarzos como regalos, porque dichas piedras son las semilla del agua y son fundamentales para sus rituales.

El objetivo de cada viaje era entender la cultura, escuchar a las personas y hacer un intercambio de saberes: mientras Ruvén tomaba las fotografías y conocía el lugar, Ana conversaba con las mujeres para exaltar el carácter femenino del trabajo y conocer de cerca sus oficios. A veces la vestían con prendas típicas. Al final, Ruvén y Ana les compartieron las fotografías.

La única solicitud de Ana y Ruvén era que los indígenas vistieran las prendas que suelen usar en sus ceremonias o momentos especiales. Aquellos trajes coloridos, vistosos y con significado también eran protagonistas de las imágenes. Ana recuerda qué tan felices eran las personas al mostrarle los trajes y las costumbres de cada uno. Para ella, esos momentos eran de admiración pues hablaban y se expresaban con tal confianza que, en sus palabras, parecía que abrieran sus alas. “En las escuelas y colegios no enseñan bien sobre geografía e historia, entonces la gente casi no nos conoce —dice Maria Jacinta—. Es un trabajo muy importante el que han hecho Ana y Ruven, que es darnos a conocer a todo el mundo”. 

 

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AISIDE, ETNIA UITOTO.
Ruvén Afanador y Ana González. Impresión con pigmentos sobre papel de algodón de fotografía intervenida en plumilla y tinta, 2020.
© Exposición Hijas del agua | Cortesía Museo Nacional de Colombia.


Para Wade las palabras son algo universal, son herramientas que pueden tocar el alma humana. Para mí la riqueza de Colombia es la gente, y sobre todo los grupos étnicos que todavía están con nosotros. Este trabajo es un espejo en el que podemos ver la esperanza de todos, el futuro del país”. Davis también recordó las palabras de las comunidades indígenas quienes dicen que el Río Magdalena es el alma del país y que si limpiamos el río, podemos limpiar el alma. “Por medio de las fotografías enviamos un grito de auxilio —cuenta Jacinta—. Que nos ayuden a cuidar y preservar la naturaleza, porque no solo es de las comunidades indígenas sino de toda la sociedad”.

Además de enviar un mensaje de cuidado e identidad, Ruvén y Ana lograron acciones en los resguardos, como construir una maloca para los hombres en Dibulla, con el apoyo de Amazon Conservation Team con quienes crearon el Fondo Hijas del Agua. También promovieron un juego de Memoria, en el que los niños juegan con cartas y encuentran el par entre la etnia y su información. 

Es una manera de devolverles lo que nos regalaron”, dice Ana. El propósito es construir más de estos lugares en más resguardos del país. También quieren llevar la exposición a otras regiones de Colombia y a otros países, para que más pueblos indígenas conozcan la historia de las Hijas del agua y de otras comunidades que, como ellos, respetan y defienden la vida y la naturaleza.

Maria Jacinta está agradecida porque, además de la experiencia tan gratificante que tuvieron en el resguardo, su historia y su comunidad viajaron sin abandonar el territorio. Quiere visitar Bogotá para repetir los ciclos de conversaciones, como los del 2018 en el Museo Santa Clara. También, que los colombianos entiendan el mensaje identitario y de cuidado que promueve la exposición, para que ayuden a preservar la Madre Naturaleza. Al igual que sus compañeros del pueblo misak y otros resguardos indígenas, anhela ser hija del agua por mucho tiempo más.
 

Visitas al Museo Nacional de Colombia

Si desea visitar la exposición Hijas del Agua, tenga en cuenta las pautas establecidas por el Museo. La primera es hacer su reserva en la página web, a través de este link

En la página web del Museo también puede encontrar el protocolo de bioseguridad e información sobre las tarifas de ingreso. La exposición estará abierta al público a partir del 25 de febrero, de martes a domingo de 9:00 a. m. a 5:00 p. m.

Los interesados podrán adquirir el libro Hijas del agua en la tienda del Museo Nacional de Colombia o en las librerías del país.

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