Vaupés: las muertes que Colombia no escucha

mayo 29 de 2020

Un respirador y una cama de cuidados intensivos es todo lo que tiene el departamento para enfrentar el covid. La cercanía con Brasil preocupa, mientras que los miembros de las comunidades se han ido a vivir en sus cultivos.

Vaupés: las muertes que Colombia no escucha

| Vaupés se mantuvo libre de covid-19, escudado por su única defensa: la distancia. Pero el pasado 8 de mayo la Secretaría de Salud del departamento determinó 11 casos positivos. | Por: Archivo Semana


Por: Germán Izquierdo
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Las muertes que allí ocurren no duelen porque no se escuchan. Porque las consume la lejanía y las camufla una tupida selva donde las distancias se cuentan en días y la única autopista es el río Vaupés, que nace en Guaviare y se extiende por mil kilómetros hasta entregar sus aguas al río Negro. Las comunidades indígenas de Colombia y Brasil van y vienen en lanchas y canoas sin importar las fronteras, pues sus lazos ancestrales pesan más que las nacionalidades. Hoy, sin embargo, esta íntima conexión se ha vuelto un problema. El coronavirus ya llegó al Vaupés y, del otro lado de la frontera, en el estado brasileño de Amazonas, se registran más de 36.000 casos positivos. 

 

Hollman Miller, epidemiólogo y entomólogo, es gerente de la covid-19 en el departamento de Vaupés. Miller, quien llegó a esta región hace 25 años, vive con la intranquilidad de quien no tiene armas para vencer a un enemigo que ronda. “Nos estamos preparando para que no se repita aquí lo de San Gabriel de Cachoeira o Leticia -dice Miller-, pero muchas veces no depende de lo institucional sino de las condiciones. De deudas históricas que tiene el Gobierno con esta población: servicios públicos, vigilancia en salud pública, infraestructura en salud en los lugares apartados”.

 

Vaupés forma parte de esa Colombia lejana que solo aparece en esos videos y documentales comerciales que exaltan la exuberante riqueza del país, dejando de lado la realidad de una población que no cuenta con la protección del Estado. Esta región es casi tan inhóspita como en 1853, cuando la visitó el célebre biólogo Alfred Wallace, uno de los más reconocidos evolucionistas. Equipado con un sextante de bolsillo y una brújula, y acompañado por cuatro indígenas, Wallace trazó el primer croquis del río Vaupés, que se conserva en la colección del Museo Británico. 

 

 

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Muchos de los indígenas colombianos tienen doble nacionalidad y viajan a territorio brasileño para cobrar los subsidios que les otorga el gobierno para luego regresar.  ©Archivo Semana

 

 

Más allá de la lejanía impuesta por una selva arañada por 18 ríos, es preocupante que la población muera por causas que son prevenibles. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud, el departamento del Vaupés es la tercera entidad territorial que registra la tasa más alta de mortalidad perinatal y neonatal, con un 30,6 por cada 1.000 nacidos vivos. La población de Yavaraté, el último punto entre Colombia y Brasil, tiene una tasa de mortalidad infantil de 31,25 por 1.000 nacidos vivos.

 

“Desde hace 15 años hemos visto, de una manera muy triste, cómo la Ley 100 ha hecho estragos en estas poblaciones. La gente aquí muere por diarreas, por gripas que no son covid, por heridas infectadas, por hernias estranguladas, por mordeduras de culebra: por lo que ya nadie se muere”, dice Miller.

 

Durante las primeras semanas de la pandemia, Vaupés se mantuvo libre de covid-19, escudado por su única defensa: la distancia. Pero el pasado 8 de mayo la Secretaría de Salud del departamento hizo 107 pruebas aleatorias entre la población de la capital, Mitú. Los resultados arrojaron 11 casos positivos. Las alarmas se encendieron de inmediato.

 

 

 

 

El Ministerio de Salud determinó que el departamento cuenta con 7 Unidades de Cuidados Intensivos. Hoy solo cuenta con dos, una de las cuales carece de monitor de signos vitales. Como en todo Vaupés solo hay un respirador, si dos personas infectadas llegan a agravarse, no hay otra opción que salvar a una y dejar que la otra muera.

 

Hoy una de las grandes preocupaciones es la llegada de personas de otros lugares del Amazonas, sobre todo de Brasil. En la ciudad fronteriza de San Gabriel de Cachoeira, a pocos metros de la frontera, los casos superan los 300. Lo más grave es que muchos de los indígenas colombianos tienen doble nacionalidad y viajan a territorio brasileño para cobrar los subsidios que les otorga el gobierno para luego regresar.

 

Además de las medidas de confinamiento, la autoridades departamentales trazaron una estrategia que abarca vigilancia y respuesta, orientada de ubicar los puntos de movilización con Brasil, y de las personas que ingresan por Amazonas, Guainía y Guaviare, así como por vía aérea. 

 

También se trabaja en la expansión de servicios de salud para cubrir las 256 comunidades que habitan los numerosos ríos del departamento. Se montarán hospitales de campaña en diversas zonas, cada uno dotado con  tres camas, un enfermero y un concentrador de oxígeno.

 

 

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Las autoridades departamentales trazaron una estrategia para ubicar los puntos de movilización con Brasil, y de las personas que ingresan por Amazonas, Guainía y Guaviare, así como por vía aérea.  ©Archivo Semana

 

 

Otra de las iniciativas es la entrega de kits de aislamiento a las comunidades, para que éstas envíen a sus miembros a vivir a las chagras (cultivos) y así evitar la concentración de personas. Cada kit trae pilas, jabón, sal, encendedores, anzuelos, nylon y linterna, entre otros elementos. La idea es que regresen a sus comunidades en dos meses. Hasta ahora han entregado 432 de los 4.500 que se necesitan para cubrir a la población. 

 

A la estrategia de los kits la han llamado la estrategia picure, haciendo alusión a un animal del mismo nombre que desaparece de manera fugaz. En la región es común conjugar el verbo picurear como un sinónimo desaparecerse. 

 

“No hay nada más triste que administrar pobreza. Hablan mucho de corrupción y de que los gobernantes se roban la plata, pero la verdad es que aquí no hay dinero”, dice Miller, quien asegura que la pandemia desveló una realidad que ha existido siempre en el departamento y en la que confluyen la riqueza de las selvas en mejor estado de conservación de Colombia y la pobreza y desatención del gobierno nacional. 

 

“En condiciones calmas siempre somos imperceptibles”, dice Miller, con la esperanza de que las medidas sirvan para contener la pandemia y que el Estado atienda a esas comunidades que necesitan ayuda en la espesura de la selva. 


 

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