Los nasa del Llano: la migración de indígenas del Cauca hacia el Meta

junio 26 de 2018

En el norte de Mesetas, sur del departamento, se estableció esta comunidad étnica hace más de 50 años. Llegaron en busca de tierras para cultivar y construir sus hogares..

Los nasa del Llano: la migración de indígenas del Cauca hacia el Meta

| 4.075 hectáreas ocupa el resguardo indígena nasa en el norte de Mesetas. Queda en las estribaciones del páramo de Sumapaz. | Por: José Puentes Ramos


Por: José Puentes Ramos
josedapuentes

Alejandro Baicué construyó su casa en uno de los sectores más altos del pueblo. Es una montaña de 1.350 metros de altitud según William Rivera. “La cabecera municipal debe estar a unos 600 u 800 metros”, comenta. Ambos están sentados en una larga banca de madera al aire libre. La vista es preciosa: atrás de ellos, con dirección al norte, más montañas y cultivos de café. Hacia el sur, y a lo lejos, la silueta de la serranía de La Macarena.
 

- “Linda la vista, ¿no? Todo esto es Mesetas”.
 

 

T E X T O  +  F O T O S:   J O S É   P U E N T E S   R A M O S


 

Como muchos pueblos del sur del Meta, Mesetas fue poblado por colonos que llegaron de distintas partes del país. Entre esos emigrantes están algunos indígenas nasa del Cauca, quienes se desplazaron desde el suroccidente en busca de tierras fértiles y sin dueño, en las que construyeron viviendas para sus familias. Baicué, de 55 años, y Rivera, de 38, son nasa. Los dos nacieron en Cauca y sus padres los trajeron a la zona montañosa del municipio, donde se estableció buena parte de los indígenas.

“Mi padre me trajo aquí en 1963”, dice Juvencio Medina Zambrano, un nasa de 62 años. Estaba de visita en la casa de Baicué. “Primero, él se fue a Puerto Lleras y luego pasó a Mesetas. Vino a conocer, le gustó mucho y nos trajo a vivir”. Los indígenas se dieron cuenta de que el maíz, el arroz, el plátano, el café y otros alimentos crecen fácil en el suelo del Meta. Se corrió la voz en el suroccidente de que había una zona de los Llanos Orientales ideal para cultivar. Para vivir.

Baicué sigue sentado en la banca. El sol está picante y hay unas fuertes corrientes de viento. Es la brisa de la montaña. Ahora él cuenta su historia. Yo me vine a los 10 años. Ya mis padres vivían acá. Por un tiempo nos quedamos en la vereda La Guajira. Todo era maleza. Derribamos, arreglamos un ranchito”. No recuerda el año en que llegó a Mesetas. Su familia se trasladó después hacia la vereda Ondas del Cafre para cultivar café, el negocio familiar que hasta el día de hoy mantiene.
 

Juvencio Medina

Alejandro Baicué


La posibilidad de jornalear y tener un sustento también atrajo a los nasa. Mesetas fue fundado el 29 de marzo de 1959 por 21 colonos que se establecieron tras comprar los terrenos de una finca. Para la época en que empezaron a llegar los indígenas, ya había cultivos o negocios donde ellos podían laborar.

“Los mayores de la comunidad dicen que llegaron en los años sesenta, como unos 50 años atrás. También dicen que había mucha demanda de trabajadores. Además, la comida era muy barata. Producían muchísimo. Eso les gustó a los indígenas. Históricamente, a los nasa les interesa cultivar bastante”, cuenta William Rivera, quien es concejal de Mesetas en representación de los grupos étnicos. Su familia se radicó en el pueblo hace 20 años.

 


 ONDAS DEL CAFRE 

 

En el municipio hay dos sitios donde se afincaron los nasa: Ondas del Cafre —en donde viven las familias de Baicué, Zambrano y Rivera— y Villa Lucía. Ondas del Cafre queda a tres o cuatro horas de la cabecera municipal, dependiendo el ritmo a que se vaya. Llegar hasta este sector es una travesía, pues vía apta para el cruce de carros y motos solo hay hasta un punto (una hora del trayecto) y después se toma una trocha por las montañas. Los indígenas atraviesan el camino a pie o en mulas. Está lleno de piedras y se cruzan pequeños caños de agua. El viaje puede tomar más tiempo cuando llueve.

 





William Rivera cuenta que sube y baja las montañas de Ondas del Cafre tres veces a la semana para ir a la cabecera del pueblo y cumplir sus funciones de concejal. Recuerda que antes todo era maleza, pero los nasa establecidos allí han abierto caminos con sus propias manos a través de los años. Luego de levantar sus casas y comenzar a cultivar, los indígenas empezaron una lucha por convertirse en resguardo, con la intención de asegurar su territorio y ser dueños de la tierra en la que viven y cultivan.

“El reconocimiento de Ondas de Cafre como resguardo indígena se dio en 1999 (Resolución 00014 de ese año, firmada por el Incora). Inicialmente la comunidad que vino aquí comenzó con una Junta de Acción Comunal. Después, al ver que había tantas familias indígenas y como sabían que se pueden organizar en resguardos para recibir ayudas del Gobierno, empezaron a trabajar para convertirse en esa figura. Con esquema organizativo”, explica Rivera.

El resguardo ocupa 4.075 hectáreas de Mesetas, en las estribaciones del páramo de Sumapaz. No hay un centro poblado, por lo que las familias nasa están esparcidas por las montañas. Los Baicué se ubicaron en una de las partes más altas de Ondas del Cafre. Los Rivera viven a unos 20 minutos más abajo. Juvencio Medina tiene su casa más arriba. En las demás montañas se ven ranchos, finquitas y cultivos.

 

“Este lugar fue declarado como zona de preservación en el decreto 1989 de 1989. Hace parte del Área de Manejo Especial de La Macarena (AMEM) y por eso hemos tenido diferencias con Corpomacarena, por la frontera agrícola. Por un lado, tenemos la figura de resguardo y, por el otro, la de área de preservación. Hemos tratado de hablar y mirar los alcances de cada quien”. 
- William Rivera




Alba Nelly Huila es la actual gobernadora de Ondas del Cafre. Sus padres también la trajeron del Cauca cuando era niña. Hoy tiene 39 años y desde enero de 2018 es la mayor autoridad en la comunidad. Cuenta que desde hace 18 años, cuando el resguardo tenía apenas un año de creado, no había una gobernadora. “Aquí actualmente somos 61 familias y cerca de 230 personas”.

 


 EL CONFLICTO 

 

Con Huila hablamos tiempo después por teléfono. Ella llevaba a su hijo al hospital de Mesetas, en la cabecera municipal, el día en que viajamos hacia Ondas del Cafre con el concejal. No hay un centro de salud cerca del resguardo. Charlamos de cómo era la situación de orden público en la zona cuando arreció el conflicto armado en el sur del Meta. “Imagínese que nosotros nos consideramos muy resistentes. Esa época era difícil. Si uno salía de Ondas tocaba explicar a los armados por qué y a qué se iba al pueblo. Le preguntaban a una a qué grupo pertenecía”, dice al otro lado de la línea. “Fuimos muy estigmatizados”.

Mesetas hizo parte de la zona de distensión durante los diálogos de paz entre las Farc y el gobierno de Andrés Pastrana, entre 1999 y 2002. Pero antes de decretarse esta área, la guerrilla ya hacía presencia. Tenían control sobre el territorio y promovieron el cultivo de ilícitos. De acuerdo con información que la seccional Meta y Llanos Orientales de la Unidad de Víctimas le entregó a SEMANA RURAL, el frente 40 de las Farc hizo presencia en la zona. Al mando estuvo el comandante ‘Zarco Aldinever’, quien hoy está en uno de la Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR).

 



Cuando finalizó la zona de distensión, el Bloque Centauros de la Autodefensas Unidas de Colombia afianzó su presencia en Mesetas y Ondas del Cafre. Este actor del conflicto asesinó al esposo de la gobernadora del resguardo en 2004, mientras que las Farc reclutaron a uno de sus hermanos. En el caso del concejal, un familiar suyo fue desaparecido por los armados cuando salía a jornalear. Estos grupos reclutaron a 20 o 30 jóvenes y niños en sus filas. Tanto Huila, Rivera y los demás indígenas víctimas de la violencia han pedido información a los desmovilizados y excombatientes sobre sus familiares. Es como quieren que ellos los reparen.


La Unidad de Víctimas, por su parte, adelanta su proceso de reparación colectiva en Ondas del Cafre, donde se beneficiarían 47 familias. Los indígenas han expresado que desean que los reparen con una asociación cafetera, donde ellos puedan producir su propia línea y así evitar los intermediarios.

 

De acuerdo con Cafemasú, una de las asociaciones cafeteras del municipio, en la región donde se ubica el resguardo se cultiva un grano con características apetecidas por compradores extranjeros. Los nasa tienen potencial para convertirse en grandes productores de café especial. De lograr constituir la asociación, sería un aporte a la paz para los indígenas.

 

 

 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos




¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.