Puerto Rico y Rioblanco, dos caras de los atrasos en la educación rural

febrero 08 de 2019

En estos municipios, el inicio del año escolar estuvo marcado por problemas que van desde la falta de infraestructura y transporte escolar hasta el aumento de la deserción.

Puerto Rico y Rioblanco, dos caras de los atrasos en la educación rural

| Los estudiantes de la vereda El Oasis, en Puerto Rico, se quedaron sin colegio luego de que el río arrasara con su infraestructura. | Por: José Puentes Ramos


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

A los dos hijos de José Silvino Rivero les toca madrugar más de lo normal para llegar al colegio. Están matriculados en la escuela rural El Oasis, una pequeña institución a las afueras de Puerto Rico, en el sur del Meta. Se levantan a las cuatro de la mañana para estar vestidos y desayunados a las cinco, hora en que los recoge una lancha a motor en el puerto de Pororio.

El lanchero cruza el río Ariari y los deja en El Oasis, donde los recibe el único profesor de la escuela. Esta ruta escolar debe recoger a cada estudiante, así caiga un aguacero. Son 15 niños de seis veredas que cursan allí el preescolar y la primaria.

“Es un viajecito que se pegan todos los días. Los que viven más cerca se demorarán por ahí media hora, pero hay otros que se echan la hora”, comenta José Silvino, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda que le da nombre a la escuela.

La lancha es de un vecino de la zona que les colabora, pero el combustible a veces es patrocinado por la Alcaldía o por los padres de familia. “Si no tuviésemos este servicio, ¿cómo mandaríamos a los muchachos al colegio? Aquí la única salida es el río”. El Oasis es la única opción de educación para los habitantes de este rincón de Puerto Rico.

La falta de transporte escolar rural es uno de los tantos temas que se deben resolver para que los niños y jóvenes del campo estén un paso más cerca de la educación de calidad. Dotar las instituciones  materiales educativo, garantizar la alimentación escolar y ofrecerles la posibilidad de recibir formación acorde a sus contextos acompañan la lista de pendientes. 

 


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Los estudiantes de Rioblanco piden currículos acorde a su contexto. ©EDUCAPAZ


La infraestructura no resiste

Hace dos años, la comunidad de El Oasis logró conseguir recursos para mejorar las instalaciones del colegio. Con el dinero compararon computadores y repararon los baños, pero el fuerte invierno que cayó sobre la Orinoquía a mediados de 2018 provocó que el río Ariari se desbordara e inundara la escuela.

“Los padres de familia hemos bregado mucho por este colegio porque lo necesitamos”, dice José Silvino sobre las ruinas del colegio. Él y otros habitantes de la vereda lograron salvar lo poco que quedó de la sala de sistemas, los dos baños, la cocina y la única aula con la que contaba esta pequeña escuela.

Desde el pasado agosto, a los estudiantes les toca recibir clases en el restaurante: una estructura de cuatro columnas y un techo de tejas.“Ahora estamos luchando para poder construir un nuevo colegio en el terreno que nos donó un vecino. Ojalá se nos den las cosas”, comenta esperanzado el líder comunal.

Ana María Guevara, secretaria Social de Puerto Rico, afirma que esperan legalizar el terreno para que la Gobernación del Meta desembolse el dinero. Pero otras instituciones de la zona rural del municipio no cuentan con las mismas ayudas. Es caso de la escuela de la vereda La Lindosa, que está en riesgo de derrumbarse y ha sido complicado reubicarla porque el nuevo terreno está en proceso de restitución.


«Puerto Rico no está certificado en educación, por eso tanto los recursos como las decisiones pedagógicas dependen de la Gobernación. Hacemos lo que podemos con lo que llega y con lo que conseguimos».

ANA MARÍA GUEVARA, secretaria Social de Puerto Rico


 


 

Faltan enfoques atractivos

Luisa Molina es docente de la Institución Alicio Amador Elvira, de Puerto Rico. En la cabecera del municipio hay tres colegios y 40 en las zonas rurales, donde el enfoque de todos es agropecuario, un tema en el que muchos jóvenes no están interesados a pesar de vivir en un pueblo con esa vocación.

“En los años anteriores teníamos tres modalidades: pedagogía, sistemas y agropecuaria. En 2018 vinieron los de la Secretaría Departamental y dejaron solamente la agropecuaria. Eso hizo que varios muchachos se fueran del colegio. Por lo menos, de mi grado noveno desertaron seis y en todo el colegio se fueron entre 25 y 30, casi todo un salón”, comenta la docente.

La Secretaría de Educación del Meta señala que en 19 municipios  (incluido Puerto Rico) los colegios rurales cuentan con media técnica, a cargo del SENA. La mayoría de opciones están en el sector agropecuario pero muy pocas tienen que ver con tecnologías de la información u otras áreas. En la opinión de Molina, esto tiene que cambiar porque es la principal causa de la deserción escolar en el campo.


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Docentes de un colegio en Rioblanco durante un encuentro pedagógico. ©LEIDY ARÉVALO.

 

Las causas detrás de la deserción 

Para un estudiante de Rioblanco, sur del Tolima, llegar a la escuela implica viajar entre treinta minutos y dos horas. Esto, si cuenta con algún tipo de transporte. De lo contrario, ir a estudiar no es una opción. 

"No seguí estudiando porque mis papás no tenían los recursos para pagarme el transporte. Además, en el colegio me dejaban muchos trabajos en los que necesitaba Internet y en la finca no hay señal”, comenta una joven de 17 años que no finalizó el año escolar en 2018, cuando cursaba octavo grado.

Según el diagnóstico del Plan Educativo Municipal de Rioblanco, apoyado en los datos de la Secretaria de Educación del Tolima, la deserción escolar alcanzó un 86 por ciento en la zona rural y un 48 por ciento en la zona urbana.  Una situación similar se ve en los demás municipios de la subregión del sur del Tolima (Ataco, Chaparral y Planadas).
 

La deserción es uno de los problemas que aumenta en los colegios rurales. © JOSÉ PUENTES.

 

Aspectos como garantizar el trasporte, el acceso a tecnologías y la alimentación escolar son determinantes para la permanencia de niños y jóvenes de Rioblanco en el sistema educativo.

La alcaldesa del municipio, Dulce Isaza, manifiesta que las contrataciones para alcanzar estas mejoras se llegan a dar hasta 45 días después del comienzo del calendario académico. “Depender del Sistema General de Participación para la asignación de recursos no nos da autonomía para flexibilizar una contratación directa de trasporte y alimentación. Además, no son suficientes para dar cobertura a todo el municipio”.

La economía local también infiere en la deserción escolar: los ingresos para muchas familias provienen de las fincas cafeteras, donde todos los miembros (incluidos los niños) aportan en el trabajo de cosecha.

"Lo hacen para reducir costo de producción. Al mismo tiempo, esto lleva a la migración constante de familias de un lugar a otro y a la inestabilidad de los jóvenes en los centros educativos", explica Henry López, rector del colegio José María Córdoba.

 


POR: Leidy Arévalo |Colaboradora en Tolima

José Puentes Ramos |   Editor regional
@josedapuentes


 

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