La discípula de sor Teresa de Calcuta que llegó a Caquetá

agosto 25 de 2019

Mujer Misterio de Amor que Da Vida a la Vida (Mumidavi) es un movimiento creado por Josefina Perdomo, misionera laica que llegó a Caquetá hace 20 años. Su labor está centrada en la protección de los derechos de las mujeres víctimas del conflicto. SEMANA RURAL habló con esta embajadora de la reconciliación. .

La discípula de sor Teresa de Calcuta que llegó a Caquetá

| Josefina Perdomo fundó el movimiento Mumidavi, hoy es inspiración para cientos de mujeres de esta región de Caquetá | Por: Leonardo Numpaque Moreno


Por: Leonardo Numpaque Moreno
@leonumpaque

La vulneración de derechos como el acceso a la educación básica y superior, el riesgo de los niños a ser reclutados por grupos ilegales y el deseo genuino de reconciliación en la región hicieron que Josefina Perdomo se radicara en Caquetá, para trabajar con y por estas mujeres.

Para comienzos de la década del 2000, gran parte del departamento fue etiquetado como la “zona de distensión”, territorio que el Estado despejó durante el proceso de paz que adelantaba con las Farc. Con este panorama, el obispo del entonces Vicariato de San Vicente del Caguán, Francisco Múnera, buscó a una persona idónea que le ayudara a trabajar con esta comunidad tan golpeada por el conflicto. 

Le hablaron de una mujer que trabajaba en un programa del papa Juan Pablo II, que ayudaba a las niñas de la India que estaban en riesgo de caer en redes de prostitución bajo la batuta de Teresa de Calcuta y antes de eso había ejercido su profesión de enfermera en Roma, en un hospital pediátrico del Vaticano.

Monseñor Múnera no dudó en hacerle la invitación. Josefina decidió conocer la zona antes de dar una respuesta. “Hice un recorrido pastoral del Vicariato (Caquetá y Putumayo), hice un diagnóstico sobre la condición de vulnerabilidad de la mujer, dije me quedo si me permiten hacer un programa para y con las mujeres, monseñor me dijo que sí y nos instalamos en Cartagena del Chairá”. contó Josefina.
 

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Josefina Perdomo (Izq) y Suzanne Masingarbe (Der) son las dos 'hermanitas' que desde su vocación han transformado a Cartagena del Chairá. ©Leonardo Numpaque Moreno 

Sanando las heridas de la guerra

Esta opita de nacimiento llegó a Caquetá con la intención de ayudar a través de la civilización del amor. Josefina así lo explica: “Cuando llenas tu corazón de amor, eres capaz de transformar las realidades de egoísmo, odio o venganza, nosotros somos de corazón duro, pero Dios nos dio uno tierno y misericordioso”.

Josefina recuerda que recién llegada junto a la que se convirtió en su mano derecha hasta el día de hoy, la religiosa francesa Suzanne Masingarbe, se dio el rompimiento de las negociaciones de paz con las Farc. Ambas relatan cómo después de este hecho, vieron como el río Caguán se llenó de barcazas que traían a más de mil familias desplazadas del corregimiento de Peñas Coloradas. “La mayoría eran mujeres, niños, todos lloraban, era un espectáculo dantesco”.

La situación era dramática menciona Josefina pues eran familias que no sabían para dónde iban, qué iban a hacer, llegaron con mucho dolor, rabia. Detalla que debieron organizarse muy rápido junto a otras entidades para dar atención y respuesta a las casi 7.000 personas que en una ola atravesaron el río Caguán y llegaron a Cartagena del Chairá.

Con la ayuda de la Cruz Roja, la entonces Acción Social y el Vicariato, Josefina creó bancos de ropa, de medicinas y comida para los desplazados y en conjunto con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) establecieron hogares comunitarios para los niños.
 

La dulce firmeza

Josefina dice que tuvo la bendición de conocer y trabajar con Teresa de Calcuta y que esa experiencia fue inspiradora para la tarea que hoy adelanta en Caquetá. Trabajó con ella tres años en los que afirma que fue guiada y formada y recalca que era una mujer de carácter fuerte. Una de las cosas que le aprendió, y que la marcó de por vida, se resume en una frase:“La clave para hacer cualquier cosa es la dulce firmeza”. Esa enseñanza, dice enfática, la acompaña hasta hoy en cada cosa que hace. 

Una de esas, precisamente, ha sido la de conseguir becas en las mejores universidades del país para formar mujeres chairenses en áreas que se traduzcan en desarrollo para el territorio. Convencerlas de que vayan a las aulas fue, sin embargo, el primer reto -dice Josefina-.

Explica que debido a la cultura machista, las mujeres estaban perdiendo sus derechos, incluso dentro de la familia. En temas de educación, por ejemplo,  se le daba prioridad al niño sobre la niña para ir al colegio. En lo rural el fenómeno era más notorio: las niñas no iban a la escuela. O, en el mejor de los casos, asistían hasta segundo de primaria.

Con indignación relata la historia de una niña que fue retirada del colegio en grado octavo. Cuando Josefina indagó sobre esa situación,  el papá contestó: “para qué le sigo gastando plata si va a terminar cocinándole a un hombre”.
 

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La escuela de música Batuta llegó al municipio, gracias a la gestión de Josefina. © Mumidavi

 

Con este panorama desafiante, en el año 2004 un total de 44 mujeres se graduaron de los dos colegios de Cartagena del Chairá. Todas ellas fueron invitadas a la sede de Mujer Misterio de Amor que Da Vida a la Vida (Mumidavi), que es la misma casa de Josefina y Suzanne, para presentarles la posibilidad de acceder a la educación superior. “Llegaron solo siete, les expusimos el programa y ninguna creía que una mujer tuviera acceso a la universidad, les parecía imposible”, dijo Josefina.

Esta 'hermanita' como la llaman todas las personas que la conocen, recuerda que unos días después de la reunión, una muchacha se le acercó para conocer más de esta oportunidad. “Inicialmente conseguí que la universidad Javeriana nos diera la beca”, cuenta Josefina y agrega que esa primera mujer se graduó en enfermería y de regreso a su terruño ayudó con la ejecución de las políticas de salud del municipio.

Casos de éxito

Yenny Vargas es una chairense que a sus 14 años, por el riesgo de reclutamiento de menores para la guerra, tuvo que dejar su pueblo para seguir su vida en Neiva, allá terminó su bachillerato e hizo papeles para poder entrar a la universidad pública. En el momento que sus compañeros de Cartagena se graduaron del colegio, tuvo la oportunidad de regresar para ese evento y allí conoció a las hermanas Josefina y Suzanne.

“Yo entré a estudiar derecho, durante toda la carrera estaba en comunicación con las hermanitas y en las vacaciones, hacíamos cosas como espacios de encuentro sobre equidad de género, la civilización del amor”, cuenta Yenny.


 


«Como movimiento no nos interesan las estadísticas, nos importan los rostros»

Josefina Perdomo


 


Culminó sus estudios en 2008 con la convicción inculcada de regresar a su pueblo, Josefina y Yenny identificaron que la defensa de los derechos humanos en el pueblo eran una falencia por lo que se enfocó en postularse al cargo de personera para el año 2008, en esa elección perdió por un voto en el concejo.

En 2011 llegaron nuevas elecciones. Yenny se presentó de nuevo ante los concejales, pero convencerlos de elegirla era una tarea compleja, pues querían un hombre que le hiciera frente de manera fuerte al ejército. Frente a este panorama machista dice esta chairense que solo le quedó orarle a mamita Dios y esperar, Josefina agrega que se logró convencer a la mayoría de concejales y en esa ocasión Yenny fue elegida personera del municipio.

“Es una sensación que no puedo describir, lo bonito era ver que había gente apoyándome, y eran las ilusiones de mucha gente y no por esperar algo a cambio, era para una construcción del municipio”, recordó esta mujer “made in Mumidavi”, como se califican entre ellas.

Durante la gestión de Yenny ha servido a la comunidad a la vez que impulsa los programas del movimiento, sin embargo, no todo ha sido color de rosa, Yenny recalca que en estos casi ocho años como personera ha sufrido estigmatización de ser parte de la guerrilla, asegura ella que es falso y que lo usan para desvirtuarla.
 

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Yenny Vargas es parte de Mumidavi y personera de Cartagena del Chairá desde 2011. ©Leonardo Numpaque Moreno

Visibilizando otra población olvidada

Dentro de las mujeres formadas por este movimiento está Andrea Durán, chairense de 26 años que desde pequeña conoció a las dos hermanas gracias a la escuela de música Batuta, otra de las gestiones de la hermana Josefina. Ella recuerda que hizo parte de esa orquesta tocando el xilófono y la flauta tenor.

En busca de oportunidades de estudio para ella, sus papás la llevaron a terminar el bachillerato en Ibagué, allí concluyó sus estudios, pero los recursos no eran suficientes para continuar con la universidad.

“La universidad era muy costosa. Me tocó regresar a Cartagena a trabajar en el negocio familiar y a buscar una universidad pública, pero apareció la hermana Josefina y me dijo que tenía una beca para estudiar fonoaudiología o fisioterapia, me decidí por la segunda”. El cupo conseguido fue en la Universidad de la Sabana en Bogotá “Empecé el primer semestre y el compromiso era tener buenas notas para mantener la beca”, cuenta Andrea.

Durante la carrera esta fisioterapeuta aprendió muchas cosas que podía aplicar en los niños en condición de discapacidad del municipio, población aislada socialmente. Y decidió hacer su trabajo de tesis de grado sobre ellos y encontró cosas que describe como increíbles y tristes.
 

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Andrea Durán es fisioterapeuta, hoy atiende clinicamente a 30 niños del municipio que tienen problemas cerebrales y de lenguaje. ©Leonardo Numpaque Moreno

“Nos encontrábamos con que las personas creían que las discapacidades eran una maldición, o un castigo por los pecados, también decían cosas como: aquí vive un niño mongólico o boquinche, usaban esos términos y empezamos a cambiar el chip”, dice Andrea y agrega que cuando expuso su tesis hablando de su pueblo y contexto dice que fue muy bonito y emocionante.

Andrea aprendió hidroterapia y equinoterapia, en la primera dice que una piscina especial para esa rehabilitación de los niños vale millones, por lo que se adecuaron con los recursos que tenían en el municipio. “Existe una piscina pública, la hermana Josefina habló con los dueños y logró que no nos cobraran la entrada de los niños, y empezamos con 10 niños la recuperación”.

Con la segunda técnica contó con la ayuda de su papá que mientras llegaba Andrea de Bogotá a radicarse del todo en su pueblo natal, amansó una yegua para que la pudieran utilizar en las terapias con los niños.

Hoy Andrea tiene uno de los pocos consultorios clínicos con atención especializada para niños discapacitados. “Mis papás construyeron una casa para los niños, la hermanita nos donó unas colchonetas y gracias a ellas logramos un convenio con la alcaldía”, cuenta Andrea. Además recibió hace poco sillas de la Cruz Roja diseñadas a la medida de los niños con parálisis cerebral.

Actualmente a Andrea la acompaña una fonoaudióloga. Juntas atienden a más de 300 niños con discapacidad mediante clases de música y danza. Treinta de ellos, que tienen discapacidad física o problemas con el lenguaje, reciben atención clínica.

Entre las profesionales que hoy trabajan por Cartagena del Chairá y que contaron con el apoyo del movimiento hay veterinarias, enfermeras y la única educadora especial de Caquetá. Ellas resumen que estas dos hermanitas han sido sus “senseis”, las han guiado y acompañado en sus caminos y hoy las consideran parte de sus familias.
 

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Las hidroterapias son técnicas que Andrea en apoyo con las hermanitas están ejecutando para los menores en condición de discapacidad. ©Mumidavi

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Una yegua amansada es la herramienta que utilizan para realizar las terapias de equinoterapia en Cartagena del Chairá. ©Mumidavi

 

Se cosecha lo que se siembra

Además del trabajo formando profesionales, este movimiento basado en la civilización del amor, ha trabajado en la reconciliación de una población víctima del conflicto. En este contexto ha organizado encuentros de reconciliación.

El primero de ellos, -según recuerda Josefina- se 'cocinó' durante seis meses, tiempo durante el cual estuvo en comunicación directa con actores de todas las orillas como la Fuerza Pública, las Farc y la población civil, todos victimizados en Cartagena del Chairá.

Llegada la fecha arribaron al pueblo personas de Córdoba y Nariño entre otros departamentos. “Se miraban con distanciamiento, temor y hasta con rabia”, recuerda Josefina y dice que esta jornada de reconciliación se extendió por tres días.

“Empezamos a ver como el dolor de una mamá de un guerrillero que había muerto en esta guerra absurda, era igual a las lágrimas de la mamá de un soldado, cuando se dieron cuenta que el dolor era igual, empezaron a entenderse, hablaron el mismo lenguaje, se sintieron solidarias en el dolor y que habían ofrendado sus seres amados en una causa que no tenía ningún sentido”, recalca Josefina.
 

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"FisioVital" atiende a cerca de 300 niños que estaban relegados por la sociedad por su condición de discapacidad pero que hoy en día son reconocidos por todos como iguales. ©Mumidavi

Al final del encuentro -cuenta esta lideresa-, la misma gente que al principio se miraba con desconfianza terminó abrazándose y entendiendo que todos eran víctimas y que debían dejar atrás la indiferencia y hacer algo para cambiar la situación del país.

También hace poco en Peñas Coloradas se hizo un encuentro de reconciliación por los 15 años de la fecha del desplazamiento, relatan que las mismas víctimas contaron cómo sucedieron las cosas pero sin odios, sin rencores y reconociendo las cosas positivas que salieron de esa situación. “Lo lindo fue que dos exjefes de las Farc, 'Fabián Ramírez' y 'Sonia', pidieron perdón a la comunidad”, detalla Josefina.

En Cartagena del Chairá no hay persona que no sepa quien es la 'hermanita' y que la salude con afecto cada vez que se la encuentra por las calles del municipio. “Lo importante hoy es lo que hagamos por Colombia para que sea una patria amorosa de todas y todos, en la que vivamos amándonos como hermanas y hermanos, hijas e hijos del mismo Padre Madre Dios”, dice.
 

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