Juana Perea: la mujer que entregó su vida por Nuquí

octubre 30 de 2020

Esta es la historia de una líder que se convirtió en la guía y la voz de 250 personas en el corregimiento de Termales, donde esperan que su asesinato, que ocurrió este jueves, no quede impune .

Juana Perea: la mujer que entregó su vida por Nuquí

| Con su partida quedará el recuerdo de una mujer que entregó su vida por las comunidades de Chocó. | Por: Archivo personal


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

En la tarde del jueves 29 de octubre, el país se enteró del asesinato de Juana Perea, una lideresa entregada a las comunidades del Chocó y al desarrollo de un pedazo de tierra al que ella llamaba 'su pequeño paraíso'. La encontraron muerta en la playa de Nuquí.

 

Con su asesinato, Juana deja a muchas personas atrás y a un trabajo incansable por Termales, corregimiento de Nuquí donde había empezado a contruir su sueño: abrir un ecohotel en el que miles de personas pudiesen maravillarse con uno de los lugares más biodiversos del mundo. 

 

El dolor se siente en las comunidades. Juana representaba la esperanza de lo que se puede construir en Nuquí a partir del turismo. Kathy Sutton, presidenta de la Liga de Surf del Chocó, la recuerda bien. “Era como la mamá de todos, una luz para la comunidad de la zona. Donde la necesitaban, ahí estaba, ya fuera para alzar la voz contra el puerto de Tribugá o para apoyar a la Liga de Surf del Chocó. Para lo que fuera. Tenía su mano extendida para ayudar".

 

En pocos años, Juana descubrió que Nuquí era su lugar en el mundo. “Su muerte nos llena de nostalgia, era una persona que quería trabajar por el Chocó, que tenía nuestras mismas metas. Estamos muy dolidos”, dijo Luis Perea, presidente del Grupo Institucional y Comunitario de Pesca Artesanal (GICPA) de Nuquí.

 

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Dedicó su vida a trabajar por la comunidades. Su muerte deja un vacío en Nuquí.

Foto tomada del Facebook de Juana Perea.

 

Juana llegó a Termales con un equipaje de seis cosas: un perro, un machete, una pala, una carretilla, una carpa para dormir y sus ganas de trabajar. Su historia comenzó una tarde cuando el sol se escondía en el horizonte. Un lanchero la llevó al terreno que ella había comprado. Palo a palo, construyó su sueño: alzar su casa frente a la playa.

 

Lo primero que montó en su terreno fue su taller de carpintería. Tenía un segundo piso donde dormía con su esposo, Dave, mientras hacían su casa. “Se la pasaban trepados en los árboles, cultivando cosas. Vivía feliz por sus siembras, por su cacao. Ella lo llamaba su chocoaventura”, cuenta Gonzalo Gómez, un amigo cercano de Bogotá, que siempre la recordará con cariño.

 

Era un ser mágico de esos que uno se encuentra donde no lo espera. Era una persona muy amorosa y entregada por Termales. En un corregimiento de no más de 250 personas, donde todos se conocen, daba todo de sí por su tierra”, dice Gonzalo.

 

En Chocó su vida fue muy tranquila. Se levantaba temprano, se ponía sus botas machitas y salía a a trabajar hasta el fin de la tarde. Después se bañaban el mar con su esposo y empezaban a soñar con nuevos proyectos. 

 

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Juana vivó cuatro años en Nuquí. Allí estaba contruyendo un hotel y su casa, cerquita del mar.

Foto tomada del Facebook de Juana Perea.

 

Su partida deja un vacío. “Era una mujer jugada a apostarle a ese pedazo de tierra. Jugada por la naturaleza, por el ecoturismo. Amaba a la comunidad”, dice la actriz Carolina Guerra. Las dos se conocieron por ese amor al departamento y a su naturaleza.

 

Hace poco, ambas alzaron sus voces contra la construcción del Puerto de Tribugá. Sin Juana, la campaña que lideraron hace unos meses no habría tenido el mismo impacto. “Juana fue vital en la defensa contra el Puerto. Desde Termales se dedicó a hablar con todos los líderes, a conseguir los testimonios”, agrega Carolina.

 

Esto también lo reconoce Kathy Sutton. Muchos de sus niños en la Liga de Surf estaban aprendiendo inglés gracias a ella. Entre ellos Santiago Mosquera, el campeón de la liga, quien iba cada tarde a su casa, pues se prepara para viajar a Australia, donde hará parte de un equipo de surf de alto rendimiento.

 

Angel Chiquillo también la conoció en la liga, a ambos los unía ese amor de trabajar por los niños y por la gente de la zona. “Me decía su Angelito... Nos entregaba todo su amor y cariño todo el tiempo. Ella quería lo mismo que nosotros, que la liga creciera y más niños aprendieran. Por más de no ser de aquí, se entregaba por la gente. Nuquí era su vida”.

 

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Juana era entregada por los niños de la zona. Jóvenes como Santiago o Ángel del Club de Surf Pelícanos fueron muy cercanos a ella, eran casi como sus hijos.

©Liga de surf del Chocó

 

En su voz se siente el dolor por su partida. Juana representaba mucho para él y para su familia. Su padre trabajaba con ella construyendo el hotel, y Ángel era uno de sus consentidos en la zona: “Juana era mi familia. Siempre hablábamos, me daba consejos, me acompañaba y me regañaba cuando hacía las cosas mal”.

 

Con su muerte, el sol se esconde en el horizonte y para muchos será difícil verlo de nuevo igual. Termales llora su partida, que aún oculta cientos de preguntas sin responder. El cuerpo de Juana se encontró en la playa de Nuquí, frente a la estación de policía. Lejos de su casa y de la tierra que soñaba con entregar a otros.

 

Su nombre se suma a la  lista de líderes sociales asesinados. Van 247 en lo corrido de este año. En 2019, Colombia fue el país con el mayor número de líderes ambientales asesinados en el mundo: 64 perdieron su vida en defensa de la tierra, según la ONG británica Global Witness.

 

Juana Perea deja un gran legado en las playas de Nuquí que nada podrá borrar. La suya es la historia de una mujer que, piedra a piedra, paso a paso, construyó un sueño. Su recuerdo perdura en la memoria de quienes la conocieron y que hoy esperan que su asesinato no quede impune.

 


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