mayo 13 de 2019

¿Qué hacer para que la agricultura despegue?

Por: Angela Penagos

Recientemente el debate sobre el desempeño del sector aborda nuevamente la debilidad sistemática para llevar políticas que transformen la realidad agropecuaria de los territorios rurales. Bastante se ha discutido recientemente que el desarrollo rural es un proceso que involucra a todo el aparato institucional de un Estado, y que no es una tarea exclusiva del sector agropecuario. Desde la Misión para Transformación del Campo se proponen acciones concretas de cada uno de los sectores, de hecho, se llega a la definición de fuentes y presupuestos.

No obstante, uno de los principales responsables de esta transformación sigue siendo el sector agropecuario, pues no es menor que la principal actividad del campo siga siendo la agricultura y que al mismo tiempo el principal ingreso de los hogares agropecuarios proviene de la agricultura. Por lo tanto, si a la agricultura le va bien, le va bien a los hogares rurales y en general a los territorios.

El desafío entonces para el sector es enorme, y a pesar de que hoy en día se cuenta con un cuerpo institucional robusto, los indicadores de desempeño de la agricultura siguen siendo bajos comparado con los vecinos regionales y en general con países que tienen un potencial como el colombiano.

Es necesario que gobierno nacional de una señal decisiva en torno poner a funcionar la institucionalidad del sector, para que instrumentos regresivos como los que se querían incluir en el recién aprobado plan de desarrollo no tengan oportunidad, además que la política agraria no se vuelva a negociar a borde de carretera.

El trio Finagro, Banco Agrario y Agencia de Desarrollo Rural son un potencial que en muy corto plazo puede transformar los territorios y lograr que en efecto la agricultura en Colombia sea una fuente de crecimiento. Para ello es importante que la Agencia de Desarrollo Rural, recién creada en el 2015, actué para lo que fue creada, una Agencia para la estructuración y cofinanciación de proyectos integrales de desarrollo agropecuario. Que esta apuesta se fundamental en lograr que los bienes y servicios sectoriales: extensión agropecuaria, adecuación de tierras, comercialización agropecuario y acceso a activos productivos proporcionen las condiciones para que en los territorios se desarrolle una agricultura moderna, incluyente, competitiva y sobre todo que tenga innovaciones para enfrentar de manera sostenible los desafíos de la variabilidad climática.

La ADR es entonces la entidad llamada a lograr estas transformaciones, promoviendo el desarrollo de proyectos integrales. Esta entidad tiene el mandato y cuenta con el diseño institucional que facilita este proceso. No es posible que las intervenciones sectoriales sigan atomizadas, dispersas y modestas en términos de resultados, contando con las herramienta para una mejor gestión institucional del desarrollo agropecuario.

La pregunta que nos hacemos todos, es si eso es así por qué la ADR no arranca. Una posible respuesta a esta pregunta es que se requieren un conjunto de decisiones estratégicas que permitan por un lado articular la política de desarrollo agropecuario con los instrumentos que tiene la Agencia y por otro adecuar los presupuestos a esta política y al funcionamiento de una entidad orientada a proyectos integrales y no a prestar servicios desarticulados, como si Colombia fuera un país homogéneo. Para ello, es necesario que el cuerpo directivo del sector, en cabeza del Ministerio de Agricultura conduzca este proceso y que la Agencia cuente con un equipo comprometido y con las herramientas para avanzar en este sentido.

Así las cosas, si se cuenta con una Agencia que cofinancia bienes y servicios sectoriales que generan las condiciones para lograr una transformación territorial que favorezca el desarrollo de la agricultura, es necesario además que Sistema Nacional de Crédito Agropecuario, a través de Finagro, complemente estas intervenciones vía una oferta de crédito para pequeños productores que facilite el establecimiento y mantenimiento de sistemas productivos con inversiones privadas y rentables en donde convergen los proyectos integrales. Esto implica a su vez que el Banco Agrario ponga al servicio de estos proyectos su activo más importante: la red de oficinas.

El sector tiene con qué, pero es necesario hacerlo de manera responsable, rápidamente y que cuente con el respaldo político e institucional de todo el gobierno para que este propósito no se desvíe.

 

Angela Penagos, directora de la Oficina de Rimisp - Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Colombia.
 


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

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