El precio de darles educación 'occidental' a los niños indígenas colombianos

marzo 05 de 2019

Estudiantes de colegios rurales que pertenecen a grupos étnicos en Guaviare, Vaupés y Amazonas, no están recibiendo una educación basada en su diversidad cultural, aunque es un derecho que consagra la ley. ¿Qué implica que los niños indígenas se eduquen con un modelo occidental?.

El precio de darles educación 'occidental' a los niños indígenas colombianos

| Los currículos de las clases en el aula no incluyen saberes propios de las etnias. | Por: Juan Pablo Gómez


Por: Estefanía Pardo Donado
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En el 2016, la organización Save the Children, basada en el informe del Ministerio de Educación Nacional, denunció que el 86% de los pueblos étnicos de Colombia no recibe una educación acorde a su contexto, cultura y cosmovisión. 

En el 2019 no ha cambiado el panorama. La investigación de Frank Arias, magíster en Educación de la Universidad Nacional y profesor de física en comunidades indígenas, revisó proyectos educativos institucionales (PEI) y encontró que en ninguna de las cuatro instuciones de la zona rural y urbana de San José del Guaviare se mencionaban palabras como “etnoeducación” o “interculturalidad”.

Otro de los hallazgos de Arias es la ausencia de teoría o actividades sobre la cultura indígena, y saberes, en las clases de ciencias naturales. Lo que demuestra que la cosmovisión indígena, al menos en estas cuatro instituciones, no se está enseñando en las aulas. Este tipo de vacío es un problema por la cantidad de estudiantes que pertenece a grupos étnicos y comienza a ingresar al sistema educativo.

Aunque Guaviare es uno de los departamentos del país donde es mas difícil hacer muestras significativas de población, el último dato conocido (cifras del DANE de 2005), dice que el  4,3 % de la población en el Guaviare es indígena. Junto a Amazonas, son los departamentos que más necesitan un enfoque diferenciado para aplicar la educación étnica.

No se trata de demeritar la ciencia occidental, o el modelo educativo euroamericano. Parte del objetivo de investigadores como Arias es establecer cuanto antes currículos interculturales y proyectos educativos complementarios a las necesidades académicas que tienen estas instituciones. Es decir, que “respondan a la diversidad que existe en el Guaviare”, explica.

 

Estudiantes del Instituto educativo Agua Bonita Barracón. ©León Darío Peláez / Semana


 

Las clases que desconocen los intereses de aprendizaje indígena no solo las están dando en Guaviare y Amazonas, este mismo problema lo tienen los estudiantes de Mitú, en Vaupés. Los niños de colegios públicos reciben la misma educación que podría recibir un niño de Bogotá o Manizales. Según Rosa González, indígena de la etnia desana y técnica en atención integral a primera infancia,“los niños indígenas tienen que pasar por un proceso para que puedan entender mejor. Ellos tienen que entender en su lengua para poder explicar, o primero empezar a pensar qué es lo que el profesor quiere decir para poder entender. A veces es muy complicado”.

Todo esto sucede a pesar de que la ley existe.  La 115 de 1994 establece que la etnoeducación debe responder a las necesidades culturales, sociales y al entorno de los pueblos étnicos. Pero, según fuentes cercanas al ICBF y profesionales que trabajan con primera infancia en el Vaupés, estos proyectos institucionales no están respondiendo a los estipulado en la ley, y se quedan cortos en temas de etnoeducación, saberes propios y lengua nativa. Las mismas guías de estudio están en español. Por eso, en algunos casos, la responsabilidad recae en instituciones propias de los grupos étnicos y en el pensum y las actividades que puedan lograr según sus intereses.


Es tan evidente la necesidad de un cambio para estas comunidades, que el mismo Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018-2022 reconoce que los alumnos pertencientes a etnias se encuentran en desventaja en tasa de analfabetismo, acceso a la educación preescolar, básica y media, con relación a la población sin pertenencia étnica. Las pruebas Saber 11, a largo plazo, lo demuestran: los bachilleres indígenas sacan peores puntajes que sus pares en Matemáticas y Lenguaje.


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 ©León Darío Peláez.

Qué implica educar a niños indígenas como niños de ciudad

Desconocer la cosmovisión de los niños indígenas en los programas educativos no solo influye en su formación académica, sino que puede transformar para siempre sus vidas, y no necesariamente para bien. 

Los profesionales que trabajan en terreno con los estudiantes le contaron a SEMANA RURAL la parte más difícil de superar con el modelo que se aplica hoy.  Todos los niños indígenas que van a estudiar a los internados dejan de ver a sus familiares por más de 6 meses, incluso, se sabe de padres en Mitú que no van por ellos cuando finalizan sus estudios y los dejan a su suerte. Al dejar de tener contacto con sus familiares van perdiendo su lengua nativa y se acostumbran al español.



 

El modelo occidental, basado en la educación y el trabajo formal, y que responde al sistema de producción moderno y de consumismo, los entusiasma a empezar nuevos estilos de vida lejos de sus raíces. Dejar su tribu, sus malocas y sus costumbres, los enfrenta a un choque cultural del que muchos no salen bien librados. Muchos empiezan a sentir vergüenza por sus orígenes, a frustrarse por no conseguir trabajo y no se identifican con su etnia.

La educación de Rosa González fue diferente porque, aunque estuvo en un internado, su crianza estuvo muy arraigada a su cultura y por eso habla a la perfección sus cuatro lenguas nativas (Desano, Guanano, Siriano y Tucano). Logró convivir con sus padres y familiares tanto tiempo como pudo y aprendió español como quinta lengua, así pudo terminar sus estudios en el SENA. Rosa es un ejemplo de que sí se puede recibir una eduación complementaria. Actualmente se enfoca en la atención en salud y bienestar social de las comunidades indígenas en Vaupés. En todo caso, el éxito de Rosa parece no ser la regla, pues de los 2.085.894 de indígenas que viven en Colombia, solo 97.775 logran ingresar al SENA, apenas el 5%.
 

Según Pablo Martínez, médico cirujano que también se desempeña como docente de población indígena y afro en áreas rurales, “la mayor parte de colegios en Vaupés que actualmente funciona como proyectos etnoeducativos en Colombia funcionan sobre la regla occidental, pero lo que han venido haciendo muchos pueblos indígenas es coger esos proyectos y transformarlos en algo relativamente cercano a lo de ellos”.

 


 

Mitú, departamento de Vaupes, Colombia.©Juan Pablo Gómez.


 


El precio de la frustración

Cuando salen del colegio, la mayoría no puede continuar con sus estudios porque provienen de familias muy humildes que no tienen los ingresos necesarios para pagar la educación superior de sus hijos. “Acá pueden estudiar son las personas que los papás trabajan, que pueden mandarlo a otras ciudad y pues ayudarlos a mantenerlos, y eso es muy costoso porque solo un trayecto Bogotá - Mitú cuesta 400 mil pesos y estos jóvenes no pueden salir”, explica Sandra Celis, coordinadora del proyecto ’Cualificación de 38 hogares comunitarios de Bienestar en el Vaupés”.

La realidad de millones de bachilleres de Colombia también se replica en estos contextos. En Mitú, Vaupés, las mujeres tienden a trabajar en hogares familiares o cuidando niños, y los hombres de mototaxi o a prestar servicio porque aquí no hay muchas opciones laborales.

Algunos jóvenes no encuentran otra cosa que hacer y recurren al alcohol, este se convierte en el vehículo que los lleva a tomar la desición de suicidarse. Un 'modelo explicativo' de la conducta suicida de los pueblos indígenas del departamento del Vaupés' de Sinergias ON argumenta que los pueblos indígenas son una de las poblaciones más vulnerables a la conducta suicida.

 "No es que ellos tomen y se suiciden sino que está esa idea (la angustia) y cuando toman alcohol, es cuando toman la decisión". Pero no solo la ciencia occidental conoce por qué los jóvenes toman esta decisión. Los payés o chamanes consideran que esta conducta suicida es producto de la ruptura de las normas tradicionales provenientes de la cosmovisión de los diferentes pueblos indígenas.  

Según la encuesta de Calidad de vida del DANE, del 2017, el 33,2% de los indígenas logra terminar la básica primaria, el nivel más alto de educación que reciben, seguido de la media con 25,4% y básica secundaria con un 14,4%.  En educación superior solo el 6% de ellos obtienen el título de técnico, el 3.3% obtienen títulos universitarios y solo el 2,7% terminaron un posgrado. Los números no pueden ser más claros, algo tiene que cambiar.

 


Por: Estefanía Pardo Donado | Bogotá

@Estefypardo


 

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