La cuarentena desde el timón de un transportador

abril 17 de 2020

En Colombia hay unos 390.000 conductores de carga. Mientras el resto del país está confinado, ellos transitan las carreteras desoladas. ¿Cómo ha cambiado su rutina con el covid-19?. .

La cuarentena desde el timón de un transportador

| De acuerdo con lo establecido en el decreto 482 del 26 de marzo, los peajes no se están cobrando durante la cuarentena. | Por: Cortesía Guillermo Torres


Por: Germán Izquierdo
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Desde el timón de una tractomula International roja, Jairo Lizarazo ha sentido, por largos tramos, que es el único habitante del mundo. Sus ojos verdes, acostumbrados a las luces de la noche y la monotonía de las carreteras, jamás vieron tanta soledad como en esta cuarentena:  hoteles y restaurantes que frecuentaba cerrados, pueblos fantasma a orillas de la vía, montallantas fuera de servicio y la doble línea amarilla que marca el camino perdiéndose en un horizonte por donde, de vez en cuando, se asoma un camión. 

 

Jairo es uno de los cerca de 390.000 conductores de carga que hay en Colombia. Este santandereano de 52 años vive en Medellín y comparte con un hermano el orgullo de ser la tercera generación de una familia de transportistas. Su abuelo, José Rosendo, recorría empinadas trochas en un Ford 56 cargado de arroz. Y su padre, José David, mantuvo el hogar con un camión Dodge 1967. “Nunca se me olvidará la placa: UUJ 0549”, dice sonriendo.

 

Para Jairo la cuarentena impuesta desde el 23 de marzo por la llegada del covid19 no ha significado un cese de actividades. La mayoría de los conductores de carga continúan rodando en las carreteras. Sin embargo, hay una disminución que se explica, en parte, porque no se está transportando material de construcción. Datos del RNDC (Registro Nacional de Despachos de Carga por Carretera) indican que en 2019 se movieron más de 118 millones de toneladas de carga. El mismo registro muestra que en marzo de este año, en plena crisis por la pandemia, se transportaron 850.000 toneladas menos que en febrero. Lo mismo ocurrió con el número de viajes, que descendió de 671.236 en febrero a 613.993 en marzo.

 

Los transportadores concuerdan en que los primeros días de la cuarentena fueron los más difíciles. “No había nada abierto. Los restaurantes subieron los precios y los peajes seguían cobrando”, dice Jairo. En Pailitas (Cesar), Pablo Herrera, conductor de la empresa JLT Transportes, tuvo que pagar 30.000 pesos por un almuerzo que le pasaron, como a escondidas, a través de una ventana. “Era un plato de icopor con un pedazo de carne, arroz, plátano y un caldo de hueso”, dice con el tono de quien ha sido estafado. En estos días, la costumbre es comer en los andenes o en la cabinas de la tractomulas. 

 

 

Jairo Lizarazo trabaja como “tercerizado”. Maneja el camión de una persona que trabaja para grandes empresas.                           © Cortesía Jairo Lizarazo

Para Jairo  el primer viaje coincidió con el inicio de la cuarentena y fue muy difícil, pues no consiguió comida ni en Girardota, ni en Santa Rosa, ni en Don Matías. Solo en el Alto de Ventanas, una colina a 2.000 metros de altura cerca a Yarumal, halló un lugar abierto. Mientras conduce, calcula que, de los 30 o 40 hoteles y restaurantes que hay entre Cartagena y Medellín, hoy sólo operan diez.

 

El 1 de abril, a las 12.00 del mediodía, protegido por un tapabocas y guantes de caucho, Jairo partió de Barranquilla rumbo hacia La Ceja (Antioquia) con 865 bultos de salvado de maíz, un alimento para aves. Pasó por Calamar, San Jacinto, Chinú, Sahagún. El mismo día, otro conductor se volcó cerca de Ciénaga y la gente se abalanzó sobre el camión para robar el arroz que transportaba. 

 

 

 


En marzo se hicieron  57.000 viajes de carga menos que en febrero de este año


 

 

La cuarentena también ha traído inseguridad en las vías. Jairo busca hotel temprano en la noche, pues desde que comenzó el confinamiento se han registrado saqueos y ataques a transportadores en municipios de la Costa Atlántica como Cuatro Vientos, Bosconia, Plato, Zambrano, Sampués y María La Baja. “Atraviesan motos en la carretera y uno tiene que frenar. Entonces se vienen cuarenta, cincuenta, cien personas y abren el furgón sin que uno pueda hacer nada”, cuenta Pablo, que en 42 años como conductor ha tenido que pasar varios días varado por un repuesto y ya olvidó cuántos retenes de la guerrilla sorteó cerca de Caucasia, Tarazá, El Playón y otros municipios.

 

Algunas empresas han tenido problemas con la descarga de las mercancías. Uno de los puntos más difíciles es el mercado de Bazurto, en Cartagena. Allí, parte de la población amenazó con saquear los camiones que lleguen al lugar. Entre los más afectados se cuentan los coteros, quienes viven de llevar a hombros la mercancía de los camiones. Estas situaciones han obligado a que algunas compañías a buscar otros puntos de descargue, como bodegas.

 

En estos días la mejor herramienta con que cuentan los transportadores son los grupos de WhatsApp, donde se publican bloqueos, accidentes, algún compañero varado o se conectan con la Dirección de Tránsito y Transportes. Esta entidad envía mensajes a los conductores para ponerles puntos de encuentro y acompañarlos en caravanas en los puntos más críticos de los recorridos. 

 

 

 

El 2 de abril, mientras Jairo atravesaba una vía cubierta de niebla en Puerto Valdivia, por el grupo de WhatsApp que él administra anunciaban: “Señores, a la hora, cerrado en Maria La Baja por manifestación”. Enseguida, otro conductor respondió: “Compañeros, por aquí salió la gente, será con hambre. Me rompieron el panorámico. Difundan esto porque así es muy difícil. Uno no sabe qué hacer. Si no lo mata a uno ese virus, lo matará una pedrada o la misma gente”.

 

Conforme han pasado los días, los servicios para los transportadores han mejorado. Algunos montallantas operan con normalidad y, de acuerdo con lo establecido en el decreto 482 del 26 de marzo, los peajes no se están cobrando durante la cuarentena. Lo más importante, cuenta Jairo, es estar conectado con los compañeros las 24 horas y no conducir en la noche. 

 

El 3 de abril, hacia las 10.00 a.m., Jairo llegó a la Ceja (Antioqua), donde descargaron el alimento para aves. Como no encontró transporte, un compañero lo llevó a Medellín.  La tractomula se quedó donde el dueño, en Guarne. Con el morral donde llevó el mecato a la espalda y el tapabocas azul oscuro cubriendo su cara, Jairo tomó el metro hacia su casa luego de dos días en la carretera. 

 

 

 


En las noches, la vía entre San Alberto y San Juan Nepomuceno, en la Costa Norte, se ha convertido en zona roja para los transportadores


 

 

La soledad de las carreteras impera durante la cuarentena      © Cortesía  Guillermo Torres y Jairo Lizarazo

 

 

Ese mismo día en Barranquilla, donde Jairo empezó su travesía, Pablo descargó 22 toneladas de fruta y verdura. Mientras el primero forma parte del 83 por ciento de los transportadores independientes, el segundo tiene contrato con una empresa, lo que supone mejores garantías laborales. 

 

A través del vidrio panorámico de su tractomula, Jairo ha visto los paisajes de Colombia. Sus favoritos son las montañas de Boyacá y los campos de Yarumal. Pablo, entre tanto, menciona el Cañón del Chicamocha, los Llanos Orientales, la vía Popayán Pasto y los atardeceres en Ciénaga que parecen unir al sol con el mar.

 

El 4 de abril, dos transportadores dieron positivo por covid-19, uno en Buenaventura y otro en Antioquia. Esa misma tarde,  Jairo envió un mensaje de voz: “A la hora, llegando a Cuatro Vientos... Voy en ruta nuevamente”. 

 

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