La deforestación del puente amazónico, otra paradoja de la paz

agosto 31 de 2018

Investigadores de la Universidad del Rosario y la Universidad de Cambridge explican cómo la región del ‘puente amazónico’, el corredor natural más extenso del país, está sufriendo las consecuencias de la deforestación desmedida: un efecto colateral del acuerdo de paz.

La deforestación del puente amazónico, otra paradoja de la paz

| Entre los departamento de Guaviare, Meta y Caquetá, el incremento de la deforestación amenaza un ecosistema importante para la riqueza natural del país | Por: Juan Carlos Sierra


Por: Laurasofía Polanco
@SonrisaDeLima

La paz en Colombia trajo un nuevo aire a cientos de regiones que solían ser dominio de Las Farc. Ese cambio no solo se traduce en libertad y tranquilidad, también en nuevos retos, incluso ambientales, como la lucha contra la deforestación. ¿Cómo se supone que la implementación del acuerdo de paz viene afectando directamente el futuro de los bosques?

Nicola Clerici, Camilo Salazar, Carolina Pardo Díaz, James E. Richardson y Mauricio Linares, investigadores del Programa de Biología, Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Universidad del Rosario, y Chris D. Jiggins, de la Universidad de Cambridge, se propusieron explorar el corredor amazónico (La zona que conecta la selva amazónica con la cordillera de los Andes), ahora que es considerablemente más seguro. Uno de sus hallazgos es particularmente llamativo: esta zona presenta un crecimiento de la deforestación desde que se firmaron y comenzaron a implementarse los acuerdos de Paz.

¿Consecuencia o coincidencia? Clerici y su equipo lograron determinar que este no es un caso fortuito y así lo exponen en su artículo La paz en Colombia es un momento crítico para la conectividad y conservación Neotropical: Salven la biodiversidad del norte del puente Andes- Amazonas. Desde la academia, Clerici, doctor en ecología, explica por qué debería ser una prioridad la conservación de este megacorredor.

 


La paz frente a la biodiversidad

“La salida de las Farc de muchos territorios creó un vacío de poder territorial. El Estado no ha tenido una respuesta realista y eficiente para contrarrestrarlo. Los grandes terratenientes se han aprovechado de esta situación, alimentando los fenómenos de acaparamiento de tierras, a través del pago de tierra barata que es robada por colonos”, le explicó Nicola Clerici, PhD en Ecología, a SEMANA RURAL. El científico advierte que los perpetradores iniciales de la deforestación son incluso desplazados, que lentamente se apropian de tierras y que luego la venden a precios bajos a grandes propietarios. “ Hay incluso casos en que terratenientes se compran el equivalente a una vereda entera”, señala Clerici.

 


Para este año, los reportes de núcleos de deforestación temprana en el puente amazónico muestra dos áreas, una de ellas desconectaría el norte de esta zona. © ANDRÉS FELIPE CASTAÑO


 

2015
124.035
hectáreas deforestadas
2016
178.597
hectáreas deforestadas
2017
219.973
hectáreas deforestadas



Mientras hubo una reducción del 12 por ciento de áreas deforestadas de 2014 a 2015, entre 2015 y 2016 la cifra creció en un 44 por ciento.  La cantidad de hectáreas deforestadas registradas entre 2016 y 2017 aumentaron en un 23 por ciento, según el Ideam. 

El poder de las Farc no se limitaba solo al control armado sobre los pequeños poblados, también hacían las veces de autoridad ambiental, regulaban la extracción de recursos naturales como la tala árboles y la pesca. Según Clerici, los guerrilleros exigían una cuota en metálico o en especie a quiénes extraían madera de los bosques nativos, e incluso imponían un tope de árboles para cortar. Queriendo, o sin querer, estaban limitando la deforestación cuando ninguna otra autoridad estaba presente.
 


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A la deforestación se suma la minería ilegal, y con ella la lucha por hacerse al negocio entre los disidentes de las Farc, Bacrim y otros grupos armados. Ambos modos de explotación están relacionados con el posconflicto y afectan negativamente el ecosistema del Puente Amazónico.

La deforestación postacuerdo ha empeorado el problema, pero el profesor Clerici confirma que el riesgo del megacorredor amazónico tiene un pasado de varias décadas: antes de que se firmara el acuerdo, los campesinos talaban bosques para propagar sus cultivos (lícitos e ilícitos), los ganaderos para que sus cabezas pastaran, y hasta la construcción de vías agravó la deforestación.

De acuerdo con el profesor Clerici y su equipo, el paradigma de conservación en Colombia, particularmente, el de la protección ambiental por parte del Estado, debe cambiar y el posconflicto supone una oportunidad única para hacerlo. En la investigación el profesor recuerda que Colombia es uno de los países más biodiversos del mundo, y que esta región en particular, por alojar tierras bajas y tierras altas, es crucial en los ciclos que permiten la biodiversidad. Esa sería la pérdida más grave.
 


Según el boletín del Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono para Colombia, de 2017, realizado por el Ideam, dentro del área que comprende el puente amazónico se encuentran dos núcleos activos de deforestación. Además, los departamentos con más alertas tempranas de deforestación reportadas el primer semestre del año pasado fueron Caquetá (34, 69%), Guaviare (19, 4%) y Meta (7,9%).
 


¿Por qué debe importar el corredor amazónico?

Si esta no es la única región que sufre el incremento de la deforestación, ¿por qué la investigación se centra en el puente amazónico? Así como existe un lugar único donde las aguas del Oceáno Pacífico y el Mar de Bering, un maravilla natural se repite cuando dos ecosistemas diferentes convergen: el corredor amazónico es el puente entre las bajas selvas amazónicas, los bosques y hasta los páramos andinos.

 Según la evidencia filogenética, esta región ha sido el ecosistema ideal para que diferentes subespecies, o incluso entre especies, intercambien genes y ‘cultiven’ biodiversidad. Esto se traduce en dos dinámicas vitales del capital natural colombiano.

Desde el Mioceno (hace 25 millones de años), en esta región han surgido subespecies de mariposas, murciélagos y aves, por efecto de la hibridación.
 

Cerca de la serranía de La Macarena se encuentra otro núcleo de deforestación registrado por el sistema de alertas tempranas. © GUILLERMO TORRES


El inevitable efecto dominó

Por lejanas que estén del corredor, las ciudades no están a salvo de los efectos del daño ambiental. El flujo de biodiversidad y la interacción entre ecosistemas están conectados por procesos como la purificación del aire o el agua. Incluso, podría afectar la capacidad del entorno para sobreponerse a desastres naturales o causados por el ser humano. “Entre mayor biodiversidad, el ecosistema se vuelve más resiliente al estrés del cambio climático o de carácter antrópico” (causado por los seres humanos, como lo puede ser un incendio) , explica Clerici.

Un corredor amázonico enfermo afecta incluso la economía. Todas las actividades que pueden producir una ganancia para el país y las comunidades, que se enmarquen en el aprovechamiento de los servicios que brinda el ecosistema, como la medicina alternativa, el ecoturismo y las expediciones científicas internacionales, perderían su materia prima. La pérdida de este capital natural podría pesar en los bolsillos de las nacientes industrias que buscan aprovechar la riqueza natural con la que no se contaba por el conflicto.

Podemos en ciertos casos traducir en dinero la biodiversidad y la misma pérdida: las plantas medicinales, oportunidades de ecoturismo, el avistamiento de aves, ... Hay varios métodos de la economía que lo cuantifica en términos monetarios.  Nicola Clerici, PhD en Ecología

A manera de conclusión, los investigadores señalan que la protección de las áreas de interés ambiental no se garantiza solo con la delimitación de las mismas. “No es solamente hacer una protección de carácter legal sino implementar un mecanismo que haga el seguimiento a este tipo de implementaciones”,  insiste Clerici. Por ejemplo, al norte de la Serranía de Chiribiquete, (Caquetá) en la ampliación de este parque se pueden ver ‘parches’ producto de la deforestación. Por lo que la investigación plantea la necesidad de establecer una autoridad ambiental seria que vigile y controle los focos de deforestación de la zona.

El papel de las comunidades que viven cerca de las áreas protegidas debe ser preponderante. Ellas deberían ser parte de los procesos de protección y conservación ambiental:

 


«Hay casos de implementación de proyectos en dónde ha funcionado involucrar a las poblaciones locales en el manejo de los recursos forestales ha ayudado al problema de la deforestación. Porque cuando hablamos de involucrar la gente, relacionada con cierto territorio, hay una voluntad colectiva de proteger y de mantener esta fuente de ingreso a largo plazo. Por ejemplo, en Guatemala, este tipo de programas que involucraba el manejo local de la gente del sitio mismo, en recursos forestales, maderables y no maderables ha funcionado».

Nicola Clerici, PhD en Ecología


 

El escenario más triste, y en eso coinciden los investigadores, es que la paz haya llegado demasiado tarde, pues hay probabilidades de que se hayan extinguido especies sin siquiera ser descubiertas. Ampliar la investigación de este megacorredor abre todas las posibilidades a nuevos hallazgos, pues durante el conflicto el acceso a la zona con fines científicos fue nulo. La tarea también es para el Estado, que debería mejorar responsablemente las vías de acceso para el estudio del ecosistema. Sin duda es el momento para que la academia se ponga las pilas y promueva todos los esfuerzos para proteger, registrar y descubrir la riqueza natural que estuvo oculta, antes de que la deforestación, la minería o la erosión conviertan al puente Amazónico en un escombro ambiental.
 


POR: Laurasofía Polanco | Bogotá
@sonrisadelima


 

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