La electiva universitaria que dicta un líder campesino en Cartagena

marzo 22 de 2018

Cada sábado, 40 alumnos de la Universidad Tecnológica de Bolívar viven en carne propia el trabajo que implica cultivar alimentos y conocen la historia de la tierra en Montes de María.

La electiva universitaria que dicta un líder campesino en Cartagena

| El profesor Wilmer Vanegas no hizo una carrera universitaria, pero ha hecho cursos y diplomados en justicia transicional y Ley de Víctimas. | Por: Marcela Madrid / Especial para Semana Rural


Por: Marcela Madrid V.
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“¡Ciudao’, un machetazo duele!”, les repite entre risas el profesor universitario WILMER VANEGAS a sus alumnos.

La advertencia va medio en chiste, medio en serio. Es sábado, son las nueve de la mañana y, bajo los 38 grados de sol cartagenero, siete estudiantes de la Universidad Tecnológica de Bolívar maniobran por primera vez con un machete en sus manos. ¿El propósito? Limpiar el terreno de la huerta donde sembrarán maíz, yuca, patilla y melón durante este semestre.

Ese es el primer ejercicio de la materia electiva ‘Cultivar alimentos y cosechar paz’, que cursan 40 estudiantes de distintos programas del claustro y cuyo profesor titular es un campesino de la vereda Pueblo Nuevo, de Marialabaja.
 

Para Wilmer, que a sus 45 años ha liderado múltiples causas campesinas, la oferta de convertirse en profesor de cátedra fue la mejor noticia que recibió en años: “Estaba esperando esta oportunidad hace mucho tiempo, no de ser profesor, pero sí de aportar a la articulación entre la academia y el campo”.

El resultado es una cátedra que combina la huerta con el salón. Temas como la historia del movimiento campesino en Montes de María o la Ley de Víctimas se complementan con ejercicios como la siembra de cultivos, la creación de pesticidas orgánicos o la instalación de un sistema de riego con botellas de plástico.


Después de ponerse botas pantaneras, guantes y gorra –“la vestimenta también se califica”, dice el profe en tono de broma- el grupo de universitarios se sienta a afilar los machetes.

Mientras tanto, algunos comparten su primer recuerdo con el campo: “Mi abuelo era de Ciénaga de Oro, Córdoba y nos dejó una finca con naranjas; yo no voy por allá porque me pican los mosquitos”, dice una de las alumnas. Otra habla de su tío, que siembra plátano en Urabá, y uno más deja ver que se crió como campesino en Villanueva, Bolívar.

“Yo sé que todos nosotros, por algún ladito, tenemos la raíz campesina”, reconoce Wilmer.
 

Mientras otros universitarios toman electivas como Cultura Oriental, Griega, Literatura, Dibujo o Arte, este grupo de estudiantes emplea esos créditos en el conocimiento de las formas campesinas de producción, intercambio y consumo de alimentos y sustento. Además, se empapan de la tradición, historia, memoria y asuntos legales del campo. | FOTO MARCELA MADRID


Mientras les va mostrando el roble, la ceiba y la pringamoza, cuenta algunas anécdotas de su vida en Pueblo Nuevo, el lugar donde ha trabajado la tierra desde los 5 años y donde se enamoró de la lucha campesina a los 15, cuando empezó a acompañar a su papá en las reuniones de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos -ANUC-.

De esos líderes de la vieja guardia que hacían tomas de tierras aprendió casi todo lo que sabe de liderazgo comunitario. A ellos los recuerda con nostalgia: “Si esos señores, que no sabían leer ni escribir, hubieran llegado a la universidad, serían los mejores profesionales de Colombia”.

 

“Que cambie la mirada hacia el campesino, no para verlo como pobrecito, sino como la persona pujante y trabajadora que es"

- Wilmer Vanegas -

En medio de sus historias, un estudiante que lleva un buen rato intentando cortar un palo, le reclama:

-“Profesor, ¿esto por qué está tan duro?”

-“A ver, eso es roble, no es duro”, dice y se acerca para acabar con la misión.

“Lo del machete no es fuerza ni técnica ni nada, es pura práctica”, sentencia con una risa pícara que despierta la incredulidad de los aprendices.


Con el ejemplo de los viejos de la ANUC, que hoy son referencia obligada en la clase, Wilmer se convirtió en una de las voces más fuertes en reclamar la restitución de tierras desde 2012. Aunque muchos de sus vecinos vendieron las fincas a los palmeros a precios bajos luego del despojo paramilitar, él no solo se negó, sino que se dedicó a formar a otros para que reclamaran lo suyo.

Ahí llegaron las amenazas y tuvo que salir por tercera vez.
 

FOTO: CORTESÍA UTB


En medio de sus relatos suelen aparecer términos como "reparación, planeación participativa, incidencia o diagnóstico". En ocasiones, el sentimiento de arraigo que transmite se combina con un evidente conocimiento de derechos.

Aunque no cursó una carrera universitaria, en los últimos años ha hecho cursos y diplomados en justicia transicional y Ley de Víctimas con el apoyo de organizaciones regionales y de cooperación internacional. Además, pertenece activamente a dos movimientos de su subregión.


* * *


A medida que los machetazos de los estudiantes se hacen más fuertes, el terreno va quedando despejado y la clase termina.

-“¿Qué tal la primera experiencia con el machete en la mano?”, pregunta.

-¡Agotadora!

El profesor recuerda que así empezaron sus estudiantes del semestre pasado, pero la experiencia con la tierra los cautivó tanto que algunos hicieron huertas caseras y ahora lo buscan para contarle cómo van sus cultivos o en busca de una asesoría adicional.
 

FOTO: MARCELA MADRID


Mientras tanto, Wilmer sueña en grande con este proyecto: planea un viaje con los 40 alumnos al distrito de riego de Marialabaja y quiere que la huerta algún día se convierta en un parque donde todos los estudiantes lleguen a relacionarse con la naturaleza.

Más que graduar a sus alumnos en técnicas agrícolas, lo que busca este profesor es “que cambie la mirada hacia el campesino, no para verlo como pobrecito, sino como la persona pujante y trabajadora que es”.
 


Si es estudiante de la UTB y quiere inscribir o recomendar esta electiva para el próximo semestre puede hacerlo con el código 3793.



 

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