La familia que encontró en el turismo el antídoto a los cultivos ilícitos

febrero 12 de 2021

Edilson Pinto y su esposa, Yolima Barbosa, dejaron los cultivos de coca y se han dedicado a atender a los turistas que tras la firma del Acuerdo de Paz encontraron las maravillas del Guaviare. .

La familia que encontró en el turismo el antídoto a los cultivos ilícitos

| La finca El Chontaduro hoy ha renacido gracias al turismo y al trabajo de Edilson y su familia | Por: ©GeoTours del Guaviare


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

El sol sale por las montañas, se escucha el viento moviendo los árboles y los pájaros a lo lejos. En el horizonte aparece un helicóptero que rompe la calma. Es el Ejército Nacional, que vigila la zona desde los aires buscando cultivos de coca. El miedo en el cuerpo de Edilson Pinto, un campesino de 40 años, ha desaparecido. Ya no debe esconderse, ya no sale de su casa con miedo a encontrar sus tierras en medio de las llamas o el glifosato. Finalmente encontró su tranquilidad.

 

Edilson nació en Medina, Cundinamarca. Allí vivió parte de su infancia en una familia que no siempre tenía para comer. Eran los años 80, el cultivo de coca estaba en auge y cientos de campesinos llegaron al Guaviare en búsqueda de oportunidades.

 

Desde entonces la vida de Edilson y su familia estuvo atada a la persecución y la violencia. Además de cultivar coca, se dedicó durante noches eternas a crear la pasta con la que fabrican la cocaína. Dormir era un lujo que en muchas ocasiones le era lejano, pero veía en la coca su única opción para cuidar a su familia y tener el sustento de cada día.

 

smiley

En la actualidad Edilson aún tiene alguna hojas de coca que utiliza para contarles a los turistas lo que era trabajar el cultivo y lo que se vivió en el Guaviare  durante el conflicto.

©Archivo personal Edilson Pinto

 

El proceso era largo. Debía raspar la mata y usar decenas de químicos como concreto para construcción, gasolina, amoniaco, soda cáustica y ácido sulfúrico, tal vez el más fuerte y peligroso por las quemaduras que causa en la piel.

 

En la actualidad el laboratorio sigue en su finca, como un recuerdo de lo que fue su vida. Es el pasado que no puede borrar pero del que quiere salir desde hace años. “Yo veía las avionetas pasar y veía como fumigaban nuestra comida: varias veces lo perdí todo sin poder hacer nada”, cuenta Edilson, con temor a que regresen los aviones y dañen el ecosistema que rodea su casa.

 

En el país el debate frente al glifosato sigue en boga. El gobierno dice que las aspersiones aéreas son fundamentales en la lucha contra el cultivo de coca y, según el ministro de Defensa, se planea retomar la fumigación el próximo mes. Pero las comunidades rechazan su uso por las consecuencias que trae para el medio ambiente, la salud de los campesinos, los animales, los cultivos legales y las fuentes hídricas. Incluso la Asamblea Departamental del Guaviare envió una carta al Gobierno nacional rechazando esta posibilidad.

 

smiley

Los destinos turísticos del Guaviare estuvieron escondidos durante décadas para el mundo. Tras la firma del Acuerdo de Paz el país pudo volver a la zona y maravillarse con su naturaleza y su gente. En la foto se ve la serranía de la lindosa y las pinturas rupestres.

?@Jonnathan Sarmiento

 

Hoy en día Edilson se dedica a atender a las decenas de personas con múltiples acentos que llegan hasta su finca. Los turistas y el país volvieron al Guaviare que se abrió como un tesoro escondido, lleno de colores y misterios. Su finca es una parada obligatoria para conocer los secretos que esconde la Serranía de la Lindosa y los murales de pintura rupestre producidos por los pueblos indígenas que habitaban la región desde hace 7.250 años.

 

“Para nosotros llegar a tener un extranjero acá era impensable, pero yo me fui encontrando con las personas que pasaban frente a mi casa y decidí que eso era lo que quería hacer: mostrar la naturaleza, los animales que hay en mi finca, mi nuevo cultivo de chontaduro. Lo que habíamos construido luego de tantos años con miedo”, cuenta.

 


Te puede interesar: En video | La capilla de la memoria que conformaron mujeres de Buenaventura


 

Después de perder por última vez sus cultivos, Edilson decidió que debía dejar la coca atrás. Primero pensó en ser ganadero, como muchos de sus vecinos, pero se arrepintió al ser consciente de la deforestación que causa la ganadería. Por eso tomó la decisión de sembrar chontaduros después de vincularse al Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), surgido del Acuerdo de Paz. 

 

Según el Gobierno nacional, con el PNIS se han sustituido 40.000 hectáreas de cultivos ilícitos. Uno de esos cultivos fue el de Edilson, en el 2016. “Comencé a pensar en mis hijos, en lo que estaba haciendo. Salió el programa de PNIS, decidimos tener otro camino en la vida y ahora lo estamos logrando. Finalmente tenemos alternativas”, dice contento.

 

smiley

En la foto se ve a Edilson junto con su esposa Yolima en su casa. Allí han construido su sueño alejado de la coca y han encontrado la tranqulidad

©Archivo personal Edilson Pinto

 

La transformación de su finca no habría sido posible sin Yolima Barbosa, su esposa. En medio de la incertidumbre de abandonar el cultivo que había sido su sustento durante años, ella se mantuvo fuerte. “Mi esposa es el motor de todo lo que hacemos acá en la finca, le ha puesto todo el corazón. Ella atiende a los turistas, les cocina y les explica sobre los animales que llegaron a nuestra casa”.

 

En la Finca El Chontaduro, después de la firma de los acuerdos de paz, floreció la vida. Con los cultivos nuevos, decenas de animales llegaron a visitar e incluso se asentaron allí. Hay perros, gallinas, loros, chigüiros, guacamayas y hasta un tapir que bautizaron Hércules.

 

Ver tantos animales deambulando por el lugar es uno de los encantos que maravilla a los turistas, pero tal vez lo más importante de la finca es el antiguo laboratorio cocalero que se ha convertido en un salón de clase. Allí Edilson muestra a los turistas parte de la historia del país y explica esa actividad que durante 13 años realizó en su casa.

 

smiley

Edilson explica con cuidado cada parte del proceso para hacer la pasta de coca para concientizar a los turistas que visistan su casa para conocer cómo se hacía y qué implicaciones tuvo para la región.

©GeoTours del Guaviare

 

“Yo pienso en mis hijos y en la gente jóven que no sabe todo el proceso que hay detrás de la cocaína, los químicos y la violencia. Poder contarlo a la gente ha sido una terapia, ha sido compartir un momento muy complejo donde el miedo dominaba todo… el miedo y la coca, explica Edilson.

 

En el salón de clases las personas pueden ver las pocas matas de coca que se mantienen en el lugar. Edilson las utiliza para explicarles a los turistas la historia de la hoja en su departamento, y cómo la pasta que producía en su laboratorio llegó incluso a servir como dinero para adquirir comida y ropa.

 

Hoy, gracias al turismo y su trabajo en la finca El Chontaduro, Edilson y Yolima han construido su sueños en medio de los árboles. Para la familia Pinto Barbosa otra vez la vida es dulce. “Mis mañanas con coca eran eternas, veíamos los helicópteros y era una tortura interminable. Ahora nos levantamos a escuchar el viento, el cantar de los pájaros. Todos los días nos despertamos en el paraíso. Uno que hemos construido con amor”, dice Edilson, con el deseo de que más campesinos también puedan encontrar el suyo.

 

Si quiere conocer más sobre el Guaviare y viajar a la Finca El Chontaturo haga clic en la siguiente imagen:

 

smiley

Todos los turistas que vivisten El Chotaduro deben contribuir a la reforestación de la zona. En la foto se ve a Edilson acompañado de unos visitantes que plantaron un árbol en su casa.

©GeoTours del Guaviare

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos
Al suscribirme, acepto los términos y condiciones y autorizo el tratamiento de mis datos personales conforme a las finalidades y demás condiciones descritas en la política de tratamiento de datos personales de SEMANA.





¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.