La familia que llevó el plátano de Urabá a Shanghai

septiembre 18 de 2020

Juan Esteban Estrada renunció a una multinacional en España para trabajar con su padre en los sembrados de Apartadó. Hoy, al frente de la empresa Fruturo, ayuda a los cultivadores de plátano a abrirse un mercado en varios países del mundo. .

La familia que llevó el plátano de Urabá a Shanghai

| Juan Esteban y su padre, Walter, preparan varios plátanos listos para exportar. | Por: Juan Esteban Estrada


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

Una alarma suena sin parar, mientras Walter Estrada y su hijo, Juan Esteban, se levantan para salir a trabajar. Es un día largo. Deben visitar las fincas de más de 20 productores de plátano en Apartadó para despachar la fruta que será exportada. Urabá, a pesar de tener una tradición de banano, es una de las regiones donde más se cultiva plátano en el país. Los plataneros han sido por décadas el segundo sector productivo más grande de la zona. Walter trabaja hace varios años con ellos. A los 18 encontró su pasión mientras caminaba en los sembrados.

 

Juan Esteban heredó ese amor desde pequeño. “Siempre he sido del campo. Recuerdo que mi padre me llevaba a recorrer los cultivos cuando tenía cinco años, con unas botas enormes que me llegaban a las rodillas. Yo amaba tanto esas botas que exigía que me dejaran usarlas para ir al colegio, cuenta ‘Juancho’. Así fue hasta que cumplió doce años, cuando sus padres se divorciaron y, como “pan de queso maluco”, su vida se convirtió en vaivén, de mano a mano entre Apartadó, donde vivía su padre, y Medellín, donde residía su madre. Con el tiempo, se quedó con ella y se distanció de Walter.

 

Pasaron varios años, terminó la universidad y se fue a vivir a Madrid, donde hizo su especialización. Extrañaba a su padre, con quien hablaba por teléfono con frecuencia sobre los plataneros. Nunca salieron de su mente los sembrados que visitó cuando era niño. Su meta siempre fue volver.

 

Walter jamás dejó Urabá. Cada mañana, se levantaba a las 5:00 a.m con una sonrisa y una voluntad de ayudar a los cultivadores de la zona. Toda su vida se dedicó a impulsar el proceso técnico del plátano y a acompañar a los miles de productores que dependen de su cultivo. En todo el Urabá antioqueño hay 30.000 hectáreas de las que viven unas 8.000 familias.
 

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Juan Esteban junto a `Doña Chavita´ una de las productoras que hoy gracias a Fruturo pueden exportar sus frutas.

©Juan Esteban Estrada 

 

Juan Esteban le debe al cultivo lo que tiene. “Poco o mucho”, ha sido fruto del esfuerzo de su padre de apoyar a los productores. Nuestra familia es una evidencia de que el sector bien organizado puede salir adelante. Pero hay que brindarles a las personas esas oportunidades que mi Dios nos dio a nosotros”, cuenta Juan. Su sueño es que los cultivadores tengan las mismas opciones que él tuvo. “Deben capacitarse, estudiar. Eso los ayuda a mejorar su calidad de vida”. Con ese propósito, fundó Fruturo, una comercializadora a la que dedica todo su tiempo y esfuerzo para abrir mercados a los plataneros del Urabá en todo el mundo. 

 

Productores como Maria Eugenia Zapata, que ha trabajado casi toda su vida en medio de cultivos de plátano. Sus hijos han salido adelante gracias a lo que llama “El oro verde”, que le ha permitido entregarles lo que ella nunca tuvo. “Es el recurso que me ha dejado apoyar a mi familia. A mis hijos, mis padres: ha sido una mina”. El plátano la ha acompañado desde los 20 años, cuando sembró por primera vez un árbol.

 

Nunca ha parado. Se levanta temprano, sin falta, a caminar por sus sembrados y a supervisar cada aspecto del cultivo. Desde que se fertiliza la tierra, hasta que los frutos se cosechan. “Cuando empezamos, como todo, era muy difícil. Fue muy complejo vender lo poco que producíamos. No sabíamos cómo hacer que el plátano saliera bueno, pero poco a poco todo ha ido mejorando”, cuenta.

 

Su cultivo creció con los años. La calidad es mejor y eso le ha permitido contratar a más personas de la zona. Es una cadena que se queda en la región. Pero nada de eso habría sido posible sin ‘Don Walter’. “No me alcanzan las palabras para hablar de él. Siempre fue de mucha ayuda. Nos compartió su conocimiento para mejorar el cultivo, nos daba muy buenas orientaciones, nos capacitaba. Nunca nos dejó solos. Siempre estuvo al frente luchando por nosotros”, dice.

 

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Los sembrados de plátano hacen parte del paisaje de todo el Urabá.

©Fruturo

 

Aun cuando su diabetes se agravó, Walter no dejó de ponerse las botas. Por 20 años trabajó por los plataneros. Tuvo que vivir lejos de su hijo para cuidar al gremio que amaba y al producto que le permitió enviar a ‘Juancho’ a Madrid.

 

En 2016, Juan Esteban renunció a un puesto importante en una multinacional en España y regresó a Colombia para trabajar con su papá. “Nos desatrasamos de toda la vida que no habíamos compartido. Vivimos juntos, éramos confidentes, amigos. Le aprendí todo”, dice Juan Esteban. Tres años después de volver a Apartadó, y fundar Fruturo, Walter falleció. 

 

En el tiempo que compartieron, Juan Esteban encontró el motor de su vida. Le tengo que compensar a Urabá todo lo que me ha dado. Mi padre, mi familia, todo lo que tengo ha sido gracias al trabajo de los plataneros”. Con esa labor en mente, Juan Esteban busca, día y noche, abrirle mercados a los productores en la zona. 

 

Hoy,  gracias a su gestión con Fruturo, 200 familias venden sus productos en Estados Unidos, España, Bélgica y hasta en Shanghai. Pero no es suficiente, los plataneros tienen que pelear contra el poder del banano y contra los precios bajos a los que se comercia la fruta en el interior del país.

 


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“Yo me iba a Estados Unidos con mi mochila y mi brochure. Ofrecía plátano en toda la Florida. Hasta que no vendiera un contenedor, no regresaba. Estamos orgullosos de que podemos ayudar al sector a respirar, pero esto tiene que ser mancomunado. Tienen que participar el Estado, las empresas privadas. Estar todos en la misma sintonía, porque a veces uno no sabe qué hacer. A principios de la pandemia, estuvimos casi dos meses sin vender un contenedor. Yo me estaba enloqueciendo”, cuenta Juan Esteban.
 

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 Más de 200 familias, como la de Eriberto Borja (en la foto), hoy pueden vender su plátano en en varias partes del mundo gracias al trabajo de Juan Esteban Estrada  y su padre, Walter.

©Juan Esteban Estrada

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Por la Covid-19 su trabajo casi se triplicó. Tuvo que idear formas para conseguir clientes por internet. Cada semana tiene una nueva reunión donde trata de abrir otro mercado para sus plátanos. Es muy complejo mostrar la calidad del producto en una pantalla, pero nada lo frena. Ver a mi papá trabajar, ver el amor que tenía por el campo es lo que me motiva a seguir. Cuando lo recuerdo le doy gracias a Dios por dejarme compartir esos tres años y todavía lo hago. Aunque no esté, lo siento conmigo., dice.

 

Juan Esteban es una prueba de que el relevo generacional es posible, pero hay que trabajarlo. Las metas para una persona pueden ser tener una casa, un carro, una empresa exitosa. Para mí los plataneros son un proyecto de vida y así lo vivo. Yo no necesito ganar con esto. Lo que iba a ganar ya lo gané, ya me lo dieron todo., dice con orgullo. 

 

Son las 5:00 de la mañana y vuelve a sonar la alarma. Su celular está lleno de mensajes escritos desde varios lugares del mundo. Lo espera otro día de recorrer todo el Urabá, desde Apartadó hasta San Juan, en sus botas de siempre. Walter podrá no estar, pero el legado que construyó por años lo acompaña en cada finca a la que va. Al fin y al cabo, los Estrada siempre serán plataneros de corazón. 
 


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