mayo 27 de 2019

Armonización con desarrollo local: una clave para la reincorporación

Por: Alan Bojanic

Como consecuencia del Proceso de Paz con las FARC, cerca de 13.000 personas dejaron las armas, la mayoría hombres (un 25 por ciento son mujeres), siendo dos de cada tres de origen rural y, en general, con niveles de educación superiores a la básica. Dos años más tarde, la inmensa mayoría sigue vinculada al proceso de reincorporación y es sujeta de atención de la política pública en diferentes dimensiones.

Algunos de los niveles de cobertura son realmente notables: por encima del 95 por ciento en bancarización, afiliación a salud o con asignación única de normalización. Coberturas por encima del 75 por ciento en beneficiarios de la renta básica o afiliación a pensión. En general, el nivel de satisfacción de estas personas respecto al proceso es alto, según las últimas encuestas realizadas.

No obstante, el proceso ha seguido enfrentando desafíos y en algunas dimensiones, como vivienda y proyectos productivos, aún queda trabajo por delante. Y es que la experiencia internacional muestra que el tránsito a la civilidad es siempre un proceso largo, multidimensional, que requiere de compromisos y esfuerzos sostenidos y que precisa del acompañamiento de la sociedad civil, del sector privado y de la comunidad internacional.

Es aquí donde la FAO, como acompañante del Acuerdo de paz y, principalmente, del punto 1 (Desarrollo Rural) ha venido trabajando, gracias al apoyo decidido de los Fondos de Paz de la Unión Europea y de las Naciones Unidas, en casi una decena de Espacios Transitorios de Capacitación y Reincorporación –ETCR– (Nariño, Antioquia, La Guajira, Cesar, Meta, Guaviare, Tolima) en respaldo al proceso de reincorporación socio-económica y productiva de esta población liderado por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) y la Alta Consejería para la Estabilización.

La aproximación de la FAO ha consistido en poner al servicio de la implementación del Gobierno y su política toda la sólida experiencia técnica en desarrollo rural, seguridad alimentaria y recuperación temprana de medios de vida, alimentos, producción e inserción a encadenamientos productivos, adición de valor y comercialización, así como el impulso y consolidación de elementos clave de modelos asociativos, cooperativos y de emprendimiento rural.

Nos hemos apoyado en nuestra estructura operativa local, oficinas en terreno y profesionales de distintas áreas del conocimiento con reconocida experiencia en temas rurales y años de trabajo en los territorios. Por supuesto, también en el entusiasmo y talento de un equipo humano comprometido que vive en los territorios donde se asienta hoy la población excombatiente y que, junto a ellos y ellas, trabaja en el día a día y construye una ruta para la estabilidad social, económica y productiva de estos territorios, generando lazos de confianza con la población.

Estos avances no se logran por fuera de un trabajo articulado con las entidades locales, que son fundamentales para la sostenibilidad de los procesos y la incorporación efectiva a las dinámicas poblacionales y de ordenamiento de municipios y departamentos. Este tiempo de trabajo nos ha mostrado que para hacer viable y sostenible el proceso de reincorporación es necesario trabajar con y para la población aledaña, mejorando sus territorios a través de inversiones en bienes públicos, mejorando los contextos habitacionales y los servicios de estas comunidades (acueductos, escuelas, salud, vías), permitiendo y alentando los procesos espontáneos de trabajo conjunto entre poblaciones, todo lo cual no sólo genera valor en los territorios, sino que facilita la inserción de los nuevos proyectos y actividades en entornos más competitivos, al tiempo que mejora los procesos locales de convivencia.

 


Nos hemos apoyado en nuestra estructura operativa local, oficinas en terreno y profesionales de distintas áreas del conocimiento con reconocida experiencia en temas rurales y años de trabajo en los territorios. Por supuesto, también en el entusiasmo y talento de un equipo humano comprometido.


 



Hay que comprender las especificidades de una población enfrentada a la transformación de su proyecto vital individual y colectivo y entender que el éxito productivo y la viabilidad económica son, en buena medida, también consecuencia de ese compromiso con el cambio y con una nueva vida. Ante todo, entender el papel, las capacidades y los retos que el tránsito a la civilidad supone para las mujeres, enfrentadas adicionalmente a desafíos como la maternidad o la resignificación de roles, y respaldar y facilitar su inserción plena en las esferas productiva, asociativa y social.

De igual forma, hay que entender el rol clave del Estado para el éxito del proceso y trabajar coordinadamente en respaldo de la política pública a nivel nacional, pero particularmente, a nivel local donde se enfrentan los mayores desafíos, e incentivar la participación del sector privado, de las cámaras de comercio, de los productores rurales locales y sus asociaciones, pues se constituyen en los principales agentes de inclusión en mecanismos formales de producción y comercialización.

En buena medida, lo arriba señalado ya es recogido y constituye el núcleo de la actual política pública. El Estado ya cuenta con otros instrumentos, PDETs por ejemplo, para atender la demanda de bienes públicos. Sin embargo, la implementación enfrenta permanentes desafíos, en particular ahora que la normatividad del proceso plantea repensar el futuro de los ETCR. Hoy más que nunca es necesario pensar en la conectividad, sinergias y ventajas de la armonización de esta política con otras políticas estatales adyacentes, como la Reforma Rural Integral, la medioambiental, de tierras, de sustitución de cultivos o de víctimas, así como en la dimensión local del proceso, tal y como es señalado en el documento de Presidencia “Paz con Legalidad”. Sinergia, articulación, inversiones de mediano plazo y acompañamiento privado, social e internacional serán la clave para apoyar a municipios y territorios después de agosto, mes en que concluyen las ETCR.

FAO, presente también en esas otras políticas coadyuvantes, espera seguir contando con el apoyo de la UE, la ONU y la comunidad de donantes, con quien comparte muchos de los enfoques y lecciones aprendidas aquí señaladas. Somos y vamos a seguir siendo un aliado de la implementación, del Gobierno, de las comunidades aledañas y de la población en tránsito a la vida civil en sus esfuerzos por hacer exitosa y sostenible la reincorporación socio-económica y productiva, como uno de los factores clave para la convivencia y desarrollo del medio rural.

Alan Bojanic, representante de FAO en Colombia.

 

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

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