La hacienda cafetera que produce el café más exótico del mundo

septiembre 17 de 2020

Se cultiva en Circasia (Quindío). Es conocido como un ‘artículo de lujo’ que se vende por altos precios en las ferias más importantes del mundo. ¿Pagaría usted más de mil dólares por una libra de café?.

La hacienda cafetera que produce el café más exótico del mundo

| El valor más alto que se ha pagado por este café es de $1,029.00 dólares por libra. Fue cultivado en Panamá en el año 2019, país que lleva el título como el mejor productor de este tipo de café a nivel mundial. | Por: Cortesía Felipe Ramírez


Por: Natalia Prieto C
@NataliaPC_

Hay un café que no tiene nada que envidiarle al Macallan 12 Años, al Mascota Cabernet Sauvignon -conocido como el mejor Vino Tinto a nivel mundial-  o al trago de cognac más exclusivo. Se trata del Geisha, una variedad que se abre campo en el mundo como una bebida ‘digna de emperadores’. Sus toques sutiles, florales y aromáticos, con una tendencia a parecer una infusión o un té, conquista los paladares de los baristas más reconocidos del mundo.

 

Desde Circasia (Quindío), Felipe Ramírez no oculta el orgullo que siente de que su finca,  ‘La Esmeralda’, fuera la primera  -entre más de 5200 de la región- en obtener el certificado orgánico para cultivar la variedad más exótica de café: el café Geisha. “Es de los pocos Geisha orgánicos del mundo”, dice Felipe. 

 

La variedad fue descubierta en la década de 1930, en las montañas que rodean un pueblo llamado Geisha, al sureste de Etiopía. Constituye la base del ‘árbol genealógico’ de las plantas arábigas (la principal especie cultivada para la producción de café) y aseguran que es su variedad más pura.

 

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El café robusto tiende a ser poco digestivo, tiene un gusto final amargo y es en definitiva un café más económico que la variedad Arábica.

 

Aunque este café superprémium debe cultivarse a más de 1600 metros sobre el nivel del mar, Felipe se arriesgó a cultivarlo en Circasia, cuya altitud es de 1400 metros. Como si no fuera suficiente reto, también le apostó a una producción pura, sostenible y orgánica. Por atreverse a semejante empresa, lo tildaron de loco. “Empezamos a tener dificultades que enfrenta el campesino tradicional: no tener agua en más de dos o tres días, que se fuera la luz, carreteras muy malas, difícil acceso a financiación por nuestra especificidad de producto”, dice Felipe.


Sembrar café con vocación orgánica implica varios desafíos que no requiere la siembra tradicional. “La clave es la biodiversidad del entorno”, dice el productor. Para evitar el uso de insumos químicos, pesticidas o “apagaincendios”, como los llama, alrededor del cafetal están plantados diferentes árboles de sombrío, propios de la zona, y otra serie de plantas como frijoles, maíz y auyama. Gracias a estas plantas, la calidad de los árboles de café empieza a mejorar: su estructura, tamaño, y sobre todo, su productividad.

En Septiembre del año 2018, Felipe recibió el primer certificado orgánico, con un colectivo de caficultores. © Cortesía: Felipe Ramírez

A Felipe el amor por el campo le fue inculcado. Nació en Manizales y creció en la ciudad, pero siempre quiso vivir esas historias nacidas entre sembrados, cargadas de nostalgia y romanticismo, que su papá le contaba. Cuando subía a los árboles a coger naranjas y guayabas, o cuando recolectaba el café con su abuelo en una pequeña finca en Neira, al norte del departamento. 

 

Después de graduarse de medicina veterinaria y zootecnia, Felipe partió hacia el campo. En compañía de su esposa y su bebé de un año, llegó a los cafetales en 2014. “El campo -dice- es un motor económico gigante. Un generador de riqueza, tranquilidad y paz. A mí esta actividad me genera mucha paz y regocijo. Yo siento que me expreso, que lo más interno de mi ser se expresa en esa actividad”. 

 

En octubre de 2019, su café llegó a la Feria de Cafés Especiales. Desde entonces, las puertas de otros mercados se han abierto. Recibió pedidos desde Japón, China, Australia y Estados Unidos. En el fin de año, concretó con un comprador estadounidense una venta de toda su cosecha para los años 2020, 2021 y 2022.

 

Una libra de Geisha cuesta casi 35 veces más que el café promedio. El valor básico “en verde” inicia en 40 dólares la libra; tostado es otra historia. “Tenemos una proyección de futuro altísima porque las arábigas tienden a desaparecer debido a su susceptibilidad al cambio climático. Para contrarrestar esto, hemos generado un sistema donde tenemos la arábiga más apetecida por el mundo, adaptada al cambio climático, sin insumos químicos, con altos niveles de  productividad y con muy buena rentabilidad”, dice Felipe.

 

El proceso de mantener un producto orgánico certificado es difícil. Después de la cosecha, para su transformación, debe tratarse en una planta que tenga el mismo certificado, de lo contrario se pierde la licencia. Felipe lleva el café en condición de “pergamino” a plantas privadas donde realizan el proceso de trilla y selección. De allí se envía a los diferentes países en verde o tostado. Aunque en el mercado hay muchas bolsas de café con el sello “orgánico”, muchas marcas no siguen los protocolos establecidos, asegura el productor.

 

En la actualidad, la caficultura mundial está en crisis por diferentes factores: dependencia de insumos externos, dependencia de insumos químicos, pérdida de biodiversidad, daño de las fuentes de agua, falta de rentabilidad y la falta de relevo generacional. El cambio climático y el daño en el medio ambiente juegan un papel fundamental en el deterioro de la cosecha de uno de los productos insignia de Colombia.

 

En medio de la situación, Felipe se enorgullece de generar un sistema que promueve la diversidad y es sostenible a nivel ambiental. Ahora llegan a su finca ahora diferentes clases de especies silvestres. La Esmeralda ahora es hogar de aves, serpientes y mamíferos. Todo un espectáculo, asegura.

 

En Colombia, más del 90% de los predios cafeteros son minifundios, los cuales sostienen la economía del café. En su finca “apenas hay 5 cuadras”, dice Felipe. Tiene tres empleados fijos: él mismo; Oscar Osorio, su administrador general, y  su esposa, Estefania Matheus, encargada del área de calidad post cosecha. Además, cada tanto contrata jornales y colaboradores para otros oficios.

 


«El campo, a diferencia de lo que la gente cree, sí puede ser generador de riqueza, lo importante es tener  productores con conocimientos técnicos, dispuestos a innovar e impactar. Atrevernos a ser caficultores, pero no convencionales»

Felipe Ramírez


 

Después de ser catalogado como un “fracasado” por cambiar su carrera profesional por el campo, sigue creyendo en él. Invita a los jóvenes a apostarle a la agricultura con una mirada innovadora, productiva y sostenible: sin insumos químicos y con procesos limpios.

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