La historia de la Feria de las Flores en la voz de un silletero

julio 30 de 2019

Orlando Grajales es un testigo vivo del crecimiento de la fiesta más importante de Medellín, esa en la que campesinos desfilan con sus imponentes silletas. No solo ha visto cambiar la feria, también su vereda en el corregimiento Santa Elena..

La historia de la Feria de las Flores en la voz de un silletero

| El 25 de septiembre del 2003, el Congreso de la República declaró patrimonio cultural de la Nación tanto la Feria de las Flores como sus silleteros. | Por: Pilar Mejía


Por: SEMANA RURAL
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Cuando acabó el almuerzo, en una época en la que todavía no se habían inventado la bandeja paisa sino que el seco antioqueño era el que adornaba la mesa, don Orlando Grajales corrió finca abajo para ayudar a su padre.

Mientras trabajaba la tierra, a pocos metros pasó una avioneta, 'cerquitica', y don Orlando, tan apegado a la figura paterna, le confesó a su padre:

— Ve, qué bueno llegar un día y montarse en una cosa de esas

—  Si mi diosito lo tiene para montar en una cosa de esas lo hará — fue lo que le contestó.
 

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Con una silleta con el mensaje "Bogotá, Medellín te quiere", don Orlando ha recorrido la Capital invitando a los bogotanos a disfrutar de la Feria de las Flores. © Foto Pilar Mejía


 

Su padre, Luis Benjamín, llevó en su espalda, durante sus años vigorosos, las flores que cultivaba en su tierra. Para entonces la carretera entre Río Negro y Medellín contaba con un carrito que pasaba cada dos horas para transportar a quienes por sus calzadas se asomaban. Los hijos de don Benjamín esperaban en dos caballos su regreso de la ciudad, luego de vender las coloridas flores, para subir hasta la finca. 

Con el paso de los años, la modernidad llegó hasta la vereda El Plan del corregimiento de Santa Elena, uno de los cinco que tiene Medellín. El ritmo de vida cambió y, dada la apertura de vías a la vereda, los carros se volvieron más frecuentes. Las primeras casas con luz eléctrica fueron las de la vereda donde creció Orlando Grajales.


 


 

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Esta actividad, que inicialmente se celebró en mayo, se festeja a partir de 1958 en agosto, mes de la independencia antioqueña


 

“En ese entonces eran solo siete casas. Los vecinos se unieron y aportaron para que llegara la luz eléctrica. Porque uno solo no era capaz, hicieron un convenio entre los siete y pusieron la luz, solo bombillos, no se podía prender nada más, no se podía poner radios porque la electricidad era débil”, recuerda. 

De un corregimiento que cultivaba alimentos, Santa Elena se transformó en la cuna de la Feria de las Flores. Luis Benjamín fue uno de los primeros participantes, por allá en mayo de 1957, cuando al entonces director encargado de la oficina de Fomento y Turismo, Arturo Uribe Arango, se le ocurrió la idea. Él mismo dijo que “para mí era una dicha ver los camiones de escalera a las 4:00 a.m cuando al llegar a la Placita de Flórez descargaban con cuidado los ramos de diferentes tamaños para ser vendidos”, escribió en El Colombiano en 1982.

Las primeras veces el desfile se hizo en la avenida La Playa -todavía no existía la Oriental- y los premios, como en varias fiestas de origen campesino de Colombia, consistían en dotación para trabajar el campo. Botas de grulla, ruanas y herramientas.

Este año la avenida Regional verá pasar a 500 campesinos con una historia pesada a sus espaldas.


 


 

El Dr Saffray, un médico y botánico francés que llegó a Colombia por Santa Marta en 1861, escribió en sus crónicas de viaje el costoso servicio de los cargueros, que usó en su travesía de Cali hasta Bogotá y en el que dejó constancia de los malos caminos de la Nueva Granada. El camino real más intransitable del mundo por las montañas de Quindío lo hizo desistir de la bestia y pagar dos cargueros.

Ningún fardo debía pesar más de 40 kilogramos, con eso evitaría la molestia de sus dos hombres de carga, a quienes no se les podía tratar sin cortesía o con ínfulas de amo. Los silleteros llevan en la espalda esta tradición de orgullo. “Esta pesa 120 kilos”, dice Orlando Grajales y remata con “esta no es tan grande como otras silletas”.
 

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El Desfile de Silleteros, que este año será memorable, vuelve a la Avenida Regional, desde donde un promedio de 800 mil personas lo pueden disfrutar de forma gratuita.


 

Grajales lleva 35 años desfilando, los mismos desde que su padre se fue “para el cielo”, después de tanto tiempo, por fin obtuvo el premio de ganador absoluto en la feria de 2017. 

Ese día, Orlando Grajales sacó aquel recuerdo de lo profundo de su memoria en el que le dijo a su padre que ojalá pudiera montarse en “una cosa de esas”. De forma jocosa, hoy dice que se ha cansado de montar en avión para llevar silletas coloridas por el mundo, para llevar un pedacito de la tierra suya a donde no conozcan de su arte.
 


 

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