¿Se puede 'enamorar' a los millennials para que vivan en el campo?

junio 19 de 2018

Cerca de 2,6 millones de personas en el campo tienen entre 14 y 28 años de edad, y muchos están buscando la forma de irse a las ciudades por falta de oportunidades en sus territorios. El campo está envejeciendo. ¿Hay forma de retenerlos? .

¿Se puede 'enamorar' a los millennials para que vivan en el campo?

| Jairo Molina, de Galapa (Atlántico) tiene habilidad para hacer artesanías, pero no quiere dedicarse a ese oficio. | Por: María Fernanda Matera


Por: Mafe Matera
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Jairo Molina vive en Paluato, corregimiento del municipio de Galapa (Atlántico), conocido por la fabricación de artesanías en ceiba roja y bejuco. Aunque él aprendió con su padre todas las habilidades necesarias para dedicarse al oficio de artesano, a sus 18 años está decidido a dejar esta tradición y no depender económicamente de la actividad. En Villa España, un barrio vulnerable de Quibdó (Chocó), vive Jessely Moreno, tiene 16 años y está muy segura de querer abandonar su departamento. El sueño de ambos, al igual que el de muchos jóvenes que habitan la Colombia dispersa, es irse a la ciudad porque no creen posible tener un futuro que cumpla con sus expectativas en las zonas rurales del país.
 

Para los jóvenes rurales solo hay oficios informales como el de estos muchachos que atienden el supermercado El Baratón, en Puerto Valdivia, Antioquia. / FOTO: César García


¿Por qué tienen esta idea en la cabeza? La explicación la da desde Rioblanco (Tolima) Lufany Hernández, quien con valentía tomó el micrófono durante un conversatorio sobre educación realizado el pasado mes de mayo por SEMANA RURAL en su municipio. Aseguró que durante sus 18 años ha escuchado a sus papás y a sus profesores decirle que se vaya a buscar un futuro mejor, y ahora, cuando creció, le dicen que se quede. Quieren que amemos el campo, pero todo el tiempo están diciéndonos que salgamos de aquí”, aseguró.


Esa es la realidad que el sacerdote jesuita Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, pide a los colombianos frenar para, en su lugar, “enamorar a los jóvenes del campo colombiano porque son ellos quienes pueden trabajar con pasión para su desarrollo”. En las zonas rurales, sin embargo, se viven otras experiencias.
 

En Colombia habitan 2,6 millones de jóvenes rurales y según el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp), están en condición de vulnerabilidad y carecen de oportunidades. La brecha entre ellos y los jóvenes urbanos es muy amplia, sobre todo con respecto a las mujeres y aquellos que pertenecen a comunidades étnicas, lo que hace que estas franjas sean las que migren más rápido.

 

Tania Marcela Mosquera, directora de la banda sinfónica de Rioblanco, Tolima, le pide a las autoridades municipales trabajar por defender la identidad cultural y asegurar oportunidades para los jóvenes. / FOTO: César García


 COLOMBIA, UNO DE LOS QUE MENOS INVIERTE EN JUVENTUD 


Nuestro país es uno de los que menos invierte parte del gasto público en las nuevas generaciones. Según un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), hasta 2014 el total de la población joven en Uruguay era del 22,49 por ciento y el Estado invertía 4,05 por ciento de sus recursos en ellos. Mientras tanto, en Colombia, los habitantes que están entre los 14 y 28 años alcanzan el 26,68 por ciento de la población (el 24,5 por ciento de la población total rural) y en ellos se invierte solo el 2,68 por ciento de los recursos estatales.

 

Este Gasto Público en adolescencia y juventud (GPAJ) no hace diferenciación entre lo que se debería destinar para los jóvenes rurales y los urbanos y por eso están repartidos los recursos equitativamente, cuando la situación no lo es.
 


El GPAJ se invierte principalmente en educación, pero a pesar de ese hecho, en las zonas rurales –especialmente– el sistema no logra que los estudiantes avancen de la educación primaria a la básica secundaria y mucho menos a la media (décimo y once). La investigación del Rimisp establece que el 3 por ciento de la población rural es analfabeta, y solo el 21 por ciento logra graduarse de bachillerato.


El empleo también es precario. Un estudio de Search for Common Ground entrevistó a 41 jóvenes en 21 municipios de la Colombia profunda y determinó que la mayoría de ellos “(…) relacionan el campo con retraso (…)”; el 56 por ciento de los jóvenes líderes entrevistados expresaron que no tienen ningún interés por el trabajo agropecuario. Las razones que aducen es que no solo no es un trabajo atractivo, sino difícil, poco rentable e inseguro.

 


 ¿QUÉ SE PUEDE HACER? 

Las condiciones de este grupo poblacional perpetúan la pobreza en la ruralidad, donde ya hay un 40 por ciento de los jóvenes en situación económica precaria. Definitivamente es una situación compleja, ¿cómo se logra hacer el campo atractivo si las condiciones no son las mejores?
 

Todo depende de la voluntad política de los gobernantes y legisladores. Estudiosos del tema como Santiago Perry, secretario técnico del Grupo Diálogo Rural, propone ahondar en lo que está pasando con el sector y tomar en serio la política pública para adolescentes y jóvenes. Por su parte, Diana Rojas, de la Dirección del Sistema Nacional de Juventud 'Colombia Joven', explica que en la actualidad se está trabajando para posicionar en la agenda pública el tema de juventud. “En la actualidad existen programas y acciones, pero no una política pública enfocada en jóvenes rurales. Estamos trabajando para consolidarla”, asegura Rojas.

Los principales temas a los que se le debe apuntar para que los jóvenes rurales tengan una mejor calidad de vida y más oportunidades son: educación, salud, tecnologías de la información e inclusión social. 
 

 

 

sad | Durante las elecciones presidenciales, jóvenes de distintos municipios del país aprovecharon el cubrimiento de SEMANA RURAL para pedirle al nuevo presidente que mejore la calidad de la eduación y empleo.


De la Dirección del Sistema Nacional de Juventud también aseguran que es importante entender que no hablamos de una población uniforme, y las necesidades de los jóvenes rurales varían aún más si pertenecen a grupos étnicos, si son mujeres, o que tan alejados viven del casco urbano.


Se necesita conocer muy bien a este sector para poder crear políticas que se ajusten lo más posible a las necesidades de los jóvenes del campo. Si bien se ha mejorado con la disponibilidad de información, se requiere contar con una mayor desagregación que permita identificar y conocer en profundidad a los jóvenes del país. Para lograr ese propósito, hay una encuesta que está siendo validada. Una vez se valide el formulario, se pretende aplicarlo en más de 80.000 hogares del país para conocer mejor las condiciones de la juventud rural y empezar a establecer los lineamientos de la política pública.


Hay que aclarar que estas son solo pequeñas medidas para ir avanzando, porque de todo esto pueden desprenderse otros asuntos clave como asumir con coherencia la planeación territorial.  Para el profesor Javier Serrano, de la Mesa Nacional de Educaciones Rurales, esto significa destinar los recursos que durante mucho tiempo “se han mezquinado” a las comunidades. El Gobierno tiene que tomar decisiones nacionalmente y en los niveles subnacionalespara contar con una institucionalidad que garantice el logro de los objetivos sociales. La idea es que el próximo gobierno se tomé en serio a los jóvenes.
 


Este artículo fue publicado la edición 1885 de la Revista Semana

 DIRECCIÓN EDITORIAL:  Bibiana Mercado

 

 

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.