La lideresa que con educación quiere transformar la realidad de las mujeres en Córdoba

octubre 20 de 2020

En uno de los departamentos con el mayor índice de analfabetismo en el país, Fráncisca Sánchez ha hecho su misión de vida educar a las mujeres cordobesas en derechos para así cambiar su región .

La lideresa que con educación quiere transformar la realidad de las mujeres en Córdoba

| En la foto se ve a Fráncisca dirigiendo una de las reuniones que la Rosmuc hacía mensualmente antes de la pandemia | Por: Rosmuc


Por: SEMANA RURAL
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“Mi mamá murió sin saber que ella era una líder y una gestora del bienestar social de la comunidad”, cuenta Fráncisca Sánchez, mientras recuerda cómo su proceso para convertirse en lideresa comunitaria en Córdoba no habría sido posible sin su familia. 

 

Nació en el corregimiento de Carrizal, en San Carlos, como la séptima hija de una familia bastante numerosa. Fueron ocho hermanas y un solo varón. En su infancia siempre vio a sus padres como su ejemplo. Ellos con esfuerzo y dedicación lograron que cada uno de sus ocho hijos estudiaran en el colegio. Le tocó vivir lejos, en Santa Rosa de Osos (Antioquia) donde hizo su bachillerato, pero jamás dejó de sentir esa unión con su pueblo a pesar de que no existiesen tantas oportundiades.

 

Cuando pudo, siempre visitó a sus padres. Fueron ellos quienes le inculcaron la importancia de trabajar por los demás. Su madre durante toda su vida se dedicó a escolarizar niños de la zona en lectura y escritura, mientras su padre cultivaba la tierra. Fueron esas dos enseñanzas las que llevaron a Fráncisca a ser una lideresa casi innata. 

 

“Mi mamá hizo solo hasta quinto de primaria, pero nada la podía frenar. Yo todavía me acuerdo de su letra cursiva, era hermosa. Hoy con su ejemplo le enseñó a otras mujeres que es posible salir adelante y la importancia de compartir lo que una sabe con otras”, cuenta. 
 

Como representante legal de la Red de Organizaciones Sociales de Mujeres Comunales y Comunitarias de Córdoba (Rosmuc), donde ingresó muy joven como asociada, Fráncisca ha seguido el legado de su madre. Hoy a sus 60 años, con el pelo gris y los ojos azules que le heredó, también ha hecho su misión de vida ayudar a la comunidad.

 

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Fráncisca aprendió a ser lideresa con su mamá. 

 

En el país el 5 por ciento de la población es analfabeta, pero en el departamento de Córdoba, el tercero menos alfabetizado del país, cerca del 15 por ciento de las personas no sabe leer y escribir, según cifras del Dane.

 

Su primera función como asociada de Rosmuc fue precisamente liderar el proceso de alfabetización de mujeres de la tercera edad en cada corregimiento de San Carlos.

 

Hoy, años después de esa experiencia y como cabeza de la organización, Francisca impulsa a centenares de mujeres a capacitarse para terminar el colegio y llegar a ser profesionales. 

 


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“En Cereté tenemos una historia muy bonita de una mujer a la que ayudamos que hizo todo el proceso desde el bachillerato, se profesionalizó y ahora la nombraron la gestora de participación comunitaria del municipio”, cuenta orgullosa. 

 

Fráncisca ha entendido como lideresa, que una de las principales formas de empoderar a las mujeres es a través de la educación. Por eso para ella es clave que las asociadas de Rosmuc no solo se formen en capacidades técnicas, sino que también conozcan sus derechos para poder empoderar a otras mujeres.

 

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La Rosmuc también lidera acciones técnicas en varios cultivos de mujeres en la región.

 

“Es fundamental entender que no hay verdadera transformación social si las mujeres no tenemos identidad e igualdad a partir del conocimiento de nuestros propios derechos”, explica Fráncisca.

 

Rosmuc  se ha dedicado a impulsar espacios donde las mujeres puedan empoderarse a través de ese conocimiento. Hay capacitaciones que abarcan desde la ley 1257 de 2008, que establece normas para la sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, hasta  en derechos humanos.

 

Es gracias a ese auto reconocimiento que las mujeres deben ser parte de la construcción de nuevas masculinidades, una estrategia que  Rosmuc ha empezado a implementar. 

 

“El imaginario y la cultura machista no tiene estrato. Tiene una formación de cuna y de mente que la tenemos que erradicar nosotras desde la forma en la que le llegamos a los hombres. Es nuestra responsabilidad cambiar el imaginario que existe a partir de nuestro propio empoderamiento”, dice Fráncisca.
 

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Se ve a Fráncisca en su oficina donde lidera todos los proceso de la Rosmuc

 

En la actualidad Rosmuc lidera un proceso contra esos imaginarios en Tierra Alta, un municipio PDET golpeado por el conflicto, donde el maltrato contra las mujeres fue un aspecto normalizado durante la disputa. Allí  han logrado avanzar en la construcción de nuevas masculinidades y esperan replicar su labor en otros municipios.

 

Estas acciones son las que han llevado a la organización a ser reconocida a nivel nacional. Recientemente Fráncisca participó del panel de la Organización Mundial de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Fao) en su campaña ‘Mujeres rurales, mujeres con derechos’ donde compartió con otras mujeres su experiencia en el empoderamiento femenino a partir de la educación en derechos.

 

En su gestión, Rosmuc también ha capacitado a sus asociadas en temas cómo participación política y productiva de las mujeres, el turismo, la salud, la cultura y el emprendimiento. En la actualidad tienen al menos una representante en cada uno de los 30 municipios de Córdoba.

 

Para Fráncisca todo fue posibile por su madre.“Ella, al igual que miles de mujeres, han desempeñando el papel de lideresas sin darse cuenta, explica Fráncisca al reconocer que cuando una mujer aprende, eso la compromete a dar más—es que los seres humanos no estamos destinados solo a trabajar y gastar, sino que tenemos que estar ahí para el otro".

 

Hoy su ejemplo y de la Red de Organizaciones Sociales de Mujeres Comunales y Comunitarias de Córdoba es una muestra de que el desarrollo de la mujer rural debe ser entendido de forma integral y que si se quiere hablar de desarrollo, se debe hacer a partir de lucha por la educación, los derechos de las mujeres y la creación de nuevas masculinidades. 

 


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