La guardiana de los peinados afro en Cauca

junio 21 de 2019

En tiempos de esclavitud, las trenzas afro eran en realidad formas de conspiración y mapas con rutas de escape. Al tiempo que conserva esa tradición, una mujer en Cauca paga la universidad de su hija .

La guardiana de los peinados afro en Cauca

| Además de peinados, María del Pilar hace masajes relajantes y para perder peso. | Por: Iván Bernal Marín


Por: Iván Bernal Marín
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Con sus dedos dibuja rutas de trenzas en los cabellos de una cliente. Gira mechones y hace aparecer figuras geométricas y laberínticas que recuerdan caracoles y caparazones de tortugas. Es una mañana nublada en Villa Rica (Cauca) y María del Pilar Trujillo peina con el mismo lenguaje de símbolos en las cabezas con el que sus antepasados se comunicaban vías secretas para escapar de la esclavitud.

Pero hoy ya nadie escapa de nada. Lo que María del Pilar encuentra ahí es un camino para pagarle la universidad a su hija y convertir una vieja tradición en microempresa.

Yo aprendí el arte de los peinados porque veía a mi mamá. Ella me enseñó. Yo veía que ella peinaba a las hermanas, peinaba a las vecinas. Ana Zilia Caicedo. Ella ya no está, ella murió”.

María del Pilar tiene 42 años que no se le notan. Se ve igual a su hija, Tania, que tiene 24 y estudia enfermería. Ella también estudió lo mismo, pero jamás ejerció. Se dedicó a lo que aprendió desde niña. Su papá trabajaba en minas de carbón en el municipio de Suárez y, al llegar en las noches, ella le hacía terapias y masajes para aliviar los dolores que le dejaban las duras jornadas.

 

 

 

«Yo aprendí el arte de los peinados porque veía a mi mamá. Ella me enseñó. Yo veía que ella peinaba a las hermanas, peinaba a las vecinas..».

María del Pilar Trujillo

 

 


Un día hubo una matanza en el pueblo. Desde los 60, la violencia de los grupos alzados en armas deambulaba por allí. Y más tarde, bandas criminales entraron a disputarse el negocio del narcotráfico en la zona. María del Pilar no guarda nombres ni cifras de cuántos cayeron asesinados. Solo recuerda que un día, a mitad de la noche, huyeron con la ropa guardada en maletas. Y así llegó a Villa Rica.

“Empecé con una sola camilla. Ya tengo cinco. Los fines de semana hago las trenzas y entre semana estoy con los masajes. Lo que me abrió las puertas fue las trenzas”, cuenta. María del Pilar empezó a labrarse una nueva vida con el legado que sus padres le dejaron en las manos.

 

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Haciendo masajes y trenzas, María del Pilar empezó una nueva vida en Villa Rica (Cauca). Iván Bernal Marín


El centro urbano de Villa Rica, en el norte del departamento, está enclavado entre largas planicies verdes y puntiagudas, sembradas de caña de azúcar. Cuenta con alrededor de 16.000 habitantes, entre los cuales ella halló una clientela. Cobra entre 35.000 y 50.000 pesos por el servicio de masajes relajantes o para reducir peso. Por un peinado llega a cobrar hasta 60.000 pesos, porque le toma más tiempo y dedicación. A veces los vende por paquetes.

“Mi mamá se sentaba a trenzar y yo estaba ahí al ladito mirando cómo ella hacía ese tejido. Desde que tenía como unos 7 años, aprendí con ella. Luego yo me fui abriendo. Ya las vecinas me buscaban a mí porque yo le colaboraba. Y me encargué ya cuando ella no pudo”.

Incluso en el peor de los días, María del Pilar recibe por lo menos una cliente. Antes hacía únicamente peinados tradicionales, a base de trenzas crespas. Ahora trabaja con pelo sintético, tejidos y extensiones con los que desarrolla nuevos diseños y creaciones. Su emprendimiento es uno de los más prometedores de un programa que apoya la formación y el fortalecimiento de 308 unidades productivas en su nueva tierra.

“Es como una herencia, un arte que viene en la sangre, de nuestros ancestros, de África. Eso viene de por allá, de los esclavos. Como que nace. Estoy convencida de que nací con eso”, dice. Incluso quedó de segunda en un concurso nacional de peinados, pero le apena hablar de eso. “Yo no iba a participar en el concurso. Como que me inyectaron las ganas”.
 

No importa si se trata de una mujer adulta de cabello largo o una niña que quiere muchas chaquiras. María del Pilar siempre tiene el look perfecto para ofrecerles a sus clientes. Iván Bernal Marín


Una ganadora

Estira, tensiona y gira para modelar el cabello como hilos de hierro al fuego. La mujer caucana no deja de peinar mientras habla. Sus dedos, largos y gruesos como ramas de roble, hacen imaginar la fuerza con que su papá hincaba el pico en el fondo de la montaña.

“Yo soy madre cabeza de hogar y pagué la universidad de mis hijas trabajando, haciendo masajes y haciendo las trenzas”. María del Pilar responde por sus dos hijas. No hay un padre del cual decir nada. Además, ya es abuela de un joven adolescente. Ahora está buscando un lugar para ampliar su negocio y se prepara para contratar a su primera empleada, porque “yo sola ya no doy abasto”.

Tal vez sí escapa de algo, después de todo. Del abandono, de la inequidad, de la violencia. Hoy ella traza el rumbo de su destino con sus propias manos. Y a su lado, su hija Tania no deja de mirarla.

 


Sus dedos, largos y gruesos como ramas de roble, hacen imaginar la fuerza con que su papá hincaba el pico en el fondo de la montaña.


 


Una mano

El programa de apoyo a las unidades productivas funciona “de la mano con la comunidad y en alianza con la administración municipal”, dice Miryam Lozano, funcionaria de la Fundación Propal, en una oficina a un lado del centro de salud de Puerto Tejada. Junto con Villa Rica, este es otro de los municipios en el área de influencia de la planta de producción de Carvajal Pulpa y Papel en el norte del Cauca, en la región Pacífica colombiana. Esta empresa produce papeles y cartulinas a partir de bagazo, el residuo agroindustrial de la caña.

Un equipo de profesionales les brinda acompañamiento a las iniciativas productivas. “En este caso es importante porque, además de generar ingresos, para ellas como comunidades afrodescendientes tienen un significado especial. Para ellas es importante que la mujer negra luzca su cabello al natural, con trenzas o tropas que tradicionalmente significan mucho”, afirma Miryam, con la misma piel que María del Pilar.

En estas mismas tierras, varios siglos atrás, las mujeres les mostraban a los hombres por medio de sus peinados las rutas donde se localizaban los refugios cuando huían de la esclavitud de los españoles. Además, escondían semillas en las trenzas, para poder sembrar en los asentamientos a donde llegaran cuando fueran libres. “Por eso usted ve que las trenzas las hacen torcidas, como caminos, como mapas”.

La idea del programa, según explica Myriam, es atender necesidades específicas sin imponer una actividad económica particular. Por eso el proyecto no entrega dinero en efectivo, sino que articula un plan de compras de implementos, asesoría financiera y un plan de negocio. “También les abrimos oportunidades para que participen en ferias. Como una convocada a través de Usaid en Cali. Lo que María del Pilar se ganó allí por su segundo puesto, le sirvió para reinvertirlo en el negocio”.

 

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