La mujer que llevó el mundo a su vereda

octubre 15 de 2020

Ceneris Espitia logró llevar internet satelital a la vereda La Cabaña, en San Pedro de Urabá y, con eso, les cambió la vida a sus dos hijos y a toda su comunidad.

La mujer que llevó el mundo a su vereda

| Ceneris ha logrado salir adelante gracias a su negocio en el que ofrece Internet paras las comunidades más apartadas de San Pedro de Apartadó | Por: Bancamía


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

Antena: lista. Nombre de la red: José y Vero, configurada. Ceneris estaba ansiosa. Sacó su celular del bolsillo, en la pantalla se veía tan solo una raya de señal, insuficiente incluso para contestar una llamada. Un poco frustrada, abrió las configuraciones de su teléfono y, siguiendo al pie de la letra las instrucciones para activar el wifi, volvió a intentar la configuración. De repente, como si en vez de señal brotara agua del desierto, empezaron a llegar varias notificaciones. El celular repicaba una y otra vez. En su cara, Ceneris dibujó una sonrisa. Luego abrió Whatsapp:

 

“Vi que decía ‘conectado’ y empecé a saltar como una niña pequeña. Le escribí a mi familia y no podían creer que estaba escribiendo desde la vereda”, cuenta emocionada. Es que para poder acceder a un puesto con internet, o al menos tener señal, Ceneris tenía que desplazarse por casi 45 minutos, en una trocha destapada, que separa a su vereda, La Cabaña, del centro urbano de San Pedro de Urabá (Antioquia).

 

Colombia tiene un déficit enorme en acceso a internet rural. Más de la mitad del país, es decir 23,8 millones de personas, no tienen acceso a Internet, según los datos más recientes de MinTic. La situación no es sencilla. El internet es una ventana al mundo que hoy sigue cerrada a millones personas. 

 

Pero en medio de la vereda La Cabaña, la antena satelital de Cene Digital Wifi, instalada en la casa comunitaria, es una luz para más de 200 niños y niñas que antes hacían su tarea con las uñas. Una luz similar a cuando Ceneris Espitia era pequeña y llegó por primera vez la energía eléctrica a su casa.
 

 

smiley

San Pedro es un municipio de cerca de 20.000 habitantes. Ceneris vive a 45 minutos del casco urbano, el único lugar en el que podía tener acceso a internet.

©Gobernación de Antioquia

 

“Alumbrabamos con ‘mechoncitos’ en las noches. Jamás pensamos que en algún momento tendríamos una nevera o un televisor. Pero cuando llegó la energía y prendimos el primer foco, fue sorprendente”, recuerda Ceneris. Su infancia estuvo llena de momentos como este. Momentos donde la felicidad supera cualquier situación difícil, o absurda, que tuviese que vivir. 

 

Algo similar le pasó cuando llevó la primera antena de Internet satelital a su vereda. Había escuchado de la empresa que la instalaba en la radio comunitaria del municipio. San Pedro ya había tenido mil intentos para digitalizarse. Pero de promesa en promesa, las palabras se quedaron en eso, palabras. 

 

Mientras que esperaba esa llegada del internet a la vereda, sus dos hijos José Felipe y Verónica, tenían que recorrer 45 minutos para investigar sus tareas para el colegio, algo que pocas veces podían hacer. En Colombia, de los más de 2.400.000 de estudiantes de colegios rurales, solo el 17 por ciento tiene acceso a Internet y computador, es decir, cerca de 408.000 niños. Ni hablar en municipios con menor densidad poblacional, allí la cifra es aún menor, solo el 13 por ciento tiene acceso a este servicio, de acuerdo con datos del Ministerio de Educación y el Icfes.

 

Pero contra todos los obstáculos, y una crisis económica que por poco llevó a Ceneris a irse a Medellín para ser empleada doméstica en una casa de familia, encontró la forma de financiar el proyecto con un crédito, e instalaron en su vereda la primera antena satelital. Así nació su negocio. 
 

smiley

Ceneris ha vivido casi toda su vida en La Cabaña. Allí ha sacado adelante a su familia y construye comunidad con su negocio de Internet.

©Bancamía

 

En la casa comunitaria, donde queda su local, se escuchan risas alegres de niños que juegan con sus celulares, los llantos de familias que se vuelven a mirar después de años sin poder sonreirse. El mundo se abre en un pueblo que por años tuvo que permanecer en silencio.

 

San Pedro de Urabá, como buena parte de la región, estuvo en medio de una disputa a muerte entre los paramilitares, sobre todo el Bloque Bananero de las Auc, las guerrillas y el Ejército. El 25 de abril del 2001 cerca de 300 combatientes ingresaron a la comunidad del Alto de San Juan, entre las veredas de La Rula y El Rayo. Allí tomaron la zona y en la escuela asesinaron a 13 personas.

 

Esa masacre marcó al pueblo. Centenares de habitantes, en cada una de las veredas, migraron al casco urbano y a municipios aledaños por miedo. La familia de Ceneris fue una de ellas. Empacaron sus maletas y dejaron la finca. La vida en el pueblo no fue fácil, eran una familia numerosa. Diez hermanos y sus dos papás, todos metidos en una casa.

 


Te puede interesar: Escolástica: la primera mujer restituida


 

En el casco urbano duraron poco. Su mamá no se aguantó la situación, no tenían trabajo y era difícil conseguir recursos para comer. Se tragó el miedo y casi que obligó a la familia a volver a La Cabaña. Desde entonces Ceneris no ha dejado su vereda. “La zona tiene algo que lo amaña a uno”, dice. Sin embargo, varios de sus hermanos empacaron sus maletas y viven en varias regiones del país.
 

smiley

Ceneris cada día conoce más sobre tecnología. Con tiempo se ha vuelto casi una experta con el computador.

©Bancamía

 

Pero Ceneris construyó su familia en La Cabaña. Incluso después de divorciarse de su marido, como madre soltera y cabeza de familia, ha puesto todo su empeño por sus hijos y por los hijos de otras familias. Fue precisamente su amor por José Felipe y Verónica lo que en últimas la llevó a crear su negocio de Internet.

 

Es por ellos que hoy, a pesar de la covid, ha trabajado en varias cosas a la vez. Por miedo a no poder pagar las facturas, le ha tocado cuidar animales, sembrar alimentos e incluso ha considerado volver a vender los fritos con los que sacaba adelante a la familia antes de abrir su local.

 

Su sueño, es que a diferencia de ella, sus hijos puedan entrar a la universidad. “Yo tuve que trabajar siempre para sostener a mis hermanos pequeños desde muy joven, pero todos logramos salir adelante. Somos bachilleres con sueños frustrados, pero con muchas metas, como ayudar a nuestros hijos”, cuenta.

 


Te puede interesar: La ‘profe’ rural que inspira el cambio en Villarrica


 

José Felipe quiere ser ingeniero mecánico y Verónica cocinera. Se la pasan en Internet viendo cada cosa que puedan sobre sus profesiones: , leen artículos, ven tutoriales e incluso han hecho cursos para estar listos cuando les toque presentarse. 

 

Ese sueño la llevó a ir cada tarde, aún en medio de la pandemia, a espera de que alguien fuera al local. “Me he arriesgado a seguir para que no deje de existir el servicio para las comunidades”, dice. En el local las personas llevan su celular, donde Ceneris les contabiliza el tiempo que se conectan con un reloj.

 

smiley

Con el pasar de los años, ha aprendido la importancia de llevar la contabilidad de sus ingresos y eso le ha permitido ahorrar para ir mejorando su negocio.

©Bancamía

 

Encuentra fortaleza en la gente. Antes de la pandemia, su negocio estaba repleto. Todas las tardes cuando terminaba el colegio, los niños salían corriendo de la escuela a investigar sus tareas. Pero no eran solo ellos, sus padres también iban al negocio. Ceneris vive sorprendida al ver la felicidad de la comunidad cada vez que entraban a su local. “Hay personas que viajan por el mundo con el celular”, cuenta.

 

Por eso anhela poder comprar equipos nuevos como computadores y tabletas. “Es muy difícil ver que varios de nosotros no tenemos acceso a un buen celular, o un computador. Había veces que los niños venían y yo les prestaba el mío para que pudieran jugar”, cuenta.

 

Todo ese trabajo, hecho con cariño, fue el que la llevó a estar en boca de la Reina Letizia de España, en un encuentro de la Fundación Microfinanzas BBVA. Ceneris es una de las miles de mujeres cabeza de familia que hacen parte del programa ‘Emprendimientos Productivos para la Paz’ (Empropaz), impulsado por Bancamía, en alianza con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), con el que financió su negocio.

 

El momento en el que la Reina dijo su nombre, en el encuentro 'Mujeres incansables: Retos y logros para reinventarse en tiempos de crisis' de la fundación, jamás se borrará de su mente. Fue por su esfuerzo que ese día se pudo conectar desde su puesto de internet, que la pudo ver desde una pantalla, sonriente. 

 

“Uno hay veces que quiere rendirse pero encuentra la fortaleza en momentos como ese, en la gente, en todos los caminos que me ha abierto el Internet”, cuenta. Hoy en la vereda de La Cabaña de San Pedro de Urabá, Ceneris, sus hijos y más de 200 niños y niñas han abierto una ventana al mundo que esperan jamás se cierre.

 


Te puede interesar: Las campesinas de Junín que no se dejan vencer por el machismo


 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos
Al suscribirme, acepto los términos y condiciones y autorizo el tratamiento de mis datos personales conforme a las finalidades y demás condiciones descritas en la política de tratamiento de datos personales de SEMANA.





¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.