La pequeña gran filarmónica del Sumapaz

septiembre 27 de 2019

Hace cuatro años, la Orquesta Filarmónica llegó a la localidad 20 de Bogotá para formar musicalmente a los niños de una de las zonas más alejadas de la Capital. Tubas y clarinetes están haciendo vibrar la ruralidad bogotana..

La pequeña gran filarmónica del Sumapaz

| 120 niños en Sumapaz recibieron 40 instrumentos musicales de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y ahora tienen su propia banda. | Por: Nataly Martínez.


Por: Brenda Guerrero
@brendiska_

A seis horas de la Bogotá urbana, después de cruzar la laguna Chisacá y ver frailejones, colibríes y niebla, está la vereda La Unión, con menos de 100 habitantes. Allí, algunos estudiantes del colegio Juan De La Cruz Varela deben caminar una hora de ida y una de regreso para asistir a  las clases gratuitas de música.

Jaiden  Gustavo Villalba es uno de ellos. Con tan solo 11 años, la ´raspadura´de la familia Villalba, -como le dice su madre por ser el menor de seis hermanos-, anda dos horas entre atajos y pastizales para llegar al salón. Limpia sus zapatos, y luego entra. 

Al ingresar toma su tuba, el mayor de los instrumentos de viento y el más grande. Aquel que a pesar de superarle en peso, carga algunas noches hasta casa para practicar. Jaiden coloca sus manos en los orificios, pone su boca en la boquilla de la tuba y empieza a tocar.  “Me gusta tener un espacio para la banda, por eso trato de aprovecharlo. Yo sueño con ser profesor de música, y enseñarles a los otros niños a tocar y a cantar”, contó.
 

 

 


La pasión que tiene por la música supera cualquier límite. En una ocasión, la banda tenía una  presentación y prefirió mandar la tuba en carro e irse a pie. La buseta que a veces lo llevaba al colegio se le había pasado. Entonces un carro paró para ayudarle pero, en vista de que ambos no cabían, dijo   -mándelo, que yo me voy caminando-. En el colegio hubo gran asombro cuando llegó la tuba primero.

Villalba es uno de los 120 estudiantes de Rubby Patricia Rodríguez, la maestra formadora de la Filarmónica en Sumapaz. Ella, por amor y vocación, viaja seis horas cada domingo desde hace cuatro años en el  bus que transporta a los maestros que laboran en la vereda La Unión. 

Rodríguez, originaria de La Mesa (Cundinamarca) se graduó como profesora de la Universidad Pedagógica Nacional. La música es su vida. En 2001 fue secuestrada en una de las llamadas pescas milagrosas de Medellín y fue cuidada por adolescentes. Ella no entendía como esos niños estaban en esos roles, por eso se prometió que al salir de aquel lugar se dedicaría a hacer algo por la infancia colombiana. 
 

 


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Juan de la Cruz Varela es una de las 31 instituciones distritales en las que la Orquesta Filarmónica de Bogotá enseña música a niños y jóvenes.  © Nataly Martínez, OFB.

 
Hoy es la líder y el ejemplo a seguir de muchos en la localidad más olvidada de Bogotá. Ni una semana ha dejado de ir. La música que un día le sanó, ahora es el instrumento que le ha permitido construir familia en Sumapaz. 

A las ocho de la mañana inician las clases. De primero a noveno ven iniciación musical y de cuarto a noveno todos reciben formación en instrumentos sinfónicos.  Aprender música es para todo el colegio, pero de 3 y media  hasta las 5 de la tarde los lunes y martes, inicia con los 24 integrantes de la Banda Filarmónica Juan De La Cruz Varela, conformada por niños de 11 a 15 años.

A medida que van adquiriendo el nivel de repertorio, se les abre paso en la banda. “No se presionan, dejamos que su proceso fluya. La idea es que lo disfruten y así nos hemos dado cuenta del gran talento que tienen”, declaró la maestra formadora. 

 


 


 

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Los niños alternan la música con las actividades diarias del campo, como ordeñar. Algunos muy emocionados con la música llevan los instrumentos para practicar en casa.  © Kike Barona, OFB. 


 


 

 

Coro Gimnasio del Campo Juan de la Cruz Varela - Orquesta Filarmónica de Bogotá, Sumapaz.
XII Encuentro Nacional De Coros Infantiles y Juveniles Buga.
 


 

Pese a las grandes labores, Rubby no trabaja sola. Carlos Ardila  y Sergio Ramírez son los otros dos maestros que dan vida a la filarmónica. Ellos llegan el domingo en la noche y durante los tres días que dan clase duermen dentro del colegio. “Es como estar en una casa estudio. Todo lo hacemos juntos. Yo los admiro mucho porque no cualquiera deja a su familia sola cada semana”, agrega. 

El grupo de profesores llegó hace cuatro años con balones de basquetbol y una guitarra. Apenas llegaron, dijeron "venimos a enseñarles música a sus hijos". Era lo que tenían para ofrecer hasta que llegaron los instrumentos, que venían del “Proyecto Educativo Orquesta Filarmónica de Bogotá de la Alcaldía, que con una inversión de 14.000 millones de pesos,  se implementa en 32 colegios distritales, 17 Centros Filarmónicos Locales y 8 Centros Filarmónicos Hospitalarios, donde más de 20.000 niños, niñas y adolescentes entre los 7 y 17 años  desarrollan su talento y se forman como ciudadanos integrales.

La llegada de los instrumentos fue una sorpresa para los niños. Los profesores solo decían que esperaran, que algo iba a pasar. “Apenas llegó, todos se asomaron a la puerta porque era un camión con muchas cajas. Les dijimos -ayuden a llevar esto-. Cuando destaparon y vieron los instrumentos, fue una gran noticia. Nadie lo esperaba”, dijo Rubby.
 

 

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De primero a tercero ven iniciación musical y de cuarto a noveno todos reciben formación en instrumentos sinfónicos. © Nataly Martínez, OFB.

 
Desde que iniciaron las clases, el cambio se ha visto en la comunidad. Al principio, hubo rechazo porque los vecinos estaban acostumbrados a las personas que llegaban con miles de proyectos que no duraban en la localidad. Pero ahora, son los mismos vecinos quienes luchan porque la filarmónica siga. 

“Aquí han habido proyectos de fotografía, astronomía, de todo. Ahí hay un telescopio. Pero nunca hubo constancia. Aquí Rubby es la cabeza permanente. Cuando ella se vaya, el proyecto se cae”, dijo Rafael Cortés Salamanca, rector del colegio. “Yo no lloro, pero cuando los escucho sí lo hago. Soy un defensor de lo que hacen. Me llegan al alma”.

La confianza en la música crece cada día. Los profesores son los encargados de avivarla. Ellos reúnen dinero haciendo bazares, concursos, juegos y los llevan a cine y a comer helado en Bogotá. A su vez, del presupuesto del Proyecto Educativo de la Filarmónica sale el dinero para pagar las presentaciones en Bogotá.  Así han podido presentarse en lugares como Buga y el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.

 


 

«Después de cuatro años, se generan afectos y compromisos. Ahorita que están en noveno, me emociona ver como crecen musicalmente y personalmente.  Uno ve que aquellos niños que eran tímidos, ahora se expresan mejor y sienten orgullo por verlos tocar los instrumentos y cantar. Ver como crecen en todo sentido, es el pago. Algunos decían yo quería ser miliciano, ahora quiero ser cantante, hace que valga la pena el esfuerzo y motiva a seguirlo haciendo».

Ruby Martínez, Profesora filarmónica en Sumapaz.

 


 

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Sumapaz,  la localidad rural, es la más grande y la menos poblada de Bogotá.  Con 5.577 habitantes. Tiene el páramo más grande del mundo. © Brenda Guerrero.

© Brenda Guerrero.
 

Sumapaz, que en el pasado fue una región de conflicto armado entre guerrilla y ejército por su ubicación estratégica al centro y oriente del país, hoy es un territorio en paz y provee agua a Bogotá y municipios aledaños -tiene el páramo más grande del mundo.

Los habitantes de La Unión son felices y leen más que en Bogotá. En frente del colegio tienen una de las mejores bibliotecas del país. Nominada entre las 20 mejores de Colombia según el premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega.

Allí cada quince días vienen adultos mayores a  terminar su bachillerato. Y el libro más pedido es la Constitución Política. 

La Biblioteca Público Escolar Sumapaz, que abrió sus puertas hace dos años en la zona rural de Bogotá está nominada entre las 20 mejores del país.  © Brenda Guerrero.

 


“Acá la gente es muy culta, lee mucho. Es increíble que en este centro urbano y las zonas aledañas, se lean sobre política y temas agropecuarios. Es bonito ver que la gente a pesar de vivir tan lejos se instruye y aprende”, concluyó Rodríguez. De hecho, existen bolsas por las veredas donde dejan libros colgados para que las personas lean y los regresen. Confían en la buena fe de la gente. 

En la unión con 40 casas, tres calles y 100 habitantes, la música se siente. No solo están formando un Proyecto filarmónico Escolar sino que construyen ciudadanía. Sumapaz es un ejemplo de que entre el ordeño y los cultivos, se puede hacer arte. 

 

 

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