La osadía de ser mujer rural en Colombia

septiembre 04 de 2018

Las mujeres y los hombres del campo comparten la pobreza y los bajos niveles de educación. Pero a la hora de revisar las precarias condiciones en oficios e ingresos, ellos les llevan ventaja.

La osadía de ser mujer rural en Colombia

| El 35 por ciento de las mujeres que habitan en zonas rurales no han recibido ningún tipo de educación formal. | Por: José Darío Puentes


Por: Bibiana Mercado
BibianaMercado

En Colombia ha hecho carrera la frase según la cual las cifras hablan por sí solas. SEMANA RURAL se dio a la tarea de hablar con distintas organizaciones internacionales y nacionales para recoger los datos que hay sobre la situación de las mujeres que viven en campo, no solo porque el tema de género es recurrente cuando se habla de ocuparse del desarrollo rural, sino porque esta semana se puso de relieve su papel cuando Agrofuturo, la feria que en un mismo espacio integra el conocimiento, la tecnología y los negocios del sector agropecuario del país, decidió abrir su IX Foro Internacional Ganadero con la exposición de dos mujeres que le hablaron a un auditorio mayoritariamente masculino sobre un tema del que por lo general solo hablan los hombres: la ganadería.

Lo dicho allí por la neozelandesa Traci Houpapa y la uruguaya Virginia Serra muestran que cuando un país tiene la decisión política de incluir a la mujer en la economía local logra cosas extraordinarias, como las metas alcanzadas en este país de la Oceanía donde ambas expertas trabajan en ese renglón. Allá, las mujeres maorís lideran sus tribus, empresas y emprendimientos agrícolas en todo el país. Se estima que la economía maorí representa 40.000 millones de dólares y un segmento importante lo integran los lácteos, carne, pescado, cultivos de hortalizas, uvas y bosques y energía geotermal.

¿Es posible que Colombia acaricie este sueño? Para responder esta pregunta, hay que revisar en qué lugar y en qué condiciones se encuentran las mujeres y niñas rurales.
 

Las mujeres en las zonas rurales, en su mayoría, no son propietarias de los predios en los que trabajan, pero muchas de las que sí tienen su propio terreno lo obtienen como herencia. © CORTESÍA RECONCILIACIÓN COLOMBIA-PATRICIA CASTELLANOS


 

¿Cuántas son?

Según proyecciones del DANE, se estima que de las 25.501.149 mujeres que hay en Colombia, 5.442.241 viven en las zonas rurales. Y, según datos de la Dirección de la Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, el 20 por ciento de ellas son indígenas (53.1 %), afrodescendientes (46.4 %), palenqueras (0.2 por ciento), raizales (0.1 %) y del pueblo gitano (0.1 %).

Un porcentaje alto de las mujeres rurales (37.4 %) se encuentra en condición de pobreza, frente a un porcentaje mucho menor (12 %) de las mujeres que en las ciudades vive en esa misma condición.

En el campo, la mujer y el hombre comparten los mismos niveles de pobreza, que son mayores a los registrados en las ciudades. Aunque sigue siendo alto, desde 2010 este porcentaje ha ido cediendo.
 


Las mujeres y niñas en el campo siguen ocupándose de tareas propiamente domésticas, en parte porque los hombres asumen las faenas duras relacionadas con la agricultura, ganadería, pesca, minería y tala de árboles y, en parte, porque esta división del trabajo es más un fenómeno cultural. Tanto los hombres como las mujeres que viven en la zona rural consideran que la casa es cosa de mujeres.

Un reciente estudio del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes encuestó a 1.391 personas en la Macarena-Cagüán, Andén Pacífico, Bajo Cauca y Cordillera Central, cuatro de las 16 regiones de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). Encontraron que 6 de cada 10 colombianos que fueron entrevistados no están de acuerdo con modificar los roles de género tradicionales. “Tanto hombres como mujeres que habitan en las zonas de posconflicto, rechazan la idea de flexibilizar los roles tradicionales atribuidos a hombres y mujeres (la mujer como proveedora económica y el hombre a cargo de las labores domésticas y el cuidado de los hijos)”, dice el estudio.

Pero, además, estas labores desarrolladas por las mujeres son las que no reciben remuneración -quizá porque se consideren ‘obligación’ de ellas-. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del DANE indica que estas dedican por lo menos ocho horas del día a actividades por las que no reciben ninguna paga, frente al tiempo mucho menor que le brindan los hombres (tres horas).
 


Qué pasa con la educación y la actividad productiva

¿Estas mujeres están educadas, integradas al sistema productivo y participan de espacios de esparcimiento o en el que pueden tomar decisiones? Pues su situación de pobreza, que va más allá de revisar simplemente sus ingresos, es el abrebocas de lo que sucede en estos otros aspectos.



Según el Programa de Jóvenes Rurales, los departamentos donde más se forman las mujeres rurales son son Antioquia (11,86 % ) y Valle (9.94 %). © CÉSAR GARCÍA


 


Según el Programa Jóvenes Rurales, los departamentos donde más se forman las mujeres jóvenes, a través de la oferta SENA y, a la vez, donde se reporta una mayor participación de estas en unidades productivas son Antioquia (11,86 % del total nacional); Valle (9.94 %); Cundinamarca (8.95 %); Huila (8.05 %); Santander (6.93 %); Córdoba (5.28 %); Nariño (5.13 %) y Cauca (4.29). Pero la tenencia de la tierra, que recae principalmente en los hombres, hace que las mujeres rurales vean restringidas ofertas estatales como la asistencia técnica, el acceso a maquinaria y, obviamente, la obtención de créditos. Pues claro, la posesión de la tierra a cargo de los hombres no les favorece.

El Censo Nacional Agropecuario de 2014 señala que las decisiones sobre la producción de las Unidades Productoras Agropecuarias la toman los hombres 61.4 % seguidos por las mujeres 26.0 %. El 12 % de las decisiones son tomadas entre hombres y mujeres.
 

La mayoría de las actividades no remuneradas que se realizan en el campo son ejecutadas por mujeres. © JOSÉ DARÍO PUENTES 


 

Visitación Asprilla, directora de la Dirección de la Mujer Rural, advierte que las instituciones dan prioridad a las mujeres cabeza de familia de los estratos más pobres de la población, a las trabajadoras del sector informal y a las madres comunitarias del sector rural, pero, sin duda, su condición sigue siendo muy vulnerable.

De hecho, la Agencia de Desarrollo Rural –ADR-, anunció que trabajará las recomendaciones que acaba de hacerle una consultoría apoyada por ONU Mujeres de incluir aspectos tan sencillos como el cambio de horarios en los servicios que ofrece a la comunidad rural para reducir las barreras que impiden a las mujeres participar.
 


El presidente Iván Duque dio una señal decidida por empoderar su posición en la sociedad no solo con la escogencia de su Vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, sino al cumplir la promesa de campaña de reservar la mitad de su gabinete ministerial a las mujeres. Si Colombia quiere trabajar por ellas, se necesita ir más allá de protegerlas de la violencia, lo que ya de por sí es un reto. La idea es también trabajar por su participación e independencia patrimonial.
 

¿Qué pasa en América Latina y el Caribe?

40% 
de las mujeres rurales mayores de 15 años carecen de ingresos propios, a pesar de realizar múltiples trabajos

18%
de las explotaciones agrícolas es manejado por mujeres, sin que ello signifique que sean propietarias de esas tierras

Fuente: ONU Mujeres

P O R :  Bibiana Mercado


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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.