La paz que vale oro en Buriticá

agosto 06 de 2019

Una iniciativa de la Fundación Ideas para la Paz puso a un minero de Buriticá y a una gerente de la minera Continental Gold a intercambiar roles como un experimento social para generar confianza entre ambos actores. El reto no es fácil en medio de un municipio que ha vivido una fuerte pugna por el oro que esconden sus montañas. Este es el resultado.

La paz que vale oro en Buriticá

| Neblina llega a la montaña y a las minas de Buriticá. | Por: José Miguel Gómez.


Por: José Miguel Gómez





Sobre las 8:35 de la mañana una pesada niebla se posa sobre las montañas de Buriticá como una especie de guardiana del oro que allí se encuentra y que cubre por unos instantes las cicatrices que ha dejado la minería ilegal en este territorio antioqueño. Junto con la bruma llega también Claudia Uribe, gerente de formalización de la minera internacional Continental Gold, a una de las asociaciones mineras llamada San Román. 

Se pone el casco, los guantes, el tapabocas y, como un minero más, agarra la pala y comienza a echar de un lado a otro el mineral extraído en el turno del día anterior. Sus compañeros sostienen una sonrisa muda mientras imaginan la figura de John Albeiro, jefe de la plaza San Román, que debería estar allí en lugar de Claudia. Con un poco de esfuerzo, pero con bastante ahínco, la gerente no se rinde en sus primeros momentos como minera. Al cabo de varios minutos unas leves gotas de sudor deslizándose por su frente le advierten sobre un inminente descanso que debe tomar para no agotar todas sus energías. Se sienta, respira y observa la destreza de sus homólogos. 

Casi que en simultáneo, John Albeiro, minero jefe de la asociación San Román y líder político en la comunidad buritiqueña, salta a los zapatos de Claudia para ejercer, por un día, como gerente de formalización de la multinacional que opera en Buriticá. Junto a un equipo técnico, visita cada uno de los proyectos de formalización minera del sector para revisar su estado y hacerle seguimiento a los procesos de las asociaciones. Por varios instantes, deja de ver únicamente las necesidades de su empresa y comienza a percibir que las demás también presentan problemas que deben ser resueltos. Sus habilidades gerenciales se ven desafiadas. 

 

 La planta minera ‘San Román’ es probablemente una de las más avanzadas entre todas las formalizaciones en Buriticá. ©José Miguel Gómez. 

 


Este intercambio de roles hace parte de un experimento social llamado ‘Laboratorios de empresas y reconciliación’ liderado por la Fundación Ideas para la Paz (FIP) y financiado por USAID. Con ellos se busca mejorar las relaciones entre el sector privado, las autoridades locales y las comunidades a partir de la generación de oportunidades de diálogo, escenarios de reconciliación y ejercicios de empatía.

La organización comenzó a trabajar en 2017 en tres regiones del país: Cañón del Porce, Buenaventura y Buriticá, lugares donde los peces grandes y los peces pequeños intentan aprender a convivir juntos en un mutualismo sano y sostenible. En el caso de Buriticá la tensión entre los pequeños mineros y Continental Gold tiene su origen casi una década atrás. 

 


 

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De la informalidad a la incertidumbre
 


En 2010 la multinacional Canadiense adquirió el título minero sobre las montañas buritiqueñas. Un par de años más tarde, los resultados de un estudio que confirmaba la riqueza de este mineral bajo tierra se filtraron en internet, lo que generó una horda de familias de todos los rincones de Colombia hacia el pequeño municipio que apenas albergaba unas tres mil personas. En búsqueda de la gallina de los huevos de oro, alrededor de 20.000 ciudadanos llegaron para asentarse a como diera lugar y abrir su propia bocamina. 

La pugna por el oro trajo consigo las dinámicas sociales que se mueven en torno a la práctica informal e ilegal de la extracción de este mineral: extorsión, violencia, hacinamiento, contaminación y prostitución. Todo esto bajo el comando del Clan del Golfo. Buriticá se plagó de túneles subterráneos, como un gran hormiguero de 22 kilómetros, con 300 bocaminas en terreno ajeno que escupían inmisericorde el mineral.

 

La minería ilegal no se compadece del medio ambiente. Con cada extracción de mineral, quedan residuos de roca y tierra, los mineros informales tiraban todo en esta quebrada hasta que, luego de mucho aguantar, murió. Se secó por completo. ©José Miguel. 

 


Los capos cobraban el diez por ciento de la renta que le dejara la extracción a cada minero. Luego de una jornada, los obreros podían pasar a pocos metros a los burdeles improvisados hechos a la medida, acto seguido, unos metros más allá, seguro se encontraban una discoteca, un bar o una heladería donde continuaban con el bacanal. Oro, mujeres y alcohol. Hacinados en las laderas, robaban la energía y el agua para abastecerse diariamente. El escenario era una especie de gueto voluntario, todo, por amor al oro. 

En 2016 Continental Gold pidió un amparo administrativo, contemplado en el código de minas, el cual le da la facultad de solicitarle a la alcaldía que suspenda las actividades de terceros ajenos al predio. Inicialmente esta medida fue rechazada por toda la comunidad. Se quejaban de que un pez gordo de la minería llegaba a un municipio para exprimir su riqueza y dejar sin trabajo a la población. Ese mismo año la multinacional recibió de nuevo el control sobre ese territorio y comenzó el proceso de cierre de las bocaminas. 


 


 

 En Buriticá se cerraron 300 bocaminas ilegales que estaban en el título minero que había comprado Continental Gold desde 2010. ©José Miguel Gómez. 

 

 

Haciéndose pasito

 


Para esto fue necesario una intervención integral por parte de la Secretaría de Minas, Secretaría de Gobierno, la Alcaldía, 1.300 policías y 400 soldados. A pesar del cerco militar que vivió el municipio, no se tiene registro de confrontaciones violentas o muertes a causa de la intervención. De una manera pacífica se lograron cerrar las 300 bocaminas, desmantelar los prostíbulos y bares clandestinos. Un proceso integrado por un operador logístico, psicólogos y trabajadores sociales que se encargaron de ir puerta a puerta para verificar el lugar de origen de cada familia, ofrecerle un kit de supervivencia para unos días y un transporte de regreso hasta su pueblo natal. Solo quedaron los buritiqueños de pura sepa y los que lograron mostrar un verdadero arraigo por ese territorio. 

Este cuadro plasmaba a primera vista que iban a devorar a los pequeños mineros, pero de fondo, el panorama mostraba una lucha contra la minería ilegal, la criminalidad y el daño al medio ambiente. Continental Gold asumió el reto de trabajar con y para la comunidad. A los mineros informales que decidieron dar el salto hacia la legalidad, la multinacional les ayudó a conformarse formalmente ante la cámara de comercio, afiliarse a la seguridad social como independientes, tener una planeación financiera mensual y no del día a día, incluso pagó cursos de escritura y lectura para reducir el índice de analfabetismo en el sector. El resultado hasta ahora son siete asociaciones mineras formalizadas que operan en el título de la multinacional con un modelo de subcontratación, es decir, se les paga un costo por operación y no por el oro, que por derecho le corresponde a Continental. Con este modelo se ha logrado impactar un total de 540 personas y la contratación de 120 mineros.

¿Por qué tanto tan bueno? “Las mineras deben cumplir con obligaciones ambientales y sociales, es decir, una empresa minera no puede llegar única y exclusivamente a explotar los recursos del lugar, sino que necesariamente tiene que aportar a la comunidad donde ejerce su actividad minera", explica Susana Escobar Gaviria abogada con experiencia en el sector minero. Tener a los pequeños mineros de su lado resulta mejor que tenerlos en su contra. 

 


La Corte Constitucional le ha abierto la puerta a que sean las mismas comunidades quienes, a través de una consulta popular, puedan decidir sobre la viabilidad de los proyectos mineros en su territorio. Sin bien la etapa para hacer una consulta popular en el caso de Buriticá ya pasó, pues el proyecto ya se encuentra en ejecución, la trabajo con la comunidad ha permitido que haya una contención social importante y que, por ejemplo, no se hagan paros mineros que podrían generar altos costos a la multinacional.

 

***


De fondo se escucha a Rafael Orozco salir de un viejo radio pegado a uno de los postes que sostiene el techo bajo el cual Claudia y su equipo empacan el mineral en costales. Claudia echa, otro sostiene, el otro pesa. Luego de varios costalados, momento de una pausa. 

- “Estamos más organizados que antes”, dice uno de los mineros arrastrando el lenguaje en honor al buen acento paisa. 

- “En uniformes, en prestaciones sociales, seguridad social... En todo”, le replica su compañero.

- “Cuando eso a usted no le daban uniforme, yo pensaba cuando se me acababan las botas, porque no había con qué comprarlas... Ahora sí está bueno eso”, añade sin nostalgia.

- “Hay muchos beneficios”, agrega su compañero.

 

Cerca de las 10 de la mañana es momento para un refrigerio. En esta oportunidad, Claudia es dotada de un poderoso fiambre envuelto en hoja de palma. No es capaz con todo y se ve obligada a compartirlo. Las porciones corresponden a lo que un minero promedio necesita para llenar el estómago y recobrar fuerza para continuar con la jornada.  Con esto Claudia se prepara para atender una reunión en la comunidad donde John Albeiro es líder, mientras él toma rumbo hacia una de las asociaciones mineras que más problemas ha tenido últimamente.

 


 


John Albeiro, acompañado de su equipo técnico y escoltado por un guardia de seguridad, se abre camino entre laderas, pendientes y bajo el sol abrasador del casi medio día hacia la mina Los Naranjos, que semanas atrás sufrió un derrumbe rocoso que tapó por completo la bocamina. Ahora los mineros trabajan en reabrir una nueva entrada a pocos metros de la anterior para continuar con sus labores. Este hecho corresponde al dicho popular que corre entre los buritiqueños: “En Buriticá, donde usted haga un hueco, saca oro”. 

Normalmente, la gerente de formalización visita los proyectos mineros con el ánimo de ayudarles a perfeccionar sus procesos técnicos y laborales. “Doña Claudia, es que necesitamos más madera para hacer las bisagras” o “Doña Claudia, necesitamos construir un camino allí”. Cada planta le presenta sus peticiones. En el caso de Los Naranjos, John Albeiro hace la inspección técnica al interior de la mina y escucha los avances de ese proyecto y las necesidades de los obreros. 

“Doña Claudia”, dijeron los mineros entre risas mientras se referían a John Albeiro, apegándose a la dinámica de cambio de roles, “necesitamos que nos traiga al minero de San Román de la vez pasada, ese sí que sabe de esto, nosotros lo queremos mucho y necesitamos que nos ayude, que venga tres, cuatro, cinco días”. 

“Voy a tomar atenta nota de su solicitud”, John Albeiro se limitó a responder lo políticamente correcto.
 

Vista panorámica de las montañas de Buriticá/ Vista de la planta de la Continental Gold. ©José Miguel Gómez. 


Con esto John Albeiro puede notar a lo que se enfrenta Claudia Uribe cada que va a una mina. Todos tienen necesidades y creen que son las primordiales. John Albeiro reflexiona y se pregunta “¿Y quién le paga el día a ese minero, que no es de esta mina ? ¿San Román? No le van a pagar a un minero para que trabaje para otros ¿Los Naranjos? Debido al derrumbe ya no están teniendo ganancias, no hay plata ni para los mineros de esa mina ¿Continental? Ya lo hizo una vez y ahora hay otras prioridades que atender”. 

De regreso John Albeiro y su equipo se disponen a almorzar, esta vez ya no con ‘coca’, sino en la cafetería de la planta de Continental. Hacen fila, toman una bandeja, piden al gusto y se sientan a disfrutar de lo que se conoce como un menú ejecutivo. A las 2:00 de la tarde tendría lugar una reunión de seguimiento técnico con los jefes de cada una de las plazas mineras formalizadas, John Albeiro tendría que comandar esa reunión. 

“Esto no es fácil, a Doña Claudia le toca tomar decisiones bastante comprometedoras, no es tan fácil, aparte de ser parte de una formalización, tiene que tener otros roles, como hacer parte de un equipo técnico de proyectos, hay unos proyectos productivos que tienen bastantes dificultades, ella debe estar bastante preocupada”, reflexiona John Jairo sobre el  ejercicio que tiene que hacer Claudia como gerente. 

La reunión salió bien, frente a cada situación presentada por los jefes de planta, John Albeiro no podía más que decir que tendrían en cuenta sus inquietudes, comprometerse a atender cada una de las necesidades... Sería entregarle un plato de ‘chicharrones’ cuando Claudia retomara su puesto. 

 

***


En la tarde la FIP organizó un conversatorio donde los participantes de los laboratorios tuvieron la oportunidad de contarle sus experiencias al resto de la comunidad. A las 4 de la tarde llegan Claudia y John Albeiro a un salón de la curia del pueblo. Del techo cuelgan multitud de pequeños panales de avispas caza arañas. Junto a ellos arriban otros cuatro participantes que en días anteriores habían hecho un intercambio de roles en otros cargos.

Uno a uno cuentan la experiencia de haber estado en los zapatos del otro. Los buritiqueños, entre ellos mineros, barequeros y madres comunitarias, pudieron entender las realidades que viven los altos cargos, la responsabilidad que sobre ellos reposa y vieron los esfuerzos que se hacen para tener una mejor convivencia con la comunidad.

 

 Claudia asumió el papel de John Albeiro. Su papel, habitualmente, es liderar la logística de la planta minera, sin embargo, en muchas ocasiones ayuda con todo el trabajo físico. ©José Miguel Gómez. 


Por su parte los directivos reconocieron el arduo trabajo que enfrentan día a día los pequeños mineros que se sumaron a la formalización. No es sencillo. Aparte del esfuerzo físico de cargar costales, amontonar mineral con la pala, estar todo el día bajo el sol barequeando en el río o de preparar cientos de refrigerios, los lugareños aún se enfrentan a las amenazas del Clan del Golfo que busca de una u otra manera recuperar el control sobre la zona. Cada día los mineros caminan a su suerte desde las veredas hasta el terreno de Continental, expuestos a una bala, una extorsión o  una amenaza. 

Luego de varios años de alta tensión entre los habitantes de la zona y la multinacional, Buriticá se perfila como uno de los territorios donde la paz está mostrando sus frutos. Luego de una intervención sorprendentemente pacífica y la interacción entre las comunidades hoy se ven los resultados de todo el esfuerzo. 

Asímismo, al cierre de los laboratorios la Fundación Ideas para la Paz pudo concluir que de las tres zonas intervenidas, Buriticá cuenta con el nivel más alto de confianza, con un 0.63 sobre las demás regiones que arrojaron un 0.52. Aún queda mucho por trabajar, especialmente con las autoridades locales. 

El cuadro final de la jornada es una carta leída en voz alta dirigida al par que jugó el rol contrario durante ese día. Un abrazo y sentidas palabras cerraron la actividad con broche de lo que más se saca de las tierras buritiqueñas, oro. 


 

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