La reactivación económica pide campo

noviembre 10 de 2020

Juan Carlos Elorza, director del sector productivo del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), habló en la #GranCumbreColombiaRural sobre la importancia de apostarle al campo en la agenda de reactivación económica post pandemia..

La reactivación económica pide campo

| | Por: Archivo Semana Rural


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

 

 

Edilma Pereira (EP): ¿Cómo le fue al sector rural en la pandemia? Porque, a diferencia de lo que ocurrió en otros sectores productivos, en las grandes ciudades colombianas que estuvieron cerradas, en el campo no se vivió tanto este encierro y continuó la actividad productiva. ¿Esto pudo haber ocultado algo de la realidad de lo que se vive en el sector rural del país?

 

Juan Carlos Elorza (JE): Sí, Edilma. Como tú lo mencionas, el sector agrícola particular, para no hablar de la ruralidad general, tuvo un efecto ambiguo producto de las medidas de confinamiento tras la pandemia del covid. Muchas de las actividades agrícolas y agropecuarias mantuvieron una dinámica producto de que las cadenas agroalimentarias tenían que continuar. La gente estaba encerrada en su casa pero tenían que seguir comiendo. 

 

En ese sentido, sin duda fue una de las que, desde el punto de vista productivo, menos impacto recibió. Sobre todo si la comparamos con otras actividades que sufrieron mucho como el transporte aéreo o el turismo, que fue inicialmente el sector más golpeado por la pandemia.

 

Eso no quiere decir que todo haya sido un jardín de rosas para el sector productivo rural, porque en medio de la crisis que generó un paro importante, las cadenas de pago en muchos casos se interrumpieron. Canales tradicionales que tenían los agricultores colombianos y de otras partes, algunos siguieron funcionando, pero otros se rompieron. Y en realidad, la ambigüedad de los efectos tiene mucha relación con elementos, debilidades, fragilidades que desde antes existían en el sector. Uno de ellos es la informalidad y cómo llegar, por ejemplo, a recursos financieros. 

 

EP: Juan Carlos, quisiera que habláramos justo de este tema de la informalidad, porque esta pandemia ha revelado ese fenómeno tan grande que afecta a la economía agropecuaria. ¿Cómo reducir esa informalidad? 

 

JE: En el CAF estamos trabajando desde ya hace varios años en políticas y estrategias que fomenten la productividad en la región. Allí encontramos que la informalidad es una de las barreras fundamentales para ese desarrollo. Y no es un caso especial de Colombia, toda la región tiene una dimensión de informalidad enorme.

 

Por ponerles un dato muy redondo, la mitad de la fuerza laboral de América Latina se desempeña de manera informal. 

 

Más allá de las unidades productivas un poco precarias, más allá de la tendencia a no hacer contribución tributaria, ni de salud, etc. (que se ve también en la zona urbana) en el sector rural tenemos un factor adicional que empuja a la informalidad: el tema de la tenencia de tierras. Casi el 60 por ciento de los predios productivos de Colombia tienen alguna situación de informalidad, lo que dificulta que quienes lo habitan, lo producen o quisieran ponerlo a producir, accedan a servicios formales de la comunidad. Eso es un elemento muy complejo que demanda una multiplicidad de políticas de cara a tratar a aliviar esa informalidad, y uno de esos, desde el punto de vista rural, tendría que ser una importante gestión en materia de formalización de predios.

EP: En ese sentido el país está desarrollando muchas políticas para lograr esa formalización de tierras, pero más allá de la formalización de tierras, ¿no es un tema más cultural? ¿De que nos acostumbramos a no pagar impuestos o a desregularizar cosas que en otros sectores se han regularizado más rápido?

 

JE: Desde el punto de vista del análisis de la informalidad uno encuentra muchas causas. Siempre aducimos el tema cultural, que en realidad tiene que ver más con la costumbre que con la cultura. Mucho de eso depende también de la relación lejana del Estado con un sector rural profundo que no tiene mucha modernidad. Porque en Colombia también hay un sector rural bastante empresarial, muy formalizado y de altura mundial. 

 

Hace unos años se adelantó esta reforma que permitía las sociedades simplificadas y eso facilitó que una gran cantidad de unidades productivas entraran en el sistema formal. 

 

Muchas veces la regulación impide que los agentes se incentiven a ser partícipes de la formalidad. Uno quiere participar de la formalidad en la medida en que ve que ser formal le trae beneficios de retorno por parte del aparato estatal, en salud, carreteras, todo tipo de servicios públicos. Si no los ve directamente, es difícil que se incentive el proceso de formalización, que normalmente implica pagos de obligaciones, de impuestos, etc. que, si no tienen rédito inmediato o visible para la gente, va a ser difícil que tomen la decisión de formalizarse.

 

En ese sentido, es muy importante generar una comunicación mucho más cercana, llegar más a estos sectores, mostrar de manera efectiva cuáles son los beneficios de participar en la formalidad. Los sistemas de salud, por ejemplo, son un elemento fundamental para ilustrarle a la gente la importancia de participar en el sistema formal. 

 

EP: Juan Carlos, ustedes tienen muchos estudios muy interesantes, han investigado mucho este tema y entiendo que tienen unas estrategias de empresarización en el campo que están impulsando desde el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). ¿Cuéntanos detalles de estas estrategias y cómo adaptarlas al país?

 

JE: Sí, de hecho ya tienen una expresión de adaptación al país de la mano de la oficina de CAF en Colombia. Desarrollamos un proyecto muy interesante en alianza con la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), a través de la cual estamos fortaleciendo capacidades a algunos actores críticos en el sector rural como son los gremios empresariales, que son la expresión de las necesidades de estos productores en el campo.

 

Transferimos capacidades de manera que estas agremiaciones puedan, a su vez, transferir a sus afiliados o a sus potenciales afiliados algunas herramientas críticas para mejorar la calidad, la gestión, y para entender cómo funciona una concepción empresarial de una actividad productiva. Desde capacidades para desarrollar contabilidad mínima hasta habilidades para entender cómo gestionar recursos financieros a la hora de saber cómo se gestiona un crédito. Son elementos muy sencillos que muchas veces los productores en el campo no tienen claros.

 

 

EP: ¿Es básicamente asociatividad?

 

JE: Sí, asociatividad y capacidad de gestión empresarial. La asociatividad permite llegar a muchos productores, pero hay que transferirles capacidades para que puedan generar una empresa y conseguir una actividad empresarial. 

 

Es muy distinto a producir X producto, llevarlo a un mercado a ver cuánto me pagan. No, hay que ver cómo son las cuentas, cuánto me gasté en los insumos, cuánto debo cobrar, en lugar de esperar que me digan cuánto me ofrecen. Una serie de estrategias muy básicas que muchas veces los productores no tienen. Esto en un escenario de un sector rural bastante dual que tenemos en Colombia. En el otro extremo tenemos un sector rural muy moderno que también se ha convertido en un socio de esta actividad en la medida que nos ayudan a transferir, a través de las cadenas agroindustriales, capacidades para los proveedores.
 

EP: De alguna manera, para romper esa cadena de informalidad, es sabido que el tema financiero es la clave. ¿Cómo lograr que el sector rural informal tenga acceso al crédito? ¿Qué instrumentos podrían diseñarse para llegar a esa Colombia rural que no tiene esa cobertura?

 

JE: Eso es algo que venimos trabajando muy de cerca con el gobierno hace varios años, alrededor de la formulación de un sistema de gestión de riesgos.

 

El sector rural, agrícola, agroindustrial y agropecuario tiene una percepción de riesgo muy alta de cara al sistema financiero. Los bancos ven al sector rural como algo muy difícil de financiar porque sufren de una multiplicidad de riesgo mucho mayor a la de los sectores urbanos. Hay que trabajar cómo mitigar esos riesgos que encarecen la acción del sistema financiero.

 

Desde CAF trabajamos en una estrategia profunda que administre todos los riesgos que deberían considerarse a la hora de darle tranquilidad al sistema financiero. Riesgos agroclimáticos, riesgos sanitarios y de calidad, financieros y lde mercado. Es muy importante el desarrollo de información y en eso también estamos trabajando.

 

EP: ¿Crees que es suficiente con fortalecer el tema de riesgos? ¿El sistema financiero está en capacidad de atender esas necesidades de los productores informales de la manera en que está concebido?

 

JE: El mercado financiero tiene dos componentes: la oferta, que tiene sus limitaciones y es con la que estamos trabajando la información para que ellos puedan hacer una evaluación certera. Pero también está la demanda, y por más que te esfuerces en mitigar riesgos, no hay ningún sistema financiero formal que asuma las responsabilidades financieras de un sector informal. Se requiere una gran cantidad de esfuerzos alrededor de la formalidad. El primer gran beneficio de la formalidad es acceder al sistema financiero casi inmediatamente.

 

Supongamos que llevamos a todos a la formalidad, no es suficiente que sean formales, porque el sector financiero va a hacer una evaluación de riesgos. En América Latina hay una brecha muy grande sobre eso, que tiene que ver con las dificultades de quien demanda recursos financieros como productor para poder gestionar esos recursos y presentar un proyecto financiable. Por eso, después de la formalización, generar capacidades en los productores ayuda a cerrar la brecha de financiamiento.

 

Por otro lado, está la oferta: trabajar sobre la disposición que tienen los entes financiadores  y otros agentes del mercado, para financiar a los productores del campo.

 

EP: Con todos los riesgos, uno pensaría que el sector asegurador debería apoyar mucho a los productores. Pero ahí también hay una gran informalidad: ¿qué hacer para que el sector asegurador tenga una oferta más acorde a las necesidades de estos productores?

 

JE: Hay elementos históricos y elementos que se pueden ajustar en el corto plazo. Estos últimos tienen que ver con lo que trabajamos en la gestión de riesgos, que permitirá una industria aseguradora mucho más eficiente, pues tiene mejor información y hace predicciones más exactas.

 

Hay otros elementos históricos más complejos que tendrán que ir transitando gradualmente hacia un sistema de mercado. En Colombia los gobiernos se han echado al hombro el tema de financiamiento del sector rural. Se crearon instituciones especializadas. Eso generó una especie de desplazamiento  del sector financiero tradicional que, de alguna manera, entendió que el negocio rural no era con ellos.

 

Cada vez más se persigue que los agentes del sistema financiero participen en el financiamiento del sector rural. En ese sentido estamos convencidos de que una estrategia alrededor de una gestión integral de riesgos permitirá que la industria de seguros tenga una actividad mucho más clara en el sector rural. Una vez que está asegurado, la aparición de los créditos será mucho más fácil.

 

EP: En el campo las mujeres y los jóvenes tuvieron un impacto muy fuerte por la pandemia ¿Crees que se necesitan instrumentos de financiación especiales para estos dos tipos de población que pareciera tener más riesgos?

 

JE: En un escenario ideal, a futuro, no debería concebirse una política en la que se diera una preferencia a mujeres y jóvenes para recibir financiamiento. Pero actualmente están en desventaja por factores en que sí aplica el tema cultural.

 

Se han hecho estudios de laboratorio muy claros en los que los agentes de crédito se enfrentan a solicitantes de ambos sexos y es muy claro a favor del sexo masculino. Lo mismo sucede con los jóvenes. Sí hay que crear algunas condiciones favorables que permitan mejorar el acceso de mujeres y jóvenes al sistema financiero.

 

Hay otra dimensión, ¿cuáles son las mujeres que deben recibir crédito? ¿solamente aquellas madres de familia que tengan alguna condición de vulnerabilidad? No, la verdad es que uno ve en el sistema financiero un sesgo enorme en contra de las mujeres, incluso mujeres empresarias que también sufren ese sesgo. Estamos convencidos de que una estrategia de apoyo es necesaria.

 

EP: En el caso de las personas que no tienen la titularidad sobre sus tierras ¿qué tipo de instrumentos podrían diseñarse?

 

JE: Hay mecanismos que existen en la región y que permiten financiar con base en otros activos que no necesariamente son la tierra. El mismo producto, garantías mobiliarias, el ganado, permiten que productores puedan poner como garantías en los créditos, activos diferentes a las tierras.

 

Para ello necesitamos un sistema financiero más flexible alrededor de este tipo de garantías. Para juntar los dos temas, las desventajas de las mujeres en el sector rural se hace mucho más complejo a la hora de recibir financiamiento pues más de dos terceras partes de los predios en el mundo están en cabeza de titulares hombres, por lo que a las mujeres se les dificulta mucho más tener garantías para obtener un crédito.

 

EP: ¿En qué temas de innovación deberíamos trabajar más para cerrar estas brechas?

 

JE: Hasta marzo, se perfilaba muy clara la necesidad de incorporar las tecnologías modernas en el desarrollo de productos financieros y canales financieros. Hoy en día, una de las consecuencias de la pandemia fue la aceleración de ese proceso que ya se veía venir. Hay muchos elementos a la mano que podemos utilizar: el manejo de Blockchain, las cadenas que permiten verificar una gran cantidad de operaciones, temas de algoritmos que facilitan la evaluación de los riesgos al adquirir un crédito. Hay casos en Colombia de entidades que ya trabajan sistemas algorítmicos a través de los formularios de solicitud de créditos virtuales que permiten identificar que la persona es buena paga.

 

La incorporación de tecnología hoy es fundamental para desarrollar. Eso lo están desarrollando bancos y otras entidades como las denominadas Fintech, que tienen un panorama por explotar muy grande en el mercado financiero.

 

EP: La pandemia nos hizo poner otra vez los ojos en el campo. ¿Tú crees que vamos a aprovechar esa oportunidad? ¿Qué hacer para que nos demos cuenta de la importancia del trabajo de los campesinos y productores?

 

JE: Tengo la esperanza de que a través de dos elementos se observe la importancia de la actividad agrícola y otras actividades rurales. Uno, las cadenas alimentarias, los alimentos que comemos todos los días vienen del campo. Pero hay otro elemento que muestra la importancia de trabajar en el campo: la sospecha del origen de la pandemia es la transferencia del mundo zoológico al ser humano. Esto nos fuerza a vigilar con estándares de calidad mucho más altos la producción del campo y a su vez exige mayor productividad, formalidad, mayor seguimiento, mayores inversiones, mayor tecnología. Por esas dos vías tengo la esperanza de que todos nos fijemos en la importancia que tiene la producción rural en Colombia.

EP: Hace unos años, los TLC eran la gran oportunidad para encontrar nuevos compradores de los productos agropecuarios. Pero el tema de la papa ha hecho poner la lupa en estos tratados ¿tú cómo ves ese tema? ¿qué tanto los TLC son los causantes de estos problemas del sector agrario?

 

JE: Está claro que los TLC son solamente una vía, un instrumento. Por supuesto es un instrumento que involucra riesgos y oportunidades. No se espera que los gobiernos y las empresas se queden dormidos esperando que algo bueno pase para poder aprovechar ese acuerdo, o no asumir los riesgos que vienen detrás de. En ese sentido, como hay algunos sectores con algún nivel de riesgo, también hay muchos que han tenido la oportunidad de prosperar y eso es lo que es importante. Hay que trabajar en las debilidades de los sectores productivos. Es muy difícil combatir efectivamente los riesgos que tienen los TLC si no solucionas los elementos de fondo: informalidad, calidad, capacidad, financiamiento y tecnología. 

 

Cuando la cosa ya está muy complicada hay instrumentos también para proteger a los productores y eso es algo que se debe observar con mucho cuidado y atención por parte de los gobiernos.

 

EP: ¿Cómo pensar el desarrollo productivo de la ruralidad más allá del sector agropecuario?

 

JE: La ruralidad en sudamérica tiene dos componentes: la gran oferta agroalimentaria y la gran oferta minera. Eso genera muchas oportunidades pero también muchos retos, que en el mediano y largo plazo establecen una condición difícil para insertarnos en los niveles de desarrollo que están acelerándose a nivel mundial. Sin duda, lo que hay detrás de esa carrera es un tema de tecnología. 

 

En la medida en que incorporemos al sector rural una cadena de producción de tecnología, vamos a poder tener un sector rural mucho más dinámico y productivo.


 

El objetivo del primer día de la II Gran Cumbre Colombia Rural es analizar la agenda para la recuperación económica del país. Además, entender la inversión que el Gobierno Nacional hará en el campo colombiano, y las necesidades de pequeños, medianos y grandes agricultores.

 

Los invitamos a conectarse con la segunda edición de la Gran Cumbre Colombia Rural a través de las plataformas digitales del Grupo Semana.

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