El Ariari, un tesoro llanero por descubrir

marzo 01 de 2018

Puerto Rico, Mesetas y Vista Hermosa, en el Meta, fueron sitios prohibidos para visitar durante la guerra. Ahora, en pleno posconflicto, le apuestan al turismo comunitario y la protección de cascadas y ríos..

El Ariari, un tesoro llanero por descubrir

| Un atardecer llanero desde Puerto Lucas, en Vista Hermosa. El río Güejar cruza el municipio desde este punto. | Por: José Puentes Ramos - SEMANA RURAL


Por: José Puentes Ramos
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Hace 10 o 15 años, viajar hacia la región del Ariari para turistear era imposible. Por una parte, estaba el conflicto armado, el mayor obstáculo. En los municipios de esta zona del sur del departamento, como Puerto Rico, Mesetas y Vista Hermosa, las Farc y los paramilitares se peleaban por el control territorial y el manejo del negocio de la coca. La confrontación entre ambos bandos trajo consigo vías y campos minados, desplazamiento e inseguridad. A los foráneos no se les permitía ingresar a la zona.

Por otra parte, la falta de carreteras en buen estado hacía más difícil llegar hasta estos lugares. Y aunque todavía hay rutas en pésimas condiciones —especialmente en los sectores rurales—, hace dos décadas se llegaba a estos pueblos por trochas y barriales. Hoy, las vías de acceso están pavimentadas. Cualquier vehículo entra sin que los amortiguadores terminen dañados.

 

smiley El río Güejar, a la altura de Puerto Lucas (Vista Hermosa). Una lanchero regresa a casa luego de una jornada de trabajo. | Foto: José Puentes Ramos.

 

Con la transición de las Farc de grupo armado ilegal a movimiento político, la reincorporación de sus miembros a la vida civil y la poca presencia de otros grupos armados en el Meta, la tranquilidad retornó a uno de los mayores tesoros naturales de los llanos orientales: el Ariari.

Su cercanía a la serranía de La Macarena, la diversidad en fauna, sus impresionantes cascadas y lagunas, y la fortuna de ser cruzada por el río Güejar y aquel que lleva su mismo nombre hacen de esta región un destino atractivo tanto para turistas nacionales como extranjeros.

 

smiley A la izquierda, un jóven salta desde Puente Limón hacia el río Güejar, en Mesetas. A la derecha, un lanchero de Puerto Rico arregla su embarcación en el río Ariari. | Fotos: José Puentes Ramos.

 

De a poco, estos pueblos le apuntan al turismo como alternativa a las economías ilícitas —principalmente a los cultivos— y a la violencia. Sus comunidades, principalmente dedicadas a la siembra de yuca, plátano, maíz, piña, café y cacao, y a la ganadería y la pesca, ahora quieren que los viajeros practiquen senderismo por los bosques, se bañen en los caños, les tomen fotos a sus cascadas, coman desde ‘mamona’ (o carne preparada a la llanera) hasta cachama, y borren de su cabeza la idea de que el Ariari es una zona peligrosa. Claro, todo esto sin que el ecosistema del Ariari resulte contaminado por la llegada masiva de visitantes.

Algunos líderes de los tres municipios que SEMANA RURAL entrevistó aseguran que falta bastante trabajo comunitario, apoyo gubernamental y tiempo para lograr que sean potencias turísticas del Meta como hoy lo es Puerto Gaitán, con su Festival de Verano. Pero desde ya se puede ver el potencial que escondían por culpa de la guerra.

 

 

A casi cuatro horas de Villavicencio por carretera se encuentra este pueblo que nació en la ribera del río Ariari. Es su mayor atractivo y orgullo. De sus aguas, entre cincuenta y sesenta pescadores —algunos muy jóvenes y otros ya viejos— sacan la comida y el sustento para sus familias.

Cachamas, nicuros, bagres, dorados y amarillos. Pescados de hasta cuatro arrobas o más peso se pueden capturar. “Hay gente en las orillas con el nailon y la carnada”, nos muestra Venancio Gutiérrez, un lanchero y pescador puertorriqueño. Con sus dos lanchas, Venancio recorre el Ariari llevando a los campesinos con las cosechas de orilla a orilla, pescando o paseando a los visitantes que en los últimos meses han llegado atraídos por las playas que se forman en medio del caudal de pleno verano, las toninas (delfines de río) y las terecas (tortuga terecay), que cada tanto salen del agua verde para tomar el sol.

 

smiley En el río Ariari se ve la fuana y flora típica de la Orinoquía. Delfines de río, tortugas terecay y garzas. | Fotos: José Puentes Ramos.

 

“Aquí se puede venir a pescar y luego preparar un sancocho. Solo que no se usa chinchorro (red o malla) en el río”, cuenta Esteban, el hijo de 18 años de Venancio. También es pescador. Las mallas para pescar son prohibidas porque en ellas quedan atrapadas especies fuera de las consumibles.

En los bordes del Ariari abundan los cultivos. Por un lado, yuca lista para arrancar y vender en el mercado. Por el otro, plátanos. A los lejos, unos maizales. En medio de esa despensa se oculta un sembrado de maracuyá. Y en el cielo vuelan garzas; blancas, marrones, rosadas —o como les dicen los llaneros: corocoras—. “Una vez, unas muchachas me pagaron para que las llevara a donde las toninas salen a diario y a ver garzas. Pasamos todo el día en la canoa”, recuerda Venancio.

 

smiley Esteban, de 18 años, es uno de los pescadores que pasan toda la mañana en el río Ariari. | Fotos: José Puentes Ramos.

 

Por ese mismo río está la boca o salida hacia la laguna de San Vicente. Se alimenta del Ariari y del caño El Morichito. Hay dos formas de llegar a este cuerpo de agua: por canoa, pero tarda una hora, y en carro o moto, por la vía de ingreso a Puerto Rico. Es un trayecto de 20 minutos aproximadamente.

Los atardeceres allí son impresionantes. La puesta de sol se refleja en el agua y en el cielo es una mezcla entre naranjas y azules. Cerca de la cabecera municipal está otra laguna: del Amor. Es un morichal artificial, pero ese detalle no le quita méritos. Otro atractivo natural del municipio por conocer.

 

smiley Las lagunas de San Vicente (izquierda) y del Amor (derecha). | Fotos: José Puentes Ramos.

 

 

A dos horas y media de Villavicencio queda Mesetas. Por este pueblo se puede acceder al Parque Nacional Natural Serranía de La Macarena. De hecho, antes de entrar a la cabecera municipal es posible ver el ‘Indio acostado’, como los mesetenses llaman a la silueta de un hombre que forma la sierra desde lejos. “Mire: la cabeza, la nariz, el cuello, el torso y los pies”, nos dice un campesino en medio de la carretera.

 

smiley La serranía de La Macarena desde una vía de Mesetas. Se forma la figura de un ser humano acostado. | Fotos: José Puentes Ramos.

 

Aquí el clima cambia en comparación con Puerto Rico: si allí hace calor, en Mesetas hay fuertes brisas, pues el municipio tiene una altura mayor (827 metros sobre nivel del mar, frente a los 299 metros de Puerto Rico). Estas condiciones geográficas permiten que en las zonas rurales se produzca un buen café. En los supermercados y tiendas se puede conseguir de diferentes marcas y de distintas fincas. Arbus, La Fortuna y Sucafé son algunas.

 

smiley Balneario natural de San Antonio. | Fotos: José Puentes Ramos.

 


Otro atractivo del pueblo son las cascadas, lagunas y balnearios naturales. A una hora en carro o moto están las caídas de San Antonio. El agua, que sale del caño La Cristalina, baja por una roca enorme hasta un pozo. Y gracias a las lluvias, en el invierno las cascadas son totalmente blancas, casi como una cortina. Es la temporada que Helena Jiménez, una campesina de la vereda La Libertad —donde queda este sitio natural—, recomienda para visitar.


 

 

“No se podía entrar por acá —a las cascadas— porque la zona estaba llena de cultivos de coca. Además, por el conflicto. Si no eran los unos (la guerrilla), eran los otros (paramilitares). Mejor dicho, solo entraba la gente de la región”.

Helena Jiménez, campesina de la vereda La Libertad.

 

smiley Cascadas de San Antonio. | Fotos: José Puentes Ramos.

 

 


 

Además de las cascadas de San Antonio, en La Libertad también queda un balneario natural donde algunos turistas que llegaron en la pasada temporada decembrina pasaron los fines de semana con sus familias. De acuerdo a Everardo Álvarez, secretario de la Unidad Agrícola de Mesetas, el municipio halló potencial para turismo comunitario en veinte sitios, pero solo cinco están caracterizados. Entre ellos están Telares de Cristal, Playa Blanca y, por supuesto, San Antonio.

 


 

 

 

El río Güejar, otro afluente importante para los campesinos de la región del Ariari, cruza este municipio, que queda a tres horas de Villavicencio. El puente de Puerto Lucas es el punto de división del pueblo: hacia un costado está la ruta hacia Piñalito, un sector dedicado a la ganadería y la agricultura extensiva; mientras que en el otro costado se va hacia Santo Domingo, una zona considerada como la gran despensa por los campesinos gracias a los cultivos de yuca, plátano y caña, pero también por sus recursos hídricos y las montañas de bosque semitropical.

 

smiley Un cuadro típico de Vista Hermosa: cascadas, cultivos y campesinos trabajando. | Fotos: José Puentes Ramos.

 

Al igual que Mesetas, Vista Hermosa está cerca de la serranía de La Macarena. Tan cerca que el agua de esta vasta reserva ambiental (629.280 hectáreas, según Parques Nacionales) forma varias cascadas y caños del pueblo. Quizás las más conocidas son las caídas de caño Unión y de Sardinata. Las primeras quedan entre las veredas Maracaibo y La Lealtad, a una hora y media de la cabecera municipal. El recorrido se hace en carro o moto por 30 minutos y luego a pie, por una hora. La caminata vale la pena. Las cascadas tienen 70 metros de altura y son todo un espectáculo.

 

smiley Cascadas de caño Unión. | Foto: José Puentes Ramos.

 

 


 

Las otras caídas son las de Sardinata, ubicada también en Maracaibo. Según Miguel Martínez, un residente de la vereda y miembro de la mesa de turismo del municipio, las cascadas reciben ese nombre porque son el ecosistema de las sardinas. Queda entre dos horas y media y tres horas del centro poblado de Maracaibo. Pero subir hasta uno de sus puntos altos —pues mide cerca de 100 metros— requiere de un buen estado físico, pues se atraviesa una montaña, varias quebradas, barriales y caminos pedregosos.

 


 

 

smiley Cascadas de Sardinata. | Foto: José Puentes Ramos.

 

A pesar de ser atractivos naturales que atraerían a cualquier turista interesado en la aventura o la ecología, aún no hay acceso libre a estas cascadas. El plan del municipio, como cuenta Ana María Tamayo —también integrante de la mesa de turismo—, es tener los estudios de capacidad de carga de estos lugares, pues son ecosistemas sensibles a la huella del hombre. Es decir, no se pueden promocionar hasta que las entidades de turismo y medioambiente digan cuántos visitantes pueden recibir estos tesoros naturales sin causar daños.

 

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.