abril 10 de 2018

La ruralidad y sus educaciones no están solas

Por: Adriana Soler

Para tratar de entender la ruralidad, sus dinámicas y dimensiones, es necesario ir más allá de los libros, informes, cifras e incluso más allá de las mismas entidades que, si bien contribuyen en conceptos y procesos, muchas veces desdibujan sus necesidades, que son mal entendidas y, en consecuencia, mal atendidas.

Por fortuna, hay agentes sociales que desde el contexto de la educación luchan día a día para que el campo sea reconocido y se den respuestas oportunas y eficientes a sus problemáticas. Lo hacen a pesar de los riesgos de seguridad, la falta de financiación y los miles de tropiezos a los que se enfrentan docentes, padres de familia, niños y todos aquellos líderes con los que cuentan las comunidades. Literalmente con las uñas, como decimos hoy los jóvenes, abren caminos y opciones para que las oportunidades tengan rostro y los pobladores rurales puedan acceder a una educación de calidad y diferenciada.


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Por todo ello, la Mesa Nacional de Educaciones Rurales nace como escenario y movimiento social, que representando a más de 72 organizaciones del país, a partir del IV Congreso Nacional de Educación Rural de 2016, apoyados en su manifiesto, trabajan por consolidar una propuesta de política pública para las educaciones rurales del país.

Existe una deuda con el campo, que es una realidad que pide que escenarios como el Congreso de Educación Rural lean y actúen para reivindicar los derechos de las poblaciones de las áreas rurales, teniendo en cuenta la experiencia e identidad de su base social, la institucionalidad territorial y las entidades gubernamentales a las que corresponde en esta coyuntura ver al campo como protagonista, ya que las comunidades tienen un alto sentido de pertenencia con sus territorios.

El pasado 9 de febrero se cumplió el primer año de instalación de la Mesa Nacional de Educaciones Rurales que suma ocho encuentros nacionales, nueve mesas regionales instauradas, una audiencia pública, cuatro instrumentos de trabajo y una Secretaría Técnica. Entendiendo la responsabilidad que libremente adquirió, la Mesa debe seguir impulsando este trabajo, aunar esfuerzos, trazar rutas y seguir en pie. El campo va más allá de lo que nos han contado; solo adentrándose en él es posible y justificado querer aportar en algo a esta deuda histórica.

 

POR  ADRIANA SOLER | @AdrianaSolert

Coordinadora de comunicaciones COREDUCAR

 

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