El legado de recibir vidas

mayo 17 de 2019

Gracias a sus saberes y conocimientos ancestrales, las parteras del Pacífico reciben bebés y cuidan a la comunidad. Su tradición las convirtió en lideresas y su actividad es patrimonio inmaterial de la nación desde 2017.

El legado de recibir vidas

| En la región del Pacífico hay 1.600 parteras, 254 están agremiadas en Asoparupa. | Por: Jaime Acuña Lezama


Por: Julián Sáenz
@julianS10

Espiando a su abuela por  un agujero que había hecho en el rancho donde ella trabajaba, a los 7 años vio cómo los niños venían al mundo y conoció la partería. No los traía una cigüeña como siempre le habían dicho. La curiosidad de María Brígida Rentería la llevó a cometer esa pilatuna que, por supuesto, tuvo castigo. Pero sin saberlo en ese momento, también la encaminó a su profesión y proyecto de vida.

Después de esa reprimenda, su abuela nunca le permitió seguir de cerca su trabajo. Pero ella siempre se daba mañas para hacerlo –se escondía bajo las camas o detrás de los muebles–; para ver cómo su nona preparaba menjurjes con plantas medicinales y sobaba a las mujeres que llegaban con barrigas inmensas hasta que parían y una nueva vida llegaba al mundo. 

Sin quererlo tuvo que asistir, a sus 15 años, el parto de una de sus primas, quien había escondido su embarazo a la familia. “Nació una niña. Le hice el amarre del ombligo como lo hacía mi abuela: tres dedos para las niñas, cuatro para los hombres. Fue una situación accidental porque yo realmente soy partera desde 1970, gracias a la ayuda de Crecencia Bonilla Canga, que me enseñó”, cuenta María Brígida. Hoy tiene 65 años y es una de las integrantes más respetadas de la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa). 


 

María Brígida Rentería forma parte de la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa).  © Jaime Acuña Lezama


 

Preservando saberes

Asoparupa participó desde 2011 en la elaboración del Plan Especial de Salvaguarda (PES), realizado para que estos conocimientos formaran parte de la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación en 2017, que busca preservar los saberes asociados a la partería afro del Pacífico. Tiene seis líneas de acción: el fortalecimiento organizativo; la articulación interinstitucional e intersectorial; la construcción de saberes y el relevo generacional; la atención a las parteras en la comunidad; el emprendimiento, y las estrategias de comunicación.



 

Ese primer nacimiento precedió lo que hoy es una cantidad indeterminada de bebés. “En Asoparupa ahora llevamos un registro de los niños nacidos. Yo hasta este año llevo 302, pero sin contar los que uno había asistido mucho antes, o los no registrados. Cuando había guerra y fronteras invisibles, ningún carro se metía a los barrios de Buenaventura, y menos a las zonas rurales; yo tuve semanas en que sacaba de a 20 niños”, agregó Rentería.

Como María Brígida existen en la región del Pacífico cerca de 1.600 parteras, de las cuales 254 están agremiadas en Asoparupa. Este grupo, creado en 1988 en Buenaventura, busca preservar el saber ancestral de las parteras afrodescendientes y el uso sostenible de las plantas medicinales, nutricionales y aromáticas, pues durante mucho tiempo ellas tuvieron que resistir a los señalamientos de la Iglesia o a las descalificaciones médicas. 

La partería siempre estuvo presente en las civilizaciones, y a la región Pacífica llegó con las personas esclavizadas provenientes de África. Las parteras llevan en su memoria un conocimiento profundo de los ciclos de la luna y su incidencia en el parto, de la comprensión de la tierra y sus recursos naturales. Pero con los procesos de mestizaje y evangelización también incorporaron otros hábitos o conocimientos como la creencia religiosa: muchas son católicas o evangélicas. Además, su transformación involucra las capacitaciones de los sistemas de salud y la entrada de mejores herramientas para asistir a las mujeres embarazadas.


 

Georgia Castro es uno de los pocos hombres que conservan esta tradición.  © Jaime Acuña Lezama



Al contrario de lo que muchos creen, esta labor no se limita a atender a las embarazadas. El conocimiento ancestral de los afrodescendientes del Pacífico les ha permitido asimismo brindar atención y cuidado en el tratamiento integral de la mujer y de su ciclo reproductivo: la menarquia, el ciclo menstrual, el embarazo, el parto, el posparto y la menopausia. También de otras enfermedades generales: mareos, problemas gastrointestinales, amigdalitis, afecciones respiratorias, y hasta para el guayabo tienen remedios. Adonde no llegó el Estado, ellas sí lo hicieron, y eso las convirtió en líderes en sus comunidades.

Luz Stella Cuero Valencia, coordinadora de parteras y aprendices de Asoparupa, a sus 48 años cree que todavía tiene mucho que aprender: “Lo más importante es la humanización de dar a luz, el compromiso que uno adquiere como partera que entrega todo su amor y atención al cuidado de la mujer y del niño que está por nacer. Todos los nacimientos son una experiencia diferente; todas las mujeres son un  mundo distinto”.

Las parteras generan un vínculo no solo con la embarazada y su hijo, sino también con la familia en general, y eso lo reconoce la población, que las respeta y acude a ellas en caso de otras necesidades. Por eso es fundamental el relevo generacional, que no tiene un tiempo determinado; no es como ir al colegio, a la universidad o completar un curso. Es un proceso en el que la principiante se dedica por años a aprender de su maestra sabedora: observa, aprende, practica y conoce el uso de plantas. Al final, la partera decide si bautiza o no a su aprendiz.

 



«Cada partera tiene su forma de atender un parto y ha procesado diferentes conocimientos de sus ancestros, y tiene sus pringues, gárgaras, emplastos, baños o tomas. Sin embargo, en Asoparupa los sábados sagradamente hay un encuentro de parteras, que vienen con sus aprendices, y se realizan diálogos de saberes para transmitir sus experiencias. Tenemos grandes parteras como Rosminda Quiñoñes, Liceth Quiñones, Brígida Rentería, Leonida Hurtado, Carmina Arrechea, entre muchas otras»
 


Cuero Valencia




Antes había un distanciamiento entre la medicina y la partería, pero ahora se han estrechado sus lazos. En la actualidad, cada mujer que decide tener su bebé con una de estas matronas le presenta su control prenatal y ellas hacen un seguimiento periódico a la gestante con el fin de evitar embarazos riesgosos. Sin desconocer su tradición, ellas se articulan cada vez más con el sistema de salud, que también las reconoce como un soporte en los territorios y las capacita. Este tipo de integración permite generar acceso real a servicios de salud en la ruralidad colombiana.

“Lo más importante es la vocación. Cualquier persona puede querer ser partera, pero se necesita dedicación y amor. Esta práctica respeta la decisión de la mujer, que decide cómo parir, dónde, si quiere o no gritar, si quiere caminar, si quiere parar o quiere comer. Ella decide todo, porque en ese momento lleva el proceso de formación de una vida”, concluyó Luz Stella Cuero.


 

Muchas de las parteras encomiendan su trabajo a San Ramón Nonato, el patrono de los partos.  



Plantas medicinales, aromáticas y alimenticias

 

 Enfermedad o síntomas Planta
 Preparación      
Dolor de cabeza, debilidad, mareo o borrachera



-Caña morada, venturosa

-Escubilla babosa y peine mono
 

-Hoja de palma de cristo y sebo

-Agua hervida con limón
 


-Baño


-Baño


-Emplasto sobre la cabeza


-Baño


Sinusitis
 
Bay-rum en hojas Inhalaciones
Quistes, piquiña, mastitis


-Manzanilla, romero, pipilongo

-Hierba mona, doña Juana, canime

Pringue
Riñones



-Agua de pipa, malva, escubilla babosa

-Cola de caballo, pelusa de maíz
 


-Baño

 

-Toma

Asma.

Bronquitis



-Amapola

-Limón, infundia de gallina, aceite de casona

-Tabaco con vinagre de guineo
 

-Toma

-Baño y toma

 

-Emplasto

 

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