Las víctimas de nadie: así vivieron las personas LGBT el conflicto colombiano

octubre 22 de 2020

El informe “¿Quién nos va a contar?”, realizado por Colombia Diversa para la Comisión de la Verdad, hace un llamado a suplir las deudas históricas con esta población. Esperan que la institución les ayude a construir un país que que reconozca la discriminación como un factor fundamental en la guerra.

Las víctimas de nadie: así vivieron las personas LGBT el conflicto colombiano

| Cristal era una lideresa trans de Tumaco. El nombre del informe fue gracias a ella: en una entrevista dijo "quién nos va a contar? ...quién va a contar nuestra historia". Falleció hace poco por causas ajenas al conflicto. | Por: Colombia Diversa


Por: Natalia Prieto C
@NataliaPC_

“Aquí somos putas, peluqueras o desplazadas”, asegura Kamila. En Chaparral (Tolima), parece no existir otra opción para las mujeres trans. El panorama es el mismo para quienes  hacen parte de la comunidad LGBT+ en la ruralidad. Gays, lesbianas, bisexuales y trans siguen viviendo los vestigios de una guerra que nunca les perteneció, que los ha acechado por años y que pareciera no tener ‘dolientes’.

 

Kamila ha tenido varios “enfrentamientos con la muerte”. En 2009 vivió el asesinato de una de sus compañeras de lucha. Vanessa, una joven trans de 17 años, murió a manos de actores armados desconocidos. Su cuerpo fue encontrado cerca del aeropuerto Navas Pardo con marcas de 36 puñaladas. Tres años después cayó otra de sus compañeras, víctima de una mal llamada “limpieza social”. 

 

Como ellas, cientos de mujeres trans han sido víctimas en el segundo municipio -del departamento del Tolima- con más hechos victimizantes perpetrados por los actores armados. Según el Registro Único de Víctimas (RUV),  entre 1985 y 2016 se reportaron 2.565 homicidios contra de la población civil. 

 

Colombia Diversa encontró y documentó los relatos de al menos treinta personas LGBT que fueron víctimas de violencia por prejuicio por parte de los actores armados en el conflicto colombiano. El documento ‘¿Quién nos va a contar?:  Informe para la Comisión de la Verdad sobre experiencias de personas LGBT en el conflicto colombiano’, registra las historias de quienes siguen muriendo y resistiendo por ser y por amar. 

 

A pesar de que Colombia es pionero en la construcción de memoria para esta población, en el país se tiene la concepción de que la discriminación ha sido un evento secundario que depende de los prejuicios individuales de los combatientes. Lo cierto es que estas violencias estuvieron íntimamente ligadas a las dinámicas de la guerra. 

 

“Parte de la importancia de que la comisión de la verdad tenga en cuenta los testimonios de las personas LGBT, es que empezamos a sentar las bases para construir un país que abrace la diversidad. No un país que se deja llevar por los prejuicios instalados en la sociedad, cultura y en los actores armados, porque fueron ellos quienes se aprovecharon de estas normas sociales para hacer la guerra”, asegura Lucia Baca, coordinadora del área de paz de Colombia Diversa,

 

Colombia Diversa tiene registro de 50 episodios de violencia por prejuicio cometidos por las FARC-EP, los cuales fueron reportados en el departamento de Nariño, Tolima, Meta, Antioquia, Caquetá, Huila, Putumayo y Vichada. Casi la mitad ocurrieron en zona rural o pequeños poblados como corregimientos o veredas. Las víctimas fueron en su mayoría hombres gays y mujeres trans. 

 

De otra parte, se tiene conocimiento de al menos 42 episodios de violencia por prejuicio perpetrados por las AUC. La mayoría se reparten entre los departamentos de Antioquia, Bolívar, Boyacá y Norte de Santander. Aunque son 6 víctimas menos que en el caso de las FARC-EP, 12 de los 42 episodios involucraron a grupos de víctimas.


Un problema de matices

©Mateo Gamboa- Colombia Diversa

 

El informe defiende la idea de que la discriminación no es un evento secundario en la guerra. Por el contrario, está ligado a sus dinámicas. Para los actores armados, la violencia contra personas LGBT en el conflicto fue estratégica. 

 

En el año 2015 el Centro Nacional de Memoria Histórica publicó el informe "Aniquilar la Diferencia", un aporte fundamental que explica cómo fue la violencia contra las personas LGBT en la guerra. Allí se centran en el concepto de "órdenes morales". Esto supone que los actores armados atacaban personas LGBT no como un medio, sino como un fin en sí mismo, y que lo hacían para imponer órdenes morales o sociales que eran acordes con su proyecto de nación

 

Aunque Colombia Diversa comparte este concepto, esta nueva visión plasmada en el informe “¿Quién nos va a contar?” sostiene que la violencia contra personas LGBT en el conflicto fue mucho más diversa. 

 

“La violencia contra personas LGBT tuvo dos grandes fines, un fin simbólico y uno instrumental”, explica Lucia Baca. En la primera, el perpetrador atenta contra una persona LGBT en razón de su orientación sexual, porque sienten hostilidad hacia esa expresión, identidad u orientación. Actúan como representantes del status quo y  violentan a ese cuerpo que se rehúsa a acoplarse. De esta forma, envían un mensaje de rechazo a todas las personas que se puedan identificar con esa víctima. Hay muchas violencias de ese tipo, que entran en el concepto de "órdenes morales" presentado por el CNMH.

 

El segundo tipo de violencia es más amplio. Las violencias instrumentales no siempre implican una hostilidad, pero si una instrumentación.  Los perpetradores observan a las personas LGBT como vulnerables, desprotegidas por la sociedad y el Estado. Se aprovechan del contexto social de prejuicio para presionar y amenazar, obligándolas a realizar actividades que son útiles para ellos en la guerra. 

 

Labores logísticas para economías ilícitas o desarrollar actividades "feminizadas" son algunas de esas actividades. Lavar la ropa, cocinar y cortarles el cabello también están asociadas a los oficios que suelen realizar la población LGBT. “Esto es resultado de una discriminación estructural que les impiden tener un trabajo formal.  Por eso intentan vincularlas -por ejemplo- para hacerles cortes de pelo a los combatientes”, dice Lucía Baca.

 

Lo anterior  es resultado de un ejercicio de identificación hacia las personas vulnerables para poder instrumentalizarlas.  “Es porque no va a haber ningún reproche, ni de la sociedad, ni del Estado. Entonces podemos hacer y deshacer con ellas”, agrega la abogada.

 

En el país hay una tendencia a simplificar las violencias contra personas LGBT en la guerra, dándoles solo un sentido o una explicación. Pero lo cierto es que el prejuicio fue funcional para la guerra.  Los actores armados sacaron ventajas bélicas y económicas al atacar personas LGBT. “Definitivamente fue un fin en sí mismo, pero también hubo otros fines. Con atacar personas LGBT no solo lograron "limpiar" estos territorios de esta presencia "incómoda". También ganaron legitimidad en la sociedad, además de sacar ventajas económicas. Si no entendemos esta complejidad, no podremos entender su verdadera razón con el conflicto, ni sus causas. Y no podremos evitar su repetición”.


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“Pero si en la ruralidad no existen personas LGBT+...”

©Mateo Gamboa- Colombia Diversa

 

En Colombia hay una percepción de que lo LGBT se circunscribe a lo urbano. Según Lucía Baca. “Cuando una entidad trabaja temas de ruralidad como el acceso a tierras o sustitución de cultivos ilícitos, no les compete hablar de lo LGBT porque "ahí no están". Eso ha sido un obstáculo muy grande para la implementación del acuerdo y para la inclusión de personas LGBT en los puntos 1 y 4”.

 

Este informe es la prueba de que hay personas LGBT en la ruralidad que han resistido los embates de la guerra. La mayoría de episodios mapeados ocurrieron en veredas o corregimientos, donde la ‘ideología’ intentaba castigar a los niños afeminados que no ‘cabían’ en el modelo imperante del hombre campesino. Había que ‘corregirlos’ para que encajaran en la masculinidad productiva y ‘merecedora’ de los hombres campesinos.

 

Incluso, según el informe, con frecuencia estas “correcciones” eran solicitadas por las familias de las personas LGBT. “En muchos casos los actos de violencia se cometieron con el visto bueno de la comunidad, incluso había familias que llamaban a los guerrilleros para pedirles que los ayudaran a corregir a sus ‘hijos desviados’ ”.

 

El documento cuenta también un fenómeno peculiar contra las madres trans. En Tolima se dio un caso de violencia sexual hacia una mujer trans como "castigo" porque no quería que reclutaran a su hijo. Es una situación común en la que no se reconoce la legitimidad de las mujeres trans que tienen hijos de crianza y que debían defenderlos de ser reclutados por actores armados.

 

Hay un subregistro incluso mayor para los casos de mujeres lesbianas y hombres trans. La invisibilización es mucho más grande y el estigma que recae sobre ellos es tan fuerte que impide, en muchos casos, denunciar. Por esto, el informe invita a que se escuchen las voces de las personas LGBT. “En Colombia hay muchas víctimas directas que quieren contar su verdad. Eso esperamos del informe de la Comisión” comentan desde Colombia Diversa.

 

Aseguran también que son pocas las investigaciones en el país que se abren para averiguar quienes fueron los victimarios y, por ende,  para sancionar estas violencias. En muchos casos no se identifican los culpables y los procesos penales siguen en investigación preliminar. Pocos llegan a juicio y la mayoría terminan archivados sin condenar a los responsables.


Constructores de paz

©Mateo Gamboa- Colombia Diversa

 

En Chaparral, Kamila pertenece a la asociación LGBTI del municipio. Allí lidera cerca de 40 miembros del colectivo “Chaparral Diversa'', donde realizan el conocido Reinado Trans del Río Tuluní, un carnaval de resistencia, lucha, exigencia y escenario político.

 

“Yo siempre quise ser una reina, porque (…) todo el mundo las quiere. Y como aquí nadie nos quiere...”. En estas palabras se sintetiza la experiencia de un grupo de mujeres trans y hombres gays del municipio de Chaparral (Tolima), que entre 2000 y 2015 sostuvieron un reinado a las orillas del río Tuluní para buscar la simpatía de una comunidad que margina, golpea y humilla a las personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas” Extracto del informe del CNMH ‘Un carnaval de resistencia Memorias del reinado trans del río Tuluní’.

 

El informe tiene una conclusión fundamental: es importante reconocer las resistencias de personas LGBT y su rol como constructoras de paz. Las personas no aceptaron las violencias de las que eran víctimas, sino que buscaron la manera de resistir y seguir siendo lo que querían ser. “Eso es un acto de construcción de paz, de reconciliación”, asegura Lucía Baca.

 

Desde hace casi 20 años, el colectivo participa en procesos formales de construcción de paz. Desde el Caguán, hasta la Habana, han buscado una salida de paz para el conflicto armado. Gracias a esto, lograron la inclusión en el Acuerdo Final de Paz con las FARC-EP como víctimas del conflicto y constructores y constructoras de paz.

 

El camino apenas empezó, aseguran desde Colombia Diversa. Este jueves 22 de octubre participaron en un espacio de escucha con la Comisión de la verdad y diferentes organizaciones y víctimas LGBT. 

 

Sus aspiraciones son grandes. Esperan que el informe de la Comisión de la verdad cuente con un capítulo exclusivo y transversal para las víctimas LGBT. Pero sobre todo, que así se pueda garantizar un país que abrace la diversidad y no repita las acciones del conflicto. 

 

“Lo que estamos construyendo no solo es para el país, sino para el resto del mundo. Sabemos que hay una campaña de desprestigio y de ataques fuertes en contra de la Comisión de la Verdad por parte del Centro Democrático y de otros sectores conservadores y fundamentalistas de la sociedad. Reconociendo que estamos en este contexto y el gobierno desacata sistemáticamente lo pactado en el acuerdo de paz, hay que hacer un esfuerzo muy fuerte para que el informe de la comisión, cuando salga, no quede en letra muerta”.

 


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