Voces a prueba de balas: Laura Weinstein, columna de la población trans

febrero 21 de 2019

Por brindar apoyo a personas trans y sus familias, esta líder ha recibido amenazas y extorsiones que solo la han hecho hablar más fuerte.

Voces a prueba de balas: Laura Weinstein, columna de la población trans

| Desde hace 12 años, Laura Weinstein se ha dedicado a apoyar los derechos de las personas trans | Por: Somos Defensores


Por: Voces a prueba de balas


Desde las redes sociales o desde las calles, a través de denuncias públicas o grupos de Facebook, Laura Weinstein dedicó varios años de su vida a la defensa de las personas trans sin proponérselo.

Hoy, como directora de la Fundación GAAT (Grupo de apoyo a personas trans), apoya a hombres y mujeres trans de todas las edades y a sus familias en el proceso de tránsito. También denuncia y atiende abusos hacia esta población con el propósito de ayudar a romper las barreras de discriminación y exclusión.

Esta es la novena entrega de Voces a prueba de balas, una campaña del programa Somos Defensores para proteger a los líderes sociales a través de la difusión de sus historias.


 

 


 

«Desde muy pequeña tuve cercanía con las personas trans porque vivía relativamente cerca del lugar donde se paraban. A medida que fui creciendo vi toda la desigualdad hacia ellos: cómo los golpeaban, los ofendían, la Policía se los llevaba sin razón. Claro, en esa época no se hablaba de discriminación ni nada de eso, pero llegó un punto en el que pensé ‘esto tiene que cambiar’.

Así que empecé a defender los derechos de las personas trans casi sin darme cuenta. Eso fue hace unos 12 años, antes de hacer mi tránsito; comencé con un trabajo individual y espontáneo desde las redes sociales que estaban en furor. Creé un grupo en Yahoo que se llamaba ‘Travestis Bogotá’ donde llegaban muchas preguntas, eran más las preguntas que las respuestas.

Pero mi lucha también era en las calles, no solo frente a una pantalla. Recuerdo la primera vez que me llevaron a una UPJ porque recogí a unas chicas trans que estaban siendo golpeadas por un grupo de policías. En otra ocasión acompañé al hospital a una mujer trans y tuve que hacer un escándalo para lograr que la atendieran.

Así seguí, en una especie de activismo aislado, hasta que las organizaciones LGBT me contactaron por redes y me invitaron a involucrarme con ellos. Ahí empecé a poner la cara trabajando con varios grupos, era la época en que empecé mi tránsito.

Cuando empecé a trabajar con esos grupos me di cuenta de la importancia del trabajo colectivo. Para ese entonces entendí que estaba involucrada la defensa de los derechos humanos. Fui vocera de la mesa LGBT de Bogotá, creé la fundación Transrevolucionando Géneros y me involucré con la Fundación GAAT (Grupo de apoyo a personas trans).

 


Algunos de nuestros logros colectivos han sido poner en la opinión pública la existencia de las personas trans, presionar la expedición del decreto 1227 que permite el cambio de sexo, o poner en el debate el tema de la libreta militar.

Claro que falta un largo camino, empezando por que la gente reconozca a las personas trans más allá de lo legal y de un documento, que nos llamen como somos, que no sientan miedo de involucrarse con nosotros. También hay muchos atrasos en educación y salud, pues tenemos acceso pero es difícil permanecer.

Hoy soy directora de GAAT, desde donde trabajamos con niños y niñas trans y sus familias para apoyarlos en el proceso de un tránsito seguro y autónomo. También buscamos incidir públicamente en la transformación de las dinámicas sociales, legislativas e institucionales en torno a la población trans.
 


Las amenazas

En 2017 comencé a recibir llamadas con mensajes insultantes y soeces. No le paré muchas bolas pero después llegaron varios hombres en un vehículo a mi casa a decirme que dejara de hacer lo que estaba haciendo.

Ese mismo año recibí una extorsión por Whatsapp con un mensaje que involucraba a la Fundación y a mi familia: ‘Necesitamos una colaboración de su parte si no quiere que la fundación de mierda que tiene se le caiga, que su familia se caiga para siempre. Sería una pena que su mamá tenga que visitarla en una cárcel o muerta, ella se ve decente, no como usted’.

El año pasado continuaron las amenazas, no solo contra mí, sino también hacia otros miembros de la Fundación. Todo esto lo hemos denunciado ante varias instituciones pero no recibimos ningún acompañamiento institucional, y la Unidad Nacional de Protección contestó que nuestro nivel de riesgo era ‘ordinario’.

Decidimos entonces movilizarnos y lanzar todas las alertas públicas, en otras palabras, hacernos visibles. Si lo que quieren es callarnos, pues haremos todo lo contrario que es subir el perfil, hablar más duro».

 

 

Una iniciativa del programa Somos Defensores

 

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.