Fotoensayo: Lo que crece junto al lago

agosto 21 de 2018

Un trabajo fotográfico sobre la cebolla que se produce en la ribera del lago de Tota, el embalse natural más importante de Colombia. Y el más contaminado.

Fotoensayo: Lo que crece junto al lago

| Este municipio, a 3.030 metros de altura sobre el nivel del mar, produce anualmente cerca de 200 mil toneladas de cebolla larga. A diario se despachan unos 50 camiones con la hortaliza. ÁNGEL CARRILLO | Por: Ángel Carrillo


Por: Ángel Carrillo


Boyacá es tierra de muchas cosas: balones de fútbol cosidos a mano, imponentes fuentes hídricas, ciclistas de talla mundial, una sierra nevada sagrada para los muiscas a la que pronostican solo tres décadas más de nieve, páramos, especies animales extintas. Pero cuando el bus está a punto de llegar a Aquitania y el olor a cebolla se apodera de todo, cuando en el trayecto ya se han alcanzado los tres mil metros sobre el nivel del mar y la brisa es casi vapor de hielo, Boyacá parece más cebolla junca que tierra. En la ribera del lago de Tota apenas se distinguen, entre las miles de hectáreas sembradas, unas pocas casas y puntos de colores en movimiento constante: jornaleros doblados por la mitad sembrando, desyerbando, fumigando, cosechando. 



 

—Yo empecé a los catorce —
explica un joven jornalero de mejillas enrojecidas— con mi papá. Y tengo diecinueve. Haga cuentas.

—¿Siempre trabajando la tierra?

—¿En qué más trabaja uno acá? En la tierra, claro. Hoy llegamos a las seis. Pero estaba cayendo mucha lluvia. 

—¿Qué hicieron?

—Empezamos a las siete y media. Casi a las ocho, cuando escampó un poco. Todo está embarrado. Por donde mire está embarrado.

—¿Hasta qué hora le toca trabajar hoy?

—Hasta que termine. Tengo que entregar catorce… quince bultos. Más o menos. Por ahí hasta las dos de la tarde. 

—¿Y luego?

—Guarapo, almuerzo. Después vamos al billar. 

 

Aquitania es una de las tres poblaciones que se encuentra bordeando el Lago de Tota, de la cual un 72% de su superficie está dentro del área de su municipio. —ÁNGEL CARRILLO


 

Las cifras oficiales tienen su helada versión: el Plan Estratégico Departamental de Ciencia, Tecnología e Innovación (PEDCTI) Boyacá 2022 declara que la agroindustria alimentaria sigue la tendencia de ocupar personal con bajo nivel escolar: cerca del 42% del recurso humano cuenta con educación básica primaria”. 
 

—Aquí el dueño del terreno le paga a un contratista para que le consiga los jornaleros en la plaza de Aquitania. Por eso en las tardes los ve allá reunidos. Están es buscando trabajo. A veces contratan a toda la familia. Esto es muy familiar, siempre ha sido muy familiar. Lo bueno es que pagan por adelantado y, si uno tiene suerte, lo contratan de una vez por una semana entera. En una mañana me puedo hacer cuarenta mil pesos. Sesenta mil si hace buen día. Pero no todos los días sale trabajo. 

Los campesinos, muy tranquilos en sus modos, muy amables, evidentemente muy orgullosos del paisaje que los rodea, hunden las cabezas en las plantaciones mientras trabajan al ritmo de los hits musicales del despecho. Apenas si se ven, entre el verde inacabable del monocultivo, las espaldas encorvadas, adoloridas por los rigores de la rutina. Los azadones suben y bajan de un modo casi sistemático. Tenía razón Juan Cárdenas al escribir en su novela El diablo de las provincias:


“El monocultivo niega el tiempo, lo cancela. Para el monocultivo no hay historia, ni hombres, solo eternidad (…) El monocultivo es la voluntad de Dios en la tierra. Una tierra sin tierra”.


 

Aún hay minifundistas que se autoabastecen con sus huertas caseras. En los jardines frontales y posteriores de las casas de Aquitania es normal que se siembre cebolla en vez de flores para ornamentar las fachadas. No obstante, los sembradíos comerciales de cebolla larga cubren más del noventa porciento del área cultivable de la cuenca del Tota, el segundo lago navegable más alto de Suramérica: el embalse natural más importante de Colombia. Y el más contaminado.

 



La cebolla que se produce en este lugar representa, según el PEDCTI, el ochenta porciento del mercado nacional: se puede deducir a vuelo de pájaro que ocho de cada diez caldos fueron preparados con producto boyacense. Asimismo, el noventa porciento de la actividad agrícola de esta zona está dedicada a la misma planta. 

Póngale que cada bulto que se recolecta tiene cuatrocientos gajos —calcula otro jornalero empapado y encebollado—. Antes el trabajo era más rápido: ahora nos piden pelar cada gajo y quitarle la tierra antes de amarrarlo en el bulto para que se vea más bonito, más limpiecito —y luego se ríe, irónico. 

Pero Aquitania no fue siempre tierra de cebolleros. Los más viejos cuentan que en los años treinta, en épocas de los abuelos, había mucho trigo, papa y cebada para preparar el cuchuco. Que no se usaba fertilizante o agroquímicos. Que en los cincuenta las cosas empezaron a cambiar con la proyección económica que suponía la cebolla y el desarrollo de la piscicultura.

Pierre Raymond escribe en su completo Estudio socioeconómico de la cuenca cebollera del lago de Tota que las autoridades se vieron obligadas en aquellas épocas a restringir la pesca al autoconsumo ya que mientras la trucha tenía altos precios en el país “la pobreza de muchos habitantes conduce a que se desarrolle una pesca clandestina, como también una red clandestina de comercialización del pescado”

 

A comienzos de los 60 se empezó a cultivar la cebolla larga o de rama en Aquitania, en las tierras planas a orillas del lago de Tota. —ÁNGEL CARRILLO

 

Según la Corporación Autónoma Regional la fiebre cebollera llegó a mediados de los años sesenta del siglo veinte. Según los vecinos del poblado obrero fue un tal Juvenal quien empezó a cultivar cebolla con fines comerciales. Raymond relaciona el siguiente testimonio en su estudio: 


“Fue entonces Juvenal Rosas quien empezó a cultivar cebolla. Se dio muy buena. Venían negociantes de Pesca y otros de aquí y se la llevaban a Bogotá. Antes, todos tenían unas pocas matas para el gasto, no para vender. A don Juvenal se le ocurrió sembrar cebolla para la venta hablando con un señor de Sogamoso. Él le dijo que debía lo que tenía a la cebolla y al aguacate. De allí nació la idea, y como se la rapaban en Bogotá, aumentó en cultivo, y sembró mera cebolla (…) Don Juvenal tenía su cultivo sobre el camino al cementerio. La gente que viajaba a los entierros la veía mucho. Vio que se vendía. Lo echaron a remedar, sembraron los solares, luego lotecitos… y ahora llegó la hora que no hay donde colocar un alfiler”.


 

La cebolla es hoy la quintaesencia del territorio. En la plaza central de Aquitania hay una estatua con forma de gajos que sostienen en lo alto a un cebollero: un monumento que manifiesta agradecimiento a la prosperidad económica que la explotación de esta planta herbácea ha significado para un poblado empobrecido y olvidado por el Estado, como tantas ruralidades en Colombia. 

La historia nos ha demostrado que las grandes glorias siempre arrastran sombras largas. El hecho de plantar extensiones mayúsculas de tierra con cultivos de una sola especie, aplicando los mismos patrones garantizados de producción que incluyen pesticidas y agroquímicos, supone grandes cantidades de producto a muy bajo costo, alta rentabilidad, no obstante el riesgo de afectar a los ecosistemas que rodean estas plantaciones también es alto. En muchos casos, comunidades animales enteras deben desplazarse o morir intentando sobrevivir en un nuevo hábitat. 

 


—"El hecho de que sea un monocultivo —explica Javier Acevedo, de la fundación Defensa y salvación del humedal lago de Tota— implica que desaparezcan especies microscópicas propias y que se desarrollen otras".  


Un informe de hace un par de años de la agencia de noticias de La Universidad Nacional, liderado por María José Martínez, profesora asociada del Departamento de Química, asegura que el lago de Tota recibe anualmente el residuo de más de sesenta mil toneladas de gallinaza que se aplican a los cultivos de cebolla. 

—Un gran problema es el alto uso de abonos sin compostar, que se descomponen y los lixiviados que se producen por esa descomposición van a dar al lago, afectando la biología de Tota: las plantas acuáticas, las aves, los microorganismos. Además, estos productos queman el suelo. Actualmente estudios nos dan a entender que hay unos cambios en el fitoplancton del lago que, seguramente, tienen que ver con el abono.


¿Cómo reciben ustedes las recientes amenazas de fracking en la zona que según varios medios comprometerían fuentes hídricas como el lago de Tota, esenciales para el medioambiente nacional?

"Hace cuatro años se planteó la posibilidad de hacer sísmica en un área cerca de Tota —continúa Acevedo—. En aquel entonces junto con el Colectivo ambiental para la protección de la provincia de Sogamuxi hicimos resistencia porque no se aceptaban en la región estos proyectos. Actualmente, en redes sociales, se está utilizando información del lago de aquel entonces para llamar la atención y seguir con la resistencia, pero nosotros no hemos visto actividad o amenazas por acá en Tota en estos días".

 

El lago de Tota es un cuerpo de agua natural situado en el departamento de Boyacá, Colombia, en jurisdicción de los municipios de Cuítiva, Tota y Aquitania. —ÁNGEL CARRILLO


 

La amenaza hoy, pues, es también una amenaza doméstica mas no política, que no convoca con tanto éxito la indignación nacional en redes sociales: el hiperconsumo de las ciudades, las exigencias de los compradores. Usted y yo.

—Hay una asociación acá que se llama Asociación Parcela, que son los que producen cebollas con buenas prácticas. Llevaron la cebolla a Corabastos junto con la otra cebolla con químicos. Resultó que la cebolla que la gente no compró fue la cebolla de las buenas prácticas. 

La cebolla “responsable” es más delgada y requiere mayor tiempo de producción. En las plazas y establecimientos es más cara. La cebolla común, en cambio, es dos o tres veces más larga y gruesa. Por lo general el comprador en el punto de venta supone que un producto más voluminoso es de mejor calidad, además la mayoría de las personas buscará la economía por encima de cualquier aspecto ecológico. 

 

Cae la tarde en el Lago de Tota y los pescadores regresan a sus casas luego de una jornada de pesca. ÁNGEL CARRILLO


 

"Aquí se habla de, aproximadamente, unos 5.400 agricultores de la cebolla en la región del lago de Tota —concluye Javier—. De esos miles, por ahí veinticinco o treinta hacen buenas prácticas agrícolas".

En producción esto se traduce en 400 diarias de cebolla regular contra una sola tonelada de cebolla responsable. La amenaza de este cuerpo hídrico de cincuenta y cinco kilómetros cuadrados es también la más antigua: el hombre y sus conveniencias. 
 

P O R: Ángel Carrillo
 


 

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