Lo que hay detrás de los incendios en los cerros de Cali

septiembre 14 de 2018

La impresionante destrucción de 180 hectáreas de bosque del cerro de Cristo Rey dejó en evidencia una mafia que pretende lotear las laderas de la ciudad. Corpocerros advierte que las sucesivas administraciones de Cali también tienen responsabilidad.

Lo que hay detrás de los incendios en los cerros de Cali

| Este año se han reportado 20 invasiones masivas en los cerros de la ciudad se contabilizan 500 operativos para luchar con este delito. | Por: Cortesía EL PAÍS de Cali


Por: Gerardo Quintero
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Cali y su zona rural han crecido a golpe de invasiones. Es una realidad histórica que la zona plana de la capital del Valle, cercana a la ribera del río Cauca, sufrió su gran transformación a finales de los años 70 y se convirtió en el gran Distrito de Aguablanca, la densa zona poblacional del oriente que congrega a más de 600.000 personas.

Pero ya antes, otro inmenso sector de Cali había sido colonizado por la fuerza de los invasores:  los cerros tutelares. Esos cerros, que son estribaciones de la gran Cordillera Occidental y que flanquean a la ciudad comenzaron a poblarse hace cerca de cincuenta años. Siloé, Terrón Colorado y Los Chorros son los más densamente poblados y los más conocidos en la ciudad. Pueden albergar cerca de 300.000 habitantes y casi todos tuvieron un origen similar: surgieron después de que en los cerros se produjeran grandes incendios.
 
Por eso, la inmensa conflagración que afectó a la capital del Valle el pasado 31 de agosto, y que arrasó con 118 hectáreas de bosque seco y pequeñas especies de animales, prendió las alertas ante la inminencia de una nueva invasión, ahora en uno de las principales laderas de la ciudad: el emblemático Cerro de Cristo Rey.
 

La comunidad aledaña al cerro fue evacuada el pasado 31 de agosto, a modo preventivo, para evitar una tragedia mayor. El Cuerpo de Bomberos de Cali y voluntarios se colaboraron en la tarea de extinguir las llamas. © Cortesía EL PAÍS DE CALI


 

Para el arquitecto Víctor Raúl Martínez, director de Corpocerros, una entidad de carácter privado que se conformó para velar por la protección y desarrollo organizado de los cerros de la ciudad, no hay duda de que detrás de estos incendios hay una clara intencionalidad de tumbar el bosque y rastrojo para comenzar una invasión en la zona.

“Es lo que ha ocurrido desde hace más de 20 años en la ciudad. Aquí hay gente experta en invadir, especialmente las reservas ecológicas del municipio porque son espacios públicos que muchas veces están sin protección. Los urbanizadores piratas tienen olfato para eso. Invaden esos terrenos poniendo estacadas de seis pasos por otros 15 pasos y meten a una comunidad necesitada. Es una mafia organizada que puede vender esos pequeños lotes en diez millones de pesos, toda una fortuna para estas familias necesitadas”, advierte Martínez.
 

 Al sitio han llegado cinco máquinas extintoras, dos carrotanques, dos móviles forestales, una ambulancia y tres móviles logísticos. © MAURICIO TRIVIÑO / ALCALDÍA DE CALI


 

‘Loteando’ terrenos
 

No le falta razón al arquitecto. SEMANA RURAL conoció que en lo corrido de este año, 1.586 invasores han sido expulsados de áreas protegidas y 86 invasores han logrado ser judicializados. Una fuente de la Unidad de Control de Invasiones y Protección de Ecosistemas que fue creada hace ocho meses para enfrentar este fenómeno, reveló que gracias a un trabajo sigiloso, en el cual han intervenido miembros de la Policía secreta y la Fiscalía se han podido evitar, este año, 20 invasiones masivas en los cerros de la ciudad.  De hecho, en lo que va del 2018 se contabilizan 500 operativos con ese propósito.

Justamente, el Director de Corpocerros recuerda que recientemente otro de los cerros de Cali, llamado de La Bandera, más al sur de la ciudad, le apareció de un día para otro un ‘propietario’ que llegó con 800 personas decidido a lotear “su terreno”. Esa zona había sido intervenida por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, la Alcaldía y la comunidad aledaña con siembra de especies arbóreas y adecuación de senderos para el acceso de estudiantes. Todo fue destruido. Por fortuna, cuenta Martínez, en esta oportunidad el aviso oportuno a la Policía impidió la construcción de los cambuches que ya se estaban tendiendo en la zona.

“Pero aquí todos los días tenemos reportes de que alguien pretende invadir”, dice Martínez.


* * *
 

Vista panorámica de la ciudad, desde uno de los cerros más importantes de Cali, el 31 de agosto pasado. © Cortesía EL PAÍS DE CALI


 

La estrecha relación de las invasiones de los cerros con los incendios no es casual. De acuerdo con el Departamento de Gestión Ambiental, Dagma, dependencia adscrita a la Alcaldía de Cali, en lo que va de este año han ocurrido 407 incendios forestales, que han dejado cerca de 300 hectáreas consumidas. De hecho, las 118 hectáreas destruidas en Cristo Rey convirtieron esa conflagración en la más desastrosa de los últimos diez años en la ciudad. Con estas cifras, el promedio de incendios forestales en Cali es de dos por día, de las más altas en el país. Para tener una idea basta con saber que en todo el 2017 se presentaron 419 incendios forestales, es decir, ya se rebasó en 12 la cantidad de conflagraciones del año pasado y faltan cuatro meses para terminar el 2018. El lunes siguiente al gran incendio del cerro de Cristo Rey, Cali rompió su propio récord. En un solo día los bomberos tuvieron que atender ocho conflagraciones forestales.
 

El 80% quedó reducido a cenizas
 

Entre las principales causas están, en primer lugar los intentos de invasión, pero también la quema de residuos, la de pastizales para adecuar terrenos para siembra y hasta de constructoras que quieren ahorrarse la limpieza de un terreno para edificar viviendas.

Así lo certifica el capitán Jairo Soto, quien con 36 años en el Cuerpo de Bomberos de Cali, dice que el resplandor que despedía Cristo Rey parecía el fin del mundo. “Era muy duro ver a los muchachos luchar con llamas de más de 20 metros de altura”. Y es que aunque no ha sido el peor incendio que asegura haber presenciado en el emblemático cerro, pues recuerda uno en 1993 que obligó, incluso, a desalojar a los pobladores de casas vecinas, sí advierte que es uno de los más desoladores porque se destruyó todo un proceso de recuperación arbórea y de fuentes de agua que se venía haciendo en la zona desde hace varios años.
 


«Es muy triste que todo el esfuerzo de mucha gente se destruya por unos cuantos malandrines que quieren hacer daño a la ciudad»

Capitan Soto



Lo mismo piensa Fabio Calero, profesional especializado de la dirección de Gestión Ambiental de la CVC, quien confiesa la tristeza y la impotencia que lo sacudió al contemplar cómo el cerro ardía sin pausa. “A uno lo entristece que todavía lo ambiental siga siendo secundario, cuando debería ser lo prioritario en la ciudad. Este tipo situaciones impactan mucho porque uno se siente muy solo en esta lucha”.

Esa misma sensación, que era como si le arrancarán el alma, fue la que experimentó Adriana Muñoz, guardaparques del Cerro y habitante del corregimiento de Los Andes, que tiene una privilegiada vista a la ladera. Sin ocultar el dolor, recordó el incendio como lo más horrible que le ha tocado presenciar. “Esto le parte a uno el corazón. Tantos años ver uno crecer sus árboles y estar tan pendiente para que de un momento a otro, en cuestión de horas, se vuelvan cenizas. Es horrible, es lo peor”.

En esta zona, desde el 2015 se venía haciendo un plan de reforestación en el cual se invirtieron más de mil millones de pesos. El 80% quedó reducido a cenizas.
 

El incendio fue feroz y arrasó con 180.000 árboles como arrayanes, sangregado, balso, chiminangos y yarumos. Trece nacimientos de agua que estaban siendo recuperados, se secaron. Y de los guatines, armadillos, serpientes e iguanas que habían sido reportados, no quedaron ni sus cenizas. © Cortesía EL PAÍS DE CALI


 

Mónica Londoño, quien lidera el grupo de conservación de ecosistemas del Dagma, dice que cada una de estas quemas en los cerros es un desastre para Cali. Pero este, por su magnitud, será aún más difícil de recuperar lo perdido y no duda que reverdecer lo que se perdió podría tardar entre 15 y 20 años. Todo un desastre. Ese análisis lo confirma Eduardo Velasco, biólogo de la CVC, quien advierte que el daño ecológico con este tipo de incendios es incalculabe porque se afectó el suelo, que es la base para dar vida. “Se produce todo un desbalance ambiental que nos va a tomar por lo menos diez años en recuperar. Además, el clima de la ciudad se verá afectado debido a que esas plantas ayudaban a refrescar el ambiente”.

 

¿Un panorama en cenizas?
 

Las autoridades locales han detectado que las zonas más buscadas por los urbanizadores piratas son justamente las que quedan en las laderas de la ciudad, es decir, el ecoparque del río Aguacatal, Las Palmas, Altos de Normandía, el Ecoparque Tres Cruces-Bataclán, el Cerro de La Bandera, Cristo Rey, Altos de Menga y Menga, al norte de Cali.

Para el arquitecto Víctor Martínez gran parte de la responsabilidad la tienen las distintas administraciones municipales quienes no se han interesado en generar un desarrollo habitacional sostenible en los cerros de la capital del Valle.
 


«A muchos les gusta la informalidad, la tugurización de Cali. Es que de eso también han vivido y viven muchos políticos de la ciudad»

Director de Corpocerros



Andrés Villamizar, secretario de Seguridad y Justicia de Cali, dice que es consciente de que hay una actividad invasora en la ciudad. Lo curioso es que justamente en los finales de año, esta capital ha tenido episodios similares. Así sucedió con las grandes oleadas de migrantes que llegaron del Pacífico en 1979.
 

Villamizar asegura que a las personas que han sido detenidas quemando los cerros se le está tratando de judicializar por concierto para delinquir y no solamente por un delito ambiental, que aunque es grave no tiene la misma implicación, pues puede ir de 32 a 180 meses de prisión. El propósito es lograr una mayor pena que disuada a otros que pretendan hacer lo mismo y que se amparan en que se trata de un delito excarcelable. © Cortesía EL PAÍS DE CALI



 


El Secretario de Seguridad y Justicia de Cali sostiene, eso sí, que no le cabe duda de que detrás de las quemas de los cerros pueden estar gestándose futuras invasiones porque hay indicios de intereses políticos y personas que en época preelectoral van prometiendo casas a los más pobres para sacar réditos y al final terminan provocando desastres como el ocurrido en Cristo Rey.

Por ahora las investigaciones continúan. El capitán Soto, del Cuerpo de Bomberos, reveló que dos comisiones han subido en la última semana al Cerro con el propósito de confirmar el punto de origen de la conflagración que se extendió por 24 horas y que obligó a la participación de 170 bomberos y la utilización de 20 máquinas extintoras.

Su colega, el capitán Roberto Duque, comandante de los bomberos, dijo que por ahora tienen una versión de que habrían sido tres las personas que habrían causado el incendio que empezó en un sector ubicado detrás del Club de Tiro Saltamontes, en la ruta hacia el Zoológico de Cali.
 


«Al parecer fueron tres muchachos los que iniciaron un incendio con un material que había allí, unas llantas. La policía ya anda sobre esa pista para dar con el paradero de los muchachos» 

Comandante de Bomberos


 

El alcalde de Cali, Maurice Armitage, se ha dado sus propios plazos y conminó a la Policía para que antes de que termine septiembre hayan sido capturados los responsables del incendio. Pero también lanzó una advertencia: “Vamos a judicializar a todo el que está ocupando terrenos. Al que esté invadiendo lo vamos a meter preso, que no quede la menor duda de eso”, se comprometió el mandatario local. 

Pero mientras tanto, los caleños no dejan de elevar su vista hacia el cerro tutelar y siguen contemplando desolados esa negrura que recorre la montaña hasta su pico, donde está Cristo Rey con sus brazos abiertos. Quince años para volver a ver árboles… Una eternidad.

 


Por: Gerardo Quintero | Editor Nacional
@gerardoquinte


 

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