Los jóvenes, guardianes de la seguridad alimentaria del futuro

noviembre 13 de 2020

En el último panel de la Gran Cumbre Colombia Rural 2020, cuatro jóvenes conversaron sobre los retos y las oportunidades en las zonas rurales del país. Ellos, como semillas de paz, creen en la esperanza y el trabajo como motor de cambio.

Los jóvenes, guardianes de la seguridad alimentaria del futuro

| | Por: Cortesía Juan Camilo Mantilla y Archivo SEMANA RURAL


Por: SEMANA RURAL
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El campo colombiano es lugar de promesas y motivación. En sus tierras apenas germinan semillas que adultos, ancianos y generaciones pasadas sembraron. Hoy apenas florecen con un montón de ideas, proyectos y sueños para beneficio del campo. Anhelan el fin del conflicto, mejores condiciones de vida y mayores oportunidades. Cuatro jóvenes campesinos y líderes, semillas del gran cultivo que es Colombia, participaron en el panel ‘Los jóvenes, guardianes de la seguridad alimentaria del futuro’ para recordar que aún hay lugar para el cambio y la esperanza.
 

Conversaron Nancy Padua, joven indígena e integrante del grupo Amazonía Joven del Guaviare; Yeisully Tapias, integrante de la Red Nacional de Jóvenes Rurales de Colombia; Yiferson Moreno, del Proyecto Renacer en Huila; y Megan Peluffo, joven lideresa de Ovejas, Sucre. El moderador del encuentro fue Germán Izquierdo, editor de Justicia Rural. El panel, los jóvenes compartieron sus historias de vida y eso que los motivó a permanecer en el campo, además reflexionaron sobre lo que debería ocurrir para que sus compañeros y las futuras generaciones continúen trabajando en la ruralidad.
 

Nancy Padua mencionó que, como ella, muchos de los que viven en el Guaviare nacieron en otros departamentos del Amazonas. Fue difícil adaptarse, pero allí estaban su familia y sus abuelos. Ellos le enseñaron el trabajo de la chagra, un espacio para cultivar con un alto valor simbólico y ancestral para los pueblos indígenas.Ese es nuestro sustento diario —dice Nancy—. Aprendimos a conocer las variedades de los alimentos de nuestro territorio”. Ahora, Nancy realiza un acompañamiento a la población del resguardo indígena La Asunción.

 


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Casi 700 kms al norte del Guaviare, está Yeisully Tapias. Es estudiante de Trabajo Social en la Universidad del Caldas e integrante de la Red Nacional de Jóvenes Rurales de Colombia. Ella y su familia llegaron a La Dorada por un desplazamiento forzado. Iniciaron de nuevo con un conocimiento claro: producir en el campo. Junto a sus padres, Yeisully generó un espacio organizativo para los jóvenes de la región y para disminuir y superar las dificultades que conlleva el trabajo rural. Con un grupo de jóvenes desplazados, iniciaron la producción de mojarra roja.

Y así, con el paso de los días, los vecinos y conocidos se fueron acercando porque querían ser parte del proceso. Añadieron alimentos orgánicos a la línea de producción e incluyeron la cultura, la recreación y el deporte como líneas de trabajo. “Este proceso organizativo me llevó a capacitarme y a seguir soñando —cuenta—. Soñando para transformar la realidad de mi familia, de mis amigos. Soñando con conocer otros lugares de Colombia y del mundo”.

Ese mismo sueño lo comparte Yiferson Moreno “Uno cree que afuera están las mejores cosas, pero no se da cuenta que lo que ya tiene es lo mejor: la tierra”. Yiferson fue a la ciudad, estudió Comercio Exterior y decidió volver al campo. Aprendió a trabajar con el producto que le regalaba su tierra, el café, y formó un equipo con sus padres y sus hermanos. Cree que esa frase de “salir del campo para tener futuro” está incompleta. “Solo se quedan en la mitad. Debes salir, prepararte, volver y aplicar todo ese conocimiento. Por eso regresé”, cuenta. Mientras él se encarga del comercio, su padres realizan las labores de producción. Reconoce que para la comercialización hay grandes dificultades. La escasa conectividad y la poca tecnología impactan de manera negativa en esta fase.

Emprender en la ruralidad es complicado. Nos enfrentamos con las malas vías terciarias y la débil señal de comunicaciones, dijo Megan Peluffo. Esta lideresa de Ovejas, Sucre, ha encontrado en las redes sociales una plataforma para vender Miel de Chengue, su producto que ya es reconocido a nivel nacional. Además, es integrante de un colectivo de comunicaciones que integra junto a otras víctimas de la Masacre del Chengue ocurrida en el 2001. En total, son 159 familias que pertenecen a dos corregimientos y cuatro veredas del municipio.

 

 

Hay otra dificultad latente que expresan, sobre todo, los campesinos adultos: prefieren que sus hijos salgan del campo porque muchos no “ven futuro en la ruralidad” como consecuencia del abandono y la falta de recursos económicos. Ante esto, Nancy menciona que es importante la formación política de los jóvenes para influir en los espacios de toma de decisión.

 

Cuando llegó al territorio, Nancy no encontró a ningún joven. Era difícil armar un equipo de trabajo contemporáneo a ella pues todos se habían ido. Sin embargo, prefirió seguir y formó un grupo con quienes permanecieron. Crearon la empresa Tucano, homónima a su pueblo, y ahora venden salsas picantes, cuyo sabor es elogiado por los campesinos de la región: Los sueños se hacen realidad. Como mujer, quiero seguir emprendiendo y aportar a la comunidad y a los jóvenes”.

 

Otro desafío fue el conflicto armado. En el caso de Yeisully, secuestraron y asesinaron a su padre. Sin embargo, aparte del dolor, esta experiencia le sirvió como una motivación para cambiar el panorama que veía en su región. No quería que sus hermanos menores y otros jóvenes sufrieran lo mismo que ella. En medio del conflicto, afloraron algunas capacidades que Yeisully desconocía. Esa berraquera y creatividad la llevaron a liderar el proceso de la Red Nacional de Jóvenes Rurales y a identificar otros tantos retos como la formalización de los trabajos para jóvenes campesinos, el pago justo de las jornadas y el acceso a tierras. Para ella, es importante identificar esas dificultades para contrarrestarlas y transformar la realidad rural. “El conflicto me quitó las tierras y a mi papá, pero nunca me quitó la fe, el deseo de tener un territorio en paz y de sacar el campo adelante”, dijo. 

 

Megan coincidió. Su papá también fue víctima de secuestro y homicidio. Desde ese momento, su madre inició su liderazgo para transformar el dolor y crear nuevos procesos sociales. “Ella fue mi motivación principal —contó—. Es muy bueno ver que dejas algo positivo en el territorio y que renace después de todo lo que ocurrió”. Por eso nunca ha abandonado su territorio. Megan solo se va si debe ir a clase o cumplir con otros deberes, pero siempre regresa. Ahora está impulsando otros procesos con mujeres, jóvenes y adultos mayores para enseñarles sobre su potencial y recordarles que juntos pueden sembrar a partir del dolor.

 


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Yifferson reiteró la importancia de trabajar en colectivo. “Trabajando solo puedes llegar rápido, pero acompañado puedes llegar lejos”, citó este joven, que también es presidente de la Asociación de Cafeteros del Desarrollo de Gigante (Huila), que integra a 220 familias. Otra de las motivaciones fue ver las necesidades personales y económicas de las personas de su región. Ahora, esperan encontrar un grupo de comercialización para que lleguen más recursos y que los productores sean quienes reciban el dinero, de manera directa y sin intermediarios.

 


Cuestionados sobre lo qué debería ocurrir para que los jóvenes permanezcan en el campo, los cuatro propusieron estrategias articuladas. Yiferson propuso mejorar la conectividad y la tecnología, para conocer qué pasa más allá de las veredas y usar las redes sociales para fines comerciales; más oportunidades de financiación y creación de proyectos, y políticas públicas que relacionen a los jóvenes con los entes gubernamentales. Megan cree que es importante promover las carreras técnicas agropecuarias para que los jóvenes estén atraídos por el campo y mejoren los recursos económicos ya que “se invierte mucho pero se gana poco”. Yeisully agregó el acceso a tierras, el fortalecimiento de capacidades instaladas, los procesos asociativos y la seguridad. Y Nancy, desde su conocimiento ancestral, aseguró que es necesario conectarse de nuevo con la Madre Tierra, reconocer su valor y querer vivir en armonia.

 

Con ellos, y con los millones de jóvenes que aún persisten en el campo, Colombia está en deuda. Las acciones necesarias para lograr que quieran permanecer en la ruralidad deben ser implementadas, pues son ellos los guardianes de la seguridad alimentaria del futuro. Sin ellos, no habrá comida en Colombia.

 

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