febrero 05 de 2018

Los ríos y la ruralidad

Por: Roberto Ramírez

La falta de un sistema de vías terciarias que permita a los campesinos vender sus productos obliga a muchos de ellos a sacar sus mercancías al vacío de los mercados. Digo "vacío" pues la mayoría de nuestra gente del campo cosecha sin saber dónde ni a cómo va a poder comercializar. El río se convierte en solución de transporte, pero no de mercado: otra sinfonía inconclusa del agro.


El costo de transportar por vías fluviales es alto, pues por razones de baja profundidad deben utilizarse intensamente motores fuera de borda, con altos consumos de combustible por kilómetro recorrido.

Adicionalmente, las lanchas no cuentan con cámaras frías, bodegaje adecuado y ni hablar de comodidades para los pasajeros. Navegando por los ríos me he encontrado lanchas que besan con sus bordas el río, poniendo en serio peligro pasajeros y carga.


Hoy, en Colombia, país de contrastes y soluciones, tenemos propuestas como el Acuatractobus, que puede transportar cómodamente hasta 30 pasajeros, 12 toneladas de carga, calando hasta 70 centímetros, y que permite navegar en época de verano. Es probable que si se instalan cámaras frías se disminuya el número de pasajeros hasta 20, pero se pudiera lograr una solución de doble propósito para lugares alejados.

Hoy, las vías terciarias exceden los 142.000 kilómetros, pero apenas el 20% de esas vías se puede transitar sin dañar camiones que carguen más de 8 toneladas. Según las cuentas del ministerio de transporte, mantener esas vías tiene un costo de $500 millones por kilómetro.

En cambio, el país cuenta con 24.700 kilómetros de ríos; 18.000 son navegables entre 6 y 8 meses del año y de esos, 7.000 son navegables en todo momento. Si en época de invierno los ríos son navegables y las vías terciarias no transitables, propongo desarrollar el modo fluvial de manera inmediata.
 

Es necesario definir de manera urgente una estrategia para lograr que los campesinos saquen sus productos del campo para comercializarlos. De acuerdo con el censo agropecuario, hay siete millones de hectáreas sembradas en el país. Esto, sin considerar las héctareas con potencial de siembra: solo la altillanura cuenta con 37 millones de hectáreas donde se pueden sembrar entre 3 y 3,7 millones de hectáreas. 


Vivir al lado de un río debería ser garantía de que los productos no se queden pudriéndose en las fincas. 
Hoy eso no es factible porque faltan muelles. Al campesino lo consume, con razón, la desconfianza. Por eso, los ríos y el agro deben entenderse como lo hacían antes;  cuando el agua era la única forma de transporte que podían usar los campesinos.

 

POR: ROBERTO RAMÍREZ

 

Navegante de ríos, consultor en comercio internacional, temas fluviales, de cabotaje, gerenciales y ganaderos. Bloggero de Granriocol y Demogan. 

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

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