Así lee a Chiribiquete el último chamán de la etnia matapí

abril 17 de 2019

Uldarico Matapí, el único chamán que le queda a la etnia matapí, asegura que los pictogramas de la Serranía de Chiribiquete fueron creados por seres espirituales en una gran maloca mucho antes de la llegada del hombre. “Una explosión la convirtió en las rocas que hoy conocemos. Los dibujos indican el manejo del mundo” .

Así lee a Chiribiquete el último chamán de la etnia matapí

| “De Chiribiquete y sus tepuyes proviene el conocimiento tradicional chamánico de los matapí”, dice Uldarico. | Por: Fotomontaje: Pilar Mejía/Semana y FCDS


Por: Jhon Barros
@barrosjhon

La Serranía de Chiribiquete, esa extraña formación rocosa bañada por un espeso verde y torrenciales ríos amazónicos, es uno de los mayores misterios que esconden las selvas del Guaviare y Caquetá. Sus tepuyes, archipiélagos de roca con un centro profundo, boscoso y similar a la pisada de un dinosaurio, lucen suspendidos en el aire y parecen sacados de una película futurista. Los muros de estas islas son aún más enigmáticos: están pintados con figuritas en color rojo de animales, caminos, flechas, ríos, manos y personas, que juntos esconden un mensaje que al sol de hoy nadie ha podido descifrar. 

Desde que saltó a la fama a mediados de 2018, cuando fue ampliado a 4,2 millones de hectáreas y declarado Patrimonio Mixto de la Humanidad, un signo de interrogación acompaña a Chiribiquete, conocido también como la Maloca del Jaguar. ¿Cómo fue creado este misterioso lugar? ¿Quién tuvo la habilidad para pintar figuras en sitios con más de 300 metros de altura? ¿Cuál es el significado de los pictogramas regados en los tepuyes de su serranía, ubicada en pleno corazón del área protegida más grande de Colombia?

Uldarico Matapí, el último chamán o conocedor ancestral que le queda a la etnia matapí o upichia en el Amazonas, un hombre de 60 años que fue seleccionado por su papá para heredar todo el conocimiento de sus antepasados desde que estaba en el vientre de su madre, podría tener la respuesta a muchas de las preguntas que despierta Chiribiquete. Aunque nunca ha pisado sus tierras, ni tiene la intención de hacerlo, tiene una historia sobre su creación, vista desde la perspectiva de su etnia.
 

 



“Para los matapí, en la primera era ecológica, que fue el mundo de la espiritualidad y el principio de la cultura, había una gran maloca donde los creadores diseñaron el futuro del mundo. En esa meditación salieron las pictografías más antiguas plasmadas en las paredes de la maloca, las cuales indicaban cómo sería el manejo para el futuro. Era una ruta para poder manejar las cosas de diferentes maneras”, asegura Uldarico, padre de cuatro hijos que vive en el resguardo Villazul en Amazonas y quien por el don que recibió desde pequeño como heredero del linaje mayor de su tribu, puede transportarse por la selva por medio del pensamiento.

Luego, en lo que denomina la segunda época, donde surgió la creación de las cosas, este chamán o conocedor cuenta que ocurrió una gran explosión, la cual dispersó la maloca en varias formaciones rocosas: lo que hoy conocemos como el centro de la Serranía de Chiribiquete. “Por eso, para nosotros los pictogramas son espacios espirituales de donde proviene todo el conocimiento chamánico. No fueron pintados por humanos, son imágenes del plan de manejo para el mundo”.

Afirma que después de esa gran explosión, y luego de que la maloca quedara convertida en paredes de roca con las pinturas ancestrales, fue cuando inició la espiritualidad del mundo de la naturaleza, el espíritu de la selva. “Antes solo había lodo. Luego comenzó a evolucionar la espiritualidad de la selva y todo empezó a florecer. Aparecieron los primeros frutos sobre la tierra y brotaron los paisajes que vemos ahora, los bosques”.

Son espíritus

Los antropólogos han identificado cerca de 70.000 pictogramas en los muros de varios tepuyes en Chiribiquete, y creen que fueron pintados por pueblos indígenas hace más de 12.000 años. Uldarico, quien le está heredando parte de su conocimiento a Waydairon, su hijo mayor de 22 años, no comparte esa teoría. “Para los matapí, las pinturas de la Serranía, es decir las más antiguas, son espiritualidades vivas que nos pueden explicar muchas cosas sobre el buen manejo del mundo. No son objetos ni figuras, sino un libro que le dice a la humanidad cómo debería manejarse todo: así comenzó, así lo vamos a mantener y así debemos manejarlo”.

Define a los pictogramas antiguos como pensamientos de cómo sería el comportamiento de la naturaleza en el futuro. “Son espíritus o energías vivas, que tienen la misión de mantener los ecosistemas en orden. Si llega una persona humana a alterar ese orden, todo quedará borrado. Chiribiquete tiene prohibido el ingreso humano. Solo nosotros podemos hacerlo, pero por medio de nuestros pensamientos y conocimientos”.

Para este indígena, escritor y colaborador de varios institutos científicos, Chiribiquete es un lugar misterioso donde habitan dueños sobrenaturales que no permiten la presencia humana. “Por eso nunca he ido físicamente allá. Para mantener todo el conocimiento y la sabiduría de este lugar, es necesario que no haya nadie. Los pictogramas no fueron hechos por manos humanas. Si fuera así, no tendrían ningún significado para mí. Así me concentrara, nunca me arrojarían un significado. Para entender esto es necesario tener una capacidad de visualizarlo todo mucho más allá”.

 



Significado en proceso

Actualmente, Uldarico trabaja con la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) en una publicación sobre el significado de algunos pictogramas de Chiribiquete, un rompecabezas del conocimiento que para él necesita armarse.

“Para la mayoría, los pictogramas son simples figuras humanas, animales, cultivos, flechas o manos. Pero cada una es un espíritu vivo con un mensaje claro. Por ejemplo, los que parecen senderos indican cómo llegar al manejo de un ecosistema. Cuando aparecen tres hileras es porque no hay capacidad para llegar al sitio. Los cuadrados son senderos acuáticos, un animalito es la puerta a un ecosistema y las manos indican un pare, una señal de que no está permitido el ingreso. La gente piensa que las manos son la firma del que pintó los pictogramas. Eso es falso, no fueron pintados, todo es conocimiento”.

Las chagras no están representadas en las figuras con forma de cuadrado. “Son caminos del conocimiento y el plan de manejo para los ecosistemas. También representan senderos chamánicos y evoluciones. Otras formas son los dueños ecosistémicos, como duendes y animales. Las figuras raras de vegetación muestran componentes nutritivos y propiedades curativas, mientras que las de los jaguares, para los matapí no son felinos, sino los creadores de la espiritualidad”.

Explica que cada figura contiene los diferentes procesos del origen, comportamiento, nutrición, reproducción y ciclo de vida de cada ser vivo, además de las relaciones con otras especies y la naturaleza. “Muchas figuras de animales anuncian las formas en las que deben vivir en su medio natural. Cada especie cumple un rol que no puede violarse”.

 

Lis pictogramas son más que simples figuras. Los matapí dicen que son espíritus vivos con mensajes claros que hablan de, por ejemplo, cómo cuidar un río. Foto: FCDSemana



Posible venganza espiritual

Uldarico hace un llamado urgente para que respeten a Chiribiquete, en especial a su serranía. “Es un espacio con la espiritualidad del conocimiento, de donde proviene el conocimiento tradicional chamánico histórico y mítico de nuestra tribu. Por eso debe permanecer libre de la presencia de los hombres, porque si lo deterioran vamos a perder nuestra identidad. Lo mismo pasa con los bosques: si sigue la deforestación, nos vamos a quedar sin herramientas para trabajar”.

Si la deforestación sigue su curso en la Amazonia y nuevas personas ingresan al área sagrada de Chiribiquete, advierte que la naturaleza puede cobrar venganza contra los conocedores indígenas. “Es una amenaza peligrosa para los chamanes, ya que nosotros tenemos la responsabilidad de garantizar el buen uso de los recursos naturales. A los otros no les pasará nada, porque no están allá. Los afectados seremos los que manejamos el territorio, quienes quedaríamos como enemigos de las espiritualidades que habitan en ese espacio”.

Apunta que si el hombre occidental acaba con los recursos naturales del territorio de Chiribiquete, los indígenas de la Amazonia quedarían sin gasolina para sobrevivir. “Es como tener un carro pero sin gasolina para andar. No serviríamos. Nuestras prácticas y conocimientos están relacionados con el bosque y la naturaleza. Es una asociación milenaria. Acabar con Chiribiquete es acabar con la vida y el conocimiento, ahí está el principio de todo”. 


«En el Chiribiquete está prohibida la presencia humana» 


Uldarico Matapí


 

Heredero

El papá de Uldarico falleció en 2003, a los 103 años de vida. No solo fue el encargado de suministrarle todo el conocimiento ancestral y sobre el manejo de los bosques con el que hoy cuenta, también designó a su nieto Waydairon para que continúe con la batuta de sus antepasados.

“Para heredar ese conocimiento hay que tener muchas capacidades, las cuales son identificadas desde que la mujer empieza a gestar un nuevo ser en su vientre. En la medida que va evolucionando y creciendo, el niño va cambiando su imagen y su comportamiento. En este momento sabemos si el muchacho viene con ese don de chamán. Y aunque muchos lo pueden tener, la mayoría no alcanza a desarrollarlo. Con mi papá, solo identificamos eso en uno de mis cuatro hijos, Waydairon, quien ya tiene la capacidad de retener mucho conocimiento en su cabeza”.

 

                                                                           Uldarico es el único conocedor o chamán que aún sobrevive. "Por eso preparo a mi hijo para que esa tradición no termine", dice. ©Pilar Mejía/Semana

 

Desde los tres años, Uldarico tuvo una preparación especial. Recuerda que una de las cosas más difíciles fue la alimentación. “No solo es la enseñanza que nos transmiten los otros chamanes. La dieta es complicada. A los siete años inician los ayunos y las grandes restricciones de ciertos alimentos, como los fritos, la carne y ciertos pescados. Es un proceso duro. Es una purificación del cuerpo para escuchar otros sonidos y comprenderlos y prepararlo para que no nos impacten los peligros. Los chamanes somos seres curados”.

 

Su papá, que alcanzó a trabajar en la época cauchera, lo llevaba seis meses dentro del bosque para que comprendiera las relaciones de la naturaleza y la sabiduría del conocimiento ancestral. “Por eso no compartí mucho con mi mamá. Ahí me enseñó a ubicar con el pensamiento al territorio matapí, que va desde la desembocadura del río Apaporis hasta la desembocadura del río Cananarí y que cubre toda la bocana del río Amazonas. Fueron en esos viajes de pensamiento que conocí Chiribiquete, sitio que mi papá tampoco visitó físicamente”.

 

Una prueba de fuego fue un ayuno seguido por 15 días dentro de la maloca. Al ritual lo llaman Yuruparí. “No creo que mi hijo aguante esa prueba. Yo pude porque desde pequeño aguanté hambre. Solo podemos beber cierta agua para desintoxicar, pero hay que trasbocar todo el tiempo. Ese ritual es para fortalecer el espíritu de los futuros conocedores. También hay que aprender el idioma antiguo. Cuando ya estuve preparado, mi papá me presentó ante los otros conocedores matapí como el heredero”.

 

                                                                           Chiribiquete es, según los expertos, un hervidero de biodiversidad. La mayoría de especies en este lugar sagrado son todavía un misterio para la ciencia.  ©: FCDS


Dispersos
En el resguardo Villazul, ubicado en el corregimiento de Puerto Santander, vive Uldarico con su esposa y cuatro hijos, aunque viaja seguido a Bogotá. Ya son pocos los integrantes de la etnia matapí que habitan allí. “La mayoría de la población está dispersa por todo el Amazonas. Sin embargo, yo soy el único conocedor o chamán que aún sobrevive. Por eso preparo a mi hijo para que esa tradición no termine”.

Según Uldarico, los matapí están relacionados con la selva y sus animales. “Por eso le pedimos permiso a la naturaleza cuando necesitamos intervenirla, aunque nosotros hacemos un buen uso y construimos otro ecosistema: el bosque secundario. Son preocupantes todas las amenazas que hoy padece la selva, como la pesca, cacería y tala del monte. Debemos prever, conservar y cuidar los recursos naturales o nos quedaremos sin nada. Entre todos podemos unir esfuerzos para hacer un mejor uso del bosque”.

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