Los sueños nacientes de quienes se vinculan al PNIS

febrero 25 de 2021

Freddy Salla dependió por décadas de los cultivos de coca. Hoy, a pocos meses de haberse vinculado con el Programa de Sustitución de Cultivos Ilícitos y a espera de recibir su pago para iniciar un proyecto productivo, sueña con ver su terreno lleno de animales que le den un sustento.

Los sueños nacientes de quienes se vinculan al PNIS

| En la foto se ve a Freddy y la hoja que lo acompañó durante varios años | Por: ©Archivo Semana/ANT


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

“Cuando los aviones pasaban no sobrevivía nada, lo mataban todo y hasta al mismo diablo quedaba ahí en la tierra”, recuerda Freddy Salla, un campesino de Tierralta (Córdoba) sobre el glifosato. Cuando llegaban a fumigar a su alrededor todo se marchitaba. Las hectáreas de coca, así como la yuca, el maíz y el arroz que plantaba para  su familia, morían casi de manera instantánea. Cuando llegaba el glifosato, su familia pasaba hambre.

 

La escena se repetía como un disco rayado. Pasaban los aviones, perdía cientos de hojas y luego, tres semanas después de recuperarlas, aparecía otra vez de los cielos la humareda. “Cortábamos las matas y corríamos a escondernos con la esperanza de que no regresaran, pero siempre volvían”, cuenta Freddy con resignación. Por años, solo pensaba en el momento en el que los aviones desaparecieran.

 

Freddy empezó a trabajar en cultivos de coca desde joven. Tenía 18 años, cuando después del desplazamiento que sufrió con su familia se vio en la necesidad de conseguir empleo para mantener a su hermano pequeño. Sus padres los habían abandonado. La situación en su pueblo, Planeta Rica (Córdoba), era compleja y su hermano empezó a pasar hambre. Un compañero de la escuela le contó que se iría a raspar coca en Tierra Alta (Córdoba) y Freddy siguió sus pasos.

 

smiley

Freddy teme aún por que aparezcan nuevamente los aviones que lo atormentaron durante tantos años.

©Archivo Semana

 

En un principio fue raspachín. Luego aprendió a preservar la semilla y empezó a cultivar en sus tierras. “Fue un sufrimiento muy berraco, porque siempre estaba la incertidumbre. Uno metía todos sus ahorros en cuidar la cosecha, porque entre mejor fuera la mata, mejor le iba a uno, y después perdía todo”, cuenta Freddy .

 

Pero en ese momento, él, como muchos campesinos, no veía otra alternativa: era cultivar coca o pasar hambre. Hoy los aviones no pasan por su casa. Ha recuperado su tranquilidad. “Estaba cansado, no podía dormir y no aguantaba más—recuerda Freddy— eso fue lo que me motivó a dejar la coca atrás”. De la mano de varios de sus vecinos se vinculó al Programa Nacional de Sustitución de Cultivos Ilícitos, con la esperanza de que finalmente le cumplieran. Su sueño: tener su finca para ganado.

 

Con el programa fue beneficiado por la Agencia Nacional de Tierras (ANT) con los derechos de uso del predio baldío en el que vivió y cultivó coca por años. “Saber que me puedo quedar en este terreno diez años, que puedo estar tranquilo con mi familia y pensar en el futuro, eso no tiene precio”, explica Freddy, que hace parte de las 99.097 familias campesinas que dependían de los cultivos ilícitos y se vincularon al PNIS para alejarse de la economía cocalera. 


 

smiley

111 contratos de uso se le entregaron a varios campesinos en Tierralata que hacen porte del PNIS. Freddy, hizo la errdicación de más de 25.000 héctareas de coca.

©Archivo Semana

 

Freddy se destaca entre cientos de productores que aún están a espera de que el programa cumpla. Hasta el momento el contrato por el uso de tierras, como la cuota que ha recibido de asistencia alimentaria, lo ilusionan. Pero como denunció Semana Rural, solo el 2 por ciento de las familias en el PNIS han podido arrancar proyectos productivos diferentes a la coca.

 


Te puede interesar: ¿Fracasó el programa de sustitución de cultivos ilícitos?


 

En mi cabeza no existía nada más si no había cultivos de coca, no tenía más opciones, porque así ha sido durante casi toda mi vida. Si me fumigaban, yo decía que me iba para el alto del Sinú, o para el Chocó a cultivar, porque para mi nunca existieron otras oportunidades más allá de la coca. Ahora quedé curado y no quiero saber más de eso, explica Freddy. 

 

A su familia aún le falta recibir seis pagos de asistencia alimentaria, pero a pesar de que en algunos meses pasan necesidades, la tranquilidad lo vale todo. Incluso más que la estabilidad económica que les brindaban los cultivos de coca. Poder tener en el futuro un proyecto productivo de ganado los llena de esperanza.

 

smiley

Hoy con sus ahorros, y el esfuerzo de su familia, Freddy ha empezado a trabajar en ganadería con los recurso que ha ahorrado del pago.

©Archivo personal Freddy Salla

 

Siempre he sido del campo, yo soy de sembrar y de ordeñar, pero nunca había tenido oportunidades—cuenta Freddy—. Con los pagos de asistencia alimentaria que he recibido hasta ahora, a pesar de la necesidad, usamos cada centavo para trabajar en la parcela: la fumigamos y sembramos otra vez yuca, plátano.  Yo no cuento con más nada, sino con estas tierras, y con eso tengo que sacar a mi familia adelante”.

 

Su familia fue su prioridad cuando empezó a cultivar coca con tal de cuidar a su hermano y lo es más hoy que ha dejado el cultivo atrás. “Todo lo que yo hice en la vida fue por ellos. Arrancar de cero es muy duro, pero el que quiere puede. Claro, hay ratos malos y ratos buenos, pero la tranquilidad lo vale”

 

Según las cifras de monitoreo realizadas por la  Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) el 97% de productores vinculados al PNIS cumplieron con la erradicación del cultivo de coca. Hoy la familia Salla mira al futuro con esperanza de que, como les prometieron, puedan ver cientos de vacas pastando por sus tierras y jamás vuelvan a tener que preocuparse por un avión. 

 


Te puede interesar: La familia que encontró en el turismo el antídoto a los cultivos ilícitos


 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos
Al suscribirme, acepto los términos y condiciones y autorizo el tratamiento de mis datos personales conforme a las finalidades y demás condiciones descritas en la política de tratamiento de datos personales de SEMANA.





¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.