Los youtubers campesinos: a golpe de pico y pala para conectarse a internet

agosto 18 de 2020

Nubia e hijos, la familia que le ha mostrado a Colombia las oportunidades que el internet les abre a los campesinos, son precisamente un ejemplo de las dificultades que tiene lo rural para conectarse digitalmente.

Los youtubers campesinos: a golpe de pico y pala para conectarse a internet

| Justo encima del terreno de Nubia pasan los cables que conducen la energía que se produce en la hidroeléctrica del Guabio; sin embargo, esta familia vivió más de 12 años sin tener este servicio público en su vivienda. | Por: Esteban Vega


Por: Juan David Naranjo Navarro
@JDNaranjoN

Hace dos meses, cuando se escuchaban las quejas de los productores del campo porque estaban perdiendo sus cosechas sin poder comercializarlas, el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Rodolfo Zea, les pidió que se insertaran a las ventas digitales. Una frase que sostiene el papel, pero que difícilmente sostiene la realidad de los territorios rurales del país.

 

“Antes no teníamos internet y ahora, cuando está lloviendo o está nublado, falla, se cae, se pone lento. A veces no podemos buscar bien para hacer las tareas o para ver los videos”, dice David, el hijo mayor de Nubia Gaona, que recién cumplió 15 años y sueña con ser arquitecto. Ha habido ocasiones en que, incluso, han pasado un día entero sin poder usar el internet.

 

Esta frase de los campesinos más famosos de Colombia, como los presentaba hace unas semanas el portal internacional BBC, uno de los tantos medios que han visitado a Nubia y a sus hijos, resume buena parte de los problemas que enfrentan los campesinos colombianos para seguir la recomendación del ministro Zea.
 

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En ocasiones, Nubia debe salir de su casa para intentar captar señal en su celular y poder hacer sus llamadas. Foto: Esteban Vega

 

Nubia Gaona y sus hijos, David y Alejandro, viven en una pequeña parcela ubicada a unos 20 minutos del casco urbano de Chipaque, en Cundinamarca. Se hicieron famosos luego de que montaran un video a YouTube y alcanzaran en un solo día más de 100 mil suscriptores, una hazaña que pocos han logrado y que, gracias a su ternura, los ha llevado a acumular más de 600 mil personas suscritas en tres meses.

 

Con más de 20 videos en los que narran sus actividades más cotidianas, esta familia se ha convertido en un símbolo del campesinado colombiano. Y a partir de allí han encontrado oportunidades económicas que los han ayudado a superar el mal momento que atravesaban justo antes de que iniciara la pandemia por el coronavirus.

 

 

Habían pasado dos años desde que Nubia perdió a su esposo de una enfermedad que lo dejó varias semanas en el hospital. Un tema del que no le gusta hablar y que, cuando lo toca, le pone los ojos vidriosos. Pero ese dolor —que prefiere guardarse para no reavivarlo en sus hijos— y las deudas que acumulaba fueron el incentivo para crear el primer video y, posteriormente, empezar a vender productos agrícolas a través de una página web.

 

Con esto, sus ingresos mejoraron y atrás quedaron los días en que no tenían para las tres comidas diarias. Pero lo que no ha quedado atrás, pese a que Colombia y el mundo los han visto como una historia de superación, son todos los problemas que siguen enfrentando para acceder a internet y comercializar sus productos por vías electrónicas; problemas que experimentan la gran mayoría de campesinos.

 

De acuerdo a la última Encuesta de Calidad de Vida del Dane, mientras seis de cada 10 colombianos tienen acceso a internet, solo dos de cada 10 habitantes rurales pueden usar este servicio. Y si son campesinos, la situación es aún peor: el 18,6 por ciento de ellos en las zonas rurales cuenta con esta conexión.

 

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David camina con su computador después de realizar las tareas escolares donde sus vecinos. Durante la pandemia, pese a que el colegio está dando las clases por la plataforma digital Zoom, él ha tenido que tomarlas a través de llamadas telefónicas pues su computador ha empezado a fallar. Foto: Esteban Vega.

 

Y aunque hoy Nubia tiene internet en su vivienda, esto solo ocurrió después de que ganara cierto reconocimiento público, y no así ha ocurrido con sus vecinos de la vereda. “Lo justo sería que esta posibilidad que yo tengo hoy la puedan tener todos los campesinos”, dice esta mujer de 37 años con un sentido de justicia cultivado como cultiva su pequeña huerta, con la convicción de no esperar nada regalado.

 

Para solucionar estos problemas de conectividad, el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) instaló en el 2019 1.000 Zonas Digitales Rurales en 381 municipios del país, con el objetivo de brindar acceso a internet gratuito las 24 horas del día. Además, según ha informado la ministra de esta cartera, Karen Abudinen, están avanzando en la licitación de ‘Centros digitales’, un proyecto que costará 3,4 billones de pesos y con el que buscan llevar internet gratuito a 10 mil comunidades rurales de los 32 departamentos y garantizar su operación hasta el 2030. “Nuestra geografía colombiana dificulta el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones en ciertas zonas del país y por eso el proceso resulta costoso”, reconoció Abudinen.

 

Pero el problema para los habitantes del campo no termina ahí. Muchos no cuentan con los conocimientos para poder implementar las ventas electrónicas. “Nosotros no sabemos manejar la página web. De eso se encarga la señorita Juliana que es la que nos ayuda a grabar, a editar los videos y a montar los productos a la página”, cuenta Nubia en referencia a Juliana Zapata y su esposo Sigifredo Moreno, dos emprendedores que los han ayudado en todo el proceso.

 

Actualmente, Nubia está terminando el bachillerato que abandonó hace más de 20 años. Ha empezado a tomar clases virtuales los sábados y, una vez termine los dos grados que le hacen falta, espera estudiar “sistemas”, como comúnmente se les conoce a los cursos para aprender sobre computadores.

 

Por su parte, David, que ya cursa octavo grado en un colegio del casco urbano de Chipaque, se queja de no haber aprendido más que a usar unas cuantas fórmulas de Excel y a hacer una carta en Word. “Ojalá nos enseñaran sobre páginas web en el colegio para poder ayudarle a la señorita Juliana”, dice con tono de frustración, mientras Alejandro, que tan solo tiene nueve años, disfruta viendo videos y asegura que también le gustaría aprender a editar contenidos audiovisuales.

 

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Alejandro observa videos en el computador. Busca en YouTube grabaciones de partidas de videojuegos y espera que en su cumpleaños 10 le puedan dar un X-Box. Foto: Esteban Vega

 

Esa misma frustración se siente cuando hablan de la experiencia que han tenido con la electricidad. Después de 12 años de vivir sin energía eléctrica, despertándose a las 5:30 de la mañana y durmiéndose a las 6:00 de la tarde, antes de que anocheciera, hace dos meses, justo después de que grabaron un video contando esa situación, el alcalde del municipio y el gobernador de Cundinamarca fueron a instalarles la electricidad. Lo agradecen, pero muestran, en un acto de dignidad, los tubos verdes que quedaron mal puestos en las paredes y los techos de la casa.

 

“Tuvimos que volvernos famosos pa’ que nos pusieran la luz”, agrega David. Ellos eran una de las familias rurales que aún en el 2019 vivían sin acceso a energía eléctrica. Según el Dane, el 7,5 por ciento de los hogares en estas zonas habitaban en estas condiciones.

 

A casi tres meses de haber habilitado el portal digital, las ventas han bajado en comparación con las primeras semanas. Pero siguen dándoles recursos que les alcanzan incluso para comprar más animales. Hoy ya suman 12 gallinas, un gallo, 10 pollos, un cerdo y una vaca. La idea ahora es sembrar una huerta para producir vegetales orgánicos que venderán por la página web.

 

Con estos recursos mandarán a reparar los dos computadores que compraron y que han empezado a fallar; no quieren dejar de estar en ese 9,4 por ciento de hogares rurales “privilegiados” que cuentan con un computador, un portátil o una tableta; pero lo que más anhelan es que todos los campesinos puedan tener esos “privilegios” que ellos han conseguido “gracias a Dios”.

 

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Justo después de alimentar a las gallinas, Nubia y David observan al terneto y discuten sobre el medicamente que deben darle al cerdo. Ha tenido fiebre por más de una semana pues lo compraron en un municipio cercano donde la temperatura es más cálida. Foto: Esteban Vega.

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