Luces, cámara y acción por la paz

octubre 09 de 2020

En Puerto Rico (Meta), uno de los municipios más golpeados por el conflicto, quince jóvenes se unieron en un colectivo audiovisual para narrar y construir la transformación de su pueblo. .

Luces, cámara y acción por la paz

| | Por: ©Clap Producciones


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

 

 

Juan Esteban terminó la entrevista contento. Acababa de hablar con la gobernadora del Meta, Marcela Amaya. Se sentía orgulloso de que junto a sus otros compañeros, todos reporteros comunitarios, habían logrado sacar adelante una nota con la funcionaria. Apagaron las cámaras, se despidieron y emprendieron el viaje a su oficina, en el centro urbano de Puerto Rico (Meta).

 

Era un hito para ellos. Su colectivo Clap Producciones, que es una sigla para “cámara, luces, acción y producción”, había sido fundado tan solo un año antes y ya tenían un personaje del calibre de la gobernadora. Descargaron el material y revisaron que el plano estuviera bien. Pero, al darle play al video, encontraron que la entrevista no tenía sonido. “Fue para llorar, pero aprendimos la lección”, dice Juan Esteban entre risas. A sus 18 años es vicepresidente del colectivo.

 

Ese error ahora es algo del pasado. Clap en la actualidad produce historias casi semanalmente. El colectivo se ha transformado por completo desde ese primer instante, cuando John Libaniel Moreno, un abogado nacido y criado en Puerto Rico, tuvo la idea de crear un proyecto de comunicaciones para transformar el imaginario que existía sobre el municipio. Un imaginario que le había tocado padecer toda su vida.
 

A sus 34 años, John reconoce que Puerto Rico es un pueblo del que “solo hablan cuando hay violencia”, pero al que olvidan el resto del tiempo. Por estar en medio de una disputa entre grupos armados, ha sido estigmatizado durante décadas, lo han llamado pueblo guerrillero, pueblo paramilitar, zona roja y un largo etcétera.

 

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El rñio Ariari y la sierra de la Macarena son parte del paisaje de Puerto Rico.

©Clap Producciones

 

Esos imaginarios crecen y los niños viven con ellos. Se ven rodeados de estigmas sobre sus veredas y sus familias. “Aún con las buenas noticias la concepción que existía frente a estos municipios crecía. No nos podíamos quedar sin hacer nada. Así nació la idea de crear un colectivo de comunicaciones”, dice John.

 

Consolidó un equipo interdisciplinario entre dos productores audiovisuales, una socióloga y una psicóloga, y con la Corporación Construyendo Futuro (Corfuturo), de la cual es representante legal, diseñó el proyecto. Su intención era clara: darles voz a los jóvenes del municipio para mostrar las transformaciones del pueblo y preservar la memoria histórica.

 

Puerto Rico es un municipio de casi 11.500 habitantes. Ubicado en medio de la sierra de la Macarena y el río Ariari, se convirtió en una zona de confrontación permanente de la guerrilla, los paramilitares y el Ejército. “Nosotros vivimos la guerra por mucho tiempo. Casi todos los días se escuchaban las plomaceras a lo lejos”, cuenta Jaider Chaparro, miembro de Clap, sobre lo que ha escuchado de su familia durante 18 años de vida.
 

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El trabajo de John y todo el equipo de Clap los ha llevado a aparecer en medios como Discovery Channel, donde los entrevistaron para hacer una cápsula del proyecto.

©Clap Producciones

 

El 10 de julio de 1999 Puerto Rico fue tomado por las Farc. Más de 2.000 guerrilleros atacaron la Estación de Policía, secuestraron 28 uniformados y asesinaron a otros cinco. Hechos como ese marcaron al pueblo. Son momentos difíciles que jamás se pueden olvidar. “Contar el pasado para entender el presente”, fue la frase que grabó John en su mente. Así empezó Clap.

 

De la mano de Corfuturo aplicó al programa Alianzas para la Reconciliación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y Acdi-Voca, y con su apoyo comenzó la primera fase del proyecto. Cuarenta y cinco niños de varias zonas del municipio empezaron a capacitarse en el manejo de cámaras, micrófonos y programas de edición.

 


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Lentamente fueron consolidando un grupo y cada integrante fue encontrando el rol que más le gustaba. “Ha sido un proceso muy gratificante porque ellos quisieron desarrollar más a fondo todo. Tú en la producción audiovisual no haces una cosa, sino que haces 20 cosas al tiempo. Aprendes porque aprendes, dice Marcela Gaitán, profesora que acompañó el proceso.

 

Durante ocho meses fueron camarógrafos, presentadores, sonidistas, editores y toderos. “Una vez estábamos grabando en vivo y me tocó presentar. Nunca me ha gustado estar frente a las cámaras, no supe qué hacer y me enredé mil veces. Estuve en silencio como cinco minutos y en directo...”, cuenta Alexánder Sanabria, que con solo 19 años preside el colectivo. Después de esa “mala” experiencia, supo que lo suyo era la edición y el manejo de cámaras.
 

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Varios niños del colectivo han aprendido a utlizar cámaras para contar lo que viven su municipio. ©Clap Producciones

Con el correr de los videos ya no solo se han enfocado en el componente audiovisual, sino que le han agregado un aspecto clave: el periodismo. Clap se convirtió en un medio comunitario. “Nos dimos cuenta de que acá en el municipio no tenemos alternativas de comunicación. No hay nadie que esté contándole a la gente lo que pasa en el pueblo, dice Alejandra Sánchez, de 22 años, una de las mayores del equipo.

 

El periodismo y los audiovisuales les han dado un nuevo camino a todos los miembros del grupo. Ahora, además de los cortometrajes, tienen un informativo semanal llamado Clap Informa, en el que dan noticias sobre lo que ocurre en el municipio.

 

“Los medios nunca muestran las buenas historias que pasan en el territorio. Puerto Rico solo es noticia cuando se habla de guerra y a las personas las han acostumbrado a que solo se hable de eso. Uno pone una noticia de transformación y no se ve tanto. Pero nosotros nos tenemos que apropiar de nuestras historias”, dice Alex.

 

Nada de eso habría sido posible sin su amigo John Libaniel. Pese a que estudió Derecho, ha sido parte de los videos hasta el punto de ser el presentador en varios de ellos. Para John es clave que el proyecto persista. Después de que terminó la primera fase, aplicó a otra iniciativa de Usaid llamada ‘Territorios de Oportunidad’ y, con el apoyo de este cooperante internacional, logró que en Puerto Rico dejaran una capacidad instalada.

 

Cámaras, luces, micrófonos y varios computadores ahora decoran la oficina de John, donde adecuó un espacio para que los jóvenes del colectivo tuvieran un espacio de trabajo. Clap se ha convertido en una alternativa para los niños del municipio. Ahora los buscan para que ellos cuenten las historias de lo que pasa en Puerto Rico y en zonas aledañas al pueblo.

 

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©Clap Producciones

 

“Yo a mis 18 años no sabía qué hacer en mi vida. Las oportunidades para ese momento no existían y no sabía si ser guerrillero o irme a raspar coca. Por eso todo el tiempo les digo a los jóvenes del colectivo que aprovechen esto que hemos construido juntos”, dice con orgullo John.

 

Hoy cada uno de los 15 miembros de Clap no concibe su vida lejos de una cámara. Desde Paola, que con 15 años es la más pequeña del equipo, hasta Alejandra, que ya está cerca a graduarse de contaduría, todos han encontrado lo que les apasiona. “Desde pequeño —cuenta Juan Esteban— he visto muchas noticias. Me gustaba mucho ver a los presentadores, a los reporteros al lado de la gente. Mi sueño es ser como ellos, estar ahí para contar todo lo que pasa en Puerto Rico”

 


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Esto es algo que también resalta su amigo Alex, quien encontró en el colectivo la oportunidad de contar las historias de esas personas que sufrieron el conflicto pero que jamás se quedaron estancadas. “Decidieron transformar sus vidas, crear asociaciones, proyectos que ayuden a construir un territorio de paz, y eso hay que mostrarlo”, concluye.

 

 

Clap se alza como un mecanismo de esperanza, como una forma de devolverles a los puertorriqueños sus propias historias y que sean los niños quienes se encarguen de cuidar la memoria y exaltar el futuro que viene para la zona. Hoy gracias a Facebook, Instagram, YouTube y todas las redes sociales que les permiten contar sus historias, estos jóvenes pueden soñar con un futuro para el colectivo y para Puerto Rico, donde la paz florece y se difunde gracias a sus voces.
 

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